Notimundo

16
Noviembre

Estados Unidos tiene a más personas presas, proporcionalmente hablando, que cualquier otro país en el mundo, incluyendo regímenes autoritarios como Rusia y China, según el Centro Internacional de Estudios Penitenciarios.

También es líder en otra estadística cuestionable: es el país desarrollado en el que más ciudadanos son asesinados por conciudadanos armados, según el Estudio de Armas Pequeñas.

Solo en 2011, según las estadísticas del FBI, más de 11.000 estadounidenses fueron asesinados con armas de fuego en Estados Unidos (y esta cifra no incluye suicidios).

A pesar de todas las preocupaciones razonables que hay en Estados Unidos sobre el terrorismo yijadista, en un año cualquiera los estadounidenses tienen 2.000 veces más probabilidades de ser asesinados por otros estadounidenses armados que por un terrorista yihadista. Desde los ataques del 11 de septiembre del 2001, 103 estadounidenses han sido asesinados por terroristas yihadistas, en promedio seis estadounidenses por año, según información de New America. Solo la semana pasada ocho personas murieron en un ataque terrorista en el Bajo Manhattan.

En contraste, en Gran Bretaña, un país similar a Estados Unidos en términos de leyes y cultura, sufre entre 50 y 60 muertes con armas cada año. Y se trata de un país que tiene casi una quinta parte de la población total de Estados Unidos. En otras palabras, en Estados Unidos tienes 40 veces más probabilidades que en Gran Bretaña de ser asesinado por una persona con un arma.

Sí, en Europa hay ataques ocasionales que dejan muchas víctimas y son llevados a cabo por personas armadas, como el neonazi Anders Breivik, quien mató a 77 personas en Noruega en 2011, o el ataque en un colegio de Dunblane (Escocia), donde murieron 16 niños en 1996, pero esas son excepciones a la regla.

Aún no sabemos qué motivó a Stephen Paddock, quien el mes pasado llevó a cabo el tiroteo masivo más mortífero de la historia moderna de Estados Unidos, matando al menos a 58 personas y dejando heridas a más de 500, pero lo que sí sabemos, hasta el momento, es que tenía al menos 10 rifles en la habitación desde la que lanzó el ataque.

Paddock, además, es de Nevada, un estado que permite que sus habitantes muestren públicamente sus armas. ¿Qué otro país civilizado permite que sus ciudadanos lleven y muestren públicamente, digamos en un lugar cualquiera como un Starbucks, armas semiautomáticas?

Texas es otro estado donde los cuidados pueden llevar abiertamente rifles y armas. Y este domingo un hombre armado mató a al menos 26 personas en una iglesia de Sutherland Springs, Texas. Los detalles de esta masacre aún no se conocen.

Un hombre que vive cerca de la iglesia que tiene su propio rifle le disparó al tirador, según Freeman Martin, un funcionario de seguridad estatal de Texas. “El sospechoso lanzó su arma, que era un rifle de asalto tipo Ruger AR y huyó de la iglesia”, según Martin.

Claro, la Segunda Enmienda es la Segunda Enmienda, así que las leyes permiten que los ciudadanos posean armas. Pero es muy poco probable que la intención de los llamados padres fundadores de la patria fuera permitir que ciudadanos estadounidenses perturbados adquieran arsenales y asesinen a tantos ciudadanos estadounidenses como sea posible.

Con cada nuevo ataque —desde la masacre de Sandy Hook hasta la masacre en el bar Pulse de Orlando— surge un examen de conciencia del público estadounidense y de algunos formuladores de políticas sobre la cultura de las armas que se ha desarrollado en Estados Unidos en los últimos años. Pero el momento de autorreflexión también pasa rápidamente.

Esto beneficia al músculo político de la Asociación Nacional del Rifle, que defiende la Segunda Enmienda con un absolutismo que permite que incluso los menos de 1.000 estadounidenses que están excluidos de la lista de personas que pueden adquirir legalmente armas semiautomáticas, lo hagan.

Solo podemos esperar que los eventos trágicos cambien esto. Sin embargo, dadas las tragedias anteriores que no cambiaron esta ecuación mortífera, tenemos muy pocas razones para ser optimistas.

Eso nos lleva a un futuro distópico en el que los que vayan a algo tan inocuo como una fiesta en San Bernardino en 2015, una discoteca en Orlando, en 2016, o un concierto de música country en Las Vegas, en 2017, o a la iglesia en un tranquilo pueblo de Texas, deben vivir con la realidad letal de que pueden convertirse en las víctimas inocentes de ciudadanos estadounidenses como ellos, muy bien armados.

 

Las peores masacres en la historia de EE.UU.

 

5 de noviembre de 2009. El capitán del Ejército de Estados Unidos Nidal Malik Hasan supuestamente asesinó a 13 personas e hirió a otras 32 durante un tiroteo en Fort Hood, Texas. Está acusado de 13 cargos de homicidio premeditado y 32 de intento de homicidio. Actualmente se encuentra a la espera de ser juzgado.

3 de abril de 2009. En Binghamton, Nueva York, Jiverly Wong mató a 13 personas e hirió a otras cuatro durante un tiroteo en un centro comunitario para inmigrantes. Después se suicidó.

10 de marzo de 2009. En Alabama, Michael McLendon, originario de Kingston, asesinó a 10 personas y se suicidó. Entre las víctimas, se encontraban su madre, sus abuelos, un tío y una tía.

16 de abril de 2007. En las instalaciones del Tecnológico de Virginia en Blacksburg, Seung-Hui Cho, estudiante de 23 años, cometió una masacre en la que murieron 32 personas en dos lugares diferentes e hirió a varios más; luego se suicidó.

20 de abril de 1999. Dos estudiantes, Dylan Klebold, de 17 años, y Eric Harris, de 18, quienes portaban armas y bombas, abrieron fuego en la Preparatoria Columbine en Littleton, Colorado. Mataron a 13 personas e hirieron a otras 23 antes de suicidarse.

16 de octubre de 1991. En Killeen, Texas, George Hennard, de 35 años, atravesó con su camioneta la pared de la cafetería Luby’s. Luego asesinó a tiros a 23 personas antes de suicidarse.

18 de julio de 1984. En San Ysidro, California, James Huberty, de 41 años, asesinó a tiros a 21, algunos de ellos niños, en un McDonald’s de la localidad. Un francotirador de la policía aplacó a Huberty una hora después de que iniciara el ataque.

25 de septiembre de 1982. En Wilkes-Barre, Pennsylvania, el guardia penitenciario George Banks, de 40 años, asesinó a 13 personas, entre las que se encontraban cinco de sus hijos. Su sentencia a muerte fue revocada en 2010.

1 de agosto de 1966. En la Universidad de Texas, Austin, Charles Joseph Whitman, de 25 años, mató a 16 personas e hirió al menos a otras 30 al disparar desde una torre de la escuela. Los oficiales le dispararon y lo mataron. Ese día ya había asesinado a su madre y a su esposa.

5 de septiembre de 1949. En Camden, Nueva Jersey, Howard Unruh, de 28 años, veterano de la Segunda Guerra Mundial, asesinó a 13 de sus vecinos. La investigación concluyó que estaba demente y fue internado en una institución psiquiátrica del estado.

15
Noviembre

Era informante de la CIA pero tan peligroso que la propia agencia lo tenía estrechamente vigilado. Lo entrenó y lo utilizó en sus planes para derrocar a Fidel Castro pero también para que espiara a sus amigos, otros exiliados cubanos anticastristas. Y cuando explotó el avión de Cubana de Aviación en Barbados en octubre de 1976, un acto del cual el gobierno cubano siempre lo ha responsabilizado, la CIA estuvo muy preocupada de que su relación con él se hiciera pública.

Este es el retrato de Luis Posada Carriles, alias “El Bambi”, que emerge de su expediente secreto en la CIA, desclasificado en noviembre por el gobierno estadounidense, como parte de los documentos relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy.

El Nuevo Herald ha revisado apenas mil páginas y es posible que tome años antes de que los investigadores puedan examinar todos los archivos ahora disponibles. Varios de los documentos ya eran conocidos aunque cierta información clave había sido retenida para no revelar fuentes y métodos de la agencia. Pero el expediente revisado de Posada cuenta en detalle toda su historia con la CIA hasta 1976.

Luego de pasar por el ejército estadounidense entre 1963 y 1964 y alcanzar el grado de subteniente, fue reclutado por la CIA en abril de 1965 como instructor en un centro de entrenamiento en la Florida. Posada trabajó para la CIA entre 1965 y 1967, y luego entre 1968 y 1976 como informante dentro de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), en Venezuela.

Considerado como un terrorista por el gobierno cubano y como un héroe por algunos exiliados cubanos, por su participación en la fallida invasión de Bahía de Cochinos y otros intentos de derrocar a Fidel Castro, recibió entrenamiento paramilitar en Guatemala auspiciado por la CIA, previo a la invasión de abril de 1961, y era considerado un experto en demoliciones, según un resumen preparado por la CIA para el FBI sobre los sospechosos de estar involucrados en la voladura del avión de Cubana.

Posada era, además, un infiltrado pagado por la CIA para obtener información sobre los planes de sus compañeros anticastristas.

“Posada también era usado como fuente de información sobre las actividades de los exiliados cubanos”, señala el memorando de noviembre de 1976 enviado por el director de la CIA al director del FBI. A partir de agosto de 1966, continúa el documento, “él fue utilizado únicamente como informante de las actividades de la Representación Cubana en el Exilio (RECE)”, una organización basada en Miami, en la que militaba Jorge Mas Canosa, quien llegó a convertirse en el líder político de la comunidad cubana de exiliados en el sur de la Florida.

En particular, Posada fue utilizado para monitorear los pasos de Orlando Bosch, otro de los supuestos autores de la voladura del avión de Cubana, con quien la agencia había mantenido un breve contacto entre 1962 y 1963, y a quien consideraba aún más peligroso que Posada. Como ha reportado el Miami Herald , incluso después de que la CIA decidió reducir el contacto con Posada, a mediados de febrero de 1976 este pasó “voluntariamente” información sobre los planes de Bosch de asesinar al sobrino del presidente chileno Salvador Allende en Costa Rica, según indican varios documentos. Luego, en junio de 1976, Posada comentó a la CIA los planes de Bosch de volar un avión de Cubana de Aviación en Panamá.

 

PLANES TERRORISTAS

 

Los documentos desclasificados dejan en claro que la CIA consideraba como terrorismo los planes de Posada para derrocar a Castro, y lo mantuvo bajo estrecha vigilancia, incluso dentro de la DISIP, donde la CIA tenía otros agentes.

Bajo el título de “Planes terroristas de exiliados cubanos”, la CIA envió en julio de 1977 un resumen al FBI y al ejército estadounidense sobre una reunión en Santo Domingo de Posada, Bosch y otros anticastristas con el mayor del ejército estadounidense de origen cubano, Juan Armand Montes. Montes había viajado a ese país para recabar el apoyo de los exiliados “en la cruzada contra Castro”. El documento describe a Bosch como “el líder terrorista de los exiliados cubanos”.

De acuerdo con un coronel dominicano presente, la reunión tenía como objetivo “discutir varios planes terroristas”: entre ellos “colocar bombas en aviones cubanos y en misiones diplomáticas cubanas; sabotear naves cubanas y soviéticas; secuestrar al embajador cubano ante las Naciones Unidas y matar al funcionario cubano Carlos Rafael Rodríguez en Lisboa”.

La CIA también estuvo al tanto de los envíos de armas que hicieron Posada y Bosch a insurgentes guyaneses en 1969; de su participación en un intento de derrocar al gobierno de Guatemala y de su rol en varios complots para asesinar a Castro. En más de una ocasión, las actividades de Posada llevaron a la agencia a considerar terminar su relación con él. En 1968 fue declarado “hostil” y tuvo que pasar una prueba de un detector de mentiras para disipar sospechas sobre “contactos con gangsters” y con la inteligencia cubana. Finalmente, la agencia concluyó que el agente era “una penetración extremadamente valiosa”, de acuerdo con un documento de 1971.

Hasta un día en que Posada parece haber estirado demasiado la soga. Supuestamente, la CIA lo despidió porque había perdido el trabajo en la DISIP en 1974 (“Razones para el despido: pérdida de acceso de interés”), con el cambio de gobierno en Venezuela. Pero desde 1973, oficiales de la CIA habían recomendado terminar la relación o mantenerla al mínimo por su implicación en el narcotráfico.

 

DENUNCIAS DE NARCOTRÁFICO

 

Posada fue visto en marzo de 1973 junto a otro agente de la DISIP, Carlos Cusati, caminando por Miami junto a Andrés Purrinos y otros conocidos narcotraficantes. El cable secreto de la CIA, basado en información del Buró de Narcóticos y Drogas Peligrosas —BNDD, por sus siglas en inglés— nota que “dado el contacto anterior con violadores conocidos, hay pocas dudas de que Posada es un traficante ... BNDD Caracas continúa pensando que valdría la pena dejar correr a Posada y ver a dónde nos lleva.”

Según la investigación del BNDD, antecesor de la DEA, Posada estaba involucrado en tráfico de cocaína desde Colombia hacia Venezuela, con destino a Miami. También habría estado involucrado en tráfico de relojes robados y la distribución de dólares falsos.

En un primer momento, la CIA consideró proteger a Posada.

“A pesar de la información anterior que indica que WKSCARLET-3 [uno de los códigos para referirse a Posada] participó [en] este caso, vale la pena rescatarlo como agente y debemos hacer un esfuerzo para hacerlo”, indica un cable secreto. Pero en la correspondencia interna, otros oficiales indicaron que la situación representaba un problema serio para la agencia; de ser ciertas las alegaciones, recomendaban terminar la relación con él.

Aparentemente, en mayo de 1973, Posada pasó una prueba de polígrafo sobre el tema, que habría zanjado el debate, pero la CIA ya había decidido desecharlo. El cese formal del vínculo no ocurrió hasta el 13 de febrero de 1976, cuando la agencia pudo resolver los problemas que tenía Posada con la declaración de ingresos recibidos de manera encubierta. Su salario mensual al finalizar su contrato era de $466.62.

En su hoja de servicio como agente, la CIA recomendó no volver a utilizarlo.

Según los documentos, el último contacto de la agencia con Posada antes del atentado al avión que salió de Barbados ocurrió el 22 de junio de 1976, cuando solicitó ayuda para obtener una visa para él y su esposa. “La asistencia fue negada”, indica un cable.

 

EL ATENTADO EN BARBADOS

 

Pero si la CIA creía haber salido de un problema, la bomba que hizo explotar en el aire al avión de Cubana de Aviación con 73 personas en octubre de ese mismo año, complicó aún más las cosas. Al conocer que Posada y Bosch habían sido arrestados en Venezuela, mientras que Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo fueron detenidos en Trinidad y Tobago como los principales sospechosos del caso, la CIA investigó a los posibles autores y el nombre de Posada rápidamente encendió las alarmas.

“Compartimos la preocupación de la oficina central [por el] arresto de WSCARLET-3 y la posibilidad de sospecha/cargos adicionales [de] conexión [de] BKHERALD [la división de la CIA encargada de la ex Unión Soviética] con bombardeo”, indica un memo secreto de octubre de 1976. “Por el momento, la estación no tiene pruebas contundentes que vinculen directamente [a los agentes] W-3, W-1 o Ricardo Morales Navarrete al atentado del 6 de octubre de 1976 ... De los tres, W-3 [Posada] parece haber sido el más implicado por su posible asistencia a Hernán Ricardo Lozano y/o Freddy Lugo” —Lugo trabajaba para Posada.

La CIA estaba al tanto de pruebas que incriminaban a Posada, aunque consideró que eran “circunstanciales”. Según otro cable secreto de octubre de 1976, un agente de la CIA en la DISIP supo que las autoridades venezolanas tenían “evidencia que implica al sujeto 201-300985 [número de identificación de la CIA de Posada] en la voladura del avión de Cubana” y que esta incluía la factura de los boletos aéreos usados ​​por Hernán Ricardo Lozano “durante la operación de bombardeo”. La dirección de pago en el recibo correspondía a la dirección de las oficinas de ICICA, la compañía de investigaciones privadas de Posada en Caracas y fueron incautados en esa oficina durante un registro.

Unos días después del atentado, la CIA también obtuvo información sobre comentarios que habría hecho Posada en una cena: “vamos a atacar a un avión cubano” y “Orlando tiene los detalles”. A partir de la información que le proveyó la CIA, el Departamento de Estado concluyó que Posada parecía ser “la persona que planeó el sabotaje” del avión.

Posada fue absuelto junto a Bosch, Ricardo y Lugo en un primer juicio en una corte militar en Venezuela. Pero el fallo fue anulado y Posada escapó de la cárcel antes de que concluyera el segundo juicio en un tribunal civil, que absolvió a Bosch. Solo Ricardo y Lugo fueron encontrados culpables. Bosch falleció en Miami en el 2011.

Posada, de 90 años, actualmente reside en un hogar para veteranos en el norte de Miami-Dade y su salud está muy deteriorada tras sufrir un cáncer de la garganta. En el 2015 sufrió varias fracturas en un accidente automovilístico. El Nuevo Herald se comunicó con su abogado Arturo Hernández, pero este no pudo contactar inmediatamente a su cliente para contestar preguntas sobre sus vínculos con la CIA.

Posada nunca fue acusado en Estados Unidos por el derribo del avión en 1976. También salió libre de acusaciones de violar la ley de inmigración de Estados Unidos en conexión con su presunto papel en los atentados contra hoteles y sitios turísticos en Cuba en 1997. En el 2005 encaró un proceso de deportación en El Paso, Texas, y el Departamento de Seguridad Interna lo declaró un “riesgo a la seguridad nacional de Estados Unidos”. Su deportación a un tercer país que no sea Cuba ni Venezuela —donde las autoridades estadounidenses creen que no hay garantías legales para un juicio en su contra— está pendiente.

“Estos archivos de la CIA ofrecen una relación detallada de los prolongados y complicados lazos de Posada con la CIA, durante los cuales sirvió como soldado en las guerras encubiertas contra Castro, agente de penetración en la DISIP, y un informante sobre las actividades de otros destacados exiliados como Jorge Mas Canosa y Orlando Bosch”, comentó Peter Kornbluh, director del proyecto de documentación de Cuba del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington.

“A través de la desclasificación especial de JFK, ahora tenemos la historia completa de las relaciones encubiertas de Posada con el gobierno de EEUU a lo largo de su violenta carrera”, agregó.

 

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03
Noviembre

El consumo de apenas dos latas de gaseosa a la semana es suficiente para incrementar el riesgo de sufrir diabetes, hipertensión, enfermedades del corazón y accidentes cerebrovasculares, según un nuevo estudio científico publicado en la Revista de la Sociedad de Endocrinología. 

La investigación, liderada por el profesor Faadiel Essop de la Universidad de Stellenbosch (Sudáfrica), se basó en el análisis de 36 estudios académicos de la última década sobre la salud de personas que tomaron más de cinco bebidas azucaradas por semana.

En ese sentido, se encontró suficiente evidencia sobre el vínculo entre la ingesta de gaseosa con el aumento de peso, así como el desarrollo del síndrome metabólico y de diabetes tipo 2. Asimismo, el consumo excesivo de estas bebidas también está asociado con niveles peligrosos de grasas (triglicéridos) y azúcar en la sangre, como con la reducción del colesterol 'bueno', según recoge Daily Mail.

Una lata de Coca Cola de 354 mililitros contiene 149 calorías y 39 gramos de azúcar. Mientras que la dosis diaria de azúcar que un adulto promedio debería injerir es de 25 gramos. Es decir, que el consumo de una lata de esa bebida constituye el 156 % de la norma recomendada.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 19 millones de personas mueren cada año a causa de desórdenes cardiometabólicos, cuyo riesgo está directamente relacionado con factores dietarios.

El consumo de gaseosa "aumenta de manera estable entre todos los grupos etarios a nivel mundial", asegura el profesor Essop y agrega que los resultados de su estudio "demuestran que hay una clara necesidad de educación pública sobre los efectos nocivos acarreados por el consumo excesivo de bebidas azucaradas".

02
Noviembre

Los huesos azucarados y el amarillo rutilante de la flor de cempoalxóchitl son las señales inequívocas: esto es México y aquí la muerte es un festejo de los vivos.

Aquí la muerte pesa tanto que, una vez al año, toca hacerla más leve y convertirla en una fiesta agridulce de calaveritas de azúcar, tequila y flor de cempoalxóchitl.