Notimundo

15
Enero

El 4 de enero de 2015, el presidente Enrique Peña Nieto aseguraba que gracias a la Reforma Energética no habría más gasolinazos. Hoy sabemos que aquel anuncio no es más que una promesa rota de la cual se puede desmenuzar un trasfondo incluso más oscuro.

En México inicia un 2017 que muchos desean que acabe ya. Con las doce campanadas de año nuevo –o tal vez, viejo- entraba en vigor el mayor aumento, en el precio de los combustibles en casi dos décadas.

El nuevo ‘gasolinazo’ que fuera previamente anunciado un par de días después de Navidad, ha generado una oleada de indignación popular que en la primera semana de protestas, movilizaciones, toma de estaciones de servicio, paro de transportes y saqueos, dejó un saldo de al menos seis muertos, 15 heridos y más de 1.500 detenidos.

Numerosos economistas coinciden en que se trata de un duro golpe al bolsillo de los mexicanos. Y es que el efecto multiplicador de la gasolina se replicará en un aumento de la inflación previsto en 3% y que inevitablemente encarecerá el costo de vida de todos, utilicen vehículos o no.

 

¿Cuáles son los nuevos precios por litro de los carburantes?

 

•    La gasolina Magna pasó de 13,98 a 15,99 pesos (US$0,77), lo que representa una subida del 14,2%.

•    La Premium pasó de 14,81 a 17,79 pesos (US$0,85). Ésta es el tipo de gasolina que sufre un mayor incremento, alcanzando el 20,1%.

•    Por último, el Diesel incrementó su precio pasando de 14,45 a 17,05 pesos (US$0,82), lo que representa un incremento del 16,5%.

 

Si echamos la cuenta atrás, nos encontramos con que no es la primera vez que el gobierno de México aumenta el precio de la gasolina.

Sólo durante el tercer trimestre de 2016 hubo tres incrementos consecutivos que junto a los otros, aplicados desde que Enrique

Peña Nieto llegó al poder en diciembre de 2012, representan un alza acumulada del 48%.

 

Siempre puede ser peor

 

“Pasaremos de un entorno en donde teníamos una sola gasolina, un solo precio y un solo proveedor, a un esquema donde tengamos más libertad, más posibilidades de escoger y donde los precios vayan reaccionando en función de cómo se vayan ajustando los costos, insisto, como cualquier otro precio de la economía”, José Antonio Meade, Secretario de Hacienda de México.

El nuevo esquema de venta de gasolina no fue pensado de la noche a la mañana. En realidad, éste se enmarca en un plan de liberalización de los precios con el que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto pretende que para enero de 2018, los combustibles se comercialicen a precio de mercado a lo largo y ancho del país. Esto se traduce en que los precios finales de los carburantes reflejarán al menos cinco variables: el precio internacional del petróleo, los gastos de transporte y almacenamiento, así como el coste por refinación, el margen comercial de cada compañía, los impuestos (IVA, IEPS) y el tipo de cambio entre el peso y el dólar estadounidense.

De esto se desprenden dos consecuencias inmediatas. Como no habrá un precio único fijado por el gobierno, los números cambiarán diariamente. Tampoco habrá estaciones de gasolina exclusivamente de la industria nacional, por lo que nuevas compañías privadas extranjeras también estarán en condiciones de suministrar el hidrocarburo. No olvidemos que estamos hablando de un país en donde la venta de gasolina genera ganancias superiores a los US$65.000 millones anuales.

 

La falsa ilusión de la Reforma Energética

 

El 4 de enero de 2015, el presidente Enrique Peña Nieto aseguraba que gracias a la Reforma Energética no habría más gasolinazos. Hoy sabemos que aquel anuncio no es más que una promesa rota de la cual se puede desmenuzar un trasfondo incluso más oscuro.

En términos generales, la política energética impulsada durante décadas por los distintos gobiernos de México han asentando las bases del viejo modelo de privatización, ese que pasa por la transferencia de las riquezas al extranjero y el desmantelamiento de la economía nacional. El manejo de la industria petrolera, que por años ha estado en el centro del debate, es el ejemplo más nítido y una de las principales razones de esta realidad.

La reforma energética promulgada en 2014 cambió las reglas del juego y abrió un negocio multimillonario. La legislación sacó adelante cambios a la constitución en sus artículos 25, 27 y 28 a fin de autorizar la participación de empresas privadas, mexicanas y extranjeras, en las actividades de exploración y explotación del 17% de los campos petroleros y  la cesión de derechos al 79% de los bloques donde existen reservas en territorio mexicano. De acuerdo con datos de la Comisión Reguladora de Energía, los recursos prospectivos de hidrocarburos del país, noveno productor mundial de petróleo, son mayores a 100.000 millones de barriles. La cifra incluye los yacimientos probados y posibles de crudo en aguas someras, tierra y en mar profundo, y también contempla los mantos de gas natural y shale, que se extrae por el sistema de fractura hidráulica o fracking.

El otro pedazo de la torta corresponde al negocio de la energía eléctrica. Con la Reforma Energética el capital privado también tendría licencia para abastecer a grandes consumidores como industrias y comercios que representan más del 50% de las ventas totales de la Comisión Federal de Electricidad y que en 2013 representaron ingresos a México por US$13.000 millones.

Como vemos, el país se perfila como un proveedor estratégico de crudo y otras formas de energía a otras naciones, pero a costa de la soberanía nacional.

 

Privatización encubierta

 

El declive productivo de la empresa Petróleos Mexicanos, Pemex, ha sido utilizado como el gran propulsor de la Reforma Energética.

La principal compañía y única estatal petrolera del país tiene problemas de solvencia. Hasta 2015, tuvo pérdidas de hasta US$40.000 millones y deudas por casi US$100.000 millones. Por su parte, la escasa reinversión de ganancias en la industria nacional ha hecho desaprovechar la oportunidad de utilizar el recurso fósil como palanca para el desarrollo económico de México.

De esta crisis se explica que, bajo la excusa de sanear las cuentas, potenciar la productividad industrial de Pemex y aumentar la competitividad del sector, el gobierno de Enrique Peña Nieto oculte sus planes cada vez menos encubiertos de privatizar la industria petrolera.

Desde mediados de 2015, la estatal petrolera dio inicio a la etapa de licitaciones a partir de las cuales compañías estadounidenses y británicas en el negocio de los hidrocarburos, compiten entre sí para cosechar los beneficios derivados de contratos de producción compartida para la exploración y extracción de hidrocarburos. Según estimaciones del ejecutivo, el proceso de apertura al capital privado se traduciría en una lluvia de inversiones extranjeras que finalmente apuntalarían el desarrollo económico del país. Una estrategia que hasta la fecha no ha reportado ningún éxito en tanto el flujo de inversiones ha estado por debajo de lo anticipado por el gobierno.

Hay que tener en cuenta que Pemex proporciona el gobierno federal un tercio de sus ingresos anuales, en tanto que la renta petrolera representa el 6.8% del PIB del país. En otras palabras, la privatización de la estatal se traducirá en menos recursos para cubrir necesidades de inversión pública y, según la lógica del gobierno actual, obligarán a intensificar los ataques contra programas sociales, algo especialmente delicado en el clima de descontento popular generalizado con la gestión de EPN.

No hay que olvidar que todo este contexto se inscribe dentro de un escenario de profunda fractura social. Según aatos del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social Mexicano (CONEVAL), de los 127 millones de habitantes de México, más de 55 millones vivían en la pobreza en 2014. Además, según un estudio de ese mismo año hecho por el Banco Mundial, un tercio de la población de ese país sobrevivía ganando menos de cinco dólares diarios.

Los costes de esta operación, sin embargo, no se reservan a lo socio- económico; la pérdida de soberanía también ha puesto su tarifa política.  Sin duda, un triunfo para los intereses petroleros extranjeros y sus aliados en México, que han tratado de desmantelar lo que quedaba de la industria y del país.

15
Enero

Después de 146 años, el telón va a caer en el llamado Espectáculo más grande sobre la Tierra. El propietario del circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey dijo que la empresa cerrará para siempre en mayo.

El icónico espectáculo estadunidense se vino abajo debido a diversos factores, dicen los ejecutivos de la compañía. El declive en la asistencia de espectadores, junto con los elevados costos de operación, así como el cambio en los gustos del público y prolongadas batallas con grupos protectores de animales.

"No es una sola cosa específicamente", dijo Kenneth Feld, presidente y director general de Feld Entertainment. "Esta ha sido una decisión muy difícil para mí y para toda la familia".

10
Enero

Obama dijo que durante su gestión la democracia estuvo "bien ejecutada". Paralelo a esto, Estados Unidos participó en siete guerras.

El presidente número 44 de Estados Unidos, Barack Obama, ofreció el discurso de despedida desde Chicago para terminar su gestión en la ciudad "donde todo empezó". El 20 de enero tomará posesión el republicano Donald Trump, presidente electo en noviembre pasado.

Obama se refirió a las bondades de la democracia. Una de ellas, relató, es la de haber hecho de Estados Unidos un país de migrantes, pese a que su administración es la que más los ha deportado, con 2,7 millones entre 2009 y 2016.

La democracia fue un punto recurrente de su último discurso: "Todos fuimos creados iguales, hechos por el creador para vivir en libertad (...) Nuestros derechos nunca habían sido tan bien ejecutados. La democracia amerita un sentido básico de seguridad".

El presidente de la democracia "bien ejecutada" incluyó a Estados Unidos en siete guerras durante sus ocho años de gestión y solo en Iraq se superaron los 162 mil.

Asimismo, hizo alarde de la reducción de la pobreza, pese a que uno de cada siete estadounidenses se encuentra en estado de pobreza, según la Oficina de Estadísticas de Análisis Económico y 39,5 por ciento de los estadounidenses depende de cupones de alimentos para abastecer la cesta básica.

"Nuestra economía no crece tan rápidamente como espera la clase media", dijo el demócrata que encontró la deuda pública en 10,6 billones de dólares y la deja en 18,5 billones.

Obama deja el gobierno con 94 millones de desocupados, no obstante, instó a los "trabajadores a formar sindicatos y que los empresarios cumplan con sus obligaciones para avanzar de la mejor manera posible".

"El Estado Islámico no puede derrotar a nuestro país", aseveró el ganador del Nobel de la Paz en 2009 y destacó la lucha contra el extremismo y la intolerancia, sin embargo, durante su gestión rechazó establecer cooperación con Rusia en la lucha antiterrorista.

10
Enero

Con solo 10 días restantes en el cargo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronunciará este martes por la noche un discurso de despedida para concluir sus ocho años en la Casa Blanca. ¿En qué se ha destacado Obama durante su mandato en la arena mundial?

A pesar de que la presidencia del saliente mandatario norteamericano, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, empezó con promesas de retirar el país de conflictos internacionales tras el mandato de George W.Bush, Obama deja el cargo habiendo mantenido a la nación estadounidense en conflicto durante más tiempo que cualquier otro presidente en la historia de Estados Unidos, según escribe la columnista Medea Benjamin para 'The Guardian'.

Si bien es verdad que Obama consiguió mejorar las relaciones diplomáticas con Cuba y ha reducido el número de soldados norteamericanos en Afganistán e Irak, al mismo tiempo expandió drásticamente las guerras aéreas y el uso de las fuerzas especiales en todo el mundo.

El número de países que cuentan con fuerzas especiales estadounidenses desplegadas ha crecido desde los 60 en 2009 hasta los 138 en 2016 (el 70% de los países del mundo), según los datos del Mando de Operaciones Especiales de EE.UU. proporcionados al blog TomDispatch.

Para analizar el legado del presidente Obama, el Consejo de Relaciones Exteriores de EE.UU. (CFR, por sus siglas en inglés), que se especializa en política exterior y asuntos internacionales del país, presentó datos sobre los ataques aéreos lanzados sobre países extranjeros. Solo en 2016, el Gobierno de Obama arrojó al menos 26.171 bombas.

Mientras que la mayoría de estos bombardeos se produjeron en Siria e Irak, las bombas estadounidenses también alcanzaron Afganistán, Libia, Yemen, Somalia y Pakistán, siete de los países musulmanes más grandes.

Asimismo, el CFR advirtió que sus estimaciones eran "indudablemente a la baja" ya que se dispone solo de "datos fiables" de los ataques aéreos en Pakistán, Yemen, Somalia y Libia. Un "ataque", según la definición del Pentágono, puede involucrar el uso de múltiples bombas o municiones.

Otro estudio de ese mismo organismo indica que en 2015 la administración de Obama aprobó el lanzamiento de 23.144 bombas en estos mismos países, sin que se cuente con datos de los ataques sobre Libia de ese año. Tanto en 2015 como en 2016, la mayoría de las bombas fueron lanzadas sobre los territorios de Siria e Irak.

Durante los ocho años de mandato de Obama, su gobierno no solo ordenó numerosos ataques aéreos, sino que también alcanzó una cifra récord de venta de armas desde la Segunda Guerra Mundial, llegando a los 265.471 millones de dólares.

2011, que coincide con el inicio de la guerra en Siria, marcó un hito histórico, convirtiéndose en el año en el que se produjo el mayor número de ventas de armas estadounidenses al extranjero.

Por su parte, el analista político Dennis Small apunta a que EE.UU. no dudó en vender armas a "los terroristas para derrocar regímenes" en Oriente Medio.