05
Enero

* Lista negra de Trump de empresas estadounidenses en México

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Publicado en Notimundo

Ford, Carrier y Sprint ya han cambiado sus planes de inversión en México, ¿qué otras empresas podrían tomar la misma decisión?

 

El presidente electo estadounidense, Donald Trump, todavía no ha asumido su cargo, pero las medidas proteccionistas anunciadas en campaña, entre las que destaca su promesa de renegociar el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá (TLCAN), así como su amenaza de imponer aranceles a los productos que procedan de su vecino del sur, ya están dando sus primeros frutos.

Ford Motor anunció este martes que cancelaba sus planes de invertir 1.600 millones de dólares en una nueva planta en México. A cambio, el segundo mayor fabricante de automóviles estadounidense va a destinar 700 millones a expandir la producción de coches eléctricos en Michigan (EE.UU.).

La decisión de Ford supone un gran golpe para la economía mexicana, que tiene una gran dependencia de EE.UU, país al que destina el 80% de sus exportaciones y del que recibe más de la mitad del conjunto de la inversión extranjera directa. Sin embargo, no ha sido el primero.

En noviembre, el republicano anunció que había firmado un acuerdo con la empresa Carrier para salvar más de 1.100 empleos de una planta en Indianápolis que iba a ser trasladada a México. El fabricante de soluciones para aire acondicionado confirmó la noticia y explicó que su cambio de opinión se debía a que Trump había ofrecido incentivos fiscales si se quedaba en EE.UU.

Un mes después, en diciembre, el presidente electo conseguía otra importante victoria. La compañía de telecomunicaciones Sprint anunciaba que devolvería a EE.UU., concretamente a Indiana, 5.000 puestos de trabajo que en un principio iban a trasladarse al sur de la frontera.

 

¿Qué otras empresas podrían verse afectadas?

 

General Motors: La compañía de automóviles estadounidense es ahora la gran amenazada. El pasado martes, el presidente electo publicaba el siguiente mensaje en Twitter: "General Motors está enviando su modelo Chevy Cruze fabricado en México a los concesionarios de Estados Unidos libre de impuestos en la frontera. ¡Háganlo en Estados Unidos o paguen un alto impuesto fronterizo!”. Horas después, Ford anunciaba su cambio de planes.

IBM: La importante compañía de tecnologías de la información e informática estadounidense tiene un Campus Tecnológico en Guadalajara, en el que trabajan varios centenares de desarrolladores de software y se manufacturan servidores que antes se hacían en Minnesota, según publica en un artículo 'Merca2.0', que señala otras empresas amenazadas.

HP: También en Guadalajara tiene dos plantas la empresa de ordenadores e impresoras HP. Hace unos meses llevó a cabo una reestructuración que dividió a la compañía en dos  - HP Inc y HPE - que se saldó con una ola de despidos en EE.UU.

York: La compañía de equipos de refrigeración tiene una planta en Apodaca, Nuevo León. Se fundó en York, Pensilvania, y actualmente es propiedad de Johnson Controls, también estadounidense.

Navistar: También en Nuevo León, concretamente en Escobedo, tiene una planta el fabricante de camiones pesados Navistar. Hace un año, la empresa anunció que dejaba de producir camiones en Ohio para trasladar sus operaciones a la zona metropolitana de Monterrey.

Kenworth: Pertenece a la empresa estadounidense Paccar, el tercer mayor fabricante de camiones pesados ​​en el mundo. En Mexicali, Baja California, fabrica 60 modelos de camiones pesados, de los cuales 12 se venden en EE.UU.

Emerson Electric: La corporación municipal norteamericana con sede en Ferguson, Missouri, fabrica productos y ofrece servicios de ingeniería para una amplia gama de actividades industriales, comerciales y de mercado de consumo doméstico. Tiene más de 200 plantas de producción en todo el mundo, incluyendo México.

United Technologies: La misma empresa matriz propietaria de Carrier, tiene en mente trasladar a México una fábrica de controles electrónicos que cuenta con 700 trabajadores en Huntington, Indiana.

Walmart: De momento, la cadena de supermercados ha desafiado a Trump y ha anunciado que invertirá 1.300 millones de dólares en México. Esta previsto que la inversión se traduzca en 10.000 nuevos empleos en el país, en el que ya cuenta con 200.000 empleados en sus más de 2.000 tiendas.

 

No es Trump, o Ford: es el modelo de México

 

Académicos consideraron que el problema de México es que apostó su estrategia económica a la inversión extranjera, mientras se desmanteló la industria nacional. Además, dijeron, en esta apuesta única, el país participó sólo con mano de obra barata, de ahí que su papel en la cadena de manufactura es cada vez menos relevante. Desde 2003, un análisis del Gobierno de Estados Unidos alertó sobre la contracción de casi un 30 por ciento en la producción de esta industria en México y de las afectaciones a las comunidades fronterizas y al comercio que este declive generaba, como la pérdida de empleos.

Tan sólo en 2008, año de la quiebra de la compañía Lehman Brothers y de la crisis financiera en Estados Unidos, Juárez, el municipio mexicano donde vive la mayor cantidad de población ocupada en este tipo de industria, perdió 20 mil empleos.

  

Ciudad de México, 5 de enero (SinEmbargo).– El problema en México no es que compañías como Ford o General Motors cancelen inversiones, sino que aquí se haya convertido a ese tipo de ensambladoras extranjeras, sobre todo norteamericanas, en motor casi único de la economía nacional.

Así lo plantearon académicos entrevistados sobre la política del nuevo Presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, que hizo pilar de su campaña electoral, la promesa de regresar a ese país los empleos que las trasnacionales han creado México.

“El verdadero problema es ese: que México, al único motor al que le apostó la estrategia económica es a la inversión extranjera”, dijo Alberto Arroyo Picard, catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).  Y explicó que, a medida que llegaron las firmas internacionales, aquí se desmanteló la industria nacional.

“Se fue dando a lo largo de estos años, porque las empresas se fueron convirtiendo en maquila: traen todo, lo arman aquí con la mano de obra barata y se van. Y ya, en la etapa del Tratado de Libre Comercio, éste no las obliga a buscar proveedores nacionales, la empresa compra donde ella quiere y ¿qué sucede? Las empresas buscan integrar a su propio corporativo entonces y se compran a sí mismos”, explicó Arroyo, también fundador de la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC).

Antonio Payán, director del Centro de Estudios sobre México del Baker Institute for Public Policy de la Universidad Rice agregó que en esta apuesta única por las inversiones extranjeras, México participa además sólo con mano de obra barata, por lo que su papel en las cadenas de manufactura norteamericanas es cada vez menos relevante.

“En la plataforma manufacturera norteamericana, México se ha colocado en los peldaños más bajos, donde lo que contribuye México es finalmente con una mano de obra extremadamente barata, y no ha reformulado su sistema económico para incentivar la adquisición de habilidades más tecnológicas, de mayor educación, preparación para ir escalando los peldaños de la cadena productiva manufacturera mexicana”, dijo Payán.

“Y esa ha sido la estrategia económica de México: el apostarle a mano de obra barata, y ha sido un error en dos maneras. La primera, es por si llegaba alguien como Trump que dijera ‘esos empleos se quedan en Estados Unidos’; y, por otro lado, el hecho de que la automatización o robotización de las cadenas de manufactura obviamente implica que México se hará cada vez más prescindible. En ese sentido, México está pésimamente preparado y no previno absolutamente nada. Entonces, creo que hay un pánico justificado, pero merecido”, agregó.

Esta semana, en el contexto de los amagos de Trump contra las compañías que ensamblen sus productos en México, Ford anunció la cancelación de una inversión de mil 600 millones de dólares prevista para iniciar en una nueva planta de San Luis Potosí.

La historia de la industria maquiladora en México, sin embargo, muestra que las compañías norteamericanas llegan o cancelan inversiones con base, sobre todo, en la economía de ese país.

Así lo expuso desde 2003 un análisis del Gobierno norteamericano sobre la contracción de casi un 30 por ciento en la producción de esta industria en México y la pérdida de casi 290 mil empleos entre 2000 y 2002.

Entonces, como ahora, los motivos del declive fueron cambios registrados en el extranjero: la recesión económica norteamericana, a donde va la mayor parte de la producción de estas maquiladoras; y, a partir de diciembre de 2001, la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio, que significó más competencia para México por este tipo de inversiones foráneas.

“Cerca del 98 por ciento de la producción maquiladora está destinada al mercado de Estados Unidos. Entonces, no sorprende que las maquiladoras sean muy sensibles a las fluctuaciones en la fabricación y demanda en Estados Unidos”, advierte el reporte titulado “El declive de la maquiladora de México afecta a las comunidades fronterizas y el comercio”, elaborado por la Oficina General de Contabilidad del Gobierno estadounidense (GAO, sus siglas en inglés).

“China y México parecen estar en una competencia directa por muchas categorías de importaciones. Aún cuando es difícil establecer una relación causal, China parece estar ganando partes del mercado de Estados Unidos al mismo tiempo que México las pierde, como juguetes, muebles, electrodomésticos, equipos y partes para televisión y video, ropa y textiles. Las maquiladoras están concentradas donde China parece haber ganado acceso al mercado norteamericano (…) México perdió también mercado en la producción de equipos de telefonía tanto en el 2001 como en el 2002, y la ganancia que tuvo el sector de la producción de hardware en el 2001 estuvo más que opacada”, agrega el documento.

Juárez, que es el municipio mexicano donde vive la mayor cantidad de población ocupada en este tipo de industria, absorbió una amplia proporción de la pérdida y, para 2003, se estimaba en cien mil el número de personas desocupadas directamente por las plantas maquiladoras; más otras miles por otros sectores afectados por la caída del poder de compra de los obreros desempleados, como el comercio, el transporte o los servicios.

Otro periodo en el que la industria maquiladora resintió de manera inmediata los acontecimientos políticos y económicos registrados en el exterior fue 2008, año de la quiebra de la compañía Lehman Brothers y de la crisis financiera en Estados Unidos. De acuerdo con El Diario de Juárez esa ciudad fronteriza perdió en ese momento 20 mil empleos.

Y es que la vulnerabilidad de México ante los vaivenes de la economía norteamericana es casi absoluta, afirma Arroyo Picard.

“Del dos por ciento que crecemos, más o menos, como un 1.4 depende del sector exportador. Y ahora es mucho más la dependencia”, señaló.

“Antes de la etapa neoliberal había una dependencia más estructural, pero ahora es inmediata y es básicamente porque el motor de la economía está afuera, y apostamos a un solo mercado y no diversificamos nuestro mercado. Chile es igualmente neoliberal que México, pero, primero, tiene un mercado interno más fuerte; y segundo, tiene más o menos equilibradas sus zonas de exportación: una cuarta parte la envía a Asia, otra cuarta parte a Europa, otra al Mercosur, otra a Estados Unidos. Entonces, ya que toda la economía entre en recesión es más difícil, y se equilibra. Pero aquí no: el 80 por ciento de las exportaciones y el 60 por ciento de la inversión es de Estados Unidos; entonces, dependemos totalmente de la economía de Estados Unidos”, agrega.

 

MEXICO, SIN ALTERNATIVA

 

Las inversiones norteamericanas en México entraron de nuevo en amenaza durante la campaña presidencial norteamericana del año pasado, cuando tanto la derecha como la izquierda del espectro político hicieron notar la pérdida de miles de empleos en Estados Unidos, sobre todo a partir del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

“Los automóviles solían estar hechos en Flint, y no podías tomar el agua de México. Ahora los automóviles se hacen en México y no puedes tomar el agua en Flint”, dijo en septiembre pasado el entonces candidato republicano Donald Trump en esa localidad del Estado de Michigan y que hace meses es noticia por la contaminación de sus redes de agua potable.

Trump concentró sus críticas en la compañía automotriz Ford, con la cual el ahora Presidente electo ha presumido diversos acuerdos para que retire inversiones de México y que el pasado martes 3 de enero anunció la cancelación de mil 600 millones de dólares para una planta que preveía construir en San Luis Potosí y que se usarán, precisamente, en la expansión de sus operaciones en Michigan.

“En lugar de alejar los empleos y la riqueza, América se convertirá en el gran imán del mundo para la innovación y la creación de empleos”, publicó esta mañana Trump en su cuenta de la red social Twitter, donde minutos antes había colocado un vínculo a la noticia de Ford.

Desde su triunfo el pasado 8 de noviembre, sus amagos a las empresas automotrices instaladas en México y su anuncio de revisar el TLCAN, analistas y documentos consultados por este medio indicaron que, pese a los ciclos de declive asociados a la condiciones externas y pese a tener acuerdos de libre comercio con varios países, México no cuenta con un plan alterno para enfrentar su dependencia de las inversiones procedentes de Estados Unidos.

“No hay nada que lo sustituya; tendría que haber un cambio no sólo para generar ingreso de dólares sino para generar nuevas ramas productivas que puedan crecer no a partir de las exportaciones sino del consumo interno, y para eso se necesita subir los salarios, distribuir mejor el ingreso e impulsar la construcción de infraestructura a cargo del Estado”, explicó a SinEmbargo Saúl Escobar Toledo, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia y autor de diferentes análisis sobre el impacto de la apertura económica en el salario y el trabajo en México.

“Entonces, este cambio de modelo exportador al mercado interno, desde luego, es un objetivo, pero necesitaría una conducción política acorde, y no veo en el PRI ni en el PAN esta mentalidad”, agregó entonces.

 

RESCATANDO LA DEPENDENCIA

 

En México, advirtió por separado Arroyo Picard, la conducción política y macroeconómica mexicana va en sentido contrario a la creación del mercado interno, debido a que hace 30 años se ha concentrado en obtener riqueza sólo a través de la apertura de diversos sectores productivos a los mercados extranjeros.

“Por un lado aumentó un poco el salario mínimo (no es suficiente por sí mismo, pero si se mantiene un aumento significativo por varios años sí lo sería), pero por otra sube la gasolina, lo que lleva a un aumento en la inflación”, dijo Arroyo.

Por eso, agrega Payán, en lugar de plantearse reconstruir el mercado interno, la actitud del Gobierno mexicano ante Trump ha sido la de rescatar lo que sea para seguir manteniendo la dependencia de ese país.

“Pienso que las élites políticas y económicas de México están apostando a tratar de convencer a Trump de que México puede ajustarse, hacer concesiones, políticas, diplomáticas y económicas para tratar de congraciarse con su administración”, dijo.

“No es un esfuerzo orquestado para tratar de crear una economía nacional, un mercado nacional, una base económica nacional, una clase consumidora mexicana, sino para rescatar lo poco que puedan rescatar de un plan manufacturero completamente de Estados Unidos. Es como una desesperación por rescatar la dependencia”, agregó.

Desde el triunfo de Trump y su posterior anuncio de revisar el TLCAN, también la médico social Assa Cristina Laurel, que se ha enfocado en investigar el impacto de la apertura económica, comentó a SinEmbargo que parte de la problemática es la negativa del Gobierno federal para aceptar el descontento que había en Estados Unidos por la fuga de empleos y la vulnerabilidad en la que se queda México sin ellos.

“Hay personas enojadas con la política neoliberal, por eso están votando por Trump, pero aquí dicen que vamos muy bien y que el loco es Trump”, dijo Laurell.

“El problema es que el surgimiento de la ultraderecha está aprovechando el descontento de la gente por el impacto que ha tenido este tipo de globalización sobre la población. ¿Cuánto tiempo llevamos hablando del uno por ciento (proporción de población que se estima se benefició ampliamente del libre mercado)? No nada más en México; en Estados Unidos, en Europa (…) Nadie puede decir que no se les ha dicho; se les ha mostrado el impacto con datos, con la destrucción de aparato productivo, del campo, etcétera”, agregó.

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