07
Septiembre

* ARCHIVOS DE DISCREPANDO: Guerra ilegal, actos de piratería, asesinatos, cambio de drogas por armamentos

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Publicado en Notimundo

ARCHIVOS DE DISCREPANDO

 

Drogas en la base aérea de Homestead

Por: Knut Royce / Servicio Newsday / El Miami Herald / 17 de Enero 1987

homestead-333WASHINGTON -Un piloto que sostiene haber transportado armas por avión para los rebeldes nicaragüenses respaldados por Estados Unidos con base en Honduras afirmó que, en un viaje de regreso el año pasado, aterrizó con más de 12 toneladas de marihuana en la Base de la Fuerza Aérea de Homestead.

Afirmó que siguió a un camión escolta hasta un hangar, donde dejó el avión y su inusitado cargamento, antes de ser conducido por personal de la base a un taxi que lo llevó sin novedad hasta el centro de Miami.

En la declaración que se entregaría esta semana a Lawrence Walsh, el fiscal independiente que investiga el escándalo irano-contras, el piloto, Michael Toliver, afirmó que aterrizó en la base de la fuerza aérea a mediados de marzo de 1986 en un DC6 que llevaba unas “25,000 libras de marihuana”. Toliver actualmente cumple una condena federal por drogas.

Un portavoz de la base, el sargento Stan Sullivan, declaró: “No tenemos conocimiento alguno de la situación”. El portavoz de aduanas de Miami Cliff Stallings afirmó que su agencia tampoco tenía constancia del presunto episodio.

En su declaración, una copia de la cual fue obtenida por el diario Newsday, Toliver consiguió que pocos días antes había llevado el avión desde el Aeropuerto Internacional de Miami con 28,500 libras de “suministros militares” a Aguacate, base aérea de los contras en Honduras.

Afirmo que por el viaje a Aguacate le pagó a un hombre que cree era Max Gómez, un miembro retirado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que, según se informa, coordina los embarques de armas para los contras.

Gómez es un antiguo asociado de Donald Grogg, asesor de seguridad nacional del vicepresidente George Bush. Las actividades de Toliver, según se informa, en el embarque de armas ocurrieron durante una prohibición del Congreso a la participación del gobierno estadounidense en este tipo de operaciones.

Después de llevar las armas a Aguacate, afirmó Toliver, llevó la nave vacía a Tegucigalpa, capital de Honduras. Añadió que no sabía de dónde provenía la marihuana, pero que ya se encontraba en el avión cuatro días después cuando se le ordenó llevarlo de regreso a la Florida.

“Despegamos sin un plan de vuelo”, agregó. Relató haber pedido a otro tripulante a quien identificó como “Carlos”, las coordenadas del punto de destino, Resultó ser Homestead, manifestó.

Expresó que fue dirigido a la base por el copiloto. No está claro en la declaración si el copiloto era Carlos.

“Imaginé que era una trampa”, observó Toliver. Pero dijo que el copiloto le aseguró: “No, no te preocupes por ello”.

Comentó que la torre de control de Homestead dio instrucciones a la nave para tocar en la base después que la tripulación identificara el del avión como un “vuelo militar”.

Después de aterrizar, añadió “apareció un pequeño camión azul con una indicación de que lo siguiera”. Afirmó que llevó al avión a la parte norte o este de la pista, estacionó salió y se subió en la parte trasera de una camioneta.

Dijo que la tripulación de tres hombres fue conducida a “un pequeño edificio” y que luego tomó un taxi hacia Miami, a unas 30 millas de distancia.

Toliver asevera que un individuo que se identificó como “Eduardo Hernández” le pagó entre $70,000 y 75,000 por llevar las armas a Aguacate.

Sin embargo, expuso que después de que apareciera publicada en un periódico una fotografía de Max Gómez, concluyó que “Hernández” era Gómez. “A no ser que esté lamentablemente equivocado”, comento, “se trata de Max Gómez… Podrían ser mellizos”.

Max Gómez es seudónimo de Félix Rodríguez, ex colaborador de la CIA. Bush ha declarado que se reunió en tres oportunidades con Gómez, y Gregg admitió que Gómez, lo había visitado en Washington el año pasado para quejarse de la falta de fondos y equipo para los contras.

El abogado de Gómez en Miami, Fernando Mendigutía, no devolvió el viernes las llamadas telefónicas a su oficina.

Toliver comentó que si bien “Hernández” le pagó por el viaje a Aguacate, fue otra persona, de quien dijo que su identidad no pudo confirmarse independientemente, la que se suponía le pagara $150,000 por el viaje de vuelta con la marihuana. La otra persona indicó que “se nos pagaría tan pronto como entregáramos la mercancía” en Homestead, declaró Toliver.

Sin embargo, agregó que los pagos vinieron por partes: “primero $5,000, luego $5,000, luego $3,000…”

 

Guerra ilegal, actos de piratería, asesinatos, cambio de drogas por armamentos

Por: Wilfredo Cancio Isla

luis-posada-carriles-conferencia-miami1(El Nuevo Herald).- Guerra ilegal, actos de piratería, asesinatos, cambio de drogas por armamentos: un serial criminal en Centroamérica que también tiene la firma de Luís Posada Carriles.

El senador y ex candidato presidencial John Kerry y el coronel Oliver North podrían ser llamados a testificar en el proceso judicial sobre la posible liberación del militante anticastrista Luís Posada Carriles, dijo ayer su representante legal.

El abogado Eduardo Soto manifestó que está considerando citar a Kerry y North como testigos del juicio fijado para el próximo 6 de julio en un tribunal federal de El Paso, Texas.

''Esta es una audiencia decisiva y no vamos a escatimar esfuerzos para conseguir el testimonio de altas figuras de la política de Estados Unidos en los años 80 como John Kerry, Oliver North y otros más'', afirmó Soto.

La estrategia legal de Soto es demostrar que su cliente actuó durante años bajo la conducción y el respaldo del gobierno estadounidense, particularmente en el enfrentamiento al régimen sandinista en Nicaragua por vía de la operación militar Irán-Contras.

El juicio considerará la petición de habeas corpus para Posada, la cual fue presentada ante un tribunal de El Paso a comienzos de abril, luego de cumplirse 180 días de su detención.

Soto insistió en que las autoridades deberían liberar a Posada y otorgarle la ciudadanía estadounidense, atendiendo a sus servicios al Ejército (1963-1965) durante la guerra de Viet Nam y, años después, como agente pagado en la guerra anticomunista en Centroamérica.

Los funcionarios del Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS) entrevistaron a Posada el pasado abril y en los próximos 90 días deberán decidir sobre su solicitud de naturalización por servicios honorables a EEUU.

''Estamos tratando de establecer que Luís Posada siempre fue un instrumento empleado y pagado por el gobierno de este país, que ahora, por conveniencias políticas, pretende calificar de terroristas a las mismas actividades que antes promovió'', agregó Soto.

De acuerdo con el abogado, Kerry fue ''una pieza clave en la investigación del caso Irán-Contras'', y posee conocimiento suficiente de los informes y testimonios que registran la participación de Posada en esos hechos.

Posada --con el pseudónimo de Ramón Medina-- se hallaba en la base de Ilopango, en El Salvador, cuando se destapó el escándalo del Irán-Contras tras el derribo de un avión piloteado por Eugene Hassenfus, en octubre de 1986.

Kerry intervino desde entonces en las investigaciones sobre las implicaciones del Consejo de Seguridad Nacional (NSC) en el abastecimiento bélico a la contra nicaragüense utilizando las ganancias de las ventas de armas a Irán. North estaba a cargo de esas operaciones encubiertas como miembro del NSC.

Tras escapar en 1985 de una cárcel en Venezuela, Posada fue empleado en la base de Ilopango --con un salario de $3,000 mensuales-- por su amigo Félix I. Rodríguez, agente de la CIA y veterano de Bahía de Cochinos.

''Nadie puede negar que cooperó en la ayuda a la contra nicaragüense, pero él [Posada] no tuvo nunca acceso a figuras del gobierno'', declaró anoche Rodríguez. ''Ni Kerry ni North supieron jamás que Posada estaba en esto, y su nombre vino a salir al final de la investigación'', expresó anoche Rodríguez, quien fue asesor principal de la operación.

La iniciativa legal de la defensa coincide con el anuncio de un proyecto de resolución contra el terrorismo, presentado por Venezuela ante la asamblea general de la Organización de Estados Americanos (OEA), que sesiona en República Dominicana.

Aunque la propuesta venezolana no menciona a Posada, su contenido exhorta a los 34 estados miembros de la OEA a favorecer ''la extradición de cualquier persona'' que participe o se relacione con la tentativa de comisión de delitos terroristas, y a impedir que "obtengan refugio, protección o naturalización en los respectivos territorios con el objeto de impedir la extradición.

Desde el pasado año, Venezuela solicitó a Washington la extradición de Posada por su supuesta participación en el atentado contra un avión cubano con 73 pasajeros, en 1976.

''Es obvio que el caso de Posada está definido por la resolución'', admitió el abogado José Pertierra, representante del gobierno venezolano en la solicitud de extradición.

El texto también insta a los miembros de la OEA a asegurar que "ninguna persona recibida en extradición será sometida a violaciones graves de derechos humanos o a penas crueles, inhumanas o degradantes''.

El pasado septiembre un juez de inmigración decretó que Posada era deportable, pero señaló que no podía ser enviado a Cuba ni a Venezuela en virtud del Convenio Internacional contra la Tortura.

Soto desestimó los posibles efectos del proyecto legislativo si finalmente es aprobado por el plenario de la OEA, alegando que "no podría aplicarse una resolución internacional con carácter retroactivo para perjudicar a un reo de la justicia estadounidense''.

Posada, de 78 años, se encuentra arrestado en El Paso desde el 17 de mayo del 2005.

 

UN SERIAL CRIMINAL EN CENTROAMÉRICA

Por: Juana Carrasco Martín

hasenfusA pesar de que su apellido de origen alemán significa pata de conejo, la buena suerte no le acompaña. El piloto norteamericano Eugene Hasenfus cobró notoriedad cuando abastecía de armas, a cuenta de la CIA y de una operación dirigida desde la mismísima Casa Blanca, a la contra nicaragüense. Su avión —un C-123K o avión táctico de transporte— fue abatido por los combatientes nicas, el 5 de octubre de 1986. Los otros tres tripulantes murieron, pero él tuvo la precaución de tirarse en paracaídas, solo que cayó prisionero, y habló...

“Me llamo Eugene Hasenfus. Soy de Marinette, Wisconsin. Fui capturado en Nicaragua”. Así comenzó la presentación que hizo ante decenas de periodistas nicaragüenses y de la prensa extranjera en Managua, el 7 de octubre de 1986, pero no se permitieron entonces preguntas. Rubio y corpulento, como se caracteriza a los estadounidenses, el hombre era la estampa de la derrota. Con él se iban a desenmascarar los planes de la administración del presidente Ronald Reagan, del vicepresidente George H. W. Bush, de un equipo dirigido por el coronel Oliver North, asesor de la Casa Blanca, y de la CIA contra el pueblo nicaragüense y el gobierno sandinista, guerra sucia y secreta iniciada en 1981, para la cual Washington había destinado cien millones de dólares.

Desde 1983 los grupos armados se infiltraban desde países vecinos centroamericanos, al tiempo que recibían constantes remisiones de armas y pertrechos por vía aérea, pero la legislatura estadounidense olía fétido y había cortado las alas a la CIA, que debió pasar a la utilización de empresas “privadas” para continuar sus planes.

La flecha o cohete tierra-aire portátil CM2 que “bajó” la nave de Hasenfus en medio de las selvas del departamento de Río San Juan, al sur de Nicaragua, ponía al descubierto la carga de 13 000 libras de armas, pero sobre todo, la presencia estadounidense en el complot: el piloto fue identificado como William Cooper, y el copiloto como Wallace Blane Sawyer. Solo el radioperador era nicaragüense aunque entrenado por el ejército de Honduras, Freddy Vilchez. Hasenfus era el responsable del lanzamiento de la carga.

Ocurrió entonces algo similar a lo que estamos presenciando casi 20 años después, cuando Luis Posada Carriles “apareció” en Miami: funcionarios del gobierno evitaron dar importancia y eludieron cualquier responsabilidad. En el caso de Hasenfus, esa actitud apenas duró unas horas.

Los cómplices de ahora son los mismos de entonces y los detalles que salen de las arcas de la historia lo van a demostrar...

 

El grupo usa de Ilopango

 

Entre sus documentos, el chele (rubio) llevaba una identificación con el número 4422, como asesor del Grupo USA, válido desde el 27 de julio de 1986 hasta el 28 de enero de 1987, expedido por la Fuerza Aérea de El Salvador y firmado por su jefe, el general Juan Rafael Bustillo, para tener acceso a los lugares más recónditos de la base aérea militar de Ilopango.

Hasenfus, quien ya había participado en diez vuelos, utilizaba también como pista terminal la base de El Aguacate, en Honduras, construida en 1984 por ingenieros militares estadounidenses.

Más allá de los detalles que dio de los aeropuertos de Ilopango y El Aguacate, de la utilización consentida del espacio aéreo de Costa Rica, de la cantidad de aviones en la tarea de abastecer a la contrarrevolución mediante empresas-sombrilla de la CIA, como la Air America y la Southern Air Transport, de las toneladas de armas que se transportarían, y del trasiego al mismo tiempo de drogas como una fuente de financiamiento de la contra y de esa guerra sucia, interesan los pormenores del grupo de hombres de la CIA, con fuertes vínculos y amistades en la misma Casa Blanca, que dirigían y organizaban la operación; sobre todo porque entre ellos estaban dos conocidos y reconocidos terroristas asesinos de origen cubano.

Aunque Estados Unidos insistió en que se trataba de actividades de “ciudadanos privados”, la exposición de los hechos puso en alerta a más de un legislador estadounidense, entre ellos el senador demócrata John Kerry, quien llevó a cabo una investigación en la que 50 testigos hablaron de los aeropuertos, las líneas áreas, las tripulaciones, las naves y las bases militares utilizadas por un team de trabajo que abarcaba no solo la operación en Nicaragua , sino que servía para la represión de otros pueblos centroamericanos, y que estaba formado por contrarrevolucionarios, narcotraficantes, contrabandistas, agentes de la CIA y terroristas.

Eugene Hasenfus dio como su jefe inmediato a William Cooper, piloto de la Southern y hombre de confianza de la CIA, pero añadió otros dos nombres como integrantes del personal de dirección de la base de Ilopango, responsables directos de los vuelos: Ramón Medina y Max Gómez, también hombres de la CIA y de la Casa Blanca, ambos ciudadanos norteamericanos de origen cubano.

 

Ninguno operaba con su nombre

 

Max Gómez era Félix Rodríguez, o más exactamente Félix Ismael Fernando José Rodríguez Mendigutía, ex agente de la policía de Batista y sobrino de quien fuera Ministro de Obras Públicas del dictador. Apodado también El Gato, Rodríguez integró la Operación 40, concebida por la CIA para infiltrar en Cuba una tropa de saboteadores que simultanearan acciones dentro de la Isla con la invasión de Playa Girón. Fracasada esta, pasó un curso de entrenamiento en Fort Benning, que lo capacitó para cualquier tipo de operación sucia, junto a otros sicarios como Luís Posada Carriles, Guillermo e Ignacio Novo Sampol, José Basulto y Jorge Mas Canosa, hasta unos 200 ejecutores.

Su prontuario contrarrevolucionario y de agente de la CIA incluye la persecución de la guerrilla del Che en Bolivia, los interrogatorios y torturas a combatientes capturados, y la participación directa en el asesinato del Guerrillero Heroico.

Luego estuvo en la Operación Phoenix en Vietnam, operativo de la CIA para exterminar a militantes comunistas en el Sur que dejó 26 369 muertos entre los 33 350 detenidos en los centros de interrogatorio y torturas, según reconoció después el ex jefe de la CIA, William Colby.

Félix Rodríguez, o Max Gómez integra durante su servicio en la península Indochina la empresa Air America, que traficó heroína desde Laos, experiencia y compañía de aviación de la CIA que le servirán más tarde en Ilopango. El negocio en el sudeste asiático estuvo dirigido por Donald Gregg, quien más tarde, siendo consejero de Seguridad Nacional, le recordaría al entonces vicepresidente George H. W. Bush, las cualidades de Rodríguez para la operación Irán-Narco-Contras, algo innecesario para quien fue director de la CIA en momentos de especial oprobio en el acontecer hemisférico.

En esa época de los 70, Félix Rodríguez fue instructor del ejército argentino, para lo que fue llamado por un conocido de Vietnam, el general Tomás Sánchez, y también aparece como consultor de los servicios de investigación representados en Argentina por John Battaglia Ponte, uruguayo con ciudadanía estadounidense y, por supuesto, “ex” agente de la CIA, que participó en el Plan Cóndor.

Recordemos que junto a esa operación coordinada de las dictaduras del cono sur, la CIA, bajo la dirección de George H. W. Bush, había fomentado en 1976 la formación de una sola organización que reuniera a la fragmentada contrarrevolución terrorista de Miami: la Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). Orlando Bosch, Félix Rodríguez, Luis Posada Carriles están entre sus principales integrantes.

Fue un año fatídico: hicieron estallar el avión de Cubana, asesinaron al ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington, y se creó la DINA en Chile bajo la dirección del general Manuel Contreras, además de llevar a cabo decenas de atentados en más de 25 países, que tejen entre sí una tenebrosa telaraña. Félix Rodríguez, el socio y ahijado de Bush padre, es condecorado por él en el mismo año 1976 con la Estrella al Valor...

 

Posada y la guerra privada

 

Pero estamos en Nicaragua, década de los 80. Un viejo socio de Rodríguez y de la CIA, Luis Posada Carriles, ha huido de una cárcel de Venezuela, donde estaba detenido desde el atentado al avión cubano en que murieron 73 personas. Y se le busca refugio y trabajo como principal ayudante de Félix Rodríguez en la base de Ilopango para el trasiego de drogas, armas y dinero, intrincada madeja obra de William Casey, el director de la CIA, y del coronel Oliver North bajo la imagen de una organización “privada”. Pero aquí se llama Ramón Medina.

Un equipo especial de la revista nicaragüense Envío, que publicó en noviembre de 1986 un extenso trabajo sobre el affair Hasenfus, afirmaba: “Surgieron entonces en Estados Unidos unos 20 grupos ‘privados’ que establecieron conexiones con los gobiernos de Honduras, El Salvador, Guatemala y Costa Rica, y con grupos afines ideológicamente por su anticomunismo en Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Corea del Sur, Taiwán y Arabia Saudita”.

Y añade: “A estas alturas, cuando el crucigrama ya estaba prácticamente resuelto en todas sus palabras claves, Mauricio Salvador Hernández, portavoz militar salvadoreño, declaró a The New York Times que ‘Bush sí tiene que ver con el suministro de armamentos a los contrarrevolucionarios nicaragüenses, pero pretendió lavarse las manos en este asunto y nos tiró el problema a nosotros’”.

A pocos días de la captura de Hasenfus, el periodista Mike Wallace, de la cadena de televisión estadounidense CBS, le hace una entrevista al prisionero.

 

WALLACE: ¿Se considera usted un prisionero de guerra?

HASENFUS: Sí, lo soy.

WALLACE: ¿Piensa usted que Estados Unidos tiene la obligación de venir a rescatarlo?

HASENFUS: No. Me gustaría decir que sí, pero personalmente, por mí mismo, digo que no. Claro que estando ligado a la Compañía de la manera que lo estaba y conociendo lo que estaba haciendo...

WALLACE: ¿La Compañía es la CIA?

HASENFUS: Sí. Por eso es que creo que merezco un poco de respaldo.

 

Hasenfus decía una verdad que desnudaba al gobierno de Estados Unidos.

Años después, en julio del año 2000, vuelve a sufrir su “mala suerte” y también demuestra su catadura moral. Es capturado nuevamente, pero no en otra operación de la CIA, sino en el parqueo de un supermercado K-Mart de Brookfield, en su estado natal de Wisconsin, cuando era sorprendido por una mujer, mientras Eugene Hasenfus se masturbaba...

Un pecado venial comparado con los que siguieron cometiendo sus jefes.

 

La caja de pandora

 

Imaginen la situación, George Herbert Walker Bush es vicepresidente de los Estados Unidos y además está casi designado para ser el sucesor de Ronald Reagan en las elecciones de 1988. Paralelamente se inician investigaciones en el Congreso, en la prensa y por parte del Fiscal Independiente creado al respecto sobre el Irán-contra. Las pesquisas van en dos direcciones: una, si se violó la ley vigente que prohibía suministrar fondos a los Contras nicaragüenses y otra, mucho más grave, que aseguraba que se habían realizado operaciones de narcotráfico en los aviones que llevaban estos ilegales suministros hacia Centroamérica.

Si se probaba o trascendía que Bush padre había conocido o tenido que ver con algunas de estas dos, el resultado en las elecciones podía ser fatal.

¿Ocurrieron o no estos hechos?

Sobre el abastecimiento ilegal a los contras ya sabemos que sí ocurrió.

¿Ese abastecimiento ilegal lo conoció el entonces vicepresidente Bush?

La semana pasada pudimos leer numerosos testimonios en el sentido de que sí lo conocía y su oficina lo supervisaba.

Pero el más grave, ¿fue conocida la gigantesca operación de narcotráfico por el vicepresidente Bush y sus subordinados de entonces Félix Rodríguez y Luís Posada Carriles?

 

Vayamos a los hechos

 

Cuando se tiene la oportunidad de leer el no muy divulgado testimonio del ex oficial de la DEA (Agencia Antidrogas de Estados Unidos), Celerino Castillo III, se conocen detalles muy interesantes.

 

¿Quién es Celerino Castillo III?

 

Según lo describe en 1996 el diario Dallas Morning News: "Castillo, un condecorado veterano de Viet Nam, era un oficial de la DEA clasificado como un `dedicado y capaz agente', quien además tenía dos informantes con acceso total a la Base de Ilopango y a toda su documentación".

En 1986, el senador John Kerry creó un subcomité senatorial para investigar el ilegal escándalo Irán-contra y sus ramificaciones, donde el ex agente de la DEA, Celerino Castillo III, testificó: "A principios de 1986 yo recibí una solicitud vía cable de la DEA desde Costa Rica donde el Agente Especial Sandy Gonzáles me pedía que investigara los hangares 4 y 5 de la Base de Ilopango, pues la oficina de la DEA en Costa Rica había recibido información de inteligencia confiable de que los Contras estaban llevando cocaína a esos hangares. Ambos hangares estaban controlados y operados por la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad y sus responsables eran el Tte. Coronel Oliver North y el agente de la CIA Félix Rodríguez, también conocido por Max Gómez..."

oliver-north-1987Castillo III dijo que desde enero de 1986 inició un minucioso trabajo, consistente en: "documentar los vuelos con cocaína, enumerando los números, las fechas y los planes de vuelo, además de recopilar los nombres de los pilotos".

Y agregó el ex agente de la Agencia Antidrogas: "yo descubrí que muchos de los pilotos que volaban para los Contras estaban en las listas de sospechosos de narcotráfico de la DEA".

Una confirmación de lo anterior se produjo en 1989 en el muy respetado espacio investigativo de la cadena de televisión norteamericana CBS 60 Minutes. Allí ante las cámaras, accedió a declarar el piloto norteamericano Mike Tolliver, quien afirmó:

"Después de haber estado durante años traficando drogas, fui reclutado para la operación de abastecimiento a los Contras por un tal Mr. Hernández, a quien identifiqué más tarde como Félix Rodríguez, quien radicaba en la Base Aérea de Ilopango en El Salvador. Yo piloteé un DC-6 cargado de armas y municiones para Félix Rodríguez en marzo de 1986 desde el aeropuerto de Miami hasta Aguacate, la Base Aérea controlada por Estados Unidos en Honduras, las armas fueron descargadas por Contras y a mí me pagó 70 000 dólares Félix Rodríguez.

"Tres días después se me ordenó despegar el avión que había sido cargado con 25 000 libras de marihuana con destino hacia la Base Aérea de Homestead, cerca de Miami, donde aterricé y dejé el avión con el cargamento de drogas, tomando un taxi en el que salí de la base."

Otra confirmación se conoce en diciembre de 1985, cuando el reportero de la CNN, Brian Barger, revela una historia en dicha cadena donde afirma, de acuerdo a sus fuentes, que los Contras están involucrados en el narcotráfico.

El 20 de enero de 1987, Joel Brinkley en un trabajo especial para The New York Times titulado Tripulaciones de las armas de los Contras dicen que contrabandean drogas, afirmó: "Investigadores antidrogas federales revelaron evidencias el otoño pasado de que las tripulaciones americanas que de manera encubierta transportan armas para los rebeldes nicaragüenses estaban contrabandeando cocaína y otras drogas en sus viajes de retorno a los EE.UU., funcionarios de la Administración dijeron hoy que cuando los miembros de las tripulaciones basados en El Salvador, conocieron que agentes de la DEA estaban investigando sus actividades, uno de ellos advirtió que tenían protección de la Casa Blanca".

El artículo del The New York Times también citó a un funcionario que de manera anónima declaró: "la alerta dada por uno de los miembros de las tripulaciones, la cual ocurrió después que la DEA registró su casa en San Salvador buscando drogas, provocó tremendo revuelo en Ilopango".

Pero hay otros hechos que involucran al agente de la CIA Félix Rodríguez, quien era uno de los jefes de la operación en el terreno, además de ser quien había coordinado la fuga de Posada y su incorporación a la secreta operación. Rodríguez, durante todo este tiempo y, como ya se sabe, "hablaba casi a diario" con la oficina del entonces vicepresidente Bush, desde la Base Aérea de Ilopango.

En noviembre de 1984, el FBI arrestó al socio de negocios de Félix Rodríguez, Gerardo Latchinian, un conocido contrabandista internacional de armas, quien fue sancionado por contrabando de 10,3 millones de dólares en cocaína, cuyas ganancias iban destinadas a financiar un plan para asesinar al entonces presidente de Honduras, Roberto Suazo Córdova. Durante el proceso, Latchinian declaró que estaba conectado con la CIA.

Pero uno de los momentos más reveladores en este sentido ocurrió en las audiencias del subcomité senatorial creado por el senador Kerry, para investigar sobre la conexión entre el narcotráfico y la red de abastecimiento ilegal a los Contras. Allí se produjo el testimonio de Ramón Milián Rodríguez, quien había sido uno de los principales contadores del cartel de Medellín y fue sancionado por lavado de cerca de 1 500 millones de dólares.

En el Congreso de EE.UU., Milián afirmó: "En enero de 1985, sostuve una reunión con Félix Rodríguez mientras estaba en libertad bajo fianza durante el proceso por delitos de drogas, antes de esta reunión de 1985 yo había accedido a una petición de Félix Rodríguez y le había canalizado 10 millones de dólares en efectivo, provenientes del tráfico de cocaína para los Contras, con la esperanza de que la contribución provocara buena voluntad por parte de las autoridades norteamericanas".

Aunque al parecer hubo algo extra en esta transacción. En una investigación publicada en el año 2004, la publicación Miami New Times señaló: "Milián dudaba que Rodríguez, de corazón, tuviera los mismos intereses del gobierno de los EE.UU. y que nunca se hubiera embolsillado nada de las ganancias".

Según dice esta misma revista: "Félix Rodríguez admite que esta reunión tuvo lugar, pero insiste en que solo se trataba de una oferta del lavador de dinero para ayudar a `prepararle una trampa' al gobierno de Nicaragua mediante una operación de cocaína".

Qué bien, así que la declaración de inocencia de Félix Rodríguez con relación al narcotráfico es que solo lo usaba para preparar falsas evidencias y trampas a un gobierno extranjero (el sandinista en Nicaragua), pero no niega que estaban en contacto y comunicación con el Cartel de Medellín.

En 1988, Milián falla en la prueba del detector de mentiras y el senador Kerry tiene que dar marcha atrás. Pero los hechos, testarudos, volvieron a aparecer. En 1991, el cofundador del Cartel de Medellín, Carlos Lehder, mientras era testigo del gobierno de los EE.UU. en un proceso judicial, admitió que "su organización le había dado 10 millones de dólares a los Contras".

Al respecto el Miami New Times opinó: "Lehder, entonces un testigo federal trabajando con los fiscales norteamericanos, no tenía ningún motivo conocido para mentir".

Y el condecorado ex agente de la DEA, Celerino Castillo III, tanto en su testimonio como en el libro que escribió bajo el título Powderburns, agrega que: "En 1991, antes de salir de la DEA, me reuní con el agente del FBI, Mike Foster, investigador de la Oficina del Fiscal Independiente sobre el Irán-contra y allí yo le di a él toda la información detallada del involucramiento de los Contras en las drogas. Esta es la lista de los expedientes de caso de la DEA y los nombres de los individuos que pueden ayudar a probar mis alegaciones:

 

Félix Vargas (CIA, El Salvador)

Coronel James Steele (jefe del grupo militar, El Salvador)

Félix Rodríguez (CIA, en Ilopango)

Manuel Brand, cubano americano retirado (CIA, Guatemala)

(NR: por razón de espacio mencionamos solo unos pocos nombres de esta lista)

 

Y reveló Castillo III: "el jefe de la fuerza de tarea de la CIA sobre Centroamérica testificó que con respecto al tráfico de drogas por las Fuerzas de la Resistencia, no son algunas personas... son muchas personas".

Pero este rompecabezas no se completaría hasta casi una década después, cuando en 1996, el multipremiado periodista Gary Webb publicó en el diario californiano San José Mercury News su famosa serie "La Oscura Alianza", en la que de forma documentada y usando informes de la CIA desclasificados, cintas de audio y video de la vigilancia secreta de la DEA y testimonios en Cortes Federales y en sesiones congresionales, se reveló que:

"Por casi una década una red de drogas del área de la bahía de San Francisco vendió toneladas de cocaína a las pandillas callejeras de Los Ángeles y canalizó millones de las ganancias de las drogas a los Contras nicaragüenses respaldados por la CIA."

"Rick `freeway' Ross, ex jefe de una de las redes de distribución de cocaína más grande de todos los EE.UU. que comprendía California, Louisiana, Texas, Ohio, Missouri e Indiana, detenido y sancionado, aceptó cooperar a cambio de la reducción de su sentencia, confesando que le compró varias toneladas de cocaína a Oscar Danilo Blandón."

Blandón, nicaragüense de familia somocista, miembro de la Contra y fundador del FDN en California, al parecer se dedicaba a la lucha contra los sandinistas; sin embargo, en los documentos policiales del Condado de Los Ángeles sobre su detención, se lee: "Blandón está a cargo de una sofisticada organización de contrabando y distribución de cocaína que opera en el sur de California".

Lo que no sabía Rick Ross era que Blandón fue al mismo tiempo un informante de la DEA; de ahí que en el juicio declarase: "solo en 1981, vendí a la red de Los Ángeles, una tonelada de cocaína, que al precio vigente, significaba ganancias de 54 millones de dólares".

 

Pero, ¿era Blandón un simple traficante de drogas?

 

Parece que no. Primero, en el juicio en su contra en una Corte Federal en San Diego, Blandón declaró: "el hombre de la CIA en Honduras nos explicó `que el fin justificaba los medios' y por eso empezamos a recaudar dinero para la Contra de esa manera".

Inmediatamente, los fiscales federales obtuvieron una orden de la Corte que impedía que los abogados de la defensa de Blandón preguntaran en el juicio sobre sus vínculos con la CIA. "No habría ningún beneficio adicional para el acusado si se inquiriese sobre la CIA", se lee textualmente en la decisión de la Corte.

Blandón reveló que su jefe en la operación de la venta de cocaína era Juan Norwin Meneses Cantarero, un nicaragüense cercano a la familia Somoza y su Guardia Nacional que en esos momentos era asesor de la jefatura de la Contra y que como bien señala Gary Webb en su serie, aparecía en las computadoras de la DEA como "un importante contrabandista internacional de drogas y que estaba implicado en 45 diferentes investigaciones federales".

Pero el testimonio más revelador sobre las conexiones de Meneses vino de su íntimo colaborador y ayudante, Enrique Miranda, quien había sido su emisario ante el cartel de la droga de Colombia y que bajo juramento, ante un tribunal que lo juzgaba en 1992, expresó: "Él (Norwin Meneses) y su hermano Luis Enrique financiaron la revolución Contra con los beneficios de la cocaína que vendieron, ellos se reunieron con oficiales de la Fuerza Aérea Salvadoreña, quienes volaban aviones hasta Colombia y de ahí salían hacia los Estados Unidos, a una Base de la Fuerza Aérea en Texas".

Y Gary Webb en su serie de 1996 La Alianza Oscura, revela más: "Marcos Aguado fue uno de los pilotos de la Contra, además fue jefe de la ayudantía del subjefe de la Fuerza Aérea Salvadoreña y esposo de la hija de Edén Pastora.

"El ayudante de Meneses, Enrique Miranda, testificó que Aguado usó aviones de la Fuerza Aérea Salvadoreña para bombardear almacenes del cartel de Medellín actuando para su rival el cartel de Cali.

"Aguado fue identificado en un testimonio congresional de 1987 como un agente de la CIA que ayudó a los Contras a obtener armas, aviones y dinero de un importante traficante de drogas colombiano llamado George Morales. Aguado admitió su rol en este acuerdo en una declaración grabada ante el subcomité senatorial ese añoÁ Por su parte, Robert Owen, el correo de Oliver North, testificó que él conocía a Aguado como un piloto Contra y dijo que había preocupación sobre su involucramiento con el tráfico de drogas."

Creo que en ese momento solo faltó conocer un pequeño detalle y lo señaló después Gary Webb en su famosa investigación: "Mientras volaba para los Contras, Aguado estuvo estacionado en la Base Aérea de Ilopango cerca de la capital de El Salvador, San Salvador".

El propio Blandón testificó: "Fuese lo que fuese, lo que estábamos haciendo en Los Ángeles, las ganancias iban para la revolución Contra".

Y Gary Webb concluyó: "El efectivo que Rick Ross pagaba por la cocaína, según muestran los documentos de la Corte, fue usado para comprar armas y equipos con destino al ejército guerrillero llamado Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN) comúnmente conocido como los Contras".

Todo lo anterior se confirma al conocer los documentos del Sheriff del Condado de Los Ángeles donde se legaliza la detención de Oscar Danilo Blandón. En ellos se puede leer textualmente, al exponer el resultado de las investigaciones desarrolladas que culminaron con el arresto de este: "El dinero obtenido por las ventas de cocaína era transportado a la Florida y lavado a través de Orlando Murillo, quien es un alto funcionario de una cadena de bancos en la Florida llamada Government Securities Corporation. Desde este banco el dinero era filtrado a los rebeldes Contras para comprar armas en la guerra en Nicaragua".

Gary Webb descubrió que este Orlando Murillo era pariente de la esposa de Blandón y que su cargo era el de vicepresidente de esta cadena de bancos que tenía su sede en Coral Gables, Miami. La cadena quebró en 1987 rodeada de acusaciones de fraude.

El escándalo que provocaron estas revelaciones en 1996 fue significativo, pues los barrios negros de Los Ángeles habían sido devastados por una ola delictiva como consecuencia del incremento acelerado del consumo de cocaína que dejó cientos de muertos, heridos y delitos de todo tipo. La congresista por el distrito de Watts, al cual pertenecen esos barrios, Maxine Waters, exigió y logró una investigación de la CIA para aclarar si era cierto que agentes de la Agencia habían vendido drogas a los barrios negros en Los Ángeles para financiar la guerra contra los sandinistas.

Ya antes, en 1988, se había realizado una investigación, apenas divulgada, de la CIA. El entonces subdirector de la Agencia, Robert Gates, tras tres días de investigaciones, informó que "todas las alegaciones de que la CIA, condonó o participó en tráfico de narcóticos, son absolutamente falsas".

La nueva investigación se realizó muy discretamente y sus resultados los informó el Inspector General de la CIA, Hitz, ante el Comité de Inteligencia del Senado. El investigador Robert Parry en su libro Historia perdida, Contras, Cocaína, la Prensa y el Proyecto Verdad, resume así lo que comunicó el Inspector General de la Agencia: "no solamente muchos de los alegatos de Webb eran ciertos sino que de hecho había subestimado la seriedad de los crímenes de la Contra y la droga, así como el conocimiento de la CIA. Hitz reconoció que los contrabandistas de cocaína jugaron un temprano y significativo rol en el movimiento Contra en Nicaragua y que la CIA intervino para bloquear una investigación federal que amenazaba su imagen en 1984 sobre una red de drogas con sede en San Francisco de la que se sospechaban sus vínculos con los Contras".

Luego de este informe, más la presión de la congresista de California Maxine Waters, el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes se vio obligado a iniciar un debate sobre el tema. Su presidente convocó una audiencia que duró una hora y ante el estupor de todos dictaminó que "las alegaciones carecen de fundamento". Hay un hecho interesante, ese presidente del Comité era el representante por la Florida, Porter Goss, ex oficial de la estación de la CIA contra Cuba y quien años más tarde sería Director de la Agencia por designación de Bush hijo.

Pero, volviendo a la pregunta inicial, ¿se produjo una gigantesca operación de narcotráfico como parte de la ilegal operación de abastecimiento a la Contra?

Los hechos responden que sí.

 

¿La conocía el entonces Vicepresidente?

 

Si el centro de la operación estaba en la Base Aérea de Ilopango, si allí estaban Félix Rodríguez y Posada Carriles, si Rodríguez hablaba casi a diario con la oficina del Vicepresidente, si se reunió en varias ocasiones con Bush en su oficina para discutir sobre la operación, sería casi humanamente imposible que no se hablara o conociera de estos gravísimos hechos.

Si vimos cómo hasta el correo personal de Oliver North declaró que se sabía del narcotráfico y les preocupaba, entonces:

¿Conocieron de este narcotráfico y se hicieron de la vista gorda, lo cual es un grave delito federal, o fue planificado y orientado desde la jefatura de esta ilegal operación?

En cualquiera de los casos se cometieron delitos muy graves y en los dos casos Félix Rodríguez, y por transición Posada Carriles, saben lo que ocurrió en realidad.

El condecorado ex agente de la DEA, Celerino Castillo III, recuerda que: "en 1986 me encontré al entonces vicepresidente Bush en una recepción que ofrecía el embajador norteamericano en Guatemala; yo le dije que algo raro estaba pasando en Ilopango, solo se sonrió y se marchó".

Tanto Bush padre como Félix Rodríguez han declarado que nada de esto ocurrió y mucho menos que ellos lo conocían.

En una entrevista del año 2004 el ex agente de la DEA, Celerino Castillo III, realizó la siguiente valoración: "la única razón por la que Félix Rodríguez no fue arrestado es porque él sabía dónde estaban enterrados todos los cadáveres de la operación Irán-contras. Él siempre ha sido un terrorista así como Osama Bin Laden y todos los terroristas que nosotros hicimos en el pasado".

El subcomité senatorial que presidió John Kerry y que investigó estos hechos concluyó, según refleja el Miami New Times, que: "el tráfico fue galopante en los esfuerzos de los rebeldes".

La misma publicación, el Miami New Times, opinó en una investigación divulgada en el año 2004: "la historia claramente favorece el lado de Kerry (se refiere a las conclusiones de la investigación de su subcomité) y él posiblemente esté en lo cierto con relación a los 10 millones en dinero del Cartel".

En las elecciones de 1988, George Bush padre fue electo presidente de los Estados Unidos. Estos hechos no fueron tema de la campaña.

Félix Rodríguez y Luis Posada Carriles nunca fueron ni encausados ni siquiera molestados legalmente por estos hechos.

El condecorado agente de la DEA, Celerino Castillo III, fue despedido de esa Agencia.

El periodista Gary Webb fue despedido del San José Mercury News y años después apareció muerto con dos balazos en la cara, en su casa. El dictamen oficial fue suicidio, más de 7 publicaciones escritas o digitales han preguntado sobre si fue suicidio o asesinato.

Y termino preguntándome: ¿Serán estos hechos parte de los secretos que poseen los Posada, los Rodríguez y que les garantizan su impunidad y más que impunidad su complicidad con el actual inquilino de la Casa Blanca?

Si este escándalo se hubiera destapado, habría producido en la cúpula del imperio los efectos que se dice provocaría la Caja de Pandora en caso de abrirse.

Aquí he tratado de presentar los hechos. Ahora, amigo, saque usted sus propias conclusiones.

 

ALLAN BOMBA EN CAMIONETA DE TESTIGO DEL FBI CONTRA POSADA CARRILES

Por: Wilfredo Cancio Isla / El Nuevo Herald / 18 de enero 2007

 

La bomba rudimentaria que las autoridades hallaron en una camioneta en Hialeah el pasado domingo está vinculada con el testigo estrella del FBI en el caso contra el militante anticastrista Luis Posada Carriles, confirmaron ayer fuentes policiales.

Al menos tres agentes policiales relacionados con el incidente identificaron al chofer de la camioneta roja Ford F-150 como Gilberto Abascal, de 41 años, un informante protegido del FBI que ha recibido más de $25,000 por su colaboración.

El artefacto fue encontrado presuntamente por Abascal bajo su camioneta mientras conducía por Hialeah el domingo. Tras el hallazgo, decidió manejar varias cuadras para llegar a la estación policial más cercana y denunciar el hecho.

''El hombre llegó a la estación y comenzó a ser entrevistado por las autoridades'', relató una fuente que pidió anonimato. "Enseguida dijo que era un testigo federal y que se sentía en peligro''.

La División de Explosivos de Miami-Dade detonó el aparato y la Fuerza Especial Antiterrorismo del FBI inició una investigación sobre el incidente, aunque declinó ofrecer detalles sobre la identidad del testigo protegido.

El FBI ha rechazado ampliar la información sobre el asunto, invocando su política de confidencialidad. La Policía de Hialeah tampoco ha hecho declaraciones al respecto.

Abascal no respondió las numerosas llamadas telefónicas que desde el pasado lunes le hizo El Nuevo Herald.

Pero en sendas entrevistas recientes con El Nuevo Herald, Abascal advirtió que se sentía amenazado por miembros de la comunidad exiliada de Miami.

''Lo único que puedo decir es que siempre he dicho la verdad y voy a seguir diciendo la verdad, a pesar de las amenazas de esa gente [exiliados anticastristas] con intenciones de eliminarme'', declaró Abascal, que dijo estar residiendo fuera de Miami-Dade.

El pasado agosto, Abascal reportó que fue baleado por desconocidos en una carretera cercana a Hialeah Gardens. Aunque su camioneta recibió varios impactos de bala, él salió ileso.

El testimonio de Abascal es vital para sustentar la acusación del gobierno al aseverar que Posada mintió sobre su entrada ilegal a EEUU en marzo del 2005. Aunque Posada dijo que entró en un auto por la frontera mexicana, Abascal declaró que lo hizo en el barco Santrina desde Isla Mujeres, México, a Miami.

Posada está acusado por mentir durante el proceso de naturalización, y permanece arrestado desde el 17 de mayo del 2005.

Abascal fue también determinante en el encausamiento de los activistas Santiago Álvarez y Osvaldo Mitat, quienes el pasado noviembre se declararon culpables por conspirar en un caso de armamentos.

Álvarez y Mitat cumplen actualmente sanciones de cuatro y tres años de cárcel, respectivamente. Hoy comparecerán ante un juez federal en El Paso, Texas, para presentarles cargos por negarse a testificar ante un jurado de instrucción sobre el caso Posada.

 

INTENTAN ASESINAR A TESTIGO DEL FBI

Por: Wilfredo Cancio Isla / El Nuevo Herald / 26 de agosto 2006 

santiago-alvarez-fernandezEl principal testigo de la fiscalía en el caso de los activistas anticastristas Santiago Alvarez y Osvaldo Mitat fue baleado por desconocidos en una carretera al noroeste de Miami-Dade, dijo anoche una fuente policial.

Según relató un agente familiarizado con el caso, la camioneta de Gilberto Abascal recibió varios impactos de bala cuando conducía por la zona de Los Ranchos, aledaña a Hialeah Gardens, el pasado sábado 19 de agosto.

''El incidente ocurrió alrededor de las 9 de la noche'', indicó la fuente. "Una bala calibre 45 perforó la puerta del conductor y por unos centímetros más pudo haberlo alcanzado''.

El agente contó que Abascal estaba ''muy nervioso'' tras el incidente, provocado por desconocidos desde una camioneta Ford Excursion de color blanco.

De acuerdo con el testimonio, el cristal de la ventanilla del conductor tenía tres orificios de bala, supuestamente causados por disparos que Abascal realizó en defensa propia mientras manejaba.

''Al parecer hubo una pequeña persecución'', agregó la fuente, que orientó a Abascal reportar el incidente en el distrito policial de Miami Lakes. Anoche fueron infructuosos los esfuerzos para verificar oficialmente la existencia de un reporte policial sobre lo ocurrido.

El Nuevo Herald conoció ayer del hecho mediante una llamada anónima. El informante dijo haber visto la camioneta de Abascal, con seis impactos de bala, cuando fue llevada a un taller de chapistería en el noroeste de Miami-Dade.

Abascal fue contactado anoche por vía telefónica, pero declinó ofrecer detalles al respecto.

''Pasó algo, pero estoy bien... el sábado me cayeron a tiros'', dijo Abascal, quien está bajo protección del programa de testigos federales.

Abascal, de 40 años, constituye una pieza clave en la acusación para implicar a Álvarez y Mitat por posesión ilegal de armas y explosivos. El juicio está fijado para comenzar el 11 de septiembre en un tribunal de Fort Lauderdale.

Los abogados de Álvarez y Mitat declinaron ayer hacer comentarios sobre la situación de Abascal.

Sus informes al FBI lo han convertido también en pieza central del caso de Luis Posada Carriles, pues Abascal asegura que el militante anticastrista entró ilegalmente a Estados Unidos desde México a bordo de la embarcación Santrina, el 18 de marzo del 2005.

Un jurado de instrucción en El Paso, Texas, está investigando a cercanos colaboradores de Posada Carriles sobre el arribo de Posada a territorio estadounidense. El activista Ernesto Abreu, de 43 años, se encuentra detenido desde el pasado 6 de julio por invocar sus derechos constitucionales y negarse a declarar sobre el asunto.

Abascal había protagonizado una disputa violenta con el presidente de una asociación de condominios en Hialeah Gardens, luego de una discusión por un parqueo, el pasado 1ro. de mayo. El proceso en su contra en un tribunal de circuito de Miami-Dade debía iniciarse el 1ro. de agosto, pero la jueza Shirlyon McWhorter aceptó postergarlo a petición de la defensa.

 

POSADA CARRILES AMENAZA A WASHINGTON

Por Wilfredo Cancio Isla / El Nuevo Herald / 24 De junio 2006

 

Posada afirma que Washington conocía sus labores clandestinas

El militante anticastrista Luis Posada Carriles recordó ayer a las autoridades de Estados Unidos que sus labores clandestinas en Centroamérica fueron emprendidas en defensa de la seguridad nacional durante la lucha contra la insurgencia comunista en la región.

Y algo más: que esas acciones eran del conocimiento de los más altos funcionarios de Washington, incluyendo al entonces vicepresidente George H. Bush.

En una moción presentada ante un tribunal federal de El Paso, Texas, el abogado Eduardo Soto enfatizó que su cliente ha demostrado siempre "absoluta lealtad a EEUU y nunca buscaría dañar a este país o su pueblo''.

El documento de 14 páginas busca que el tribunal rechace una solicitud del departamento de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para impedir que se otorgue el habeas corpus a Posada.

Los alegatos del gobierno señalan que Posada, de 78 años, representa una amenaza a la seguridad nacional en atención a su larga trayectoria de actividades violentas, operaciones armadas y acusaciones de vínculos a atentados terroristas. El ICE continúa considerando la deportación de Posada a un tercer país que no sea Cuba ni Venezuela.

Pero Soto aseveró que "el ICE no ha presentado hasta ahora ninguna comunicación oficial o documentación del Departamento de Estado que indique que a Posada le han ofrecido asilo o residencia en algún país''.

El juicio para considerar la libertad condicional de Posada se celebrará el próximo 6 de julio en El Paso, donde el exiliado cubano lleva detenido más de 180 días.

"El solicitante fue 'nuestro hombre' en Centroamérica'', indica la moción. "El aseguró el frente sur durante un período crítico [en los años 80], cuando la seguridad nacional estaba amenzada por formas totalitarias de gobierno en la Guerra Fría''.

Tras escapar de una cárcel de Venezuela, en 1985, Posada viajó a Centroamérica y trabajó como agente pagado en la base Ilopango, en El Salvador. Allí se encontraba con el seudónimo de Ramón Medina cuando se destapó el escándalo Irán-Contras en octubre de 1986.

Soto ha considerado incluso como posibles testigos del juicio al ex candidato presidencial John Kerry y al coronel Oliver North, ambos con significativos conocimientos sobre el caso Irán-Contras.

"Las mismas acciones que el gobierno respaldó en los años 80 para suprimir la insurgencia totalitaria y comunista de las guerrillas en Centro y Suramérica, está siendo ahora convenientemente caracterizada por el ICE como actos de 'tortura y asesinato' '', apuntó el recurso legal.

 

LUIS POSADA CARRILES

Publicado el domingo, 7 de junio de 1998 en El Nuevo Herald

Por: Juan O. Tamayo y Gerardo Reyes (Redactores de El Nuevo Herald)

 

posada-carriles12San Salvador - Los idealizados paisajes cubanos que pinta Luis Posada Carriles no se parecen en nada al mundo en que él habita: un mundo de conspiraciones para matar a Fidel Castro, poner bombas en sus hoteles y volar sus barcos.

A Posada, que tiene 68 años, ya se le conoce como veterano de Bahía de Cochinos y ex operativo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Además, está acusado de haber puesto una bomba en un avión en el que murieron 73 personas, y se alega que estuvo detrás de una serie de bombas que explotaron en Cuba el verano pasado.

Ahora, una larga investigación de El Miami Herald ha revelado otra serie de confabulaciones, entre ellas:

Encabezó un grupo de seis exiliados que trató de asesinar a Castro en Colombia hace cuatro años.

Conspiró para llevar explosivos plásticos de Guatemala a Cuba en el otoño pasado, escondidos en pañales, botellas de champú y los zapatos de algunos guatemaltecos que se hacían pasar por turistas.

Planeó volar un barco de carga cubano en Honduras en 1993 y establecer una base secreta en Honduras al año siguiente, desde la cual exiliados cubanos podrían lanzar ataques comandos contra la isla.

Ninguna de esas tramas tuvo éxito. Pero su variedad y osadía confirman la reputación de Posada de ser el exiliado más ocupado actualmente en intentos para derrocar al gobernante cubano, casi 40 años después de que éste tomó el poder.

"Es un patriota siempre'', dijo Ramón Font, de 76 años, amigo de Posada desde que ambos pertenecían a Comandos L, un grupo paramilitar de Miami, en los años 60. "Trabaja donde quiera. . . porque no tiene ideología, sino sólo una meta: acabar con Castro''.

Y no está a punto de retirarse ni nada de eso.

Un conocido suyo dice que él le dijo el mes pasado: "¿Qué opciones me quedan, sino hacer lo que he estado haciendo durante tanto tiempo? El avión despegó hace rato, y ya no se puede volver atrás''.

Posada no dejó que el Herald lo entrevistara en El Salvador, donde ha vivido la mayor parte del tiempo desde que se escapó de una cárcel venezolana en 1985. Un tribunal lo declaró inocente de haber puesto una bomba que derribó un avión cubano en 1976, desastre en el que murieron 73 personas. Pero el gobierno de Caracas se negó a ponerlo en libertad.

Pero en docenas de otras entrevistas en El Salvador, Miami, Guatemala, Honduras y Costa Rica se pudieron detectar una serie de confabulaciones que se intensificaron cuando Posada se recuperó de un intento de asesinato en Guatemala en 1990, según él, por parte de agentes castristas.

La trama más conocida es la serie de bombas que llevaron a Cuba unos mercenarios contratados por Posada, que les dio instrucciones de hacerlas detonar en centros turísticos, como hoteles y restaurantes, según dijeron varios personajes involucrados.

Mientras la policía de Cuba estaba arrestando a Raúl Ernesto Cruz León, uno de los salvadoreños, en septiembre pasado, Posada y otros dos conspiradores en Guatemala estaban tratando de introducir más explosivos en La Habana, según dijeron dos personas con conocimiento profundo del asunto.

Las fuentes dijeron que primero Posada les ofreció dinero a los guatemaltecos para que volaran a Cuba como turistas, con explosivos C-4 escondidos en los zapatos, método que se alega fue el que usó Cruz León para llevar explosivos C- 4 a La Habana.

Posada después trató de esconder un explosivo que reacciona con agua en botellas de champú y en capas de material de pañales que se iban a introducir en Cuba, según dijeron las dos fuentes.

El explosivo es blanco y tiene la textura de la mayonesa, y estaba inicialmente envasado en tubos de plástico de ocho pulgadas de largo y una pulgada de espesor, que decían: "Industrias militares mexicanas. Substancia extremadamente explosiva''.

Pero el asunto salió mal. El material explosivo aparentemente era viejo, y no estalló en unas pruebas. Y los guatemaltecos contratados para ir a Cuba como turistas, o no hicieron estallar más ninguna bomba o se negaron a ir después del arresto de Cruz León, según dio a conocer un participante.

La policía de Cuba acusó a Cruz León de haber colocado seis de entre 12 y 15 bombas que sacudieron los centros turísticos; no se nombró a ningún sospechoso en los demás casos. Fuentes de La Habana reportaron que la policía encontró dos bombas sin estallar varias semanas después del arresto de Cruz León.

Dos fuentes identificaron a los confabulados con Posada en Guatemala como José Alvarez, un exiliado cubano de 70 años, y José Burgos, de 50, un veterano del ejército guatemalteco que después se convirtió en hombre de negocios.

Álvarez y Burgos eran funcionarios de tres subsidiarias guatemaltecas de WRB Enterprises, una compañía de Tampa contratada en 1997 para un fracasado proyecto de instalar líneas eléctricas en el pueblo de Chiquimulas, en el este de Guatemala.

Ambos niegan haber participado en ninguna trama anticastrista.

"No estoy de acuerdo con las bombas puestas en los hoteles cubanos, porque destruir es malo'', dijo Burgos. "[La acusación] es risible''.

El hombre que dirigió las operaciones de WRB en Guatemala hasta el otoño pasado, Antonio Álvarez, un exiliado cubano de 62 años que reside en Greenville, Carolina del Sur, y no tiene parentesco con José Álvarez, también negó saber nada de ninguna trama. José Alvarez y él solamente confirmaron que conocían a Posada.

El Herald obtuvo una copia de un fax enviado por Posada a José Alvarez y a Burgos, que detalla parte de las finanzas del plan. Y los registros telefónicos de las oficinas de WRB en Guatemala muestran varias llamadas a oficinas que se sabe que Posada utiliza en El Salvador y en Honduras.

Una persona con conocimiento del plan escribió después un detallado informe sobre éste, y lo envió a la agencia guatemalteca equivalente a la CIA , llamada Agencia Presidencial de Análisis Estratégico, diciendo que quería impedir "alguna acción bárbara''.

El Herald consiguió una copia del informe y habló largo rato con su autor, que lo mismo que la mayoría de las otras fuentes entrevistadas, quiso mantenerse anónimo por temor a un encausamiento o a represalias.

Los funcionarios de la agencia guatemalteca no quisieron hablar con el Herald, pero un diplomático dijo que la agencia investigó algunas de las alegaciones del informe, las halló "creíbles'' y alertó al gobierno de Estados Unidos. La Oficina Federal de Inteligencia (FBI), que se sabe tiene una copia del informe, no quiso hacer comentarios.

Posada virtualmente se escondió después de que su nombre empezó a aparecer en la lista de sospechosos de las bombas colocadas en La Habana. Un artículo del Herald del 16 de noviembre reportó sus conexiones con los salvadoreños, y dio lugar a muchas pistas recibidas por el periódico relacionadas con sus otras confabulaciones.

Una de las más ambiciosas, según parece, fue un plan para matar a Castro en la cumbre de jefes de gobierno iberoamericanos, celebrada en 1994 en la ciudad portuaria colombiana de Cartagena.

Tres personas familiarizadas con el caso dicen que Posada y otros cinco exiliados lograron introducir armas en Cartagena, pero que los cordones de seguridad de la policía impidieron que se acercaran lo suficiente a Castro como para apuntar bien.

Uno de los que participó en el intento dijo: "Yo estaba parado detrás de unos periodistas. . . y vi a Gabriel García Márquez, [escritor y amigo del gobernante cubano], pero a Castro sólo lo vi a gran distancia''.

Posada también montó varias operaciones desde Honduras, donde vivió esporádicamente durante cuatro años mientras se recuperaba del intento de asesinato de que fue objeto en Guatemala. Una bala le fracturó la quijada y otra casi le interesa el corazón.

En 1993, encontró a un capitán de barco en Honduras que le prometió avisarle la próxima vez que atracara un carguero cubano que estaba viajando mensualmente del puerto de Cienfuegos, en el sur de Cuba, a la costa caribeña de Centroamérica.

El plan consistía en colocar una pequeña mina en el barco que si bien no lo hundiría, sí "haría mucho ruido'', aseveró un exiliado involucrado en el asunto. Pero otro exiliado que trató de conseguir financiamiento para el plan dijo que la voz se corrió en Miami, y "empezó tanta gente a ofrecerse de voluntaria que tuvimos que cancelar el plan''.

Quizá la más quijotesca de las tramas de Posada, según información brindada por algunos exiliados cubanos de Miami, Costa Rica y Honduras, fue una gestión que él intentó realizar en 1994 con el coronel Guillermo Pinel Cálix, que entonces era jefe de inteligencia militar en Honduras.

Los exiliados relatan que Pinel Cálix habría suministrado una base secreta en Honduras en la que grupos de entre seis y ocho exiliados se entrenarían en tácticas de comando con expertos hondureños, para luego lanzar ataques a Cuba.

Un exiliado que participó en las gestiones añadió que por eso se habrían pagado $100,000 a determinados oficiales militares hondureños, además de $250,000 por costos operativos incluyendo armas, explosivos, botes de alta velocidad e incluso aviones pequeños.

Pinel Cálix se reunió en Miami con cuatro exiliados para discutir lo de la base, pero según dijeron todas las fuentes, los trámites fracasaron. Los cubanos concluyeron que no podían fiarse del notoriamente corrupto ejército hondureño, y según se dijo, Pinel Cálix no quedó bien impresionado con los exiliados que conoció.

Pinel Cálix, que ahora es inspector general de las fuerzas armadas de Honduras, no respondió a las solicitudes de entrevistarlo que le hizo el Herald.

Tal vez el mayor misterio que rodea a Posada es de qué vive y cómo se las arregla para costear sus conspiraciones.

Una versión que circula en Centroamérica es que está protegido por la CIA , un rumor suscitado por su papel de coordinador del plan del coronel Oliver North a fines de los años 80, denominado "Irán-Contra'', de enviar suministros desde El Salvador a los rebeldes nicaragüenses respaldados por la CIA.

Funcionarios informados del gobierno de Estados Unidos niegan que Posada disfrute de protección de la CIA, y dicen que de hecho, le avisaron al gobierno hondureño cuando aquí se supo por primera vez que él estaba allí, en 1990.

"Nos preocupaba que los hondureños fueran a pensar que él era uno de los nuestros, y que él fuera a hacer algo malo o estúpido y nos culparan a nosotros'', dijo uno de los funcionarios de Estados Unidos que informó a los hondureños.

Posada se las arregla para seguir porque sus fuertes sentimientos anticomunistas lo han ayudado a conseguir amistades y protectores poderosos entre los conservadores centroamericanos, especialmente entre las fuerzas de seguridad.

Ni la policía salvadoreña ni la guatemalteca hicieron nada en su contra cuando supieron del papel que desempeño en lo de las bombas de La Habana, y él se ha jactado ante personas que conoce de que entre sus amistades se cuentan altos oficiales militares de Honduras y de El Salvador.

En dicho país se sabe que él es amigo del general de la fuerza aérea Juan Rafael Bustillo, de varios políticos derechistas y de Guillermo ``Billy'' Sol, uno de los hombres más ricos de allí. En Honduras, tiene amistad con Mario Delamico, un vendedor de armamentos nacido en Cuba, y de varios miembros importantes del conservador Partido Nacional.

Por extraño que parezca, en Venezuela nunca se emitió una orden internacional de arresto en su contra. Posada ahora vive semioculto, usando su verdadera identidad entre amigos, pero con media docena de pasaportes falsos para evitar que lo descubran los agentes castristas.

"El va frecuentemente de cacería con Billy Sol. Si es un fugitivo, no se esconde mucho por cierto'', dijo Lillian Díaz Sol, una empresaria salvadoreña que conoce a Posada desde hace más de 10 años.

¿Y cómo se sostiene?

Sus amistades dicen que Posada es experto en investigaciones de secuestros desde que trabajó con la policía venezolana en los años 60, y que ha trabajado como asesor de empresarios centroamericanos y a veces entrena guardaespaldas.

Añaden que también ha participado con Delamico en algunas ventas de armas a gobiernos latinoamericanos, y que una vez vendió 5,000 cajas de puros Cohiba falsos. Cohiba es la marca más famosa de tabacos cubanos.

Posada también pinta paisajes cubanos desde hace muchos años, y se los vende a otros exiliados por entre $200 y $300, lo que sus amistades llaman "precios patrióticos'', determinados más por la determinación política de su autor que por la calidad de su arte.

Pero en épocas de necesidad, ha recibido ayuda directa de exiliados de Miami de buena posición, y él lo menciona en una autobiografía que publicó en Honduras en 1994, The Ways of the Warrior (Los caminos del guerrero).

Ahí dice que la cuenta que le pasó el hospital cuando intentaron asesinarlo la pagaron amistades suyas, entre los que están dos funcionarios de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA): el doctor Alberto Hernández, sucesor del fallecido Mas Canosa en el papel de presidente de la junta directiva de la fundación, y el tesorero Feliciano Foyo. Hernández y Foyo no quisieron hacer comentarios sobre sus relaciones con Posada.

Más curioso aún es cómo Posada costea operaciones paramilitares que pueden resultar tremendamente caras. Sólo llevar el equipo de seis hombres a Colombia para el intento de matar a Castro costó unos $50,000, según dijo uno de ellos.

Varias fuentes informadas dicen que Posada prefiere confiar en un solo amigo suyo en Miami para recoger donaciones de exiliados, y después usa un mensajero para que le lleve el dinero. Pero no quisieron identificar a ese amigo.

"Así los donantes pueden negar participación alguna en las operaciones y Posada puede argumentar que no sabe quién donó el dinero. Y el efectivo no deja rastro de documentación'', dijo una persona con conocimiento inmediato del sistema.

A veces el dinero se envía de maneras distintas, como muestra un fax que Posada le envió desde su oficina de El Salvador a José Álvarez y a José Burgos en Ciudad Guatemala en agosto pasado.

"Esta tarde recibirás vía Western Unión cuatro transferencias de $800 cada una . . . de Nueva Jersey'', decía el fax, que continúa: ``Dinero pagado por mí como entrada para los turistas: $600; dinero pagado por ti: $400. . . Aún por pagar: $2,500.

El fax está firmado SOLO, uno de los nombres claves de Posada, por Napoleón Solo, héroe de la serie de televisión The Man From U.N.C.L.E. Conocido por sus amistades como "Bambi'', él también firma sus cuadros con el nombre "Lupo'' palabra italiana que significa lobo.

El fax también revela que a Posada le preocupaba que el gobierno cubano estuviera ocultando muchos de los incidentes de las bombas en el verano (Cuba ha confirmado solamente siete explosiones) para evitar crear el pánico en su próspera industria turística.

Y les dice a los otros confabulados en Guatemala: "Si no hay publicidad, la labor no es útil. Los periódicos de Estados Unidos no publican nada a menos que esté confirmado''.

Los funcionarios del turismo cubano al fin admitieron que las bombas ahuyentaron a muchos turistas, aunque en 1997 se registró de todas maneras un número de turistas sin precedentes. Y las bombas tuvieron un impacto que Posada no esperaba.

Cuando las explosiones y los rumores de otras sacudieron a La Habana, algunos cubanos, incluyendo funcionarios de gobierno y partidarios de Castro, empezaron a especular que las bombas serían obra de disidentes radicales de las propias fuerzas de seguridad de la isla.

Ellos razonaban que ningún grupo de exiliados había logrado asestar un golpe así dentro de Cuba desde fines de los años 60, por lo que las bombas tenían que haber sido obra de personas de la propia isla, que utilizaron explosivos de allí y su conocimiento de las operaciones de seguridad de los hoteles.

"Por supuesto que el arresto de Cruz León le puso fin a todas la especulaciones'', dijo un periodista extranjero que reside en La Habana. "Pero durante algún tiempo, Posada . . . de veras sacudió esto. Estuvimos al borde de la histeria''.

 

MAS PAGÓ POR BOMBAS EN CUBA, DICE POSADA CARRILES

Publicado el domingo, 12 de julio de 1998 en El Nuevo Herald / Por: Ann Louise Bardach y Larry Rohter / The New York Times.

 

En una entrevista concedida a "The New York Times" a condición de que no se le tomaran fotos ni se revelara su paradero, el exiliado cubano Luis Posada Carriles asegura que el fallecido líder de la Fundación Nacional Cubano Americana, Jorge Mas Canosa, "controlaba todo" lo referente a envíos de dinero que se le hacían para financiar sus actividades contra el gobierno de Fidel Castro. La Fundación desmintió al diario.

Miami -- Un exiliado cubano que ha llevado a cabo una campaña de bombas e intentos de asesinato con el fin de derrocar a Fidel Castro dice que los dirigentes cubanoamericanos de uno de los más influyentes grupos de cabildeo de Estados Unidos respaldaron financieramente esos esfuerzos.

Luis Posada Carriles dice que él organizó una serie de atentados con bombas el año pasado en hoteles, restaurantes y discotecas de Cuba, en uno de los cuales murió un turista italiano, para consternación del gobierno cubano. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) entrenó a Posada en tácticas de explosivos y de guerrillas en los años 60.

En una serie de entrevistas grabadas en un recinto amurallado del Caribe, Posada dijo que la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) respaldó la colocación de las bombas en los hoteles y otras operaciones. Tres presidentes, Reagan, Bush y Clinton, recibieron en la Casa Blanca a Jorge Mas Canosa, fundador y dirigente de esa organización que murió el año pasado.

Mas Canosa fue muy influyente, tanto en las elecciones estatales de la Florida como en las nacionales, y era un espléndido donante de campañas. Jugó también un papel decisivo en convencer a Clinton de que cambiara de idea y siguiera el curso de sanciones y aislamiento contra la Cuba de Castro.

Aunque la fundación, organización sin fines lucrativos que no paga impuestos, ha declarado que quiere derrocar al gobierno comunista de Cuba usando sólo medios pacíficos, Posada dijo que sus dirigentes financiaban sus operaciones discretamente, y que Mas supervisaba personalmente las entregas de dinero y el respaldo logístico.

"Jorge lo controlaba todo'', dijo Posada. "Cuando yo necesitaba dinero, él decía que me mandaran $5,000, $10,000, $15,000, y me los mandaban''.

Posada calcula que a través de los años Mas le mandó más de $200,000. "Nunca dijo que era dinero de la fundación'', dijo riendo. "El dinero llegaba con un mensaje: `Esto es para la iglesia' ''.

Los dirigentes de la fundación no respondieron repetidas llamadas telefónicas y cartas en que se les pedía una entrevista para discutir las relaciones de ellos con Posada. Pero en un breve pronunciamiento que enviaron por fax a The New York Times, el grupo niega haber jugado papel alguno en sus operaciones: "Cualquier alegación, implicación o insinuación de que miembros de la FNCA han financiado cualquier supuesto `acto de violencia' contra el régimen de Castro es total y completamente falsa''.

Posada, de 70 años, se ha negado a hablar con periodistas; su autobiografía, publicada en 1994, describe sus relaciones con los líderes de la fundación sólo de manera superficial.

Pero en dos días de entrevistas habló abiertamente por primera vez sobre esas relaciones y cómo figuraron en la lucha a la que él ha dedicado su vida, una lucha que dista mucho de haberlo llevado a su meta de eliminar al último gobierno comunista del hemisferio.

Sus motivos para haber accedido a la entrevista no son fáciles de precisar. Posada ha sobrevivido varios atentados contra su vida, y le dijo recientemente a un amigo que teme no vivir lo suficiente para contar su historia.

Por primera vez, Posada también describió su papel en algunos de los acontecimientos importantes de la Guerra Fría en los que exiliados cubanos jugaron papeles clave. Se entrenó en un campamento de Guatemala para el desembarco en Bahía de Cochinos, pero no llegó a participar en la operación porque el gobierno de Kennedy le negó el respaldo aéreo al primer grupo de combatientes, y la operación se fue rápidamente a pique.

Fueron exiliados cubanos como Posada los que la CIA reclutó para los subsiguientes atentados contra la vida de Castro.

Encarcelado por uno de los peores atentados contra el gobierno cubano, la bomba que derribó un avión de la aerolínea Cubana de Aviación, Posada pudo finalmente escaparse de una cárcel venezolana y fue a participar en la fase más importante de la cruzada anticomunista del gobierno de Reagan en el Hemisferio Occidental: la operación clandestina del teniente coronel Oliver North para suministrar armamentos a los contras nicaragüenses.

Posada negó haber participado en el atentado de Cubana de Aviación, en el que murieron 73 personas, muchos de ellos miembros adolescentes del equipo nacional de esgrima de Cuba.

 

Entrevista secreta

 

Con un intermediario, accedió a hablar con The New York Times, con la condición de que no se revelara ni su actual residencia, ni su alias, ni el lugar de las entrevistas.

Algunas de las cosas que dijo de su pasado se pueden verificar con documentos que el gobierno ya no clasifica como secretos, y con entrevistas de funcionarios estadounidenses y ex miembros de la FNCA.

Pero en varias de las cosas que dijo sólo se cuenta con su palabra. Una de ellas es que tiene agentes en los cuerpos militares de Cuba, y que las autoridades de Estados Unidos han mantenido una actitud de benévola negligencia hacia él durante la mayor parte de su carrera, y le han permitido mantenerse libre y activo.

Posada dice que todo lo que le han dado los dirigentes exiliados ha sido en efectivo, y que no sabe si esos dineros se derivaban de fondos personales, de negocios, o de la FNCA. Según él, usaba el dinero para sus gastos de manutención personal y para sus operaciones, y Mas le dijo que no quería saber detalles de sus actividades.

En las entrevistas generalmente se extendió bastante en amplias cuestiones de filosofía, pero se mostró evasivo en detalles específicos. Hablaba en inglés y en español con dificultad, ya que tiene el habla distorsionada porque los nervios motores de la lengua se le quedaron severamente afectados en un atentado contra su vida en 1990.

Dijo estar molesto por cosas que ha dicho recientemente la prensa sobre sus actividades, y que según se acerca el fin de su vida, desea que quede constancia de su versión, que tal vez haga revivir un movimiento que según su opinión carece de energía y dirección desde que murió Mas Canosa.

La FNCA se creó en 1981, y ha querido erigirse como la voz responsable de la comunidad cubana exiliada, dedicada a debilitar al régimen castrista políticamente y no por la fuerza. Gracias a ese enfoque y a donaciones de millones de dólares, la fundación llegó a convertirse en una de las organizaciones de cabildeo más efectivas de Washington, y en arquitecto principal de la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Cualquier evidencia de que la fundación o sus dirigentes estuvieron dando dinero para republicanos y demócratas y financiando bombas por otra parte, podría perjudicar la legitimidad que esa organización reclama. Esas actividades también podrían violar la Ley Logan , según la cual es ilegal ``confabularse para matar, secuestrar, baldar o lesionar a personas o dañar propiedades en países extranjeros''.

Las declaraciones de Posada insinúan que la actitud pública de la fundación de mantener sólo una resistencia pacífica ante Castro fue una ficción esmeradamente mantenida. Cuando se le preguntó si él operaba como la rama militar del sector político de la FNCA , como hace el Ejército Republicano Irlandés (IRA), replicó riendo: "Así parece''.

 

Los Caminos del Guerrero

 

En las entrevistas y en su autobiografía, Los Caminos del Guerrero, Posada dice que recibió ayuda financiera de Mas y de Feliciano Foyo, el tesorero del grupo, así como de Alberto Hernández, que sucedió a Mas como presidente de la junta directiva de la FNCA.

Ni Hernández ni Foyo respondieron las repetidas veces que se les pidió que comentaran, y no se sabe con claridad si ellos estuvieron al tanto de cómo Posada pudo haber utilizado cualquier dinero que ellos pudieron haber suministrado. En su autobiografía, él dice que los dirigentes de la fundación ayudaron a pagar sus cuentas médicas y gastos de manutención, y que pagaron por su traslado de Venezuela a Centroamérica cuando huyó de la cárcel en 1985.

Dice además que compatriotas exiliados algunas veces le llevaban dinero. Uno de ellos fue Gaspar Jiménez, que estuvo preso en México por la muerte de un diplomático cubano en ese país en 1976. Actualmente Jiménez trabaja en la clínica que Alberto Hernández opera en Miami, según dijeron empleadas de la oficina.

Jiménez no respondió cuando se le pidieron sus comentarios.

Cuando las bombas empezaron a estallar en los hoteles de Cuba el año pasado, el gobierno cubano afirmó que eran acciones organizadas y costeadas por exiliados que operaban desde Miami, argumento reforzado por un vídeo de un individuo que confesó haber tomado parte en algunos de los atentados.

Más recientemente, informes publicados por el Herald y por la prensa controlada de Cuba vincularon la operación con Posada, que dijo en entrevistas que las autoridades de Estados Unidos no habían hecho el más mínimo esfuerzo por interrogarlo al respecto. Le atribuyó eso en parte a sus duraderos vínculos con entidades policiales y agencias de inteligencia estadounidenses.

"Como pueden ver'', dijo, "a mí no me molestan ni la CIA ni el FBI, y yo me mantengo neutral con ellos. Siempre que puedo ayudarlos, lo hago''.

Posada dio versiones contradictorias de sus contactos con las autoridades de Estados Unidos. Primero, habló de sus duraderos lazos con las agencias de inteligencia de aquí, y de su estrecha amistad por lo menos con dos oficiales actuales del FBI. Después, pidió que se omitieran esos comentarios, y dijo que no ha tenido trato inmediato con dichos individuos desde hace varios años.

Un funcionario del gobierno de Estados Unidos dijo que la CIA no ha tenido relación alguna con Posada "desde hace décadas'', y el FBI negó también sus aserciones. "El FBI no tiene ahora ni ha tenido nunca ninguna relación a largo plazo con Posada'', dijo John Lewis Jr., que en calidad de subdirector a cargo de la división de seguridad nacional supervisa toda labor de contrainteligencia y antiterrorismo de la agencia.

Hay documentos revelados en Washington por los Archivos de Seguridad Nacional que apoyan la insinuación de Posada de que el FBI y la CIA tenían conocimiento detallado de sus operaciones contra el gobierno de Cuba desde principios de los años 60 hasta mediados de los 70.

G. Robert Blakey, asesor principal de la Comisión Selecta de la Cámara de Representantes para la investigación de asesinatos, dijo que él revisó muchos de los archivos secretos del FBI de 1978 relacionados con cubanos anticastristas y que notó muchos casos en los que dicha agencia hizo la vista gorda ante posibles violaciones de la ley. "Yo fui fiscal federal, y cuando leí algunas de esas cosas, pensé: `¿Cómo es que no hay nadie encausado por esto?' ''.

 

Castro no va a cambiar

 

Con respecto a una cosa, Posada habló francamente y sin excusas: él sigue con la intención de matar a Castro, y cree que la violencia es el mejor medio de ponerle fin al comunismo en Cuba.

"Es el único modo de suscitar una rebelión allí'', afirmó. "Castro no va a cambiar jamás. Hay varias maneras de hacer una revolución, y yo me he estado ocupando de algunas''.

Dentro de los círculos de exiliados cubanos militantes, Posada es una figura legendaria, célebre por su tenacidad y dedicación a la causa anticastrista. En diversas oportunidades también ha trabajado para las agencias de seguridad de Venezuela, El Salvador y Guatemala, porque “quería luchar contra los comunistas, contra los que ayudaban a Cuba”.

El gobierno cubano lo considera un terrorista y un “criminal monstruoso'', responsable de numerosos actos de violencia contra instalaciones y personal del gobierno, tanto en la isla como fuera, y le ha pedido a Estados Unidos que obstruya sus actividades.

Posada admitió con orgullo haber organizado la colocación de las bombas en los hoteles el año pasado. El los describe como actos de guerra cuyo fin es derrocar a un gobierno totalitario, privándolo de turismo y de inversiones del exterior.

"No queríamos hacerle daño a nadie'', dijo. "Sólo queríamos crear un escándalo para que los turistas no sigan yendo. No queremos más inversiones extranjeras allí''.

Dijo también que la intención al poner las bombas era crear dudas en el exterior sobre la estabilidad del régimen, hacer que el gobierno de Cuba pensara que él tiene operativos en los cuerpos militares y fomentar la oposición interna. "La gente ya no tiene miedo de hablar'', explica él. "Hablan abiertamente, en la calle. Pero hace falta algo que encienda el fuego, y esa es mi meta''.

Durante varios meses, las bombas hicieron disminuir el turismo, por cierto. Con alguna pesadumbre, Posada describió la muerte del turista italiano como un accidente inesperado, pero afirmó también que tiene la conciencia limpia, y dijo: "Duermo como un niño''.

"Es triste que haya muerto alguien, pero no podemos parar'', continuó diciendo. "Ese italiano estaba donde no debía cuando no debía''.

En La Habana en septiembre pasado, las autoridades arrestaron a un salvadoreño de 25 años, Raúl Ernesto Cruz León, y lo acusaron de haber puesto bombas en media docena de hoteles. Posada dice que Cruz León, a quien describe como "mercenario'', estaba trabajando para él, pero añadió que "quizá una docena'' de otros que le rinden cuentas siguen en libertad.

Dijo además que lo de las bombas se organizó en El Salvador y en Guatemala. Los explosivos se consiguieron mediante sus contactos allí, y sus subordinados a su vez reclutaron mensajeros como Cruz León para introducir los explosivos en Cuba y detonarlos en lugares cuidadosamente escogidos.

"Todo está separado en compartimientos'', afirmó. "Yo conozco a todo el mundo, pero ellos no me conocen a mí''.

"Esto fue una operación dentro de Cuba'', añadió, y explicó que ahora está tratando de buscar otro modo de perjudicar la economía cubana y demostrarle al pueblo que la maquinaria de seguridad de Castro no es todopoderosa ni omnisciente. Y vaticinó que ``habrá noticias emocionantes pronto''.

Dijo también que tiene varias operaciones en curso, incluyendo una que resultó en la captura de tres de sus colegas en Cuba a principios de junio: "Castro lo ha mantenido en secreto, no sé por qué''.

En respuesta a varias preguntas sobre detalles operativos que obviamente no quería contestar, dijo bromeando: "Me acojo a la Quinta Enmienda' '.

Aunque accedió a que se grabaran las entrevistas con él, no dejó que le tomaran fotos. Dijo que no quería suministrarles ninguna información que ayudara a los agentes del gobierno cubano a identificarlo. ``He durado tanto porque nadie sabe el estado en que estoy. Sin retratos de mi linda cara me he podido mantener vivo durante mucho tiempo''.

 

Atentado en Guatemala

 

En Guatemala en 1990 lo atacaron y lo hirieron gravemente, en lo que él describe como un intento de asesinato fraguado por sus enemigos de los servicios de inteligencia de Cuba. Le dieron varios balazos, uno de los cuales le rompió la mandíbula y casi le cortó la lengua. Tuvo que someterse a varias operaciones de reconstrucción quirúrgica.

Dijo que durante su larga convalecencia en El Salvador, algunos de sus gastos los pagó Hernández, el actual presidente de la directiva de la FNCA, a quien describió como "un gran patriota cubano y querido amigo''. Agregó que el año pasado, un cirujano de Houston a quien también describió como amigo suyo, viajó a El Salvador y le hizo otras operaciones.

Posada describió en detalle casos en los que ha recibido el apoyo de los dirigentes de la FNCA durante su carrera. Dijo que Mas ayudó a organizar su fuga de la cárcel en Venezuela en 1985, y que después lo ayudó a establecerse en El Salvador, donde se unió a la operación dirigida por la Casa Blanca que dio lugar al escándalo llamado Irán-contras.

Y comentó: "El dinero que recibí cuando me escapé de la cárcel no fue mucho, pero fue mediante Jorge''.

Dijo además que Mas estaba muy al tanto de que él estuvo detrás de las bombas de los hoteles en Cuba. Pero, según él, los dos tenían un viejo acuerdo de no discutir detalle alguno de cualquier operación en la que él estuviera involucrado.

 

Miedo al teléfono

 

"Jorge nunca conoció a ninguno de los operativos, nunca. Si uno le pedía dinero, él decía: ‘No quiero saber nada’. Nada se discutía con detalles específicos, porque él era lo suficientemente inteligente como para saber quiénes sabían hacer las cosas y quiénes no sabían''.

Añadió que Mas "le tenía miedo al teléfono. Esas cosas no se discuten por teléfono''.

Al preguntársele cuándo fue la última vez que visitó Estados Unidos, respondió con una carcajada y con otra pregunta: " ¿Oficial o extraoficialmente?''. Un funcionario del Departamento de Estado dijo que, según los informes, Posada visitó Miami en el verano de 1996.

Admitió que tiene por lo menos cuatro pasaportes, todos con nombres distintos. Se considera ciudadano venezolano, pero tiene un pasaporte salvadoreño con el nombre de Ramón Medina Rodríguez, el nombre de guerra que adoptó durante el asunto Irán-contras, y un pasaporte guatemalteco con el nombre de Juan José Rivas López.

También admitió con renuencia que tiene un pasaporte estadounidense. Pero no quiso hablar de cómo lo consiguió ni dio el nombre que dicho pasaporte lleva. Dijo que sólo lo usa de vez en cuando para visitar Estados Unidos "extraoficialmente'', y que una vez lo usó para obtener refugio en la embajada de Estados Unidos cuando lo sorprendió una revolución en el oeste de África, en Sierra Leona.

"Tengo muchos pasaportes'', dijo riendo. “No es ningún problema”.

Y añadió: "Si quiero ir a Miami tengo distintos modos de hacerlo. Pero no voy. Uno no puede controlar a los agentes de Aduanas, y ellos pueden hacer lo que quieren''.

"Y entonces”, concluyó, "las amistades de uno no pueden ayudar''.

 

POSADA CARRILES: ÉRAMOS PATRIOTAS, AHORA TERRORISTAS

Publicado el lunes, 13 de julio de 1998 en El Nuevo Herald

 

En un segundo trabajo que recoge nuevos fragmentos de la entrevista hecha a Luis Posada Carriles por dos periodistas de "The New York Times", el exiliado cubano cuenta por qué abandonó el ejército estadounidense y dice que la CIA lo instruyó en "todo".

Por: Ann Louise Bardach y Larry Rohter/ The New York Times

 

Miami- Dos años después de que la invasión de Bahía de Cochinos terminara en un ignominioso fracaso en las playas de Cuba, dos jóvenes exiliados cubanos permanecían de pie uno junto al otro bajo el sol primaveral en Fort Benning, Georgia, entrenándose para la próxima marcha hacia La Habana.

Corría 1963, una época en que Estados Unidos conspiraba febrilmente contra el gobierno de Fidel Castro. Los dos hombres se encontraban entre los exiliados que habían sobrevivido a la frustrada operación para derrocar al líder cubano, y se habían enrolado en el ejército de Estados Unidos, confiando en que el presidente Kennedy pronto montaría otro ataque que eliminara al comunismo del hemisferio.

Las órdenes nunca llegaron, y los dos hombres pronto dejaron el ejército para comenzar su propia guerra de tres décadas contra Castro.

Jorge Mas Canosa, el más joven de los dos, emergió como la cara pública del movimiento, un exitoso empresario que cortejó a presidentes y políticos, ganó dinero y cabildeó incansablemente en la Casa Blanca y el Congreso para endurecer la posición hacia Cuba.

Cuando Mas murió de cáncer en noviembre pasado, después de dos décadas de negar alguna participación directa en las operaciones militares de los exiliados que tratan de desestabilizar a Cuba, se había convertido, quizás, en la voz individual más influyente en el endurecimiento de la política oficial de Estados Unidos de imponer una cuarentena económica y política.

El más viejo de los dos hombres, Luis Posada Carriles, un ex químico azucarero, se convirtió en líder del ala militar clandestina de los exiliados, conspirando para matar a Castro y colocar bombas en instalaciones del gobierno cubano. Mientras Mas construía una fortuna personal que eventualmente excedió los $100 millones, Posada permaneció en las sombras, asociándose con funcionarios de inteligencia, militantes anticastristas e inclusive, según dicen documentos desclasificados, con reputados gánsteres.

Ahora, cuando se acerca al final de su carrera como el más notorio comando en la lucha clandestina anticastrista, Posada ha detallado por primera vez su relación de 37 años con los líderes del exilio en Estados Unidos y con las autoridades norteamericanas.

El relato de Posada, complementado con entrevistas adicionales y nuevos informes de inteligencia que han perdido su carácter confidencial, es el más detallado hasta la fecha sobre el lado mortal de la campaña contra el régimen de Castro.

En dos días de conversaciones grabadas en su escondite en el Caribe, Posada fue por momentos orgulloso, cortante, alardoso y evasivo respecto de su trabajo como luchador por la libertad, como se proclama a sí mismo, lo que abarca una serie de atentados con bombas en hoteles el año pasado, que causaron enorme revuelo en Cuba.

Posada describe, en ocasiones de manera selectiva, el papel de sus patrocinadores en la ostensiblemente no violenta población cubanoamericana, y su complicada relación con oficiales norteamericanos que originalmente lo entrenaron, pero que ahora tienen un ojo crítico para sus actividades.

“La CIA nos lo enseñó todo... todo'', dijo Posada. “Cómo usar explosivos, cómo matar, hacer bombas... nos entrenaron en actos de sabotaje. Cuando los cubanos trabajaban para la CIA los llamaban patriotas. ‘Actos de sabotaje’ era el término que usaban para clasificar este tipo de operación'', agregó. “Ahora lo llaman terrorismo. Los tiempos han cambiado. Fuimos traicionados porque los americanos piensan como americanos''.

No está claro por qué Posada, que ha evitado las entrevistas durante la mayor parte de su carrera, decidió hablar públicamente. El mes pasado, a través de un intermediario, aceptó hablar a un periodista con la condición de que el lugar de la entrevista fuera descrito solamente como “un lugar en el Caribe'' y que sus residencias actuales no se revelaran. Posada, que sobrevivió varios intentos de asesinato, recientemente le dijo a un amigo íntimo que temía no vivir el tiempo necesario para contar su versión de los sucesos.

Posada rechazó ser retratado. A sus 70 años, guarda poco parecido con su última foto conocida, una instantánea de 1976 que muestra a un hombre recio con cabello negro y mirada penetrante.

En estos días, el cabello de Posada es gris plateado, con algún que otro mechón negro.

Pero como él mismo enfatizó, el odio de los hombres del lado fracasado de la revolución castrista no se ha aplacado con el paso de los años.

“Castro no cambiará nunca, jamás'', afirmó, agregando seguidamente: ``Nuestro trabajo es proveer inspiración y explosivos al pueblo cubano''.

Apenas media hora después del inicio de la conversación, Posada se quitó la camisa y mostró un torso marcado por cicatrices, el legado de los atentados contra su vida en Guatemala en 1990. Ambos brazos mostraban los huecos por donde las balas entraron y salieron; en la parte superior izquierda del pecho había una profunda cicatriz de 10 pulgadas de largo donde las balas rozaron cerca del corazón.

Luego le pidió la mano al periodista y con ella tocó el lado derecho de su quijada, destrozada por la misma bala que le dañó la lengua y los nervios, que lo dejó con una voz seca y grave. “Una bala entró por aquí y salió por el lado izquierdo'', dijo. “Mi barbilla tenía una pulgada más de largo... Fui bastante atractivo''.

 

TIMES: FBI NO INVESTIGÓ PLAN DE ATENTADO A CASTRO

Publicado el lunes, 13 de julio de 1998 en El Nuevo Herald

 

Nueva York --(EFE)-- La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) al parecer no investigó a fondo las denuncias de que se preparaba un atentado contra el líder cubano, Fidel Castro, en la última Cumbre Iberoamericana en isla Margarita, en Venezuela, dijo Antonio Jorge (Tony) Álvarez.

“He arriesgado mi negocio y mi vida, y ellos no hicieron nada'', declaró el cubanoamericano Álvarez en un informe publicado el domingo por el diario The New York Times sobre las actividades de un grupo anticastrista dirigido por Luis Posada Carriles.

Álvarez indica que el año pasado informó a los servicios de Inteligencia de Guatemala y Venezuela, y al FBI, de que Posada y un grupo de personas que entonces trabajaban en su fábrica, preparaban atentados contra Castro y una campaña de bombas contra hoteles turísticos dentro de la isla.

La reacción de las autoridades venezolanas fue inmediata. Expulsaron a todos los cubanos que llegaron a Margarita para la cumbre que se celebró en noviembre del año pasado y registraron con mucho cuidado las instalaciones en busca de armas y explosivos.

Los venezolanos tenían sus razones, ya que Posada había trabajado como jefe de operaciones de su servicio de Inteligencia, antes de ser condenado por el atentado contra un avión de pasajeros cubano y encarcelado hasta 1985, cuando escapó de la prisión.

Sin embargo, la reacción de Estados Unidos fue ``sorprendentemente indiferente'', agrega el diario, que afirma que un agente se puso en contacto desde Miami con Álvarez, pero nunca el FBI ni la Agencia Central de Inteligencia (CIA) le interrogaron sobre la información que decía tener.

“Me dijo que mi vida estaba en peligro, que era gente muy peligrosa y que abandonara Guatemala. Nunca volví a saber nada de ellos'', declaró Álvarez, un ingeniero de 62 años.

Curiosamente, justo antes de la cumbre, la Guardia Costera de Estados Unidos detuvo en Puerto Rico una embarcación con cuatro hombres y el líder del grupo, Ángel Alfonso Alemán, de Unión City, aseguró que tenían la misión de matar a Castro en isla Margarita.

Las investigaciones posteriores confirmaron que el bote era propiedad de dirigentes de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), y que una de las armas estaba registrada a nombre del presidente de esta organización anticastrista.

En entrevista también con el diario norteamericano, Posada explicó conocer a Alemán desde 1991, pero aseguró no tener nada que ver con este supuesto complot contra Castro. “No parecía una operación muy profesional'', se limitó a comentar.

The New York Times dice que si el FBI hubiera entrevistado al empresario Álvarez, hubiera conocido como Posada planeaba los atentados y conocido las conexiones entre este grupo y otros de exiliados cubanos en Union City, Nueva Jersey.

En la entrevista al Times, Posada describió al agente del FBI que llamó a Álvarez, Jorge Kiszinski, como “un muy buen amigo'' al que conoce desde hace tiempo, y consideró que no investigaron más por las buenas relaciones que mantenía.

En la carta que mandó a las autoridades guatemaltecas alertando del complot, y que llegó a manos del FBI, Álvarez explica que dos de sus empleados, el exiliado cubano José Francisco (Pepe) Álvarez y el militar retirado guatemalteco José Burgos, habían conversado al respecto con Posada.

Y no sólo eso. Señala haber visto cómo Posada les entregaba mucho dinero para que compraran detonadores y relojes para la fabricación de artefactos explosivos, y observado en su posesión explosivos plásticos fabricados para el Ejército mexicano.

En otra ocasión, conoció a otros dos individuos guatemaltecos, Marlón González y Jorge Rodríguez que, según reconoció más tarde Posada, eran los encargados de fabricar las bombas que supuestamente fueron utilizadas en La Habana en abril de 1997.

Posada dice que tardó “uno o dos meses'' en organizar todos los atentados, e insinuó que el material fue introducido en la isla utilizando la visita de un circo mexicano y a un mecánico de la aerolínea ``Aviateca'' que vuela a La Habana, entre otros métodos.

Álvarez también interceptó un fax de ‘Solo', uno de los nombres de guerra de Posada, que reproduce el diario, en el cual se muestra frustrado porque los diarios estadounidenses no están publicando la campaña de bombas contra los hoteles de la isla.

“Necesito todos los datos de la discoteca para tratar de confirmarlo. Si no hay publicidad no hay pago. Espero noticias hoy mismo. Mañana estaré fuera dos días. Reciban un saludo. Solo'', dice el fax enviado en agosto del año pasado, y que fue obtenido por The New York Times de fuentes venezolanas.

 

FAMILIA MAS ANUNCIA DEMANDA AL NEW YORK TIMES

Publicado el martes, 14 de julio de 1998 en El Nuevo Herald

Por: Rui Ferreira

 

El activista cubano anticastrista Luis Posada Carriles, acusado de actos terroristas, negó el lunes que hubiera dicho al diario The New York Times que la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) o su fallecido líder, Jorge Mas Canosa, hubieran contribuido con dinero o dado apoyo logístico a sus acciones.

Al mismo tiempo, familiares de Mas Canosa refutaron enérgicamente dos extensos reportajes publicados el fin de semana en el diario neoyorquino, y anunciaron su intención de demandar judicialmente al rotativo y a los autores del reportaje.

“Es completamente falso”, respondió Posada Carriles a una pregunta del reportero Rafael Orizondo, de WLTV/Canal 23, sobre si era cierto que dirigentes de la FNCA le pagaron para que llevara a cabo una ola de atentados en la isla.

Carriles añadió que “también es completamente falso” que Mas, o algún otro dirigente de la organización exilada, le hayan enviado alguna vez dinero para sus operaciones encubiertas en Cuba.

En una tensa conferencia de prensa el lunes en la sede la Fundación, su director, Jorge Mas Santos, recordó que el propio Posada había negado al diario The Miami Herald que su padre o la FNCA hubiesen contribuido económicamente con sus actividades.

The Miami Herald citó en un reportaje publicado en junio una fuente no identificada, así como la autobiografía de Posada, en la cual decía que los directivos de la fundación, Francisco ``Pepe'' Hernández y Manuel Foyo, entre otros, le enviaban dinero para sus gastos personales, pero no para sus actos.

Ese dinero, explicó la fuente, era manejado aparte por un amigo de confianza en Miami que lo recaudaba sin decir exactamente adónde iba y se lo entregaba a Posada sin informarle su procedencia.

El fin de semana pasado, The New York Times citó al activista en dos reportajes diciendo que Mas Canosa y la FNCA le habían suministrado el dinero utilizado para financiar al menos 11 explosiones en hoteles e instalaciones turísticas cubanas.

“Jorge controlaba todo. Siempre que necesitaba dinero, él decía que me lo mandaran, me daba $5,000, me daba $10,000, me daba $15,000, y me lo mandaban”, dijo Posada, citado por The New York Times en artículos firmados por Larry Rohter, su corresponsal en Miami, y Ann Louise Bardach, periodista independiente.

En una entrevista televisiva el lunes, Posada Carriles dijo que había decidido hablar con el diario a fin de aclarar una serie de reportajes “distorsionados” sobre él que han salido recientemente en la prensa estadounidense.

“La periodista me ofreció aclarar esos conceptos y, a través de ese periódico, desmentir lo que fuera falso y admitir lo que fuera verdadero”, dijo el activista desde un lugar en Centro América no identificado.

Posada agregó que la reportera “magnificó todo lo que salió en la prensa, hizo un reportaje terrible con una serie de falacias”. Lo publicado, añadió, “se aparta completamente de la verdad”.

“Yo no represento el brazo armado de nadie, no pertenezco a la Fundación ni a ninguna organización del exilio”, dijo Posada Carriles.

El activista señaló que jamás había recibido de la Fundación ni de sus miembros ningún tipo de ayuda económica. ``Vivo de mi trabajo, yo pinto, yo vendo libros'', afirmó.

La entrevista fue presentada a los periodistas en la sede de la fundación en Miami, al final de una tensa conferencia de prensa en la que el reportero Rohter fue blanco de ataques y expresiones de repudio por parte de activistas y directivos de la FNCA.

La tensión en la sala subió luego de que Rohter preguntó si podría investigar los documentos contables de la familia Mas.

Fue cuando Irma Santos, viuda de Mas Canosa, rompió su silencio y lo increpó:

“¿Es usted del IRS? ¿Trabaja usted para el IRS?”, dijo refiriéndose al Servicio de Rentas Internas.

Los directivos de la Fundación se negaron a responder preguntas del reportero, y al final de la conferencia le pidieron que abandonara la sala.

Mas Santos dijo que en los reportajes del diario hay una cantidad significativa de contradicciones.

“Lo más insultante”, indicó, es una alegación de Posada, citada por The New York Times, de que él habló con su padre un mes antes de su muerte.

“Eso fue imposible físicamente, porque desafortunadamente un mes antes mi padre estaba [conectado] en un respirador artificial”, dijo Mas Santos.

En las declaraciones a WLTV/Canal 23, Posada afirma que el último contacto que tuvo con Mas Canosa fue “aproximadamente de ocho a 10 años, no recuerdo exacto, pero hace mucho tiempo”.

En opinión de Mas Santos, el reportaje no pasa de “un intento por parte de personas que quieren levantar el embargo para atacar mi familia y la FNCA, para que los esfuerzos en Washington y otras capitales para la liberación de mi país sean perjudicados”.

Después que el vídeo fue mostrado a la prensa, Mas Santos dijo que se sentía reivindicado porque Posada Carriles había dicho que Mas Canosa no le entregó dinero ni financió sus actividades.

“Ahí se dice todo, se ve una imagen de Luis Posada desmintiendo totalmente el reportaje del New York Times que son falsedades, lo cual yo aquí he reiterado, y por lo menos estoy satisfecho que ha aclarado este artículo. Estoy satisfecho que se ha aclarado el nombre de mi padre y la Fundación”, dijo Mas.

Anteriormente, en la misma conferencia, Mas Santos aseguró a El Nuevo Herald que el activista anticastrista no era creíble.

“No tengo ninguna opinión sobre Posada Carriles. No cargo una opinión sobre una persona que no es creíble”, dijo Mas.

Después de ver el vídeo, Rohter reconoció a Posada como la misma persona que su colega entrevistó para The New York Times. Además, sostuvo la veracidad de lo reportado.

Una portavoz del diario defendió a sus reporteros. “Tenemos tres días de conversaciones grabadas con el señor Posada, en las cuales él dice que las bombas en los hoteles y otros actos fueron apoyados por líderes de la Fundación'”, dijo Nancy Nielson, de relaciones corporativas del diario.

 

EL NEW YORK TIMES DICE QUE NO SE RETRACTA

Publicado el miércoles, 15 de julio de 1998 en El Nuevo Herald

Por: Rui Ferreira

 

Un alto ejecutivo del diario The New York Times dijo el martes que no piensa retractarse de una serie de reportajes donde se vincula al activista anticastrista Luis Posada Carriles, acusado de actos terroristas, con la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y su fallecido líder, Jorge Mas Canosa.

"No creo que haya que responder o aclarar algo'', dijo el subdirector Bill Keller a El Nuevo Herald. "La historia habla por sí sola y estamos muy contentos con nuestros reporteros. Han hecho un excelente trabajo''.

Keller añadió que pese al enérgico desmentido desplegado el lunes por la FNCA y Jorge Mas Santos, hijo mayor de Mas Canosa, “el periódico sigue sosteniendo lo publicado”.

The New York Times citó a Posada diciendo que Mas Canosa le había entregado dinero para varias de sus actividades terroristas, y en la versión del rotativo lo vinculó con la ola de atentados con bombas ocurridos en Cuba el verano pasado.

El lunes, Mas Santos convocó a una rueda de prensa durante la cual refutó categóricamente lo publicado por el diario neoyorquino.

“No hay ninguna verdad en las alegaciones presentadas en el Times. Mi padre no sostuvo ningún tipo de relación con Posada Carriles, ni contactos, ni siquiera apoyó sus actividades”, sostuvo.

Mas Santos anunció su intención de presentar una querella por difamación contra el diario y los autores de los reportajes.

El martes, voceros de la FNCA dijeron que aún no se ha decidido cómo van a iniciar los trámites de la demanda, pero que inicialmente esperan que el Times se retracte de los reportajes firmados por Larry Rohter, corresponsal del diario en Miami, y Ann Louise Bardach, reportera independiente.

Bardach fue autora de un extenso reportaje publicado en la revista New Republic en octubre de 1994, y que fue objeto de una demanda legal por parte de Mas Canosa, porque en la portada de la publicación apareció un titular que decía "El mafioso miamense de Clinton'', refiriéndose al fallecido líder de la FNCA.

Dos años más tarde, Mas y New Republic llegaron a un acuerdo fuera de corte y la revista pagó $100,000 a la FNCA. Aunque la publicación se disculpó por el titular, jamás se retractó del contenido del reportaje.

La conferencia de prensa del lunes se realizó sin incidentes, pero en un ambiente de cierta tensión por la presencia de Rohter, a quien los directivos de la FNCA inicialmente pidieron que no asistiera. El reportero decidió quedarse, pero los directivos de la FNCA rehusaron contestar sus preguntas.

Durante la misma fue presentada una entrevista hecha por el reportero Rafael Orizondo, de WLTV-Canal 23, en la cual Posada refuta los reportajes del Times.

Según Orizondo, la entrevista empezó a gestarse el sábado por la mañana. En menos de 24 horas logró localizar al activista anticastrista en Centroamérica y el lunes por la mañana se reunió con él por una hora.

"Posada me lució bastante apenado por lo que estaba pasando'', añadió Orizondo. "Dijo que había sido manipulado por la reportera. Se sintió utilizado y sostiene que fue un gran error suyo haber concedido esa entrevista, porque no conocía a esa persona''.

 

POSADA CARRILES DIJO EN MIAMI QUE SE MARCHA A CENTROAMÉRICA PARA COMBATIR EL COMUNISMO

Lo afirmó en una grabación que fue entregada a varias emisoras cubanas de Miami.

Por: Jeannine Camps. / Miami (EEUU: Oct. 16 1986 (EFE)

 

El fugitivo cubano Luís Posada Carriles, acusado de volar un avión cubano, y a quien identifica el gobierno sandinista como Ramón Medina, segundo agente de la CIA encargado de coordinar las operaciones de abastecimiento a los rebeldes, afirmó en Miami, tras escapar de una cárcel venezolana, que se marchaba a “combatir el comunismo en Centroamérica”.

Las autoridades sandinistas dijeron que el prisionero norteamericano Eugene Hasenfus, único superviviente del avión cargado de armas para los rebeldes, y derribado hace dos semanas en Nicaragua, identificó por fotografías, a posada como el hombre que él conocía como Ramón Medina.

Posada, un exiliado cubano, naturalizado venezolano, es uno de los cuatro sospechosos (con Orlando Bosch) acusado del atentado, en Octubre de 1976. contra un avión de pasajeros de “Cubana de Aviación”, que mató a sus 73 ocupantes.

Las autoridades venezolanas que habían utilizado a Posada en operaciones de inteligencia, le acusaron con Bosch de ser “autores intelectuales del atentado”.

Tras escapar de la prisión venezolana de San Juan de los Morros, el 18 de agosto de 1985, Posada afirmó en una grabación, que fue entregada a varias emisoras de radio cubanas der Miami que se marchaba a combatir el comunismo en Centroamérica”.

“Dijo también que se escapó de la cárcel porque no confiaba en la justicia venezolana”, afirmo a EFE Tomas Regalado, director de noticias de “ La Cubanisima ”, una de las emisoras que recibieron la grabación.

Hasenfus, que está siendo interrogado por las autoridades sandfinistas desde que fue derribado el pasado 6 de Octubre, dijo que Max Gómez (Félix Ismael Rodríguez) y Ramón Medina (Luís Posada) eran los dos agentes de la CIA encargados de planificar y coordinar desde El Salvador, los vuelos de abastecimiento a los rebeldes.

La mujer de Posada, que vive en Miami, dijo al diario “Miami Herald” no saber lo que hace su marido o donde se encuentra.

“Me llamo por teléfono el lunes pasado, pero teniendo en cuenta su delicada situación no le pregunto donde esta”, afirmo Nieves Posada.

“Podría ser que estuviera combatiendo con los guerrilleros nicaragüenses, pero no lo voy a decir”, añadió.

Fuentes cercanas a grupos “radicales” de exiliados cubanos señalaron que circulo en Miami una fotografía de Posada, vestido con traje de camuflaje, presuntamente tomada en El Salvador.

El viceministro del Interior nicaragüense, Luis Carrido dijo que Posada y Max Gómez habían sido entrenados por la CIA en Florida para participar en la invasión de Bahía de Cochinos. (Esta invasión contra Cuba durante la administración Kennedy, fracasó en 1961).

Carrión señalo que Posada siguió trabajando para la CIA, participando en más de 70 operaciones desde el Congo hasta Vietnam.

Juan Pérez Franco, presidente de la Brigada 2506, el cuerpo armado de exiliados cubanos que participo en la fallida invasión confirmo a EFE, que los dos hombres eran veteranos de Bahía Cochinos.

Pérez Franco se negó a comentar las actividades posteriores de Posada, pero las aventuras internacionales de este eran bien conocidas en Miami, donde para muchos exiliados, es un “verdadero patriota”.

“Todo el mundo sabía era uno de los duros”, señalo una fuerte familiarizada con los grupos “radicales” de exiliados cubanos.

Tanto Posada como Bosch se convirtieron en “héroes” en Miami durante su estancia en la cárcel venezolana, en espera de juicio.

Los amigos de Posada organizaron el pasado mes de Noviembre, en Miami, una exposición de cuadros pintados al óleo por el fugitivo, los beneficios de la cual están destinados a un matrimonio cubano acusado por las autoridades venezolanas de ayudarle a escapar de la cárcel.

 

ANUNCIA DANIEL ORTEGA QUE HASENFUS SERÁ JUZGADO POR LOS TRIBUNALES POPULARES “ANTISOMOCISTAS”

Martes 14 de Octubre de 1986 Diario las Américas.

Por: Filadelfo Martínez

 

Managua, Oct. 13 (EFE) Eugene Hasenfus, acusado por los sandinistas de abastecer a los rebeldes por encargo del Gobierno de Estados Unidos, será juzgado por los tribunales Populares “Antisomocistas”, anunció el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.

El dirigente sandinista dijo que el caso de Hasenfus merece la máxima pena de 30 años de prisión que prevén las leyes nicaragüenses.

Representantes de más de 30 barrios de Managua, con quienes Ortega se hallaba reunido, aplaudieron este punto de vista del gobernante al agregar que los 30 años debían de ser de trabajos forzados.

Según Ortega, las declaraciones que Husenfus hizo a la prensa el pasado miércoles y la documentación encontrada en el avión táctico C-123 K, derribado por proyectiles tierra-aire de los sandinistas, “no deja lugar a dudas” sobre la intervención “directa” en la “agresión contra Nicaragua”.

El mandatario reiteró que también intervienen en estas operaciones encubiertas norteamericanas contra Nicaragua autoridades de los gobiernos de Honduras, El Salvador y Costa Rica.

Ortega se refirió a la campaña oficial norteamericana que trata de negar que la Casa Blanca y el Pentágono están implicados en la “guerra secreta” contra Nicaragua.

El presidente nicaragüense dijo que Hasenfus prácticamente ha sido abandonado por el gobierno de Estados Unidos, “porque se ha quedado sin sus hermanos”.

El presidente Reagan, dijo Ortega, señala que los rebeldes son sus hermanos.

“Le mandaron a esta operación de terrorismo, pero ahora que aparecen dos pilotos muertos y otro norteamericano capturado no aparecen los hermanos”. Expresó Ortega.

El mandatario sandinista señaló que, a pesar de que Hasenfus ha sido abandonado, “no está desmoralizado, porque se trata de un hombre sin moral”.

“El vino a involucrarse en una guerra sin saber dónde se metía. Llegó sin convicciones políticas ni ideológicas, realizando esta acción por unos cuantos dólares”. Dijo Ortega.

Luego recordó que Hasenfus, lleva más de 20 años prestando servicios a la Agencía Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

Señalo que el propio Hasenfus, en sus declaraciones a la prensa, dijo que los rebeldes tienen cinco aviones en El Salvador, desde donde la “CIA” dirige las operaciones secretas contra Nicaragua.

Hasenfus dijo que los últimos cinco meses realizó diez vuelos para abastecer a los antisandinistas, seis directos desde el aeropuerto Ilopango, en San Salvador, y cuatro en escalas en la base militar de El Aguacate, en territorio hondureño.

 

PILOTO DICE LLEVÓ DROGAS A LA BASE DE HOMESTEAD

Por: Knut Royce / Servicio Newsday / 17 de enero 1987 / El Miami Herald.

 

Washington - Un piloto que sostiene haber transportado armas por avión para los rebeldes nicaragüenses respaldados por Estados Unidos con base en Honduras afirmó que, en un viaje de regreso el año pasado, aterrizó con más de 12 toneladas de marihuana en la Base de la Fuerza Aérea de Homestead.

Afirmó que siguió a un camión escolta hasta un hangar, donde dejó el avión y su inusitado cargamento, antes de ser conducido por personal de la base a un taxi que lo llevó sin novedad hasta el centro de Miami.

En la declaración que se entregaría esta semana a Lawrence Walsh, el fiscal independiente que investiga el escándalo irano-contras, el piloto, Michael Toliver, afirmó que aterrizó en la base de la fuerza aérea a mediados de marzo de 1986 en un DC6 que llevaba unas “25,000 libras de marihuana”. Toliver actualmente cumple una condena federal por drogas.

Un portavoz de la base, el sargento Stan Sullivan, declaró: “No tenemos conocimiento alguno de la situación”. El portavoz de aduanas de Miami Cliff Stallings afirmó que su agencia tampoco tenía constancia del presunto episodio.

En su declaración, una copia de la cual fue obtenida por el diario Newsday, Toliver consiguió que pocos días antes había llevado el avión desde el Aeropuerto Internacional de Miami con 28,500 libras de “suministros militares” a Aguacate, base aérea de los contras en Honduras.

Afirmo que por el viaje a Aguacate le pagó a un hombre que cree era Max Gómez, un miembro retirado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que, según se informa, coordina los embarques de armas para los contras.

Gómez es un antiguo asociado de Donald Grogg, asesor de seguridad nacional del vicepresidente George Bush. Las actividades de Toliver, según se informa, en el embarque de armas ocurrieron durante una prohibición del Congreso a la participación del gobierno estadounidense en este tipo de operaciones.

Después de llevar las armas a Aguacate, afirmó Toliver, llevó la nave vacía a Tegucigalpa, capital de Honduras. Añadió que no sabía de dónde provenía la marihuana, pero que ya se encontraba en el avión cuatro días después cuando se le ordenó llevarlo de regreso a la Florida.

“Despegamos sin un plan de vuelo”, agregó. Relató haber pedido a otro tripulante a quien identificó como “Carlos”, las coordenadas del punto de destino, Resultó ser Homestead, manifestó.

Expresó que fue dirigido a la base por el copiloto. No está claro en la declaración si el copiloto era Carlos.

“Imaginé que era una trampa”, observó Toliver. Pero dijo que el copiloto le aseguró: “No, no te preocupes por ello”.

Comentó que la torre de control de Homestead dio instrucciones a la nave para tocar en la base después que la tripulación identificara el del avión como un “vuelo militar”.

Después de aterrizar, añadió “apareció un pequeño camión azul con una indicación de que lo siguiera”. Afirmó que llevó al avión a la parte norte o este de la pista, estacionó salió y se subió en la parte trasera de una camioneta.

Dijo que la tripulación de tres hombres fue conducida a “un pequeño edificio” y que luego tomó un taxi hacia Miami, a unas 30 millas de distancia.

Toliver asevera que un individuo que se identificó como “Eduardo Hernández” le pagó entre $70,000 y 75,000 por llevar las armas a Aguacate.

Sin embargo, expuso que después de que apareciera publicada en un periódico una fotografía de Max Goméz, concluyó que “Hernández” era Gómez. “A no ser que esté lamentablemente equivocado”, comento, “se trata de Max Gómez… Podrían ser mellizos”.

Max Gómez es seudónimo de Félix Rodríguez, ex colaborador de la CIA. Bush ha declarado que se reunió en tres oportunidades con Gómez, y Gregg admitió que Gómez, lo había visitado en Washington el año pasado para quejarse de la falta de fondos y equipo para los contras.

El abogado de Gómez en Miami, Fernando Mendigutía, no devolvió el viernes las llamadas telefónicas a su oficina.

Toliver comentó que si bien “Hernández” le pagó por el viaje a Aguacate, fue otra persona, de quien dijo que su identidad no pudo confirmarse independientemente, la que se suponía le pagara $150,000 por el viaje de vuelta con la marihuana. La otra persona indicó que “se nos pagaría tan pronto como entregáramos la mercancía” en Homestead, declaró Toliver.

Sin embargo, agregó que los pagos vinieron por partes: “primero $5,000, luego $5,000, luego $3,000…”

 

La CIA, el tráfico de drogas y la ayuda a los ‘contras’

 

Documentos desclasificados recientemente demuestran cómo la CIA desarrolló una estrategia para suministrar armas a los iraníes y traspasar parte de las ganancias a la ‘contra’ nicaragüense mediante una triangulación con empresarios de Arabia Saudita y Brunei. Esta operación fue coordinada por el teniente coronel Oliver North

El Cartel de Medellín, poderosa organización de narcotraficantes colombianos, levantó a mediados de los ochenta en Yucatán una completa estructura para trasladar cocaína a Estados Unidos, que incluyó la adquisición de un rancho de 16,000 hectáreas, según se sabe ahora por documentos desclasificados recientemente por el gobierno norteamericano.

Al parecer la organización contó con el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), que, a su vez, protegió encubiertamente a los opositores del régimen sandinista de Nicaragua, con dinero procedente del tráfico de armas y de estupefacientes.

En esa época, los colombianos adquirieron por lo menos un rancho para almacenar cocaína traída de Colombia por mar y aire, y reenviarla a Florida y Georgia en pequeños aviones.

La operación fue conocida e incluso auspiciada por la CIA, según documentos hechos públicos recientemente por el gobierno estadounidense, relacionados con el caso `Irán-Contras`.

 

El famoso Barry Seal

 

En esos escritos aparece el nombre de Barry Seal, uno de los espías más famosos de Estados Unidos, como uno de los informantes principales de la conexión colombiana en Yucatán.

Seal, narcotraficante y espía a la vez, fue acusado de introducir mil millones de dólares de cocaína a su país, antes de morir asesinado pocos meses después de informar de la participación de ese organismo en el tráfico de drogas y de las actividades de los colombianos en Yucatán. El caso ‘Irán-Contras’, como se le llamó, fue el mayor escándalo político del gobierno de Ronald Reagan (1981-1989).

El Congreso de Estados Unidos bloqueó en ese tiempo la entrega de dinero a los ‘contras’, como se conocía a los combatientes antisandinistas, y también la venta de armas al Ayatola Jomeni, líder espiritual de Irán.

La CIA, sin respetar al Congreso, desarrolló una estrategia para suministrar armas a los iraníes y traspasar parte de las ganancias a la `contra` nicaragüense mediante una triangulación con empresarios de Arabia Saudita y Brunei. Esta operación la coordinó el teniente coronel Oliver North.

Posteriormente, los apoyos financieros a la `contra` vinieron de narcotraficantes colombianos que financiaron a los combatientes a cambio de recibir facilidades de la CIA y de otras autoridades norteamericanas para introducir drogas a Estados Unidos.

Seal, experimentado piloto de aviación, trabajó estrechamente con el Cartel de Medellín y conoció de cerca a sus principales dirigentes. Él mismo realizó innumerables vuelos a Estados Unidos con cocaína.

 

Revelaciones mortales

 

En lo más álgido del escándalo `Irán-Contras`, Seel hizo revelaciones sobre la presunta participación de la CIA en el financiamiento a la `contra` con recursos del narcotráfico. Luego apareció muerto, en 1986.

Dos años después, cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos inició una investigación sobre el caso, el agente de la DEA, Ernest Jacobsen, reconoció ante los congresistas que Seal era un agente del gobierno inmiscuido en el Cartel de Medellín, y que estaba al tanto de las operaciones de ese grupo criminal en la Península de Yucatán.

De acuerdo con el testimonio de Jacobsen, hecho público recientemente por el gobierno norteamericano, Seal participó en una operación de la DEA calificada como `la más importante investigación en la historia de la DEA`, que pudo llevar al arresto de los principales líderes del Cártel de Medellín `si a Oliver North no se le hubiesen escapado los detalles de la operación`.

En su testimonio, Jacobsen dijo que Seal había revelado a la DEA que entre 1984 y 1986, el Cartel de Medellín `tuvo en Yucatán un rancho de 40,000 acres (16,184 hectáreas, pero el documento no precisa la ubicación), para almacenar la cocaína colombiana y reenviarla a Estados Unidos en pequeños aviones. Estas naves podían cargar de cuatro a quinientos paquetes de droga`.

El informe de la DEA no dice cuándo fue desmantelado ese rancho como base de operaciones del narcotráfico, pero hay indicios de la presencia de los colombianos en Yucatán hasta 1990.

Según Jacobsen, los colombianos querían mostrarle a la CIA su base de operaciones en Yucatán y sus bodegas en Georgia y Florida, habilitadas para almacenar cocaína, para congratularse con los Estados Unidos, habría dicho el agente Seal.

Este acordó reunir a todos los miembros del Cartel de Medellín en un lugar donde podrían ser arrestados.

`Y estábamos en el proceso de hacer eso, cuando estalló la tormenta y Seal murió`, manifestó Jacobsen en su testimonio.

 

Informe explosivo de inspector general de la CIA

 

De 1984 a 1986, la agencia de espionaje arregló de 50 a 100 vuelos de aviones del Cartel de Medellín a terminales aeroportuarias norteamericanas, sin que fueran inspeccionados por el Servicio de Aduanas de ese país, como parte de un acuerdo de la CIA y los colombianos, según se asienta en un informe de 410 páginas del inspector general de la CIA en esa época, Frederick Hitz, recientemente desclasificado.

La Península y varios países de Centroamérica se convirtieron entonces en puntos importantes para el transbordo de la droga procedente de Sudamérica, tanto por vía aérea como marítima.

Según los documentos desclasificados, su proximidad geográfica a los países productores y a Estados Unidos convirtió a la Península en `una ruta natural para el transporte de drogas`. Los millares de kilómetros de costas sin vigilancia, pistas de aterrizaje clandestinas y las fronteras, sin vigilancia, facilitaron la operación. En esa época los cargamentos de cocaína iban de la Península a Georgia, Luisiana, Texas, Colorado y Nueva York.

Los colombianos que usaban la ruta de la Península controlaban flotas de aviones pequeños, muchos con comunicaciones complejas. Hay indicios de que varios integrantes del Cartel de Medellín permanecieron en la Península por lo menos hasta 1989.

 

Fichas de delincuentes

 

Ayer, en la ciudad de México, la Procuraduría General de la República informó que está reuniendo datos para hacer fichas de los perfiles psicológicos y criminológicos de narcotraficantes, a fin de tener nuevas estrategias para combatir al crimen organizado.

El Cartel de Medellín fue fundado por los narcotraficantes Fabio Ochoa y Pablo Escobar y duró hasta 1993, con la muerte de Escobar. Ochoa cumple actualmente una condena de 30 años de prisión en Estados Unidos. El Cartel fue considerado `una de las organizaciones criminales más despiadadas y violentas del mundo`. Según un reporte de la DEA, incluido en el conjunto de documentos oficiales desclasificados y relacionados con el caso `Irán-Contras`, los narcotraficantes colombianos usaban el Canal de Yucatán y el Paso de la Mona, cerca de Puerto Rico, como su principal ruta aérea y marítima para trasladar drogas a Estados Unidos a principios de la década de los ochenta.

 

El plan de Fagoth

 

La cantidad de cocaína transportada a Estados Unidos a través de la Península de Yucatán levantó la ambición de otros grupos antisandinistas, como el encabezado por el líder de la resistencia misquita Steadman Fagoth.

Un cable enviado por un agente de la CIA en el período de 1987 a 1988 a sus jefes en Estados Unidos revela lo que sería un plan de Fagoth, diseñado en 1984, para `asesinar en Yucatán a los narcotraficantes colombianos que trabajan en ese lugar de México, apoderarse de su cargamento y venderlo para financiar las actividades de lucha misquita`.

Según la CIA, hay la presunción de que Fagoth llevó a cabo su plan y vendió las drogas.

Esta información aparece en el informe `Report of Investigation` del Inspector General de la CIA, Frederick Hitz, sobre el caso `Irán-Contras`, volumen I, páginas 187 a 288.- H.C.C.

 

Yucatecos en el Cartel de Medellín

 

Hay indicios de que varios integrantes del Cartel de Medellín permanecieron en Yucatán por lo menos hasta 1989.

Luego del desmantelamiento del rancho de 16,000 hectáreas en el Estado, el Cartel envió a México a Jorge Humberto Chalarica Cortez con la misión de reorganizar el tráfico de drogas de Colombia a Estados Unidos.

Según documentos de la DEA de la época, Chalarica abrió pistas clandestinas en Sonora, Tamaulipas y Yucatán. Aquí el Cartel de Medellín contactó a varios yucatecos, encabezados por Enrique Ferráez Peraza, para recibir pequeños aviones cargados de cocaína en la pista de su rancho Chapultepec, en Tizimín.

Este rancho, de 300 hectáreas aproximadamente, sirvió como centro de recepción de drogas y de reabastecimiento de combustible a las aeronaves colombianas.

Además de ese rancho, entre 1988 y 1989 varios yucatecos prestaron asistencia a los colombianos en el desembarco de droga en Progreso y en pistas aéreas cercanas a Holcá, municipio de Kantunil, o en comisarías de Yaxcabá, de acuerdo con los informes públicos de la DEA.

La detención de los yucatecos del rancho Chapultepec en octubre de 1989, de lo que el Diario informó ampliamente, permitió pocos días después el arresto de Magdalena Pineda Trinidad, una mexicana encargada de lavar el dinero del narcotráfico en territorio nacional.

Según la DEA, Magdalena Pineda compraba y vendía propiedades en el centro y la zona hotelera de Cancún, y tenía trato con empresarios y políticos yucatecos.

En noviembre de 1989 la Policía Judicial capturó en la ciudad de México a Chalarica Cortez y a sus principales socios colombianos y mexicanos. Chalarica Cortez, alias `El Negro`, había llegado al país a fines de 1987 enviado por Gonzalo Rodríguez Gacha, uno de los principales jefes del Cartel.

Arribó junto con otros dos colombianos, Alejandro Bernal y Julio Chagy de la Rosa, avecindados luego en Estados Unidos pero visitantes frecuentes de la Península. En dos años, según la DEA, esta célula introdujo a Estados Unidos más de 50 toneladas de cocaína, procedentes, la mayoría, de la Península de Yucatán.

 

 

EL MAYOR NARCOTRAFICANTE EN LA HISTORIA DE EE.UU.

Publicado: 30 abr 2014 19:36 GMT

 

Daniel Estulin revela en su última edición del programa 'Desde la sombra' los lazos existentes entre la CIA y el mayor narcotraficante en la historia de EE.UU., que semanas antes de ser asesinado amenazó con delatar a sus superiores.

La muerte del narcotraficante Barry Seal encierra gran parte de la desagradable historia de las operaciones encubiertas estadounidenses en la segunda mitad del siglo XX, afirma Estulin.

Seal, principal operador en el tráfico de cocaína en la década de los 80, fue asesinado a balazos en 1986 porque amenazó con delatar a sus superiores.

Si Seal hubiera sacado a la luz el secreto mejor guardado –que el Gobierno estadounidense mueve más droga que todos los narcobarones latinoamericanos juntos–, habría provocado la caída del Gobierno de Reagan-Bush.

Aunque fue una figura clave en el narcotráfico, su nombre resulta desconocido por buena parte de los ciudadanos estadounidenses, que creen que los mayores capos de la droga son de países latinoamericanos.

Según explica Estulin, este legendario contrabandista de drogas de la CIA era un experimentado piloto. 

"Puso en práctica la logística militar y solucionó el problema de la distribución (…). Esa vía logística que estableció continuó y las drogas volvieron a entrar en el mercado estadounidense de forma oficial como si se tratarse de papel higiénico", afirmó el periodista Daniel Hopsicker, autor del libro 'Barry and the Boys', en el programa.

Comenzó a tener problemas legales en 1986 con agencias del Gobierno de EE.UU. y ni siquiera sus vínculos con la CIA lo salvaron. Fue entonces cuando amenazó con revelar los vínculos del entonces vicepresidente George Herbert Walker Bush con el comercio internacional de drogas y la operación Irán-Contra, en la que el Gobierno de EE.UU. vendió armas al Gobierno iraní y financió el movimiento conocido como 'Contra' en Nicaragua en 1985 y 1986. Dos semanas más tarde, Seal fue asesinado.

Los tres colombianos condenados por el crimen trabajaban para el teniente coronel Oliver North, miembro del Consejo de Seguridad Nacional del Gobierno de EE.UU. Además, después del asesinato se descubrió que Seal llevaba en su bolsillo el número de teléfono de George Bush padre.

Las drogas que importó Seal se distribuyeron por todo el territorio estadounidense, causando una epidemia de 'crack' sin precedentes en la historia del país en la que murieron cientos de miles de jóvenes estadounidenses y que destruyó la vida de millones de personas.

(RT)

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