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31
Marzo

¿Cómo es posible que alguien a quien le diagnosticaron tendencias suicidas sea contratado como piloto comercial, encargado de la vida de cientos de personas?

Una semana después de la catástrofe del A320 de Germanwings en los Alpes franceses, los investigadores en Alemania revelaron que el joven copiloto Andreas Lubitz, acusado de haber estrellado deliberadamente el avión, había seguido un tratamiento psiquiátrico en el pasado para afrontar tendencias suicidas.

Las revelaciones sobre la personalidad del copiloto de 27 años, acusado de haber estrellado deliberadamente el avión contra la montaña, se suceden desde el jueves.

Según varios medios de información, el hombre sufría trastornos psiquiátricos y estaba preocupado por las consecuencias para su carrera de esos problemas.

Si bien no se ha revelado el motivo de sus bajas laborales, la justicia explicó que “el copiloto no sufría ninguna enfermedad orgánica”, y que nada en su entorno familiar, amistoso o profesional podría dar pistas sobre sus motivaciones.

La policía no ha encontrado ninguna carta que explique lo sucedido o que reivindique la acción.

Estas son las primeras revelaciones que hacen los investigadores alemanes sobre la salud mental del joven, que trabajaba desde 2013 como copiloto en Germanwings, una filial de Lufthansa.

La Fiscalía de Düsseldorf había informado el viernes que se habían encontrado rotas bajas médicas en la casa del joven piloto, que lo habrían incapacitado para trabajar el día del accidente.

El perfil que se proyecta desde su entorno, es el de un adulto joven, deportivo y muy competente, pero que sufría problemas psiquiátricos, aunque la semana pasada Lufthansa aseguró que estaba en plenas condiciones para pilotar.

Tras las revelaciones sobre las causas de la catástrofe, numerosas compañías aéreas adoptaron la regla de presencia obligatoria de dos personas en la cabina de pilotaje.

La Clínica Universitaria de Düsseldorf, a la que acudió en los últimos dos meses el copiloto Andreas Lubitz para solicitar un diagnóstico, entregó hoy su historial médico a la Fiscalía de la ciudad, encargada de investigar qué pudo llevar al joven a estrellar el pasado martes el avión de Germanwings.

“La Oficina Federal Alemana de Aviación no es directamente responsable de la evaluación médica sobre la aptitud de los pilotos para volar”, dijo Cornelia Cramer, portavoz de la agencia, la cual está a cargo de otorgar licencias de piloto.

 

Lubitz se enmascaró

 

El director de la Asociación Alemana de Profesionales Médicos de Aviación, la organización que representa a los médicos que determinan la aptitud física de los pilotos para volar, dijo que una evaluación estándar no habría sido capaz de determinar si un piloto sufre de una enfermedad mental grave.

Todos los pilotos deben someterse a controles médicos periódicos que incluyen una evaluación psicológica superficial, según el doctor Hans-WernerTeichmueller, jefe de la agencia.

Ese tipo de pruebas, sin embargo, se basan en pacientes que son honestos con sus médicos. Dijo que una persona con inestabilidad mental grave habría sido capaz de ponerse una “máscara” en la investigación.

“No se puede ver nada más allá de la cara”, dijo Teichmueller. “Hemos desarrollado un sistema muy refinado en Europa y la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que este sistema es óptimo. Aun si añadiéramos más pruebas psicológicas o modificáramos la forma en que evaluamos, no podríamos evitar una situación como esta”, agregó.

A su vuelta tras una reunión con homólogos alemanes el lunes, el investigador de la policía judicial Jean-Pierre Michel dijo a que las autoridades quieren descubrir “qué podría haber desestabilizado a Andreas Lubitz o llearlo a cometer tal acto”.

“Haber levado a cabo semejante acto es algo claramente psicológico”, dijo Michel.

Las autoridades intentan entender qué hizo que Lubitz impidiese la entrada del capitán a la cabina y desatendiera sus llamados para abrir la puerta ante de ordenar manualmente el descenso del avión en lo que tendría que haber sido un vuelo rutinario.

Para ello, están hablando con quienes lo conocían y trabajaron con él, como compañeros de trabajo, sus empleadores y sus médicos.

Brice Robin, fiscal estatal en la ciudad francesa de Marsella, dijo que ninguno de los cuerpos recuperados hasta el momento había sido identificado, negando así los reportes de medios hermanos de que se habían hallado restos de Lubitz.

Las pruebas al cuerpo del copiloto pueden proporcionar pistas sobre cualquier tratamiento médico que estuviese recibiendo.

29
Marzo

El concepto de imaginario colectivo se ha generalizado en una etapa relativamente reciente. Se refiere a la visión popular acerca de algunos temas importantes, entre ellos a cómo nos vemos y cómo valoramos otras naciones. En el caso de Cuba, la sicóloga Carolina de la Torre indagó acerca de este tema en el contexto de una investigación más amplia sobre nuestra identidad cultural. Apreciaba entonces nuestro alto grado de autoestima considerando sobre todo el desarrollo educacional del país y cierta inteligencia natural matizada quizá por el tradicional componente de bichería. Mucho debía, a mi entender, ese autorreconocimiento optimista a la obra de la Revolución y al desempeño de su proyección internacional, en contraste con la imagen que nos habíamos formado a causa de la profunda decepción provocada por la intervención norteamericana, la imposición de la Enmienda Platt con sus derivados, el fatalismo geográfico y la dependencia política y económica.

La representación popular encarnaba en el Liborio de Torriente con su tristeza guajira, difundido en las páginas de La Política Cómica, aun más empequeñecido después, al adquirir el sobrenombre de Liborito.

La Editorial Ciencias Sociales ha publicado un enjundioso y revelador libro del historiador y catedrático de la Universidad de Carolina Louis A. Pérez. Cuba en el imaginario de los Estados Unidos es el resultado de un riguroso estudio revelador según el cual, desde la independencia de las trece colonias comenzó a fabricarse una construcción cultural conducente a forjar una imagen compartida de los Estado Unidos y de los restantes países. Al respecto, el autor se centra en el caso cubano. El análisis apuntala la imparable interdependencia entre la visión del destino propio y el de la isla. El imaginario colectivo norteamericano empezó a construirse a poco de la independencia de las trece colonias. Los discursos de los presidentes, congresistas, secretarios de Estado, los artículos de prensa, algunas obras literarias, espectáculos e imágenes simbólicas configuraron la visión de sí y de los restantes pueblos. Mitificada, la conquista del oeste devenía enfrentamiento entre el bien y el mal. De esa manera, el país se extendió del Atlántico al Pacífico y completó su territorio en esa dirección al apoderarse de gran parte de México. La incorporación de la Louisiana y la Florida lo situó en la cuenca del Golfo de México. Llave de este espacio marítimo, Cuba ocupaba una posición estratégica para el comercio con los cuatro puntos cardinales del Océano, mientras los estados sureños, sustentados en una economía de plantación esclavista, percibían su potencial convergencia de intereses con los sacarócratas cubanos.

El núcleo duro del concepto de destino manifiesto se encuentra en la autorrepresentación mesiánica incorporada al imaginario colectivo del pueblo norteamericano. Sus virtudes atribuidas conforman un modelo que, en razón de justicia, debe imponerse a otros para garantizar un mayor grado de seguridad. Concebido en términos absolutos, prescinde de las especificidades históricas y culturales del resto del mundo. En lo que se refiere a Cuba, hubo intentos fallidos por conseguir de España la cesión de la isla.

Paralelamente, a lo largo del siglo XIX, Cuba fue adquiriendo un peso creciente en el imaginario norteamericano. Los argumentos divulgados por fuentes de alta representatividad política se orientaban a justificar la necesidad de una intervención. Se adujeron motivos comerciales dada la posición estratégica de nuestro país, junto a supuestas teorías geológicas que nos unían a la península de la Florida. Más tarde, se añadieron motivos de seguridad nacional, argumento que se sigue aplicando en relación con nosotros y también con tantos lugares oscuros situados a enorme distancia de los Estados Unidos. La campaña adquirió mayor colorido en la medida en que la insurgencia cobraba fuerza entre nosotros. La opinión pública se iba preparando con fuerza creciente con vistas a lo que resultaría con la intervención en la guerra hispano-cubana-norteamericana.

Había llegado la hora de conmover, de sacudir los sentimientos populares, las ideas elaboradas por el raciocinio. No faltaron las posiciones despectivas respecto a un pueblo incapaz de librarse del opresor por sus propios medios. Esa tesis dejaba un rescoldo que alcanzaría expresiones más precisas, que afirmaba nuestra incapacidad para gobernarnos. Los horrores provocados por la reconcentración de Valeriano Weyler contribuyeron a despertar una auténtica simpatía en parte del pueblo norteamericano. La gráfica diseñada en la prensa multiplicó el impacto de las palabras. Cuba aparecía como una mujer indefensa en brazos de su vecino protector. Sería luego un bebé acogido por un gran hermano protector y, finalmente, un niño pequeño al que había que conducir de la mano.

De hecho, para España, la guerra de Cuba se había vuelto insostenible en lo económico y en lo militar cuando se produjo la explosión del Maine y sirvió de pretexto para la declaración de guerra de los Estados Unidos. Los mambises habían logrado la hazaña de invadir la isla de un extremo a otro. La presencia norteamericana se redujo al hundimiento de la flota al salir de la bahía de Santiago y al desembarco por Daiquirí bajo la protección de los cubanos.

Sin embargo, con este golpe, Cuba quedaba fuera del juego. Marginada del Tratado de París, desconocida como contendiente fundamental, no pudo siquiera reclamar de España la indemnización que le correspondía. El Gobierno interventor sustituyó al de la metrópoli, se disolvió el Ejército Libertador y se desplazó a Máximo Gómez. Todo listo para imponer la Enmienda Platt, reconocer el derecho de los Estados Unidos a intervenir en nuestros asuntos internos. Aún después de la abrogación de la Enmienda Platt, en 1934, permanecería hasta el presente la ocupación de la base naval de Guantánamo.

La excelente investigación de Louis A. Pérez relata una historia ejemplarizante. Sustentada en numerosas y pertinentes citas, acompañada de una muestra gráfica pone en evidencia el proceder mediante el cual el establishment construye un imaginario colectivo. Contribuye a entender el pasado. Pero, más aleccionadora aún ofrece claves para desmontar métodos que, con recursos inimaginables en el siglo XIX, intervienen en la actualidad. Persiste hoy la voluntad mesiánica para justificar intervenciones en cualquier sitio del planeta, validos con harta frecuencia de la amenaza a la seguridad de los Estados Unidos. La publicación del libro es un acierto editorial.

29
Marzo

La ultraderecha hostiga al presidente Barack Obama en América Latina y en el Medio Oriente. El inminente éxito del presidente norteamericano en la Cumbre de las Américas y en las negociaciones con Irán, dejan fuera de control a los sectores reaccionarios que realizan acciones desesperadas para obstaculizar el trabajo diplomático de la Casa Blanca en aras de la convivencia pacífica.

Mientras en América Latina y el mundo crece la solidaridad hacia el gobierno bolivariano de Venezuela y el llamado al presidente Obama a derogar la orden ejecutiva que cierra el diálogo con Venezuela, con los pronunciamientos del G-77 + China, grupo que conforman 134 países, más de las dos terceras partes de los miembros de las Naciones Unidas, y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la ultraderecha regional organiza una cruzada contrarrevolucionaria liderada por el escritor Mario Vargas Llosa, destacado representante del neoliberalismo y el fascismo criollo.

La campaña desestabilizadora está dirigida a obstaculizar una solución diplomática definitiva al conflicto venezolano de cara a la Cumbre de las Américas. Junto a Vargas Llosa aparecen el ex presidente español Felipe González, el ex presidente de Uruguay Jorge Batlle, el ex presidente de Colombia Andrés Pastrana, la uribista, Marta Lucía Ramírez, los españoles Pedro Schwartz y Antonio Escohotado, el chileno Arturo Fontaine, y los ex presidentes peruanos Alan García y Alejandro Toledo, así como la candidata presidencial Keiko Fujimori, todos notorios clientes del Instituto Republicano de la Fundación Nacional para la Democracia (NED).

Por su parte, en el Medio Oriente, tras el colapso del gobierno yemenita y el avance de los rebeldes, la monarquía de Arabia Saudita decidió unilateralmente intervenir militarmente en el conflicto con ataques aéreos contra los rebeldes chiítas, alegando “defender el legítimo gobierno” del presidente, Abdrabbuh Mansour Hadi, quien se encuentra refugiado en la capital saudita.

Yemen es un país árabe que comparte fronteras con Arabia Saudita y Omán, con larga data de conflictos internos herencia del colonialismo británico, cuenta con una posición estratégica al Sur de la península Arábica, al controlar el angosto estrecho de Bab el Mandeb, que separa el Océano Indico y el Mar Rojo en la ruta del Canal de Suez hacia el Mediterráneo, por donde navegan 20 mil barcos al año.

En el conflicto yemenita, intervienen los rebeldes chiítas, el sector sunita del presidente Hadi respaldado por Arabia Saudita, la sección de Al Qaeda de la península arábiga, considerada por EU como la rama más peligrosa de la organización terrorista, y una recién surgida filial yemenita del Ejército Islámico, EI.

La intervención militar saudita, se produce en medio de una reunión de la Liga Arabe en la localidad egipcia de Sharm el Sheij, con el fin de debatir la formación de una fuerza militar unificada de intervención rápida “para hacer frente a las amenazas de seguridad que afectan a las naciones árabes”.

No es secreto que en las crisis políticas el presidente Obama se caracteriza por dejar un espacio para una solución diplomática. El presidente ha demostrado que las tensiones con Rusia, China, Cuba o Irán, pueden pasar de alerta roja a estatus normal llegado el momento oportuno, algo inaceptable para la ultraderecha.

24
Marzo

En Washington, hubo chistosos que llamaron “Narco” Rubio al senador Marco Rubio por su amistad con el colombiano Álvaro Uribe. Pero la relación cada vez más fuerte del político de la Florida con el expresidente de Colombia se convirtió poco a poco en una alianza que ahora hace fruncir el ceño a más de un observador.

Es que Rubio y Uribe, además de ensañarse contra Venezuela y sus aliados, llevan episodios en su historial que les vinculan, de una manera u otra, al narcotráfico… lo que abre bien grande la puerta a delicadas conjeturas.

Hay un suceso de su vida familiar que marcó la adolescencia de Rubio de manera indeleble. Y del cual se niega a hablar. Hace un par de años, el programa televisivo Univisión Investiga se encargó de recordárselo.

Cuando tenía 16 años, la policía irrumpió en su universo, en el medio de la operación antinarcóticos más importante de 1987 en el sur de la Florida, para nada menos que arrestar a su hermana Bárbara y su esposo, Orlando Cicilia.

De acuerdo con documentos públicos revelados por Univisión, la fiscalía federal de Miami ordenó la confiscación de la casa de Bárbara por ser usada para “actividades criminales”. Por lo mismo, la otra propiedad de la pareja, en North Miami Beach, también fue objeto de una orden de incautación.

Y el cuñado Orlando terminó en la cárcel con una condena a 25 años por “conspiración para distribuir cocaína y marihuana”.

Horrible detalle: el grupo de narcotraficantes con el cual “trabajaba” la pareja – el del conocido traficante cubanoamericano Mario Tabraue – estuvo implicado en la muerte de un informante federal. El juicio de Tabraue contó con el testimonio de que había intentado desmembrar el cadáver del colaborador de la policía con un machete.

Tabraue era el capo de un multimillonario imperio de la cocaína de Miami. Su villa palaciega y despiadado sindicato de la droga han evocado comparaciones con la película estadounidense “Scarface”.

Orlando Cicilia salió en libertad en noviembre de 2000 por reducción de pena. Vive hoy en la propia casa de la madre de Rubio en Miami y figura en los registros como copropietario de esa residencia.

Tabraue fue condenado a 100 años de prisión pero resultó beneficiado con una reducción del 85 por ciento de la pena y hoy está libre.

No se asuste: tales “reducciones de penas” son comunes en el narco-universo de la Florida, el estado donde Marco Rubio prosperó, protegido de prominentes miembros de la mafia cubanoamericana. Esa jauría domina desde hace medio siglo la vida política no solo de Miami y de New Jersey sino también de Washington, donde sus más conocidos miembros (Bob Menéndez, Ileana Ros-Lehtinen) orientan a menudo la política exterior de la nación.

Cuando fue interrogado sobre las incidencias “narco” de su pasado, Rubio – que logró buscarse un escaño en el Senado de Estados Unidos – se negó a contestar. Según sus voceros, el tema no debe ser motivo de “escrutinio periodístico”.

En el Congreso, Rubio parece a prueba de balas. Ni las numerosas infracciones a las reglas de los fondos de campaña que cometió ni sus relaciones con su colega corrupto Rivera lograron descarrillar a este niño lindo de Ros-Lehtinen, verdadera bruja de esta selva política floridana.

Orlando Cicilia, el narco cuñado, se había casado en 1980 con Bárbara Rubio en Nevada, donde vivían los padres del senador. Mario, el padre de Marco Rubio – emigrado de Cuba en los años 50 – trabajaba de barman en Las Vegas y Oria, su madre, era mucama del Imperial Palace, cuando decidieron mudarse a Miami, una ciudad plagada por el narcotráfico.

Algo muy lejano a la leyenda de “víctima del régimen castrista” que Rubio intentó fabricarse durante años cuando vivía de la retórica anticubana, un negocio que entonces prosperaba en la Miami de los nostálgicos de la dictadura de Fulgencio Batista.

 

Uribe, socio de Pablo Escobar

 

“En los años 90 Álvaro Uribe Vélez y Pablo Escobar Gaviria eran amigos cercanos y socios comerciales”, recuerdan los investigadores colombianos Norberto Emmerich y Joanna Rubio. Pero “mientras Escobar murió en un enfrentamiento policíaco en 1993, Uribe se convirtió en presidente de Colombia”.

También es oriundo de Antioquia el senador Álvaro Uribe Vélez, cuyo padre, Alberto Uribe Sierra, era un reconocido narcotraficante, quien les otorgó licencia a muchos de los pilotos de los narcos, cuando fue director de Aerocivil, recuerdan los dos expertos.

Alberto Uribe estuvo detenido en una ocasión para ser extraditado, pero Jesús Aristizabal Guevara, entonces secretario de Gobierno de Medellín, logro que lo pusieran en libertad. Al entierro de Uribe Sierra, asesinado cerca de su finca en Antioquía, asistió el entonces presidente de la República, Belisario Betancur, y buena parte de la crema y nata de la sociedad antioqueña – en medio de veladas protestas de quienes conocían sus vínculos con la cocaína.

Alberto Uribe Sierra poseía la ganadería brava “La Carolina”, que heredó su hijo, el senador por Antioquía Álvaro Uribe Vélez.

“Es claro que hablar de Uribe es hablar de poder y de narcotráfico”, expresan Emmerich y Joanna Rubio Pero, en su análisis del caso publicado bajo el título “Álvaro Uribe: el verdadero patrón del mal”.

Según la investigación, Uribe aplicó en Colombia lo que aprendió en un curso de resolución de conflictos en una escuela afiliada a la Universidad de Harvard y terminó pactando con el líder paramilitar Carlos Castaño gran socio y protector del narcotraficante Orlando Henao, que estaba presente en todo el nordeste del país hasta la frontera con el Ecuador.

En su libro “Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado”, el periodista y escritor colombiano, residente en París, Hernando Calvo Ospina, recuerda – entre otros muchos detalles reveladores – cómo el 30 de julio del 2004 la Presidencia de Colombia rechazó públicamente un documento desclasificado de la Defense Intelligence Agency, DIA, uno de los servicios de seguridad más secretos y poderosos de Estados Unidos.

Señala Calvo Ospina: El informe dice en su aparte: “Álvaro Uribe Vélez, político y senador colombiano, colabora con el cartel de Medellín desde altos cargos en el gobierno. Uribe estuvo implicado en actividades de narcotráfico en Estados Unidos. Asesinaron a su padre en Colombia por conexiones con el tráfico de narcóticos. Uribe ha trabajado para el cartel de Medellín y es amigo personal de Pablo Escobar Gaviria…”

El comunicado de la Presidencia no da ningún argumento que desmienta con severidad tan grave señalamiento, precisa el investigador que comenta: “Lo llamativo es que contra muchos de los numerosos narcotraficantes que se encuentran ahí descritos sí se utilizó esa información en investigaciones y juicios”.

 

De Miami a Bogotá, intereses comunes

 

A principios de noviembre último, el senador por la Florida, Marco Rubio – “quien suena como pre candidato a la presidencia de los Estados Unidos”, comenta la prensa de Bogotá – realiza una visita en Colombia durante dos días. La noche de su primer día en el país, se reúne con Uribe y su gente, en un salón discreto de un bar exclusivo de la capital.

Rubio viaja hasta Colombia en calidad de miembro del Comité de Inteligencia del Senado y el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, para tratar temas de interés.

El encuentro entre los dos políticos es de socios y fraternizan sin protocolo. Según lo poco publicado de la “amena” conversación, Uribe critica duramente los diálogos de paz con las FARC, frente a lo cual el senador Rubio le expresa “toda la solidaridad y preocupación”.

El diálogo fraternal seguirá en febrero 2015 cuando Uribe realiza una gira por Estados Unidos en la que se entrevista con congresistas “para expresar sus objeciones al proceso de paz, entre otros asuntos”.

Reportó El Colombiano: “Aunque los integrantes del CD (el partido de Uribe), “por respeto”, no revelaron los nombres de los congresistas con los que se entrevistaron, en redes se supo que estuvieron con el senador republicano Marco Rubio, los representantes republicanos, Ileana Ros-Lehtinen, Mario Diaz-Balart, y el demócrata Henry Cuéllar”.

Tremenda discreción: en los reportes de ambas reuniones, la de Bogotá y la de Washington, ni se menciona a Venezuela, tema al cual los dos políticos consagran gran parte de su tiempo, denunciando con vehemencia a la Revolución bolivariana y conspirando con sus peores elementos.

Mucho menos discreto era Álvaro Uribe cuando se dejaba fotografiar con el líder terrorista venezolano Lorent Gómez Saleth, poco antes de su captura y de su entrega por parte del Gobierno de Colombia a Venezuela.

Tampoco brilló por su discreción Rubio, en Miami, conspirando alegremente con prófugos venezolanos reclamados por la Justicia de la nación de Bolívar.

Entre Rubio y Uribe, la afinidad es total sobre una larga lista de temas, como: Venezuela y sus líderes revolucionarios, Cuba y su socialismo, la presencia militar norteamericana en Colombia, las negociaciones con la guerrilla, etcétera.

¿Por qué no lo sería en otras esferas, las que nunca se mencionan a voz alta?, se preguntan investigadores. Piensa mal y acertarás, contestan algunos, citando el refrán.

El debate que se abre al acercarse las primarias donde se definirán los candidatos a la presidencia de Estados Unidos bien pudiera obligar a Marco Rubio a abandonar su acostumbrada demagogia para hablar –por fin- de estos temas que hasta ahora no fueron “motivo de escrutinio”.