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29
Marzo

La ultraderecha hostiga al presidente Barack Obama en América Latina y en el Medio Oriente. El inminente éxito del presidente norteamericano en la Cumbre de las Américas y en las negociaciones con Irán, dejan fuera de control a los sectores reaccionarios que realizan acciones desesperadas para obstaculizar el trabajo diplomático de la Casa Blanca en aras de la convivencia pacífica.

Mientras en América Latina y el mundo crece la solidaridad hacia el gobierno bolivariano de Venezuela y el llamado al presidente Obama a derogar la orden ejecutiva que cierra el diálogo con Venezuela, con los pronunciamientos del G-77 + China, grupo que conforman 134 países, más de las dos terceras partes de los miembros de las Naciones Unidas, y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la ultraderecha regional organiza una cruzada contrarrevolucionaria liderada por el escritor Mario Vargas Llosa, destacado representante del neoliberalismo y el fascismo criollo.

La campaña desestabilizadora está dirigida a obstaculizar una solución diplomática definitiva al conflicto venezolano de cara a la Cumbre de las Américas. Junto a Vargas Llosa aparecen el ex presidente español Felipe González, el ex presidente de Uruguay Jorge Batlle, el ex presidente de Colombia Andrés Pastrana, la uribista, Marta Lucía Ramírez, los españoles Pedro Schwartz y Antonio Escohotado, el chileno Arturo Fontaine, y los ex presidentes peruanos Alan García y Alejandro Toledo, así como la candidata presidencial Keiko Fujimori, todos notorios clientes del Instituto Republicano de la Fundación Nacional para la Democracia (NED).

Por su parte, en el Medio Oriente, tras el colapso del gobierno yemenita y el avance de los rebeldes, la monarquía de Arabia Saudita decidió unilateralmente intervenir militarmente en el conflicto con ataques aéreos contra los rebeldes chiítas, alegando “defender el legítimo gobierno” del presidente, Abdrabbuh Mansour Hadi, quien se encuentra refugiado en la capital saudita.

Yemen es un país árabe que comparte fronteras con Arabia Saudita y Omán, con larga data de conflictos internos herencia del colonialismo británico, cuenta con una posición estratégica al Sur de la península Arábica, al controlar el angosto estrecho de Bab el Mandeb, que separa el Océano Indico y el Mar Rojo en la ruta del Canal de Suez hacia el Mediterráneo, por donde navegan 20 mil barcos al año.

En el conflicto yemenita, intervienen los rebeldes chiítas, el sector sunita del presidente Hadi respaldado por Arabia Saudita, la sección de Al Qaeda de la península arábiga, considerada por EU como la rama más peligrosa de la organización terrorista, y una recién surgida filial yemenita del Ejército Islámico, EI.

La intervención militar saudita, se produce en medio de una reunión de la Liga Arabe en la localidad egipcia de Sharm el Sheij, con el fin de debatir la formación de una fuerza militar unificada de intervención rápida “para hacer frente a las amenazas de seguridad que afectan a las naciones árabes”.

No es secreto que en las crisis políticas el presidente Obama se caracteriza por dejar un espacio para una solución diplomática. El presidente ha demostrado que las tensiones con Rusia, China, Cuba o Irán, pueden pasar de alerta roja a estatus normal llegado el momento oportuno, algo inaceptable para la ultraderecha.

24
Marzo

En Washington, hubo chistosos que llamaron “Narco” Rubio al senador Marco Rubio por su amistad con el colombiano Álvaro Uribe. Pero la relación cada vez más fuerte del político de la Florida con el expresidente de Colombia se convirtió poco a poco en una alianza que ahora hace fruncir el ceño a más de un observador.

Es que Rubio y Uribe, además de ensañarse contra Venezuela y sus aliados, llevan episodios en su historial que les vinculan, de una manera u otra, al narcotráfico… lo que abre bien grande la puerta a delicadas conjeturas.

Hay un suceso de su vida familiar que marcó la adolescencia de Rubio de manera indeleble. Y del cual se niega a hablar. Hace un par de años, el programa televisivo Univisión Investiga se encargó de recordárselo.

Cuando tenía 16 años, la policía irrumpió en su universo, en el medio de la operación antinarcóticos más importante de 1987 en el sur de la Florida, para nada menos que arrestar a su hermana Bárbara y su esposo, Orlando Cicilia.

De acuerdo con documentos públicos revelados por Univisión, la fiscalía federal de Miami ordenó la confiscación de la casa de Bárbara por ser usada para “actividades criminales”. Por lo mismo, la otra propiedad de la pareja, en North Miami Beach, también fue objeto de una orden de incautación.

Y el cuñado Orlando terminó en la cárcel con una condena a 25 años por “conspiración para distribuir cocaína y marihuana”.

Horrible detalle: el grupo de narcotraficantes con el cual “trabajaba” la pareja – el del conocido traficante cubanoamericano Mario Tabraue – estuvo implicado en la muerte de un informante federal. El juicio de Tabraue contó con el testimonio de que había intentado desmembrar el cadáver del colaborador de la policía con un machete.

Tabraue era el capo de un multimillonario imperio de la cocaína de Miami. Su villa palaciega y despiadado sindicato de la droga han evocado comparaciones con la película estadounidense “Scarface”.

Orlando Cicilia salió en libertad en noviembre de 2000 por reducción de pena. Vive hoy en la propia casa de la madre de Rubio en Miami y figura en los registros como copropietario de esa residencia.

Tabraue fue condenado a 100 años de prisión pero resultó beneficiado con una reducción del 85 por ciento de la pena y hoy está libre.

No se asuste: tales “reducciones de penas” son comunes en el narco-universo de la Florida, el estado donde Marco Rubio prosperó, protegido de prominentes miembros de la mafia cubanoamericana. Esa jauría domina desde hace medio siglo la vida política no solo de Miami y de New Jersey sino también de Washington, donde sus más conocidos miembros (Bob Menéndez, Ileana Ros-Lehtinen) orientan a menudo la política exterior de la nación.

Cuando fue interrogado sobre las incidencias “narco” de su pasado, Rubio – que logró buscarse un escaño en el Senado de Estados Unidos – se negó a contestar. Según sus voceros, el tema no debe ser motivo de “escrutinio periodístico”.

En el Congreso, Rubio parece a prueba de balas. Ni las numerosas infracciones a las reglas de los fondos de campaña que cometió ni sus relaciones con su colega corrupto Rivera lograron descarrillar a este niño lindo de Ros-Lehtinen, verdadera bruja de esta selva política floridana.

Orlando Cicilia, el narco cuñado, se había casado en 1980 con Bárbara Rubio en Nevada, donde vivían los padres del senador. Mario, el padre de Marco Rubio – emigrado de Cuba en los años 50 – trabajaba de barman en Las Vegas y Oria, su madre, era mucama del Imperial Palace, cuando decidieron mudarse a Miami, una ciudad plagada por el narcotráfico.

Algo muy lejano a la leyenda de “víctima del régimen castrista” que Rubio intentó fabricarse durante años cuando vivía de la retórica anticubana, un negocio que entonces prosperaba en la Miami de los nostálgicos de la dictadura de Fulgencio Batista.

 

Uribe, socio de Pablo Escobar

 

“En los años 90 Álvaro Uribe Vélez y Pablo Escobar Gaviria eran amigos cercanos y socios comerciales”, recuerdan los investigadores colombianos Norberto Emmerich y Joanna Rubio. Pero “mientras Escobar murió en un enfrentamiento policíaco en 1993, Uribe se convirtió en presidente de Colombia”.

También es oriundo de Antioquia el senador Álvaro Uribe Vélez, cuyo padre, Alberto Uribe Sierra, era un reconocido narcotraficante, quien les otorgó licencia a muchos de los pilotos de los narcos, cuando fue director de Aerocivil, recuerdan los dos expertos.

Alberto Uribe estuvo detenido en una ocasión para ser extraditado, pero Jesús Aristizabal Guevara, entonces secretario de Gobierno de Medellín, logro que lo pusieran en libertad. Al entierro de Uribe Sierra, asesinado cerca de su finca en Antioquía, asistió el entonces presidente de la República, Belisario Betancur, y buena parte de la crema y nata de la sociedad antioqueña – en medio de veladas protestas de quienes conocían sus vínculos con la cocaína.

Alberto Uribe Sierra poseía la ganadería brava “La Carolina”, que heredó su hijo, el senador por Antioquía Álvaro Uribe Vélez.

“Es claro que hablar de Uribe es hablar de poder y de narcotráfico”, expresan Emmerich y Joanna Rubio Pero, en su análisis del caso publicado bajo el título “Álvaro Uribe: el verdadero patrón del mal”.

Según la investigación, Uribe aplicó en Colombia lo que aprendió en un curso de resolución de conflictos en una escuela afiliada a la Universidad de Harvard y terminó pactando con el líder paramilitar Carlos Castaño gran socio y protector del narcotraficante Orlando Henao, que estaba presente en todo el nordeste del país hasta la frontera con el Ecuador.

En su libro “Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado”, el periodista y escritor colombiano, residente en París, Hernando Calvo Ospina, recuerda – entre otros muchos detalles reveladores – cómo el 30 de julio del 2004 la Presidencia de Colombia rechazó públicamente un documento desclasificado de la Defense Intelligence Agency, DIA, uno de los servicios de seguridad más secretos y poderosos de Estados Unidos.

Señala Calvo Ospina: El informe dice en su aparte: “Álvaro Uribe Vélez, político y senador colombiano, colabora con el cartel de Medellín desde altos cargos en el gobierno. Uribe estuvo implicado en actividades de narcotráfico en Estados Unidos. Asesinaron a su padre en Colombia por conexiones con el tráfico de narcóticos. Uribe ha trabajado para el cartel de Medellín y es amigo personal de Pablo Escobar Gaviria…”

El comunicado de la Presidencia no da ningún argumento que desmienta con severidad tan grave señalamiento, precisa el investigador que comenta: “Lo llamativo es que contra muchos de los numerosos narcotraficantes que se encuentran ahí descritos sí se utilizó esa información en investigaciones y juicios”.

 

De Miami a Bogotá, intereses comunes

 

A principios de noviembre último, el senador por la Florida, Marco Rubio – “quien suena como pre candidato a la presidencia de los Estados Unidos”, comenta la prensa de Bogotá – realiza una visita en Colombia durante dos días. La noche de su primer día en el país, se reúne con Uribe y su gente, en un salón discreto de un bar exclusivo de la capital.

Rubio viaja hasta Colombia en calidad de miembro del Comité de Inteligencia del Senado y el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, para tratar temas de interés.

El encuentro entre los dos políticos es de socios y fraternizan sin protocolo. Según lo poco publicado de la “amena” conversación, Uribe critica duramente los diálogos de paz con las FARC, frente a lo cual el senador Rubio le expresa “toda la solidaridad y preocupación”.

El diálogo fraternal seguirá en febrero 2015 cuando Uribe realiza una gira por Estados Unidos en la que se entrevista con congresistas “para expresar sus objeciones al proceso de paz, entre otros asuntos”.

Reportó El Colombiano: “Aunque los integrantes del CD (el partido de Uribe), “por respeto”, no revelaron los nombres de los congresistas con los que se entrevistaron, en redes se supo que estuvieron con el senador republicano Marco Rubio, los representantes republicanos, Ileana Ros-Lehtinen, Mario Diaz-Balart, y el demócrata Henry Cuéllar”.

Tremenda discreción: en los reportes de ambas reuniones, la de Bogotá y la de Washington, ni se menciona a Venezuela, tema al cual los dos políticos consagran gran parte de su tiempo, denunciando con vehemencia a la Revolución bolivariana y conspirando con sus peores elementos.

Mucho menos discreto era Álvaro Uribe cuando se dejaba fotografiar con el líder terrorista venezolano Lorent Gómez Saleth, poco antes de su captura y de su entrega por parte del Gobierno de Colombia a Venezuela.

Tampoco brilló por su discreción Rubio, en Miami, conspirando alegremente con prófugos venezolanos reclamados por la Justicia de la nación de Bolívar.

Entre Rubio y Uribe, la afinidad es total sobre una larga lista de temas, como: Venezuela y sus líderes revolucionarios, Cuba y su socialismo, la presencia militar norteamericana en Colombia, las negociaciones con la guerrilla, etcétera.

¿Por qué no lo sería en otras esferas, las que nunca se mencionan a voz alta?, se preguntan investigadores. Piensa mal y acertarás, contestan algunos, citando el refrán.

El debate que se abre al acercarse las primarias donde se definirán los candidatos a la presidencia de Estados Unidos bien pudiera obligar a Marco Rubio a abandonar su acostumbrada demagogia para hablar –por fin- de estos temas que hasta ahora no fueron “motivo de escrutinio”.

20
Marzo

El unánime rechazo a la orden ejecutiva del presidente Obama contra Venezuela de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba) evidencia el grave error de cálculo de la Casa Blanca al adoptar esta “agresiva, arbitraria e infundada” decisión.

Así la calificó el presidente cubano Raúl Castro en su discurso ante la cumbre extraordinaria del Alba celebrada en Caracas el 17 de marzo, tres días después de la reunión de cancilleres de Unasur.

Ambas agrupaciones pidieron a Obama en términos inequívocos la derogación de su orden ejecutiva, una manifestación de rechazo explícito sin precedente de gran parte de América Latina y el Caribe (ALC) a una agresión de Washington contra la región. A este respecto, el trascendental discurso del mandatario cubano contextualizó diáfanamente el momento que viven ALC: “Hoy Venezuela no está sola, ni nuestra región es la misma de hace 20 años. No toleraremos que se vulnere la soberanía o se quebrante impunemente la paz en la región.

Como hemos afirmado, las amenazas contra la paz y la estabilidad en Venezuela representan también amenazas contra la estabilidad y la paz regionales”.

Si alguien pensaba que Cuba, por haber iniciado el camino hacia el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos iba a callar ante un atropello como el que se está llevando a cabo contra la hermana Venezuela o a arriar una sola de sus banderas se equivocó. He aquí la posición de la isla revolucionaria, de nuevo en boca de Raúl: “Estados Unidos debería entender de una vez que es imposible seducir o comprar a Cuba ni intimidar a Venezuela. Nuestra unidad es indestructible.

Tampoco cederemos ni un ápice en la defensa de la soberanía e independencia, ni toleraremos ningún tipo de injerencia, ni condicionamiento en nuestros asuntos internos. No cejaremos en la defensa de las causas justas en Nuestra América y en el mundo, ni dejaremos nunca solos a nuestros hermanos de lucha. Hemos venido aquí a cerrar filas con Venezuela y con el ALBA y a ratificar que los principios no son negociables”.

Esta es la Cuba digna de siempre, con la que Obama tendrá que lidiar dentro de unos días en la persona de Raúl Castro cuando ambos se encuentren frente a frente en la Cumbre de las Américas de Panamá. Fue una decisión inteligente del mandatario estadunidense iniciar el proceso hacia el restablecimiento de relaciones con Cuba y flexibilizar ligeramente el bloqueo ante la proximidad de la cumbre pues la participación de La Habana y el levantamiento de la medida de fuerza había sido un clamor general en la anterior cita de Cartagena. Allí el rechazo a la política de Estados Unidos fue tal que no hubo siquiera declaración final.

Esa decisión le habría permitido a Obama no llegar a la reunión de presidentes con las manos vacías después de dos mandatos en que América Latina y el Caribe no vieron por ninguna parte el “nuevo comienzo” en su política hacia la región, que prometió acabado de llegar a la presidencia, en la cumbre de Trinidad y Tobago. Pero pensar que podía llevarse a cabo el acercamiento a Cuba afirmando constantemente que lo que cambia son sus procedimientos pero no su objetivo –desestabilizador se entiende-, agredir a la vez a Venezuela y desestabilizar a Argentina y Brasil sin que la isla levantara su voz solidaria y condenara al imperialismo por su nombre era no conocer de qué madera está hecha la dirección revolucionaria cubana.

El error cometido por la Casa Blanca colocará al presidente de Estados Unidos en una posición muy complicada en la cumbre. No solo todo hace pensar que no habrá logrado para entonces restablecer relaciones con Cuba ni abrir una embajada en La Habana como es su cara aspiración. Tendrá además que escuchar una lluvia de censuras por su actitud intervencionista y antidemocrática en Venezuela, donde Washington es el jefe de la contrarrevolución y llega al colmo de asignar partidas presupuestarias a la oposición golpista.

Si Estados Unidos tuviera por una vez la humildad de admitir su arrogancia y los errores a que lo conduce puede perfectamente solucionar el diferendo con Venezuela mediante el diálogo. Pese a la gravedad de la agresión en marcha el presidente Nicolás Maduro le ha tendido la mano para solucionar las diferencias mediante el diálogo.

17
Marzo

La consecuencia del desafío a la ley de gravedad social, no solo se expresa en Venezuela, sino también en Brasil. En el primer caso al impulsar una revolución por vía democrática. En el segundo, al aplicar un ambicioso programa de reformas sociales dentro de una economía neoliberal.

Mientras en Venezuela la oposición acorrala al gobierno revolucionario reduciendo el espacio de legalidad constitucional, en Brasil aparece un nuevo fenómeno social, con un intento de la “sociedad civil” de sustituir al partido de oposición.

El pasado domingo más de un millón de personas se manifestaron en todo Brasil, en protestas por el escándalo de corrupción de la empresa Petrobras, que involucra a empresas constructoras brasileñas acusadas de repartirse las obras de la empresa estatal, y a más de 50 políticos, en su mayoría congresistas, que habrían recibido sobornos para favorecer los privilegiados contratos.

Las manifestaciones responsabilizan al gobierno por la corrupción, por ser el principal accionista de Petrobas, y a la presidenta socialista, Dilma Rousseff, que fuera anteriormente ministra de Energías.

Las protestas fueron convocadas por un mosaico de grupos sociales de tendencia anti-partidos a través de Facebook y Whatsapp, repitiendo la metodología de la “primavera árabe”, entre los que se encuentran, Vem para Rua (Ven a la calle), Movimiento Brasil Libre (MBL), Revoltados Online (Enojados Online) y el Grupo Pro-militar. Sus consignas van desde la renuncia de la presidenta Rousseff hasta el regreso a la dictadura.

Mientras tanto, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), principal opositor, liderado por el ex candidato presidencial Aécio Neves, y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, ambos representantes de la economía neoliberal, se han mantenido al margen de las manifestaciones, sacando partido al desgaste de la presidenta y del Partido de los Trabajadores (PT).

Al comienzo del segundo mandato de Rousseff iniciado en octubre del pasado año, el novedoso “pacto social” que impulsa el PT desde la elección presidencial de Luiz Inácio Lula de Silva en octubre de 2002, comenzó a dar las primeras señales de su condición antinatura. A pesar de las denuncias de corrupción en Petrobas, Rousseff postergó más de un mes aceptar la renuncia de su presidenta, Graca Foster, así como el anuncio de un paquete de medidas anticorrupción prometido.

La invitación de Rousseff a la oposición para construir un “puente” en su segundo mandato, no se concretó y se ha criticado su torpeza en las relaciones políticas incluyendo a sus aliados, que ha ocasionado reveces a la presidenta en las votaciones del Congreso, contribuyendo al aislamiento político.

A pesar de su firme posición de campaña contra una “política de choque”, Rousseff se ha visto obligada a realizar un ajuste económico en medio de una creciente inflación y devaluación de la moneda brasileña, situación que ha causado la reducción del apoyo popular.

Entre las exigencias de los manifestantes del pasado domingo, se destaca la petición de un juicio político contra la presidenta que podría llevar a su destitución por el Congreso, lo que sugiere una versión brasilera de los golpes de Estado “constitucionales” aplicados por la ultraderecha en Honduras y Paraguay, y que desde hace meses intentan infructuosamente en Venezuela. Sin embargo para ello, sería necesaria la existencia de pruebas directas de corrupción contra Rousseff.