Lo Más Leído

05
Abril

La contundente declaración que ha realizado el secretario general de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), el ex presidente colombiano Ernesto Samper, reclamando el cese de las bases militares extranjeras instaladas en países de América Latina y el Caribe causó, como era de esperar, el consiguiente impacto regional e internacional.

La instalación de bases militares, aéreas o navales por parte de Estados Unidos en los territorios que siempre consideraron como su “patio trasero”, así como las pertenecientes a otras ex metrópolis coloniales europeas que hoy las conservan bajo el mando de la OTAN, constituyen una larga historia que tuvo su clímax durante los años de la llamada “guerra fría”.

El manido pretexto de la “amenaza extra continental chino-soviética”, sirvió a los gobiernos estadounidenses con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial para incrementar su presencia y ejercicios militares, de una u otra forma, prácticamente en todos los países de Nuestra América, logrando numerosos acuerdos bilaterales de defensa y en 1947 articular el titulado Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que codificó el compromiso militar de la región con Estados Unidos, bajo su hegemonía y control.

El triunfo de la Revolución Cubana aterrorizó a los yanquis, convirtiendo al TIAR en instrumento idóneo para golpes de estado, conspiraciones y conjuras siniestras, en el vano afán de aplastarla y restituir el dominio imperialista sobre Cuba, evita el contagio de soberanía y dignidad hacia los países de la Patria Grande.

La guerra de las Malvinas, en 1982, dio el puntillazo al funesto TIAR, cuando la administración Reagan traicionó descaradamente el supuesto compromiso con América Latina y apoyó con todos los medios la acción militar británica contra Argentina, poniendo fin al mito de la “amenaza chino-soviética” y desnudando los verdaderos propósitos del pacto imperial.

El cambio de época experimentado por América Latina y el Caribe a partir de la Revolución Bolivariana de Venezuela marcó los funerales del TIAR. Cada vez son más los gobiernos de la región que se pronuncian acerca de su anacronismo y se niegan a servir de comparsa al Imperio.

El reciente pronunciamiento del secretario general de UNASUR planteando la necesidad de poner fin a la instalación de bases militares extranjeras, la inmensa mayoría de Estados Unidos, resulta, además, consistente y coherente con la proclamación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, según aprobaran unánimemente los países integrantes de la CELAC.

El carácter de Zona de Paz que ha alcanzado Nuestra América estará siempre en peligro mientras Estados Unidos, un país en constantes conflictos y agresiones armadas, tenga bases militares en nuestros países y disponga de ellas a su antojo.

02
Abril

Un 2 de abril, pero hace 33 años, inició el conflicto bélico por la soberanía de las Islas Malvinas, que tuvo su punto de partida el 3 de enero de 1833, cuando el Reino Unido ocupó ilegalmente ese territorio y desalojó a las autoridades argentinas impidiendo su regreso.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1960 calificó la ocupación como un caso colonial especial e instó a Gran Bretaña a poner fin al colonialismo.

Por su parte, en 1977 Gran Bretaña decide no concertar por la soberanía y organiza la “defensa” de las islas. A partir de 1981, el Gobierno de Argentina emite varias propuestas para negociar el tema de la soberanía, pero Gran Bretaña no accede.

Inicio del conflicto bélico Los constantes desacuerdos entre Argentina y Gran Bretaña dan origen a un conflicto armado que inició el 2 de abril de 1982 cuando las fuerzas argentinas desembarcaron en las islas durante 74 días. No obstante, el 14 de junio de ese año los ingleses volvieron a usurpar las islas.

Esta ocupación justificó la instalación de una base de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el Atlántico Sur. A finales de 1998, la cancillería argentina pidió a las Naciones Unidas participar como mediador entre Londres y Buenos Aires.

Desde entonces Argentina ha buscado por medios pacíficos recuperar las islas tomando en consideración los principios del Derecho Internacional.

Pese a la permanente voluntad de diálogo por parte del Gobierno argentino, el Reino Unido no ha tomado en cuenta el llamado de la comunidad internacional para reanudar las negociaciones de la soberanía.

Pese a la permanente voluntad de diálogo por parte del Gobierno argentino, el Reino Unido no ha tomado en cuenta el llamado de la comunidad internacional para reanudar las negociaciones de la soberanía.

 

Acciones actuales

 

Recientemente, la presidenta argentina, Cristina Fernández, aseguró que el Gobierno británico utiliza las Malvinas para justificar su inversión en gastos militares. En un comunicado, la mandataria señaló que rechaza categóricamente que Argentina sea una amenaza para las Malvinas.

Por su parte, el canciller argentino, Héctor Timerman, calificó como una provocación la decisión de Gran Bretaña de reforzar militarmente las Islas Malvinas y aseguró que el Gobierno de ese país apuesta por el diálogo y al derecho internacional.

En ese momento también señaló que presentará la denuncia ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas para “seguir demostrando que América Latina y el Caribe han decidido ser una zona de paz”. "Argentina no tiene hipótesis de conflicto con ningún país del mundo mientras que Gran Bretaña está continuamente en estado de guerra en algún lugar del mundo", enfatizó Timerman.

En noviembre pasado, el Gobierno argentino rechazó las maniobras militares que Gran Bretaña realiza en las Malvinas y afirmó que el lugar debe ser una zona de paz.

 

El dato

 

El conflicto bélico duró 74 días de los cuales durante 33 días hubo combates; 654 argentinos perdieron la vida. La mayor parte de las bajas argentinas ocurrieron por acción de la artillería británica y el cañoneo naval.

Treinta y tres países apoyan el reclamo argentino. Entre tanto, la Unión de las Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el Mercado Común del Sur (Mercosur)  también han sumado su voz de apoyo. 

31
Marzo

¿Cómo es posible que alguien a quien le diagnosticaron tendencias suicidas sea contratado como piloto comercial, encargado de la vida de cientos de personas?

Una semana después de la catástrofe del A320 de Germanwings en los Alpes franceses, los investigadores en Alemania revelaron que el joven copiloto Andreas Lubitz, acusado de haber estrellado deliberadamente el avión, había seguido un tratamiento psiquiátrico en el pasado para afrontar tendencias suicidas.

Las revelaciones sobre la personalidad del copiloto de 27 años, acusado de haber estrellado deliberadamente el avión contra la montaña, se suceden desde el jueves.

Según varios medios de información, el hombre sufría trastornos psiquiátricos y estaba preocupado por las consecuencias para su carrera de esos problemas.

Si bien no se ha revelado el motivo de sus bajas laborales, la justicia explicó que “el copiloto no sufría ninguna enfermedad orgánica”, y que nada en su entorno familiar, amistoso o profesional podría dar pistas sobre sus motivaciones.

La policía no ha encontrado ninguna carta que explique lo sucedido o que reivindique la acción.

Estas son las primeras revelaciones que hacen los investigadores alemanes sobre la salud mental del joven, que trabajaba desde 2013 como copiloto en Germanwings, una filial de Lufthansa.

La Fiscalía de Düsseldorf había informado el viernes que se habían encontrado rotas bajas médicas en la casa del joven piloto, que lo habrían incapacitado para trabajar el día del accidente.

El perfil que se proyecta desde su entorno, es el de un adulto joven, deportivo y muy competente, pero que sufría problemas psiquiátricos, aunque la semana pasada Lufthansa aseguró que estaba en plenas condiciones para pilotar.

Tras las revelaciones sobre las causas de la catástrofe, numerosas compañías aéreas adoptaron la regla de presencia obligatoria de dos personas en la cabina de pilotaje.

La Clínica Universitaria de Düsseldorf, a la que acudió en los últimos dos meses el copiloto Andreas Lubitz para solicitar un diagnóstico, entregó hoy su historial médico a la Fiscalía de la ciudad, encargada de investigar qué pudo llevar al joven a estrellar el pasado martes el avión de Germanwings.

“La Oficina Federal Alemana de Aviación no es directamente responsable de la evaluación médica sobre la aptitud de los pilotos para volar”, dijo Cornelia Cramer, portavoz de la agencia, la cual está a cargo de otorgar licencias de piloto.

 

Lubitz se enmascaró

 

El director de la Asociación Alemana de Profesionales Médicos de Aviación, la organización que representa a los médicos que determinan la aptitud física de los pilotos para volar, dijo que una evaluación estándar no habría sido capaz de determinar si un piloto sufre de una enfermedad mental grave.

Todos los pilotos deben someterse a controles médicos periódicos que incluyen una evaluación psicológica superficial, según el doctor Hans-WernerTeichmueller, jefe de la agencia.

Ese tipo de pruebas, sin embargo, se basan en pacientes que son honestos con sus médicos. Dijo que una persona con inestabilidad mental grave habría sido capaz de ponerse una “máscara” en la investigación.

“No se puede ver nada más allá de la cara”, dijo Teichmueller. “Hemos desarrollado un sistema muy refinado en Europa y la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que este sistema es óptimo. Aun si añadiéramos más pruebas psicológicas o modificáramos la forma en que evaluamos, no podríamos evitar una situación como esta”, agregó.

A su vuelta tras una reunión con homólogos alemanes el lunes, el investigador de la policía judicial Jean-Pierre Michel dijo a que las autoridades quieren descubrir “qué podría haber desestabilizado a Andreas Lubitz o llearlo a cometer tal acto”.

“Haber levado a cabo semejante acto es algo claramente psicológico”, dijo Michel.

Las autoridades intentan entender qué hizo que Lubitz impidiese la entrada del capitán a la cabina y desatendiera sus llamados para abrir la puerta ante de ordenar manualmente el descenso del avión en lo que tendría que haber sido un vuelo rutinario.

Para ello, están hablando con quienes lo conocían y trabajaron con él, como compañeros de trabajo, sus empleadores y sus médicos.

Brice Robin, fiscal estatal en la ciudad francesa de Marsella, dijo que ninguno de los cuerpos recuperados hasta el momento había sido identificado, negando así los reportes de medios hermanos de que se habían hallado restos de Lubitz.

Las pruebas al cuerpo del copiloto pueden proporcionar pistas sobre cualquier tratamiento médico que estuviese recibiendo.

29
Marzo

El concepto de imaginario colectivo se ha generalizado en una etapa relativamente reciente. Se refiere a la visión popular acerca de algunos temas importantes, entre ellos a cómo nos vemos y cómo valoramos otras naciones. En el caso de Cuba, la sicóloga Carolina de la Torre indagó acerca de este tema en el contexto de una investigación más amplia sobre nuestra identidad cultural. Apreciaba entonces nuestro alto grado de autoestima considerando sobre todo el desarrollo educacional del país y cierta inteligencia natural matizada quizá por el tradicional componente de bichería. Mucho debía, a mi entender, ese autorreconocimiento optimista a la obra de la Revolución y al desempeño de su proyección internacional, en contraste con la imagen que nos habíamos formado a causa de la profunda decepción provocada por la intervención norteamericana, la imposición de la Enmienda Platt con sus derivados, el fatalismo geográfico y la dependencia política y económica.

La representación popular encarnaba en el Liborio de Torriente con su tristeza guajira, difundido en las páginas de La Política Cómica, aun más empequeñecido después, al adquirir el sobrenombre de Liborito.

La Editorial Ciencias Sociales ha publicado un enjundioso y revelador libro del historiador y catedrático de la Universidad de Carolina Louis A. Pérez. Cuba en el imaginario de los Estados Unidos es el resultado de un riguroso estudio revelador según el cual, desde la independencia de las trece colonias comenzó a fabricarse una construcción cultural conducente a forjar una imagen compartida de los Estado Unidos y de los restantes países. Al respecto, el autor se centra en el caso cubano. El análisis apuntala la imparable interdependencia entre la visión del destino propio y el de la isla. El imaginario colectivo norteamericano empezó a construirse a poco de la independencia de las trece colonias. Los discursos de los presidentes, congresistas, secretarios de Estado, los artículos de prensa, algunas obras literarias, espectáculos e imágenes simbólicas configuraron la visión de sí y de los restantes pueblos. Mitificada, la conquista del oeste devenía enfrentamiento entre el bien y el mal. De esa manera, el país se extendió del Atlántico al Pacífico y completó su territorio en esa dirección al apoderarse de gran parte de México. La incorporación de la Louisiana y la Florida lo situó en la cuenca del Golfo de México. Llave de este espacio marítimo, Cuba ocupaba una posición estratégica para el comercio con los cuatro puntos cardinales del Océano, mientras los estados sureños, sustentados en una economía de plantación esclavista, percibían su potencial convergencia de intereses con los sacarócratas cubanos.

El núcleo duro del concepto de destino manifiesto se encuentra en la autorrepresentación mesiánica incorporada al imaginario colectivo del pueblo norteamericano. Sus virtudes atribuidas conforman un modelo que, en razón de justicia, debe imponerse a otros para garantizar un mayor grado de seguridad. Concebido en términos absolutos, prescinde de las especificidades históricas y culturales del resto del mundo. En lo que se refiere a Cuba, hubo intentos fallidos por conseguir de España la cesión de la isla.

Paralelamente, a lo largo del siglo XIX, Cuba fue adquiriendo un peso creciente en el imaginario norteamericano. Los argumentos divulgados por fuentes de alta representatividad política se orientaban a justificar la necesidad de una intervención. Se adujeron motivos comerciales dada la posición estratégica de nuestro país, junto a supuestas teorías geológicas que nos unían a la península de la Florida. Más tarde, se añadieron motivos de seguridad nacional, argumento que se sigue aplicando en relación con nosotros y también con tantos lugares oscuros situados a enorme distancia de los Estados Unidos. La campaña adquirió mayor colorido en la medida en que la insurgencia cobraba fuerza entre nosotros. La opinión pública se iba preparando con fuerza creciente con vistas a lo que resultaría con la intervención en la guerra hispano-cubana-norteamericana.

Había llegado la hora de conmover, de sacudir los sentimientos populares, las ideas elaboradas por el raciocinio. No faltaron las posiciones despectivas respecto a un pueblo incapaz de librarse del opresor por sus propios medios. Esa tesis dejaba un rescoldo que alcanzaría expresiones más precisas, que afirmaba nuestra incapacidad para gobernarnos. Los horrores provocados por la reconcentración de Valeriano Weyler contribuyeron a despertar una auténtica simpatía en parte del pueblo norteamericano. La gráfica diseñada en la prensa multiplicó el impacto de las palabras. Cuba aparecía como una mujer indefensa en brazos de su vecino protector. Sería luego un bebé acogido por un gran hermano protector y, finalmente, un niño pequeño al que había que conducir de la mano.

De hecho, para España, la guerra de Cuba se había vuelto insostenible en lo económico y en lo militar cuando se produjo la explosión del Maine y sirvió de pretexto para la declaración de guerra de los Estados Unidos. Los mambises habían logrado la hazaña de invadir la isla de un extremo a otro. La presencia norteamericana se redujo al hundimiento de la flota al salir de la bahía de Santiago y al desembarco por Daiquirí bajo la protección de los cubanos.

Sin embargo, con este golpe, Cuba quedaba fuera del juego. Marginada del Tratado de París, desconocida como contendiente fundamental, no pudo siquiera reclamar de España la indemnización que le correspondía. El Gobierno interventor sustituyó al de la metrópoli, se disolvió el Ejército Libertador y se desplazó a Máximo Gómez. Todo listo para imponer la Enmienda Platt, reconocer el derecho de los Estados Unidos a intervenir en nuestros asuntos internos. Aún después de la abrogación de la Enmienda Platt, en 1934, permanecería hasta el presente la ocupación de la base naval de Guantánamo.

La excelente investigación de Louis A. Pérez relata una historia ejemplarizante. Sustentada en numerosas y pertinentes citas, acompañada de una muestra gráfica pone en evidencia el proceder mediante el cual el establishment construye un imaginario colectivo. Contribuye a entender el pasado. Pero, más aleccionadora aún ofrece claves para desmontar métodos que, con recursos inimaginables en el siglo XIX, intervienen en la actualidad. Persiste hoy la voluntad mesiánica para justificar intervenciones en cualquier sitio del planeta, validos con harta frecuencia de la amenaza a la seguridad de los Estados Unidos. La publicación del libro es un acierto editorial.