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23
Abril

La pregunta es pertinente porque recientemente el presidente Barack Obama, dentro del proceso hacia el restablecimiento de relaciones diplomáticas bilaterales, envió al Congreso la propuesta de suprimir a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

 

El Legislativo tiene 45 días para dar respuesta y teóricamente puede rechazar la iniciativa presidencial, pero ello requeriría una Resolución Conjunta con las tres cuartas partes de los votos de sus miembros, lo que no ocurrirá. Aunque la decisión de Obama confirma su voluntad política de ser consecuente con el anuncio que hiciera a la vez que su homólogo Raúl Castro el pasado 17 de diciembre, los pulpos mediáticos lo han informado como si Cuba debiera postrarse ante el imperio por haberle perdonado quien sabe qué terribles fechorías.

 

La verdad es que Cuba ha sido mantenida en esa lista con argumentos falaces y probablemente sea el país sometido por más tiempo al terrorismo de Estado pero eso lo explicaré más adelante. Su inclusión data de 1982, durante la administración del ultrarreaccionario Ronald Reagan. A la sazón la isla ofrecía un importante apoyo al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, entonces una organización político-militar que libraba una guerra revolucionaria contra un gobierno dictatorial oligárquico sumiso a Estados Unidos cuyo ejército era entrenado y armado por este.

 

Hace seis años el FMLN, convertido en partido político, gobierna en el país centroamericano, que en las últimas elecciones llevó a la presidencia a uno de los comandantes guerrilleros de entonces, Salvador Sanchez Cerén, maestro de escuela querido por sus compatriotas.

 

Cuba cumplió su deber internacionalista de apoyar a los movimientos de liberación nacional casi desde la victoria revolucionaria de 1959. En 1961 envió armas a los guerrilleros del FLN que luchaban contra el colonialismo francés en Argelia, y poco después de la proclamación de la independencia viajó allí una brigada médica cubana que aún permanece en el país norafricano.

 

También tendió su mano a movimientos de liberación de nuestra América que empuñaban las armas cuando los gobiernos latinoamericanos, excepto México, habían roto relaciones con ella presionados por Washington, que la sometía al asedio y a agresiones de todo tipo. Después del triunfo de la Revolución Cubana, Estados Unidos llenó a nuestra región de dictaduras militares que torturaron, asesinaron y desaparecieron a cientos de miles de personas con la excusa de combatir al comunismo, de modo que aquella forma de lucha era un derecho de los pueblos reconocido en las leyes internacionales.

 

Igualmente, la isla respaldó a los movimientos de liberación de las colonias portuguesas de África y cuando Angola proclamó la independencia, a solicitud del venerable Agostinho Neto, presidente del MPLA, tropas cubanas rechazaron la invasión de ese país por los ejércitos de la Sudáfrica racista, del dictador Mobutu y mercenarios europeos, un plan de la CIA auspiciado por el criminal de guerra y entonces secretario de Estado, Henry Kissinger (1975).

 

En 1988 fuerzas cubano-angolanas-namibias le partían el espinazo al apartheid al infligir una derrota aplastante a una gran concentración de tropas surafricanas en el sur de Angola. Mandela fue el primero en reconocer rotundamente este hecho, como cita Salim Lamrani en un amplio artículo sobre el internacionalismo de Fidel.

 

Cuba también hizo cuanto estuvo a su alcance por brindar la mayor solidaridad a Vietnam durante la larga agresión estadunidense. Me conmovió vivir de cerca la angustia de Fidel cuando arreciaron los ataques aéreos contra Hanoi y Haiphong y cómo se rompía la cabeza imaginando nuevas formas de ayuda a ese pueblo hermano.

 

Hoy 65 000 cooperantes cubanos laboran en 89 países, sobre todo en las esferas de la salud y la educación. Se han graduado en la isla 68 000 profesionales y técnicos de 157 países; de ellos, 30 000 de la salud. Aunque ignorada por los medios de comunicación dominantes, la brigada cubana ha sostenido gran parte de la atención médica al pueblo haitiano desde 1998 y su trabajo en la erradicación del cólera ha sido calificado de “heroico” por la ONU. Cientos de haitianos se han formado como médicos en Cuba. La riesgosa labor de personal de la salud isleño fue decisiva para enfrentar la epidemia de ébola en África occidental. ¿Terrorista?

 

Hasta aquí expuse sintéticamente cómo Cuba cumplió su deber internacionalista con los pueblos en su lucha armada anticolonial o antidictatorial en situaciones en que ese método era legítimo. En su momento, declaró que no brindaría más ayuda militar a movimientos de liberación y hasta el día de hoy ha continuado ininterrumpidamente su labor solidaria en educación, salud y otras actividades civiles. Muchas veces sin retorno económico y siempre tomando como divisa el pensamiento martiano de que “Patria es humanidad”.

 

Al decidir excluir a Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo, Obama rectifica una flagrante injusticia basada en el doble rasero de Washington. Como ocurre hoy con la masiva e impune brutalidad policiaca contra negros y latinos mientras acusa a Venezuela de no respetar los derechos humanos, por solo poner un ejemplo entre tantos. Obama ha tenido las más favorables condiciones de un mandatario estadounidense para iniciar el arreglo político con Cuba, pero es meritoria la valentía política de llevarlo a cabo y de admitir que la política de Washington hacia la isla ha fracasado.

 

De Cuba, la única amenaza para Estados Unidos ha sido la que pueda emanar de su ejemplo de dignidad, soberanía, patriotismo, justicia social, participación democrática y solidaridad.

 

La gran potencia, por su parte, tiene arraigada por lo menos desde 1800 en la cultura de su clase dominante el deseo de la anexión de Cuba. De 1898 a 1902 intervino militarmente en la isla para “ayudar” a su independencia, pero lo que hizo fue impedirla al imponerle la Enmienda Platt, que la convirtió en protectorado. Nueva intervención de 1906 a 1909 y un sinnúmero de actos injerencistas a los que solo puso fin la alborada libertaria de 1959.

 

Washington apoyó militar y políticamente a la sangrienta dictadura de Batista(1952-58) hasta su último suspiro, y cuando vio desbordarse la gran rebelión encabezada por Fidel Castro quiso troncharla con un golpe de Estado que el pueblo de Cuba liquidó mediante la huelga general revolucionaria que coronó la victoria del Ejército Rebelde.

 

El gobierno estadounidense albergó a los personeros y criminales de guerra de la dictadura, que vaciaron de sus caudales las arcas nacionales, nunca devueltos. Con esa morralla y no pocos burgueses expropiados por la revolución, la CIA creó el ejército mercenario para lanzar en 1961, escoltada por naves y aviones de guerra estadounidenses, la derrotada invasión por Bahía de Cochinos, y desde 1959 y hasta fechas recientes ejecutar una campaña terrorista que duró décadas.

 

En Miami principalmente, viven en total impunidad los terroristas cuyas acciones costaron al pueblo cubano 3 478 muertos y 2 099 discapacitados de por vida, así como el monstruo responsable de la destrucción en el aire de un avión de Cubana con 76 personas a bordo. Este, el más horrendo entre muchos crímenes de lesa humanidad contra la isla de esos chacales, pero también contra revolucionarios latinoamericanos, africanos y vietnamitas.

 

Por eso Cuba tuvo que enviar a Florida para monitorearlos a algunos de sus mejores hombres. De allí surgieron los heroicos 5, hoy de regreso a la patria. Dos al cumplir su injusta condena y tres en virtud de los acuerdos anunciados por Cuba y Estados Unidos el 17 de diciembre.

 

Aquellos terroristas de Miami y sus sucesores son quienes tratan rabiosamente de dinamitar a Obama su política de restablecer relaciones diplomáticas con La Habana y abrir el debate en el Congreso para levantar el bloqueo, que ha infligido a la isla pérdidas por más de 116 mil millones de dólares e impide su desarrollo económico.

 

En la guerra contra Cuba fueron cotidianos la extracción e introducción ilegal de terroristas ya entrenados, el ingreso de miles de armas y explosivos por aire y mar para las bandas de la CIA asesinas de alfabetizadores, maestros y campesinos, que operaban en todas las provincias. Escuelas públicas, cines y comercios atacados; cientos de miles de hectáreas de cañaverales quemadas y fábricas, ciudades y pueblos bombardeados o ametrallados desde aire, mar y y tierra. Aviones y embarcaciones cubanas secuestrados a costa de la vida de pasajeros y tripulantes. Cientos de planes para atentar contra Fidel. Guerra biológica que mató aproximadamente 100 niños por dengue hemorrágico y exigió el sacrificio del rebaño entero para erradicar el cólera porcino. Plagas que arrasaron plantaciones completas. ¿Cuba terrorista?

21
Abril

Mientras en el Viejo Continente nuestras conciencias dormían tranquilas, y nuestras ambiciones seguían agitadas pensando en cómo resolver los problemas materiales provocados por la reciente crisis, 700 personas perdían la vida ahogando sus miedos y sueños en uno de los cementerios más grandes del mundo, el Mediterráneo.

Se trata de la peor tragedia migratoria de la historia reciente del Mediterráneo, superando a la sucedida en Lampedusa en octubre de 2013, donde casi 400 personas perdieron la vida en las puertas de Europa avergonzando a toda la comunidad internacional y poniendo en evidencia el fracaso de las políticas migratorias europeas.

Dos años después, lejos de haberse buscado soluciones, el drama se ha agravado notablemente y los datos así lo señalan. En los últimos días más de 1.000 personas han perdido la vida. En lo que llevamos de año ya podemos contabilizar un número de fallecidos diez veces más alto que el mismo periodo de 2014, un año que se convirtió en el más mortífero para el drama de la inmigración, con 3.224 personas ahogadas en el Mediterráneo, y en el primer cuatrimestre de 2015 llevamos ya 1.600 muertes.

Europa se enfrenta a un enorme desafío. Sin embargo sus respuestas están siendo desacertadas, decepcionantes y sus reacciones preocupantes. La UE sigue confundida, afrontando este reto que tiene un claro carácter humanitario, con respuestas meramente policiales y de blindaje de fronteras, en vez de abordar las causas que provocan estos desplazamientos forzosos y buscar vías seguras para que los seres humanos que están sufriendo las consecuencias puedan tener alguna alternativa.

No podemos obviar que en este drama hay implicados miles de seres humanos inocentes: refugiados y migrantes que huyen de conflictos armados, del hambre y la miseria. Todo ello, en gran parte, provocado por la riqueza del norte que sigue empobreciendo al sur.

 

Impedir las entradas

 

Cada vez que Bruselas se reúne para tratar este tema, en vez de replantearse la eficacia de estas políticas de gestión de flujos migratorios, las respuestas se orientan a reforzar Frontex cuyo objetivo es impedir las entradas de inmigración irregular de una forma coercitiva y sin ofrecer protección a las verdaderas víctimas de esta situación. De hecho, la eficacia de su labor está ocasionando que las redes de tráfico opten por métodos y rutas cada vez más peligrosas que tienen como resultado muertes y más muertes.

La muestra del escaso compromiso de la UE con este drama pudimos verlo tras la tragedia de Lampedusa, cuando Italia puso en marcha sin apoyo alguno, un operativo de búsqueda y salvamento, denominado Mare Nostrum, que logró rescatar a casi 190.000 personas durante 2014. Durante todo ese año el Gobierno italiano solicitó encarecidamente a la UE fondos para poder mantener dicha labor de salvamento. Sin embargo la respuesta de la UE fue del todo escasa, poniendo en marcha la ‘Operación Tritón’, cuyo presupuesto era de menos de un tercio que el anterior y por tanto el alcance mucho menor.

 

Un papel poco loable

 

Entre tanto España está teniendo un papel poco loable en esta tragedia. El pasado mes de marzo, nuestro Ministro del Interior, el señor Fernández Díaz, de opuso a una operación de rescate europea alegando que esto provocaría un “efecto llamada”. Ayer el presidente del Gobierno lanzó un llamamiento para que la UE busque soluciones, mientras que España sigue cosechando una enorme falta de crédito, internacional y nacional, en cuanto a sus políticas migratorias y de control de fronteras se refiere, a base de practicar devoluciones ilegales, implementar concertinas y practicar violación sistemática de los derechos humanos de las personas que intentan alcanzar nuestras puertas.

Para dar solución a este tremendo drama, desde CEAR exigimos respuestas coherentes poniendo en marcha medidas tales como:

La puesta en marcha de una nueva política europea de asilo e inmigración que priorice a las personas respetando los derechos humanos.

Habilitar vías seguras para las personas refugiadas e inmigrantes que huyen de la violencia generalizada y del despojo de sus recursos a través de programas conjuntos de reasentamiento, garantizando el acceso al procedimiento de protección internacional por vía diplomática y en frontera y reconsiderando las políticas de visados con los países que están generando estos flujos de seres humanos.

Centrar el esfuerzo en abordar las causas que están provocando el desplazamiento forzoso de las personas refugiadas.

Está en juego la credibilidad del viejo continente, el que presumía ser la Europa de los derechos y las libertades. No podemos mirar hacia otro lado. Hoy son ellos los que necesitan refugio, mañana podría ser yo o… podrías ser tú.

 

(Tomado de El Mundo, España)

18
Abril

Es difícil que después de año y medio de negociaciones secretas entre Estados Unidos y Cuba, haya quedado algo fuera de agenda. Sin embargo, al menos públicamente, hay dos temas que no se mencionan: el perdón de Washington por la invasión de Girón y la reconciliación de La Habana con los invasores.

El derrocamiento de la sangrienta dictadura batistiana y la conquista de las libertades y derechos civiles tras el triunfo revolucionario en enero de 1959, no impresionaron a la democracia gobernada entonces por el general, Dwight Eisenhower. La respuesta a la mano amiga extendida por el gobierno revolucionario, fue decretar el bloqueo económico y ordenar la organización de una unidad paramilitar para derrocar la recién instaurada democracia cubana.

Pocos meses después de tomada la infame decisión, un candidato demócrata, John F. Kennedy, fue elegido presidente de EU. Kennedy había construido una aureola reformista en torno a su liderato político. Su juventud, fe católica, carisma personal y reiterados llamados al pueblo norteamericano a tener una participación más activa en los problemas del país, habían sembrado la esperanza de un “cambio”.

Sin embargo, el oportunismo de una victoria fácil para derrocar la revolución cubana, obnubiló la visión de Kennedy como estadista, impidiendo apreciar al error estratégico de su antecesor. En vez de cancelar la ilegal decisión del republicano Eisenhower, el flamante presidente demócrata continuó con la funesta herencia, aportando al plan invasor con su refinada inteligencia, desinformación y engaño.

En la madrugada del 15 de abril de 1961, en alianza con la oprobiosa tiranía somocista, ocho aviones con bandera cubana bombardearon sorpresivamente varios aeropuertos en la isla. Uno de los pilotos invasores aterrizó en Cayo Hueso aparentando ser “desertor” de la Fuerza Aérea Revolucionaria, anunciando una “sublevación de militares cubanos” para derrocar al comandante Fidel Castro.

Mientras tanto desde Puerto Cabezas, Nicaragua, partían los buques que transportaban a un Ejército invasor de 1,500 exilados cubanos y mercenarios, constituidos en la Brigada 2506. Después de varios días de navegación en la madrugada del 17 de abril tras vencer la resistencia encontrada, se produjo el desembarco en Playa Girón y la penetración del contingente invasor en el territorio cubano.

Sin embargo, al día siguiente, una contraofensiva relámpago revolucionaria hizo retroceder y dispersar a las fuerzas invasoras, siendo derrotadas en menos de 72 horas, plazo requerido por Washington para reconocer al “gobierno provisional” invasor y brindarle apoyo político y militar directo en contubernio con la OEA.

El saldo de la contienda bélica fue de 176 milicianos muertos. Las bajas invasoras fueron 115 muertos y 1,189 prisioneros, devueltos a EU en diciembre de 1962 en altruista gesto, a cambio de 53 millones de dólares en alimentos, medicinas y tractores. A partir de entonces, esa herida sigue abierta.

No existe argumento político que pueda ocultar la violación de la ley internacional por parte de Washington, la manipulación con las vidas de los exilados, ni el patriotismo de los milicianos cubanos.

Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, son dos líderes visionarios. Con un apretón de manos, no se da vuelta a esa trágica hoja de la historia. Para Obama el perdón es inexcusable. Para Castro, cumplir uno de los más valiosos legados de la revolución: ser implacable en el combate y magnánimo en la victoria.

13
Abril

Una rápida valoración de la recién concluida VII Cumbre de las Américas permite concluir -a reservas de otros análisis posteriores más detallados- que la cita resultó un fiel reflejo del cambio de época que se vive en América Latina y el Caribe desde hace poco más de dos décadas, los cambios políticos, sociales económicos que han tenido lugar en numerosos países, acorde con las características y las situaciones concretas de cada uno, pero expresando en sentido general un espíritu y una voluntad bastante coherentes de unión e integración prácticamente desconocidas hasta el momento.

Se evidenció claramente que la OEA o Ministerio de Colonias yanqui ha perdido la posibilidad de mantener silenciados a la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos y caribeños, al menos en lo que toca a los alientos y las decisiones de independencia y soberanía; esto es algo que se comprueba si se sigue el curso de las siete cumbres celebradas y sus resultados.

En esta ocasión, resalta el hecho de que no pudo emitirse una declaración final porque Estados Unidos y Canadá -en solitario- se oponían a varios párrafos consensuados por las delegaciones latinoamericanas y caribeñas con respecto a temas controversiales donde quedaron visibles las profundas diferencias entre los dos del Norte y el resto de las naciones del hemisferio.

No es casual la creación y rápida consolidación de las organizaciones latinoamericanas y caribeñas surgidas en los últimos tiempos con vistas a la unión y la integración a nivel regional y subregional; ellas han contribuido notablemente a la adopción y presentación de posiciones comunes que recogen y sintetizan las aspiraciones y legítimas demandas de los secularmente ignorados y preteridos países de Nuestra América.

En la perspectiva de CELAC, UNASUR, ALBA y CARICOM, por ejemplo, se avizora una actuación cada vez más coincidente a partir de las definiciones que puedan surgir del seno de sus respectivos gobiernos con el apoyo de sus pueblos en lucha.

Eso lo saben el imperialismo norteamericano y las oligarquías locales a su servicio, incluidos los medios de comunicación de que disponen en cada uno de los países, y por tanto no dejarán de aplicar -más bien incrementarán- la vieja política imperial de “divide y vencerás”, aprovechando cada instante en sus intentos de intrigar, confundir, ocultar y mentir para frustrar la concreción de la América bolivariana y martiana que los aterroriza.

A pesar de la manipulación descarada y las maniobras sucias puestas en práctica para evitar que la voz libre de los pueblos se escuchara en el titulado “Foro de la sociedad civil”, los mercenarios pagados y utilizados para tal faena tuvieron que retirarse con el rabo entre las piernas, desenmascarados e imposibilitados de introducir su veneno diversionista.

El desarrollo y los resultados de esta VII Cumbre de las Américas confirmó el proceso de aislamiento que desde hace años viene experimentando Estados Unidos en su propio hemisferio dentro de su otrora “patio trasero”, que es consecuencia no solo de acontecimientos propiamente continentales, sino también de nuevos episodios que vienen sucediéndose a escala internacional como es el surgimiento de un mundo multipolar, pareciendo indicar el fin de la hegemonía imperial estadounidense, que durante el pasado siglo XX tuvo dos momentos culminantes: tras la segunda guerra mundial y tras la desintegración de la URSS y el campo socialista europeo.

La Cumbre de Panamá marcó, sin dudas, un antes y un después.

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