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27
Abril

Canadá, Estados Unidos, China, Australia y Japón son los países que tienen más proyectos mineros en México, gracias a tratados y acuerdos de libre comercio que el país azteca ha firmado con otras naciones desde hace 20 años.

El 70 por ciento del sector minero mexicano pertenece a empresas extranjeras, en especial las canadienses, de acuerdo a la Cámara Minera de México (Camimex).

Según Camimex, los extranjeros tienen el control de unas 92 millones de hectáreas de concesiones en todo México.

Canadá lidera la lista Empresarios canadienses figuran en 207 proyectos mineros, lo que representa un total del 74 por ciento. 

Prueba de su imponencia en el sector minero mexicano es que de las diez minas de oro más grandes de México, siete están concesionadas a empresas canadienses: Goldcorp, Agnico Eagle, Alamos Gold, New Gold, Yamana Gold y Torex Gold Resources.

Estados Unidos ocupa el segundo lugar con 43 proyectos (el 15 por ciento), seguido de China con 8 proyectos, Australia con 6, y Japón con 5.

 

EN CONTEXTO

 

El sector minero está en manos de extranjeros debido a los distintos tratados y acuerdos de libre comercio que México ha firmado con varios países a raíz de las reformas neoliberales de hace 20 años.

Tan solo en 2013 hubo 857 proyectos de exploración y explotación minera con capital extranjero, que fueron concretados en 16 estados mexicanos.

25
Abril

El 24 de abril de 2015 se conmemoran 100 años de un crimen contra la humanidad, el exterminio sistemático del pueblo armenio por parte de Turquía. Se han fijado varias posturas, por un lado las expresiones de solidaridad con las víctimas, como la del Papa Francisco, y por otro la renuencia del gobierno turco a reconocer el genocidio contra más de un millón de armenios.

 

¿Qué es un genocidio?

 

La Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción al Delito de Genocidio de 1948 define:

Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial o religioso como tal:

 

a) Matanza de miembros del grupo;

 

b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

 

c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;

 

e) Traslado por fuerza de niños de un grupo a otro grupo.

 

Contra el pueblo de Armenia se aplicaron estos actos de “limpieza étnica”, para permitir el control social por parte de la raza turco-mongola.  

Armenia, su importancia para los imperios Armenia se encuentra en el sur del Cáucaso, dominado por el monte Ararat, lugar en el que según la Biblia tocó tierra el Arca de Noé luego del diluvio universal. Este país fue el primero en declarar el cristianismo como religión oficial en la segunda mitad del Siglo III.

Durante mucho tiempo su territorio formó parte de una red de rutas comerciales a través del continente asiático que une el este, el sur y Asia occidental con el mundo Mediterráneo, así como el norte de África y Europa, conocida como la Ruta de la Seda.

Su territorio fue conquistado por los imperios persa, griego (Alejandro Magno), romano, bizantino, ruso y otomano; así como por los árabes y los mongoles (Gengis Khan). Esto permitió un desarrollo cultural muy importante producto de la asimilación por los armenios de las tradiciones de los ocupantes, sin perder su identidad. De allí que sean considerados “los europeos de Asia”.

 

¿Cuáles fueron los antecedentes del Genocidio del pueblo armenio?

 

Los armenios vivieron sometidos al yugo del Imperio Otomano desde 1375 hasta la creación de la República en 1918. Los otomanos disputaban el control del territorio con la Rusia Zarista y los Persas. Armenia siempre luchó por alcanzar la autonomía y la independencia.

A finales del siglo XIX empieza la decadencia del Imperio Otomano y la pérdida de territorios con lo cual las autoridades intentaron reforzar su presencia en Asia Menor planteando la unidad en torno a un cinturón turco-mongol. La oposición Armenia a tales propósitos y la exigencia de autonomía encabezada por los sectores de la intelectualidad, fueron reprimidas por las fuerzas imperiales de manera violenta. 

En 1876 toma el poder del imperio Otomano el Sultán Abdul Hamid II. Su llegada al poder coincide con el interés creciente de Rusia en el Caucaso y su política de protección de las minorías cristianas, incluso en territorio turco. Esto llevó a la guerra ruso-turca (1877-1878).

Los armenios eran acusados por el Sultán de colaborar con el Zar ruso, alentando acciones militares y de eliminación física contra los miembros de esta colectividad. El fin de la guerra ruso-turca significó un retroceso en las condiciones de vida del pueblo armenio, lo que alentó los intentos a luchar por la independencia por la vía armada.

A mediados de 1895 el Sultán Hamid II ordena la aplicación de una política de terror contra la población armenia ligada a organizaciones políticas (Partido Armenagán, Federación Revolucionaria de Armenia, Partido Hunchakian y Partido Ramgavar), así como los vinculados a misiones religiosas cristianas. Aunque no hubo un plan de exterminio, la represión trajo consigo la muerte de importantes sectores de esa nación.

A la grave situación interna del Imperio Otomano, se sumaba la pérdida progresiva de territorios en los Balcanes. En tales circunstancias se forma el Partido Unión y Progreso de los Jóvenes Turcos con presencia en Europa y EE.UU.; organización que habría de derrocar al Sultán el 24 de abril de 1908.

 

El Partido de los Jóvenes Turcos y el proyecto de la “gran raza turca”

 

Con el lema de “Unión y Progreso” los Jóvenes Turcos llegaron al poder, acompañados del clamor de la población por el cese de la represión, el respeto a los bienes afectados por la acciones del Sultán, así como por promesas de creación de un Estado laico que reconociera la igualdad de derechos, garantías y participación parlamentaria que cobijaran incluso a las minorías étnicas.

No obstante, los dirigentes de la organización tenían entre sus planes la turquificación de la población en los territorios ocupados, conocido como el Panturanismo, corriente que impulsa la adopción, por los pueblos de Asia Central y las minorías étnicas, de la lengua turca como idioma común, la uniformidad de la enseñanza así como la introducción y adopción de patrones culturales turcos por parte de los pueblos ligados al imperio otomano.

Uno de los principales dirigentes del Partido de los Jóvenes Turco, Nazim Effendi expresaba así su propuesta:

 

“Sobre el territorio asiático, en dirección a oriente, hay ilimitadas posibilidades para nuestra expansión y desarrollo... es nuestro deber sagrado realizar la unión de la raza turca desde el Mediterráneo hasta el Mar Aral... A cambio de la idea del panislamismo, nuestra piedra fundamental política debe ser el panturanismo”.

 

 

Luego de reconocerse herederos de la Horda de Oro de Gengis Khan, sus ideólogos exaltan “la gran raza turca” caracterizada, según ellos por su “valentía física, nervios firmes, resistencia, heroísmo, decisión e impetuosidad, genio militar, el gobierno de una minoría superior, la armonía de los instintos y el espíritu de disciplina”; facultades necesarias para formar ejércitos y dominar países. “la turca es una raza dominadora y hecha para el mando; ha venido al mundo para gobernar”, reza su prédica.

Los anhelos de independencia del pueblo armenio y de creación de un Estado limitaba geográficamente el proyecto expansionista hacia Asia Central de los Jóvenes Turcos. Era necesario asimilar por la fuerza a los armenios o en su defecto, exterminarlos.

 

Los Planes de Genocidio contra los armenios

 

En 1909 inició la segunda fase del exterminio iniciada por el Sultán Hamid II; la misma tuvo lugar en la ciudad de Adaná con el asesinato de 30 mil armenios. En respuesta se reorganiza la resistencia armada por parte de los partidos políticos de esa colectividad.

 

Así justificaba el Dr. Nazim los planes de exterminio:

 

“Si quedamos satisfechos con masacres locales como las de Adana, si la purga no es completa y definitiva tendremos problemas. Es absolutamente necesario eliminar al pueblo armenio totalmente, que no quede ningún armenio en la Tierra, y que el concepto mismo de Armenia se extinga...El Imperio Otomano debe liberar a la patria de las aspiraciones de esa raza maldita...”

 

 

En 1914 empieza la Primera Guerra Mundial, una oportunidad para ejecutar el plan de “limpieza étnica” de los Jóvenes Turcos. El mismo tuvo tres etapas:

 

a) Desarme de la población en general, poseedora de armas para la guerra contra Rusia.

 

b) Desarticulación de las organizaciones políticas y de la intelectualidad armenia. El 24 de abril de 1915 fueron detenidos 600 intelectuales en Estambul, capital de Turquía. La mayoría fueron ejecutados como consecuencia de juicios forjados.

 

c) Aniquilación de los hombres. Con la excusa de la Guerra, el ejército turco enroló a los hombres armenios de edades comprendidas entre los 15 y 45 años. Estos no fueron dotados con armas para la guerra, sino que se usaron como carne de cañón y para construir trincheras u obligados a hacer trabajos forzados. La mayoría perecieron. 

Otra práctica utilizada para la aniquilación fue convocar a los varones que quedaban en las ciudades para su ejecución. Quienes lograron sobrevivir lo hicieron gracias al apoyo de la población turca que alertó sobre los planes de los Jóvenes Turcos.

 

d) Deportaciones masivas. Por orden del ministro del interior, Taleat Pasha, la población armenia “se reubicaba” en “zonas ajenas a la guerra”. Los deportados eran ahogados en mares y ríos, fallecían en el desierto de Deir El-Zor, eran degollados o simplemente morían en la travesía. La muerte no distinguía razones de edad, sexo o religión; el río Éufrates fue escenario de muchos de estos crímenes.

 

El ministro del interior turco, Talat Pasha señalaba el 9 de marzo de 1915:

 

“Todos los derechos de los armenios de vivir y trabajar en suelo turco han sido cancelados. Con respecto a esto el gobierno toma la responsabilidad y ordena no hacer excepciones de ninguna especie, incluyendo las criaturas recién nacidas... Sírvanse evacuarlos, ya sean mujeres o niños incluyendo a los incapacitados físicos... Podrán ser tomadas medidas directas, sin mayores miramientos...”

 

Algunas aldeas resistieron, razón por la cual el exterminio no fue total. En 1917 la coalición ruso-armenia derrota al ejército turco dirigido por el Ministro de Guerra Midhat Pasha. El revés trajo consigo la condena a la pena de muerte a los cabecillas del Partido de los Jóvenes Turcos, acusados de organizar y ejecutar el genocidio.

 

República de Armenia, las potencias negocian con Turquía

 

Tras la derrota turca en 1918 en la Primera Guerra Mundial, las potencias victoriosas decidieron auspiciar la creación de la República de Armenia. La misma fue proclamada en 1920 como consecuencia del Tratado de Sevrés; no obstante el apoyo los países vencedores en la contienda no se hizo palpable y al contrario, apoyaron a Turquía que se negó a reconocer el pacto. Las causas armenia y kurdas fueron olvidadas en el nuevo escenario de lucha contra la Rusia Bolchevique. 

Turquía desarrolló una ofensiva para recuperar militarmente el territorio cedido a la naciente república. Al mando estaba Mustafá Kemal, continuador de la matanza de la población armenia residente en las zonas reconquistadas. La masacre continuó hasta 1923.

Kemal asumiría el poder el 29 de octubre de 1923. Su siguiente tarea, construir una “Turquía para los turcos” y ocultar el genocidio.

 

Consecuencias del Genocidio Armenio

 

Las políticas de exterminio dejaron una profunda huella en la conciencia colectiva del pueblo armenio. La eliminación de un millón 500 mil personas trajo aparejada la pérdida de elementos de la herencia cultural y espiritual de un pueblo que tiene más de 3 mil años de existencia.

Adicionalmente se produjo la llamada diáspora armenia y la pérdida de la unidad nacional. Hoy encontramos armenios en todo el mundo, ligados sentimentalmente a su tierra, pero en un exilio obligado por el exterminio, la ausencia de justicia y de protección efectiva para su pueblo.

22 países del mundo han reconocido el Genocidio Armenio, entre ellos Rusia, Venezuela, Argentina, Suecia y El Vaticano. Uruguay fue el primer Estado en reconocer la causa del pueblo de Armenia, en 1965.

42 de las 50 entidades miembros de los Estados Unidos reconocen el genocidio; el Congreso estadounidense aprobó en 2007 una resolución en apoyo a Armenia, pero el mandatario George W. Bush no acató la resolución por considerar que afectaba las relaciones con su aliado en la OTAN y en la llamada “Guerra contra el terrorismo”.

Israel, Reino Unido, Alemania y España, tampoco reconocen el crimen de lesa humanidad. Recientemente el Papa Francisco condenó el crimen y lo calificó como el primer Genocidio del Siglo XX; “una tragedia inaudita”.

La voz de condena del Pontífice católico generó ataques verbales y amenazas por parte del gobierno turco de Tayyip Erdogan, que considera que no existen pruebas que vinculen al Imperio Otomano con el exterminio de la población armenia. De acuerdo con las cifras de Turquía, fallecieron 300 mil armenios a causa de la Primera Guerra Mundial; el resto murió en enfrentamientos con sus propios connacionales. Erdogan advertía al pontífice católico en abril de 2015,

 

"No permitiremos incidentes históricos sacados de contexto y usados como herramienta contra nuestro país. Yo condeno al Papa y le advierto que no cometa errores como este otra vez. No existió un genocidio contra Armenia”.

 

 

¿Por qué es importante el reconocimiento del Genocidio?

 

En 1985 la Subcomisión de Derechos Humanos de la ONU reconoció el Genocidio Armenio, un crimen de lesa humanidad. Los crímenes de guerra y de lesa humanidad no prescriben, es decir, no cesa la responsabilidad penal por el transcurso del tiempo.

En este caso Turquía estaría obligado a: castigar a los responsables del genocidio, si están vivos (no es el caso actual); reconocer formalmente el crimen; e indemnizar a las víctimas. El Estado turco estaría obligado internacionalmente a asumir la responsabilidad de los hechos.  

23
Abril

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó hoy, Día Mundial de la Tierra, que la realidad del cambio climático “no puede ser negada” por más tiempo y que es un imperativo tomar medidas inmediatas para paliar sus efectos.

Tras una visita guiada por el Parque Nacional de los Everglades, en el Sur de Florida y la mayor reserva subtropical en EU, Obama aseguró en una rueda de prensa que el cambio climático “representa una amenaza” para las “riquezas naturales que atesora” la nación y su “industria turística”.

Insistió en el daño real que el cambio climático está infligiendo a los ecosistemas estadounidenses y se mostró especialmente preocupado por su efecto en los Everglades, un humedal de más de 600,000 hectáreas con una gran variedad de especies animales.

“Es un problema (el cambio climático) de ahora y debemos actuar ya, porque es además una cuestión de seguridad nacional”, aseguró el mandatario, para agregar que quiere destinar “25 millones en fondos públicos y privados para restaurar los parques nacionales”, una forma inteligente de “proteger nuestra economía”.

Obama se mostró hoy especialmente preocupado por la situación del frágil humedal de los Everglades, muy expuesto al aumento del nivel del mar y en situación de riesgo por la penetración del agua marina en su interior.

Estos peligros, advirtió, ponen en riesgo los más de 82,000 millones de dólares que genera el sector turístico en el estado de Florida, pero de manera directa los Everglades, un ecosistema en el que la Administración ha invertido para su protección más de 2,200 millones de dólares.

En esa línea, Obama puso en valor el esfuerzo del Gobierno por la conservación de los Everglades, en cuya restauración ha destinado para 2016 un presupuesto de 240 millones de dólares adicionales, dijo.

Y advirtió a los detractores del cambio climático: “El hecho de que nieguen el cambio climático no significa que no ocurra”.

Así, se refirió al deber ineludible de ambos partidos, e republicano y el demócrata, de “proteger el medioambiente”, una tarea que se debe abordar por y para las “próximas generaciones, las de nuestros hijos, nietos, e hijos de nuestros nietos”.

“Si no actuamos, tal vez los Everglades dejen de existir como los conocemos”, afirmó el mandatario.

19
Abril

MI RESPUESTA A RAVSBERG

 

Tuve la posibilidad, más bien el honor, de integrar la amplia y diversa delegación cubana, expresión de nuestra verdadera sociedad civil, que asistió a los foros paralelos de la Cumbre de las Américas. Lo hice en este caso como miembro de la Asociación Hermanos Saiz, organización que agrupa a más de tres mil jóvenes artistas e intelectuales menores de 35 años. Me tocó participar y ser testigo de los momentos quizás más tensos y complejos que vivimos en esos días. De ahí que me resulte imposible no responder al artículo de Fernando Ravsberg “La sociedad civil y el debate”, publicado en su blog Cartas desde Cuba. Sobre todo por el respeto que merecen los compañeros y compañeras que estuvieron conmigo en Panamá, quienes, con su actitud, me hicieron sentir extremadamente orgulloso de ser cubano.

 

Me sorprende que un periodista como Ravsberg, de quien en ocasiones he leído buenos textos, haya escrito algo tan superficial y alejado de la realidad sobre el papel de nuestra delegación.

 

Es evidente que, en este caso, lejos de ir a contracorriente de los grandes monopolios de la comunicación que todo el tiempo trataron de deslucir la participación cubana, Ravsberg siguió ciegamente el rebaño de los confundidos. Prefiero pensar esto y no que se trata de una reacción como las que he advertido en otros medios, de impotencia ante la incuestionable victoria de Cuba, tanto en la sesión presidencial como en los propios foros paralelos y la Cumbre de los Pueblos. Victoria que es sabido no fue solo para Cuba, sino para América Latina y el Caribe en su conjunto. Si Mar del Plata marcó en 2005 el inicio del viraje, esta Cumbre significó ya un cambio radical en las relaciones interamericanas.

 

Creo que a este artículo de Ravsberg le faltó la profesionalidad del periodismo investigativo. ¿Por qué no se tomó el trabajo de entrevistar al menos a algunos miembros de la delegación que participaron en los foros paralelos? ¿Por qué no indagó con varios de sus colegas cubanos que cubrieron la cita? ¿Por qué no confrontó las sesgadas fuentes que utilizó con otras versiones?

 

El espectáculo que recorrió el mundo “dañando la imagen de la nación”, según Ravsberg, fue precisamente el que los medios hegemónicos de siempre se empeñaron en fabricar, una caricatura que este experimentado periodista podría haber desbancado con facilidad si se hubiera propuesto hacer un trabajo más serio. Pero se conformó en este caso con la visión fragmentada y manipulada que todo el tiempo circuló mientras que la mayor parte de la verdad permaneció invisible ante sus ojos. Al menos Telesur y los medios de comunicación de Cuba, que a diferencia de Ravsberg sí estuvieron allá, hicieron un gran esfuerzo para que se conociera lo que estaba sucediendo.

 

Soy testigo de que numerosas entrevistas realizadas a miembros de nuestra delegación por importantes cadenas noticiosas del mundo, fueron impúdicamente censuradas, pues sus criterios contrastaban con la matriz de opinión que se quería imponer. Recuerdo que un camarógrafo de una televisora miamense me ofendió y se retiró junto al periodista, al no estar dispuesto a oír ciertas verdades. No me dio tiempo por desgracia a preguntarles de qué libertad de opinión y prensa estaban hablando.

 

Por otro lado, Ravsberg confunde, mezcla, omite y creo que también interviene en la manipulación de lo sucedido:

 

Primero, la delegación no estuvo en el altercado ocurrido en el parque frente a la embajada de Cuba. Allí estaban los grupos de solidaridad y algunos compañeros de nuestra sede diplomática. Todos ellos, a mi juicio, respondieron como tenían que responder ante la afrenta que pretendieron hacerle a nuestro más preciado símbolo, a Martí, un puñado de mercenarios junto al asesino del Che. Si me hubiera encontrado en ese contexto, seguramente hubiera reaccionado igual. Ya se sabe de dónde vino la ofensa y el primer puñetazo. Le recomiendo a Ravsberg que vea los videos que están en Internet y lea dos textos publicados por Raúl Antonio Capote en su blog El adversario cubano: “Orlando Gutierrez Boronat, terrorista presente en Panamá” y “Nuestra delegación en la Cumbre de las Américas: respuesta a los confundidos y a los desinformados”.

 

Segundo, es falso que la delegación cubana se retiró del debate, todo lo contrario. Para información de Ravsberg, de los únicos escenarios que la delegación acordó retirarse –luego de un análisis colectivo- fue de los protocolares, por respeto a los presidentes. Hubo una rigurosa y rica discusión en las mesas de salud, educación, seguridad, migración, energía y medio ambiente y en los foros de los jóvenes, empresarios y rectores. Las discusiones en todos estos escenarios fluyeron sin dificultad, a pesar de las notables diferencias ideológicas entre los participantes, y los aportes de los cubanos presentes fueron significativos para la elaboración de los documentos finales. Incluso, en las mesas de gobernabilidad democrática y participación ciudadana, donde se denunció la presencia de los mercenarios y hubo un ambiente más caldeado, no faltaron los argumentos y la serenidad. Los cubanos no nos retiramos, sino que permanecimos en el lugar trabajando con una gran parte de los integrantes de las delegaciones de otros países. Los que tuvieron que abandonar la sala fueron los farsantes y parte de la derecha cómplice. Fueron particularmente emocionantes las intervenciones de apoyo que escuchamos de representantes de Panamá, Colombia, Brasil, Venezuela, Ecuador, Chile, México, entre otros países. Estos comprendieron de inmediato que era imposible sostener un diálogo respetuoso con usurpadores que se querían presentar como parte de la sociedad civil cubana.

 

Tercero, a pesar de las presiones a las que fuimos sometidos desde que llegamos a Panamá, ningún miembro de la delegación cubana utilizó violencia física alguna contra quienes estuvieron provocándonos todo el tiempo con alusiones injuriosas a nuestros líderes y a nuestra patria. Lo primero que hicimos cuando pisamos tierra panameña fue denunciar en una conferencia de prensa la presencia de mercenarios, algunos de ellos vinculados a terroristas como Posada Carriles. Se trasladaron además todas las pruebas a los organizadores de los foros. Se distribuyó un tabloide elaborado por la UPEC con toda la información necesaria, cuya lectura recomiendo a Ravsberg (véanse los sitios Pensandoaméricas, Cubadebate o Cubaperiodistas).

 

Cuarto, la delegación cubana sufrió un tratamiento discriminatorio por parte de los organizadores de los foros paralelos. Veintiocho cubanos que habíamos cumplido todos los requisitos del largo proceso burocrático de inscripción y recibido el mensaje de confirmación, permanecimos sin credencial hasta el día de comienzo de las mesas de trabajo. Sin embargo, pudimos comprobar que a los mercenarios se les brindaron todas las facilidades. Sus nombres encabezaban la lista de Cuba para las acreditaciones y sobresalían en negritas, algo que verifiqué personalmente. El día de la inauguración tuvieron un acceso expedito a la sala cual si fueran presidentes.

 

Quinto, el día 10 de abril se orquestaron en el Hotel El Panamá las más elaboradas y maquiavélicas provocaciones contra nosotros. Primero, los organizadores del foro de la sociedad civil, nos desinformaron y nos remitieron a los salones del noveno piso, mientras, abajo, se montaba un ofensivo performance contra un pequeño grupo de jóvenes de nuestra delegación que permanecía en el lobby, donde “casualmente” ya estaban convocados los medios anticubanos. La respuesta nuestra fue firme y enérgica. Con orgullo cantamos el Himno Nacional y la Marcha del 26 de julio y coreamos consignas, pero nunca una palabrota por muy merecida que esta fuera. Las imágenes de Fariñas junto a Posada Carriles y la de Antúnez con Félix Rodríguez, enarbolando la foto del Che cautivo y a punto de ser asesinado, decían más que mil palabras. Hubo más tarde una segunda provocación, en la mesa de gobernabilidad democrática, cuando los organizadores dieron la palabra a un representante de la OEA, que aludió directamente a Cuba de forma insolente, mientras daban entrada a los mercenarios por un acceso lateral. Una vez más, logramos que se retiraran con nuestros argumentos y el apoyo de delegados de otros países.

 

Por otra parte, no sé con cuántos cubanos habrá conversado Ravsberg, pues estuvimos recibiendo mensajes de aliento provenientes de Cuba durante nuestra estancia en Panamá y, desde que llegamos a la Habana, cientos de personas nos han expresado su admiración por la manera en que actuamos y su deseo de haber tenido la oportunidad de participar en esta batalla. Como dijo Luis Morlote en el acto de recibimiento, no hicimos nada extraordinario, sino más bien lo que cualquier cubano digno hubiera hecho. Y sí, Ravsberg, en alguna medida fue un Girón, en el sentido en que nos enfrentamos a mercenarios como aquellos que invadieron la Isla en 1961, aunque en otro tipo de confrontación. Ojalá pudiéramos también en algún momento cambiarlos por compotas.

 

Ravsberg se equivoca cuando trata de contrastar el hecho de que Raúl y Obama sí pudieron dialogar, mientras la delegación cubana a los foros paralelos fue intolerante, incivilizada, expresión del pasado, al negarse a hablar con los enemigos. “En ese contexto regional es un suicidio político proclamar: nosotros no dialogamos con nuestros enemigos”, señala Ravsberg. No sé de dónde tomó la frase; pues al menos yo no la escuché en ningún momento en voz de mis compañeros. Lo que sí se reiteró es que no se dialogaría con mercenarios, que tienen la agenda de quienes les pagan. No son interlocutores creíbles. En su mayoría incluso se oponen al cambio de política iniciado por Obama y al levantamiento del bloqueo.

 

Todo parece indicar que Ravsberg cae en un absurdo que se repite con frecuencia, al considerar a estos mercenarios como una oposición real. En Panamá insistí mucho en las entrevistas que me hicieron, casi todas censuradas, en que estos sujetos, esta versión impresentable de una supuesta sociedad civil cubana, no son una oposición o disidencia efectiva, ni siquiera una contrarrevolución auténtica. Desde su origen han sido una creación de los Estados Unidos para promover un “cambio de régimen” en la Isla. Le recomiendo en este caso el texto de Esteban Morales “La contrarrevolución cubana nunca ha existido” (véase este propio blog).

 

Es cierto, como señala Ravsberg, que Raúl y Obama defienden ideologías contrarias y lograron sentarse a conversar. ¿Pero acaso Fariñas, Berta Soler, Rosa María Paya y el resto de la fauna que viajó a Panamá defienden algún tipo de ideología, más allá de la del dinero que reciben de sus amos del norte? Se me ocurre que Ravsberg pudiera quizás dar el palo periodístico haciéndole estas preguntas a Jonathan Farrar, ex jefe de la sección de intereses de Washington en la Habana, quien hizo una valoración certera de estos mercenarios revelada por Wikileaks. Coincidentemente es ahora el embajador de los Estados Unidos en Panamá y convocó a algunos de ellos para darles instrucciones (véase declaración de la delegación cubana a la Cumbre de los Pueblos publicada en Granma).

 

Ojalá Ravsberg tenga tiempo para revisar la documentación que le he recomendado y así tener una idea más completa de lo sucedido.

 

Duélale a quien le duela, la gran farsa que se preparaba contra Cuba en el foro de la sociedad civil quedó desnuda y desarticulada. La noticia que quería fabricarse era obvia: “Panamá como sede histórica de la reconciliación entre el gobierno de los Estados Unidos y Cuba y -de paso- entre los partidarios del régimen y la oposición interna”. Ese era el cintillo noticioso que se esperara recorriera el mundo. El manejo fue muy burdo. Una vez más las maniobras de los que pretenden humillar a Cuba terminaron en un fiasco. Nuestra soberanía es intocable. No aceptaremos intromisiones en nuestros asuntos internos. Para Cuba los principios, la dignidad y la moral son la guía fundamental de la política, y ya hemos visto cuán poderosas son esas armas. Lo ocurrido en Panamá ha sido una muestra elocuente de ello. La voz que más se sintió y la de mayor reconocimiento en la región fue la de la isla caribeña. Raúl Castro se convirtió, sin lugar a dudas, en el líder más aplaudido y admirado de la Cumbre de las Américas.