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28
Abril

Una nueva generación de oligarcas, radicales, peronistas ortodoxos y disidentes, así como neoperonistas progresistas, se organizan en Argentina de cara a las elecciones presidenciales que tendrán lugar el 25 de octubre de 2015, cuatro décadas después de la sangrienta dictadura y el rapaz neoliberalismo que conmocionó todos los estratos de la sociedad argentina.

Además de elegir presidente y vicepresidente, los argentinos votarán 130 diputados, 24 senadores y 43 parlamentarios del Parlasur. Según la nueva ley electoral los candidatos surgirán de elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, PASO, con voto secreto y obligatorio que se realizarán el 9 de agosto de 2015, si alcanzan el 1.5% de los votos válidos. En esta ocasión, por primera vez, los argentinos de 15 años podrán emitir sufragio.

Decenas de partidos forman coaliciones en la contienda electoral: Frente para la Victoria, FV, alianza de centro izquierda de tendencia kirchenerista; Frente Amplio Progresista, FAP, coalición progresista y socialdemócrata; Frente Popular, FP, de ideología comunista-socialista; Frente Renovador, FR, de orientación peronista revisionista; Frente de Izquierda y de los Trabajadores, FIT, de tendencia trotskista; Pro-UCR-CC, de orientación centro-derecha que agrupa ex peronistas, ex radicales y la ultraderecha, a los que se suman jóvenes profesionales y empresarios, y el Frente Justicialista, FJ, peronista oficialista.

Dentro de los numerosos candidatos a la presidencia los principales a nivel nacional, según las encuestas, son: el peronista y gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, el oligarca de centro-derecha y alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, y el diputado nacional peronista, Sergio Massa.

Argentina sufre hoy el mismo deformado proceso político padecido por Chile. La dictadura negoció con los partidos tradicionales, replegarse del poder dejando intacto los intereses económicos nacionales y extranjeros que defendieron contra las reformas que exigía el movimiento popular que avanzó electoralmente en la década de los 70, a cambio de una viciada “apertura” democrática.

Los asesinatos, desapariciones y torturas contra el movimiento revolucionario, así como el sufrimiento por el deterioro de la calidad de vida de los argentinos, que empobreció a la clase trabajadora y campesina, obligando al desplazamiento humano de la clase media al exterior, son heridas que permanecen abiertas y repercuten en los procesos electorales tanto en Chile como en Argentina, a pesar de los esfuerzos por mantener viva la memoria de ese funesto período y castigar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.

Las próximas elecciones presidenciales en Argentina, están amenazadas por la misma experiencia política chilena, cuyo movimiento popular se encuentra neutralizado entre la ilusión socialista de la presidenta Bachelet y la realidad neoliberal pinochetista.

De la misma forma que el oligarca, Sebastián Piñera, dueño de una de las mayores fortunas de Chile alimentada por la dictadura de Pinochet, fue elegido presidente en el 2010 como consecuencia de una inexplicable “división” en el movimiento popular, el oligarca Mauricio Macri, representante de uno de los emporios industriales más poderosos y corruptos del país cuyo capital creció colaborando con la dictadura, puede ser “elegido” presidente por la “atomización” que ya se vislumbra dentro de los sectores centro-izquierda.

27
Abril

Canadá, Estados Unidos, China, Australia y Japón son los países que tienen más proyectos mineros en México, gracias a tratados y acuerdos de libre comercio que el país azteca ha firmado con otras naciones desde hace 20 años.

El 70 por ciento del sector minero mexicano pertenece a empresas extranjeras, en especial las canadienses, de acuerdo a la Cámara Minera de México (Camimex).

Según Camimex, los extranjeros tienen el control de unas 92 millones de hectáreas de concesiones en todo México.

Canadá lidera la lista Empresarios canadienses figuran en 207 proyectos mineros, lo que representa un total del 74 por ciento. 

Prueba de su imponencia en el sector minero mexicano es que de las diez minas de oro más grandes de México, siete están concesionadas a empresas canadienses: Goldcorp, Agnico Eagle, Alamos Gold, New Gold, Yamana Gold y Torex Gold Resources.

Estados Unidos ocupa el segundo lugar con 43 proyectos (el 15 por ciento), seguido de China con 8 proyectos, Australia con 6, y Japón con 5.

 

EN CONTEXTO

 

El sector minero está en manos de extranjeros debido a los distintos tratados y acuerdos de libre comercio que México ha firmado con varios países a raíz de las reformas neoliberales de hace 20 años.

Tan solo en 2013 hubo 857 proyectos de exploración y explotación minera con capital extranjero, que fueron concretados en 16 estados mexicanos.

25
Abril

El 24 de abril de 2015 se conmemoran 100 años de un crimen contra la humanidad, el exterminio sistemático del pueblo armenio por parte de Turquía. Se han fijado varias posturas, por un lado las expresiones de solidaridad con las víctimas, como la del Papa Francisco, y por otro la renuencia del gobierno turco a reconocer el genocidio contra más de un millón de armenios.

 

¿Qué es un genocidio?

 

La Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción al Delito de Genocidio de 1948 define:

Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial o religioso como tal:

 

a) Matanza de miembros del grupo;

 

b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

 

c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;

 

e) Traslado por fuerza de niños de un grupo a otro grupo.

 

Contra el pueblo de Armenia se aplicaron estos actos de “limpieza étnica”, para permitir el control social por parte de la raza turco-mongola.  

Armenia, su importancia para los imperios Armenia se encuentra en el sur del Cáucaso, dominado por el monte Ararat, lugar en el que según la Biblia tocó tierra el Arca de Noé luego del diluvio universal. Este país fue el primero en declarar el cristianismo como religión oficial en la segunda mitad del Siglo III.

Durante mucho tiempo su territorio formó parte de una red de rutas comerciales a través del continente asiático que une el este, el sur y Asia occidental con el mundo Mediterráneo, así como el norte de África y Europa, conocida como la Ruta de la Seda.

Su territorio fue conquistado por los imperios persa, griego (Alejandro Magno), romano, bizantino, ruso y otomano; así como por los árabes y los mongoles (Gengis Khan). Esto permitió un desarrollo cultural muy importante producto de la asimilación por los armenios de las tradiciones de los ocupantes, sin perder su identidad. De allí que sean considerados “los europeos de Asia”.

 

¿Cuáles fueron los antecedentes del Genocidio del pueblo armenio?

 

Los armenios vivieron sometidos al yugo del Imperio Otomano desde 1375 hasta la creación de la República en 1918. Los otomanos disputaban el control del territorio con la Rusia Zarista y los Persas. Armenia siempre luchó por alcanzar la autonomía y la independencia.

A finales del siglo XIX empieza la decadencia del Imperio Otomano y la pérdida de territorios con lo cual las autoridades intentaron reforzar su presencia en Asia Menor planteando la unidad en torno a un cinturón turco-mongol. La oposición Armenia a tales propósitos y la exigencia de autonomía encabezada por los sectores de la intelectualidad, fueron reprimidas por las fuerzas imperiales de manera violenta. 

En 1876 toma el poder del imperio Otomano el Sultán Abdul Hamid II. Su llegada al poder coincide con el interés creciente de Rusia en el Caucaso y su política de protección de las minorías cristianas, incluso en territorio turco. Esto llevó a la guerra ruso-turca (1877-1878).

Los armenios eran acusados por el Sultán de colaborar con el Zar ruso, alentando acciones militares y de eliminación física contra los miembros de esta colectividad. El fin de la guerra ruso-turca significó un retroceso en las condiciones de vida del pueblo armenio, lo que alentó los intentos a luchar por la independencia por la vía armada.

A mediados de 1895 el Sultán Hamid II ordena la aplicación de una política de terror contra la población armenia ligada a organizaciones políticas (Partido Armenagán, Federación Revolucionaria de Armenia, Partido Hunchakian y Partido Ramgavar), así como los vinculados a misiones religiosas cristianas. Aunque no hubo un plan de exterminio, la represión trajo consigo la muerte de importantes sectores de esa nación.

A la grave situación interna del Imperio Otomano, se sumaba la pérdida progresiva de territorios en los Balcanes. En tales circunstancias se forma el Partido Unión y Progreso de los Jóvenes Turcos con presencia en Europa y EE.UU.; organización que habría de derrocar al Sultán el 24 de abril de 1908.

 

El Partido de los Jóvenes Turcos y el proyecto de la “gran raza turca”

 

Con el lema de “Unión y Progreso” los Jóvenes Turcos llegaron al poder, acompañados del clamor de la población por el cese de la represión, el respeto a los bienes afectados por la acciones del Sultán, así como por promesas de creación de un Estado laico que reconociera la igualdad de derechos, garantías y participación parlamentaria que cobijaran incluso a las minorías étnicas.

No obstante, los dirigentes de la organización tenían entre sus planes la turquificación de la población en los territorios ocupados, conocido como el Panturanismo, corriente que impulsa la adopción, por los pueblos de Asia Central y las minorías étnicas, de la lengua turca como idioma común, la uniformidad de la enseñanza así como la introducción y adopción de patrones culturales turcos por parte de los pueblos ligados al imperio otomano.

Uno de los principales dirigentes del Partido de los Jóvenes Turco, Nazim Effendi expresaba así su propuesta:

 

“Sobre el territorio asiático, en dirección a oriente, hay ilimitadas posibilidades para nuestra expansión y desarrollo... es nuestro deber sagrado realizar la unión de la raza turca desde el Mediterráneo hasta el Mar Aral... A cambio de la idea del panislamismo, nuestra piedra fundamental política debe ser el panturanismo”.

 

 

Luego de reconocerse herederos de la Horda de Oro de Gengis Khan, sus ideólogos exaltan “la gran raza turca” caracterizada, según ellos por su “valentía física, nervios firmes, resistencia, heroísmo, decisión e impetuosidad, genio militar, el gobierno de una minoría superior, la armonía de los instintos y el espíritu de disciplina”; facultades necesarias para formar ejércitos y dominar países. “la turca es una raza dominadora y hecha para el mando; ha venido al mundo para gobernar”, reza su prédica.

Los anhelos de independencia del pueblo armenio y de creación de un Estado limitaba geográficamente el proyecto expansionista hacia Asia Central de los Jóvenes Turcos. Era necesario asimilar por la fuerza a los armenios o en su defecto, exterminarlos.

 

Los Planes de Genocidio contra los armenios

 

En 1909 inició la segunda fase del exterminio iniciada por el Sultán Hamid II; la misma tuvo lugar en la ciudad de Adaná con el asesinato de 30 mil armenios. En respuesta se reorganiza la resistencia armada por parte de los partidos políticos de esa colectividad.

 

Así justificaba el Dr. Nazim los planes de exterminio:

 

“Si quedamos satisfechos con masacres locales como las de Adana, si la purga no es completa y definitiva tendremos problemas. Es absolutamente necesario eliminar al pueblo armenio totalmente, que no quede ningún armenio en la Tierra, y que el concepto mismo de Armenia se extinga...El Imperio Otomano debe liberar a la patria de las aspiraciones de esa raza maldita...”

 

 

En 1914 empieza la Primera Guerra Mundial, una oportunidad para ejecutar el plan de “limpieza étnica” de los Jóvenes Turcos. El mismo tuvo tres etapas:

 

a) Desarme de la población en general, poseedora de armas para la guerra contra Rusia.

 

b) Desarticulación de las organizaciones políticas y de la intelectualidad armenia. El 24 de abril de 1915 fueron detenidos 600 intelectuales en Estambul, capital de Turquía. La mayoría fueron ejecutados como consecuencia de juicios forjados.

 

c) Aniquilación de los hombres. Con la excusa de la Guerra, el ejército turco enroló a los hombres armenios de edades comprendidas entre los 15 y 45 años. Estos no fueron dotados con armas para la guerra, sino que se usaron como carne de cañón y para construir trincheras u obligados a hacer trabajos forzados. La mayoría perecieron. 

Otra práctica utilizada para la aniquilación fue convocar a los varones que quedaban en las ciudades para su ejecución. Quienes lograron sobrevivir lo hicieron gracias al apoyo de la población turca que alertó sobre los planes de los Jóvenes Turcos.

 

d) Deportaciones masivas. Por orden del ministro del interior, Taleat Pasha, la población armenia “se reubicaba” en “zonas ajenas a la guerra”. Los deportados eran ahogados en mares y ríos, fallecían en el desierto de Deir El-Zor, eran degollados o simplemente morían en la travesía. La muerte no distinguía razones de edad, sexo o religión; el río Éufrates fue escenario de muchos de estos crímenes.

 

El ministro del interior turco, Talat Pasha señalaba el 9 de marzo de 1915:

 

“Todos los derechos de los armenios de vivir y trabajar en suelo turco han sido cancelados. Con respecto a esto el gobierno toma la responsabilidad y ordena no hacer excepciones de ninguna especie, incluyendo las criaturas recién nacidas... Sírvanse evacuarlos, ya sean mujeres o niños incluyendo a los incapacitados físicos... Podrán ser tomadas medidas directas, sin mayores miramientos...”

 

Algunas aldeas resistieron, razón por la cual el exterminio no fue total. En 1917 la coalición ruso-armenia derrota al ejército turco dirigido por el Ministro de Guerra Midhat Pasha. El revés trajo consigo la condena a la pena de muerte a los cabecillas del Partido de los Jóvenes Turcos, acusados de organizar y ejecutar el genocidio.

 

República de Armenia, las potencias negocian con Turquía

 

Tras la derrota turca en 1918 en la Primera Guerra Mundial, las potencias victoriosas decidieron auspiciar la creación de la República de Armenia. La misma fue proclamada en 1920 como consecuencia del Tratado de Sevrés; no obstante el apoyo los países vencedores en la contienda no se hizo palpable y al contrario, apoyaron a Turquía que se negó a reconocer el pacto. Las causas armenia y kurdas fueron olvidadas en el nuevo escenario de lucha contra la Rusia Bolchevique. 

Turquía desarrolló una ofensiva para recuperar militarmente el territorio cedido a la naciente república. Al mando estaba Mustafá Kemal, continuador de la matanza de la población armenia residente en las zonas reconquistadas. La masacre continuó hasta 1923.

Kemal asumiría el poder el 29 de octubre de 1923. Su siguiente tarea, construir una “Turquía para los turcos” y ocultar el genocidio.

 

Consecuencias del Genocidio Armenio

 

Las políticas de exterminio dejaron una profunda huella en la conciencia colectiva del pueblo armenio. La eliminación de un millón 500 mil personas trajo aparejada la pérdida de elementos de la herencia cultural y espiritual de un pueblo que tiene más de 3 mil años de existencia.

Adicionalmente se produjo la llamada diáspora armenia y la pérdida de la unidad nacional. Hoy encontramos armenios en todo el mundo, ligados sentimentalmente a su tierra, pero en un exilio obligado por el exterminio, la ausencia de justicia y de protección efectiva para su pueblo.

22 países del mundo han reconocido el Genocidio Armenio, entre ellos Rusia, Venezuela, Argentina, Suecia y El Vaticano. Uruguay fue el primer Estado en reconocer la causa del pueblo de Armenia, en 1965.

42 de las 50 entidades miembros de los Estados Unidos reconocen el genocidio; el Congreso estadounidense aprobó en 2007 una resolución en apoyo a Armenia, pero el mandatario George W. Bush no acató la resolución por considerar que afectaba las relaciones con su aliado en la OTAN y en la llamada “Guerra contra el terrorismo”.

Israel, Reino Unido, Alemania y España, tampoco reconocen el crimen de lesa humanidad. Recientemente el Papa Francisco condenó el crimen y lo calificó como el primer Genocidio del Siglo XX; “una tragedia inaudita”.

La voz de condena del Pontífice católico generó ataques verbales y amenazas por parte del gobierno turco de Tayyip Erdogan, que considera que no existen pruebas que vinculen al Imperio Otomano con el exterminio de la población armenia. De acuerdo con las cifras de Turquía, fallecieron 300 mil armenios a causa de la Primera Guerra Mundial; el resto murió en enfrentamientos con sus propios connacionales. Erdogan advertía al pontífice católico en abril de 2015,

 

"No permitiremos incidentes históricos sacados de contexto y usados como herramienta contra nuestro país. Yo condeno al Papa y le advierto que no cometa errores como este otra vez. No existió un genocidio contra Armenia”.

 

 

¿Por qué es importante el reconocimiento del Genocidio?

 

En 1985 la Subcomisión de Derechos Humanos de la ONU reconoció el Genocidio Armenio, un crimen de lesa humanidad. Los crímenes de guerra y de lesa humanidad no prescriben, es decir, no cesa la responsabilidad penal por el transcurso del tiempo.

En este caso Turquía estaría obligado a: castigar a los responsables del genocidio, si están vivos (no es el caso actual); reconocer formalmente el crimen; e indemnizar a las víctimas. El Estado turco estaría obligado internacionalmente a asumir la responsabilidad de los hechos.  

23
Abril

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó hoy, Día Mundial de la Tierra, que la realidad del cambio climático “no puede ser negada” por más tiempo y que es un imperativo tomar medidas inmediatas para paliar sus efectos.

Tras una visita guiada por el Parque Nacional de los Everglades, en el Sur de Florida y la mayor reserva subtropical en EU, Obama aseguró en una rueda de prensa que el cambio climático “representa una amenaza” para las “riquezas naturales que atesora” la nación y su “industria turística”.

Insistió en el daño real que el cambio climático está infligiendo a los ecosistemas estadounidenses y se mostró especialmente preocupado por su efecto en los Everglades, un humedal de más de 600,000 hectáreas con una gran variedad de especies animales.

“Es un problema (el cambio climático) de ahora y debemos actuar ya, porque es además una cuestión de seguridad nacional”, aseguró el mandatario, para agregar que quiere destinar “25 millones en fondos públicos y privados para restaurar los parques nacionales”, una forma inteligente de “proteger nuestra economía”.

Obama se mostró hoy especialmente preocupado por la situación del frágil humedal de los Everglades, muy expuesto al aumento del nivel del mar y en situación de riesgo por la penetración del agua marina en su interior.

Estos peligros, advirtió, ponen en riesgo los más de 82,000 millones de dólares que genera el sector turístico en el estado de Florida, pero de manera directa los Everglades, un ecosistema en el que la Administración ha invertido para su protección más de 2,200 millones de dólares.

En esa línea, Obama puso en valor el esfuerzo del Gobierno por la conservación de los Everglades, en cuya restauración ha destinado para 2016 un presupuesto de 240 millones de dólares adicionales, dijo.

Y advirtió a los detractores del cambio climático: “El hecho de que nieguen el cambio climático no significa que no ocurra”.

Así, se refirió al deber ineludible de ambos partidos, e republicano y el demócrata, de “proteger el medioambiente”, una tarea que se debe abordar por y para las “próximas generaciones, las de nuestros hijos, nietos, e hijos de nuestros nietos”.

“Si no actuamos, tal vez los Everglades dejen de existir como los conocemos”, afirmó el mandatario.