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14
Mayo

Mientras el presidente, Barack Obama hace filigranas para mantener un difícil equilibrio en su relación con las monarquías del Golfo e Irán, en el Medio Oriente crecen las tensiones alentadas por el visceral odio de la ultraderecha norteamericana contra el reformista presidente afroamericano.

El desafío de los “aliados” a la Casa Blanca, (en Bahrein se halla la sede de la Quinta Flota de EU y en Qatar la mayor base aérea de EU en la región, de donde procede el armamento, equipamiento y asesores militares para el funcionamiento de los ejércitos del Golfo), se reflejó en la respuesta árabe al llamado del presidente norteamericano para participar en una reunión Cumbre iniciada ayer en Camp David, con el propósito de transmitir confianza sobre los acuerdos alcanzados por EU con Irán.

Sólo estarán presentes en la Cumbre los emires de Kuwait y Qatar. Omán y Emiratos Arabes Unidos se excusaron por la delicada salud de sus monarcas, mientras que Arabia Saudita decidió enviar a Mohamed bin Nayef y Mohamed bin Salman, sobrino e hijo del rey saudí, decisión que los especialistas consideran un gesto de protesta por la política de Washington hacia el Medio Oriente.

Según el profesor visitante del Kings College de Londres, Ganem Nuseibeh: “El Consejo de Cooperación del Golfo, CCG, no está para nada de acuerdo con EU en los asuntos regionales clave. Hay un descontento notable con las políticas de Obama”, señala Nuseibeh.

La principal crítica de los “aliados” árabes al presidente Obama, compartida también por Israel, es la supuesta tolerancia hacia Irán que culpan por su creciente influencia en los conflictos en Siria, Irak, y más reciente en Yemen, país considerado por los sauditas como su “patrio trasero”.

Trascendió que la intención de Obama en la Cumbre árabe, es proteger las alianzas y hacerlas compatible con el acercamiento diplomático a Irán y, por otra parte, calmar los temores de las monarquías árabes proponiendo un sistema de defensa colectiva antimisil, (más beneficios para el complejo militar industrial), como medida de defensa alternativa a la creación de una fuerza militar conjunta propuesta por Arabia Saudita, con explícita intención de impedir nuevas “primaveras árabes” en la región, y presentar un bloque militar frente a Irán.

Mientras Obama maneja con sabiduría las contradicciones entre la Casa Blanca y las monarquías del Golfo, que no son más que el reflejo internacional de la contradicción entre la ultraderecha republicana y la clase política centro-reformista que lidera el presidente, impertérrito, envió a su secretario de Estado, John Kerry, a reunirse con el presidente ruso, Vladimir Putin, para examinar los temas conflictivos entre las dos superpotencias, sugiriendo la búsqueda de un camino hacia la distensión. “Tuvimos conversaciones francas con el presidente Putin y el ministro Lavrov en temas claves como Irán, Siria y Ucrania”, declaró Kerry. “Es importante mantener líneas de comunicación entre EU y Rusia, mientras afrontamos temas globales”, agregó.

Por su parte el ministerio de Exteriores ruso informó en un comunicado: “Rusia está dispuesta a una cooperación constructiva con EU, tanto en el plano bilateral como en la arena mundial (...) Pero esta cooperación sólo será posible en un plano sincero y de igualdad, sin intentos de dictado y de imposición”. En los últimos meses, Obama cedió ante la presión de la ultraderecha para imponer sanciones a Moscú, situación calificada por el canciller ruso Lavrov, como “un callejón sin salida”.

10
Mayo

Rusia conmemoró el 70 aniversario de la victoria de la URSS sobre Alemania fascista, acción que decidió el fin de la II Guerra Mundial.

Una treintena de presidentes y jefes de Estado de todas las regiones del mundo, incluyendo al secretario general de la ONU, estuvieron presentes. Sin embargo la ausencia de los líderes de las potencias occidentales, EU, Francia, Reino Unido y Alemania, no pasó inadvertida, por su mezquindad hacia una heroica generación soviética y la hipocresía sobre la convivencia pacífica entre naciones.

La II Guerra Mundial fue el conflicto más sangriento que registra la historia. Por la pérdida de vidas y sufrimiento humano, así como por la destrucción de bienes materiales, los victoriosos líderes aliados estaban obligados moralmente a garantizar a las futuras generaciones la solución pacífica de diferencias entre naciones.

Para un objetivo registro histórico, el frente soviético-alemán o frente Oriental fue cuatro veces mayor que el norteafricano, el italiano y el frente Occidental, alrededor de 4,000 kilómetros en 1941 y más de 6,000 en 1942.

El ejército anglo-norteamericano en Africa del Norte se enfrentó de 1941 a 1943 a entre 9 y 20 divisiones, en Italia de 1943 a 1945, fueron entre 7 y 26 divisiones y en Europa Occidental, después que se abriera el frente Occidental en 1944, entre 56 y 75 divisiones. Por su parte el Ejército Rojo derrotó en el frente Oriental 674 divisiones, para un 73% del total de bajas, cuatro veces más altas que en los escenarios bélicos de Europa Occidental y el Mediterráneo.

Entre 1941 y 1945 las tropas del Ejército Soviético derrotaron o apresaron a 607 divisiones enemigas, mientras que en el mismo tiempo las fuerzas anglo-norteamericanas lo hicieron con unas 176 divisiones. En el frente Oriental la Wehrmacht perdió el 70% de todos los aviones durante la guerra, el 75% de los tanques y el 74% de la artillería.

En EU el costo en vidas fue de 407 mil militares y 6 mil civiles, Reino Unido perdió 403 mil militares y 92,700 civiles, Francia 245 mil militares y 350 mil civiles, Polonia 597 mil militares y 5 millones 860 mil civiles, y la URSS 12 millones de militares y 17 millones de civiles.

En términos de destrucción material, las comunicaciones (puertos, ferrocarriles, puentes y viaductos) y las grandes ciudades, sufrieron los daños mayores. Alemania perdió 20% de sus viviendas y Reino Unido 9% a causa de los bombardeos que afectaron también su industria. Sin embargo, en Europa oriental fue donde las destrucciones alcanzaron mayor magnitud: en la URSS 17,000 ciudades y 70,000 pueblos fueron arrasados, perdiendo más de 20% de su potencial industrial e incalculables daños en agricultura y ganadería.

Durante su alocución en el acto conmemorativo, el presidente ruso, Vladimir Putin, agradeció “A los pueblos de Gran Bretaña, Francia, y los Estados Unidos de América, por su contribución a la victoria”, y también a los “antifascistas de diferentes países, que con espíritu de sacrificio lucharon en las unidades guerrilleras y en la clandestinidad, incluido en la misma Alemania”.

Cada aniversario de la victoria común de los aliados sobre el Eje nazi-fascista, es un homenaje al sacrificio humano que desborda banderas y territorios, siendo la mejor ocasión para que todos los líderes del planeta, al margen de las diferencias que puedan existir en el momento, reafirmen su compromiso por la paz.

01
Mayo

Al cumplirse 40 años de la derrota militar de EU en Vietnam, la moraleja es que Washington pierde guerras, pero el complejo-militar-industrial gana beneficios.

El 17 de enero de 1961, al finalizar su mandato como presidente de EU, el general Dwight D. Eisenhower afirmó en un discurso televisado a la nación: “En los consejos de gobierno, debemos estar alerta contra el desarrollo de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial.

“Existe y existirán circunstancias que harán posible que surjan poderes en lugares indebidos, con efectos desastrosos. Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos. No deberíamos dar nada por supuesto. Sólo una ciudadanía entendida y alerta puede obligar a que se produzca una correcta imbricación entre la inmensa maquinaria defensiva industrial y militar, y nuestros métodos y objetivos pacíficos, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas”.

Medio siglo después, se confirma el fatal presagio del ultraderechista general, con la incuestionable influencia del complejo militar industrial en la política exterior de EU. Ya en la década de los 60, cuando Eisenhower hizo su apocalíptica advertencia, tres millones y medio de hombres y mujeres norteamericanos formaban parte del sistema de defensa de EU y el gasto en seguridad militar anual era superior a la suma de los ingresos netos de todas las empresas de la nación.

La perversa ecuación prosperidad económica-producción militar no sólo destaca la contradicción entre el discurso de paz y el incremento de la producción militar, sino que crea la adicción económica que impide a la ciudadanía estar “entendida y alerta” para velar por un equilibrio entre la maquinaria industrial militar y las leyes de la nación.

Desde la llegada a la Casa Blanca del presidente, John F. Kennedy, todos los mandatarios han exhibido con orgullo su “propia” doctrina militar, que no es otra cosa que el desarrollo tecnológico del complejo militar industrial racionalizado y supervisado por el Pentágono, brazo imperialista del sistema político norteamericano.

En cuatro décadas la presencia masiva de soldados invasores fue sustituida por pequeñas unidades especiales de combate y despliegue rápido con apoyo aéreo y gran concentración de fuego, hasta ir transformándose en la novedosa modalidad de guerra de “drones”, donde desde bases en EU y sin correr riesgo alguno, especialistas bombardean objetivos seleccionados en Yemen, Afganistán o Pakistán en la mañana, y en la tarde comparten una barbacoa en su residencia con familia y amigos, después de cumplir su “jornada” de trabajo.

Con relación a los países en vías de desarrollo, las invasiones masivas y el apoyo a dictaduras militares, fueron sustituidas por la Guerra de Baja Intensidad con doble beneficio: legalidad y dependencia económica de la clase militar local.

Si Washington fracasó militarmente en Vietnam, Afganistán e Irak, ganó en la creación de un paranoico contexto de extrema seguridad, que convierte a todas las regiones del mundo en un lucrativo mercado de terror y muerte, donde unas 40 industrias militares norteamericanas de las 100 existentes en el planeta, dominan más de la mitad de todo el mercado mundial de armas.

Esa nefasta influencia es quizás la principal causa de que las leyes del desarrollo social en EU, marchen de forma errática, en contradicción entre el creciente bienestar de la población y su dependencia de los conflictos armados.

28
Abril

Una nueva generación de oligarcas, radicales, peronistas ortodoxos y disidentes, así como neoperonistas progresistas, se organizan en Argentina de cara a las elecciones presidenciales que tendrán lugar el 25 de octubre de 2015, cuatro décadas después de la sangrienta dictadura y el rapaz neoliberalismo que conmocionó todos los estratos de la sociedad argentina.

Además de elegir presidente y vicepresidente, los argentinos votarán 130 diputados, 24 senadores y 43 parlamentarios del Parlasur. Según la nueva ley electoral los candidatos surgirán de elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, PASO, con voto secreto y obligatorio que se realizarán el 9 de agosto de 2015, si alcanzan el 1.5% de los votos válidos. En esta ocasión, por primera vez, los argentinos de 15 años podrán emitir sufragio.

Decenas de partidos forman coaliciones en la contienda electoral: Frente para la Victoria, FV, alianza de centro izquierda de tendencia kirchenerista; Frente Amplio Progresista, FAP, coalición progresista y socialdemócrata; Frente Popular, FP, de ideología comunista-socialista; Frente Renovador, FR, de orientación peronista revisionista; Frente de Izquierda y de los Trabajadores, FIT, de tendencia trotskista; Pro-UCR-CC, de orientación centro-derecha que agrupa ex peronistas, ex radicales y la ultraderecha, a los que se suman jóvenes profesionales y empresarios, y el Frente Justicialista, FJ, peronista oficialista.

Dentro de los numerosos candidatos a la presidencia los principales a nivel nacional, según las encuestas, son: el peronista y gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, el oligarca de centro-derecha y alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, y el diputado nacional peronista, Sergio Massa.

Argentina sufre hoy el mismo deformado proceso político padecido por Chile. La dictadura negoció con los partidos tradicionales, replegarse del poder dejando intacto los intereses económicos nacionales y extranjeros que defendieron contra las reformas que exigía el movimiento popular que avanzó electoralmente en la década de los 70, a cambio de una viciada “apertura” democrática.

Los asesinatos, desapariciones y torturas contra el movimiento revolucionario, así como el sufrimiento por el deterioro de la calidad de vida de los argentinos, que empobreció a la clase trabajadora y campesina, obligando al desplazamiento humano de la clase media al exterior, son heridas que permanecen abiertas y repercuten en los procesos electorales tanto en Chile como en Argentina, a pesar de los esfuerzos por mantener viva la memoria de ese funesto período y castigar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.

Las próximas elecciones presidenciales en Argentina, están amenazadas por la misma experiencia política chilena, cuyo movimiento popular se encuentra neutralizado entre la ilusión socialista de la presidenta Bachelet y la realidad neoliberal pinochetista.

De la misma forma que el oligarca, Sebastián Piñera, dueño de una de las mayores fortunas de Chile alimentada por la dictadura de Pinochet, fue elegido presidente en el 2010 como consecuencia de una inexplicable “división” en el movimiento popular, el oligarca Mauricio Macri, representante de uno de los emporios industriales más poderosos y corruptos del país cuyo capital creció colaborando con la dictadura, puede ser “elegido” presidente por la “atomización” que ya se vislumbra dentro de los sectores centro-izquierda.