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Febrero

Entre los más graves y antiguos conflictos de EU sin solucionar se encuentra la guerra de Corea, iniciada en 1950 y congelada en 1953, tras un precario “cese al fuego” para un acuerdo de paz que aún espera por su firma.

La península de Corea había permanecido ocupada por Japón desde 1910 hasta el final de la II Guerra Mundial. Tras la capitulación del Imperio de Japón el 15 de agosto de 1945, la península quedó dividida por el Paralelo 38, quedando el Norte ocupado por tropas soviéticas y el Sur por tropas norteamericanas.

La imagen mediática de Corea del Norte aparece como un régimen dictatorial que oprime a su pueblo y un paria internacional que amenaza la paz internacional. Sin embargo, si se toma en cuenta la fuerza militar desplegada cerca de su frontera bajo el estado de guerra con EU, cualquier medida doméstica o exterior para defender su soberanía está plenamente justificada.

Corea del Sur destina el 2.6 de su PIB y el 15% del presupuesto anual a sus fuerzas armadas. El servicio militar obligatorio lo convierte en el sexto país en número de tropas activas más grande del mundo, la segunda reserva militar más grande y el duodécimo presupuesto para la defensa más alto. De estas fuerzas, casi 2 millones de soldados se concentran cerca de la zona fronteriza con Corea del Norte.

El ejército surcoreano cuenta con más de 2,300 tanques de combate en operación, mientras que la Marina tiene la sexta flota de destructores más grande en el mundo. La Fuerza Aérea es la novena más grande en su tipo, y cuenta con centenares de aviones de combate norteamericanos de última generación. Además, EU mantiene desplegado en territorio surcoreano un contingente de 29 mil soldados bajo la sombrilla nuclear del Pentágono, para defender al país en caso de un ataque norcoreano.

Después de la victoria aliada contra el nazi-fascismo, la liberación de la península coreana ofrecía la oportunidad para que EU y la URSS compartieran una nueva estrategia geopolítica en beneficio de los pueblos que habían sufrido la dominación colonial. Sin embargo, fue todo lo contrario. El territorio coreano se convirtió en la manzana de la discordia entre los antiguos aliados, primera señal del nefasto período de la “guerra fría”, donde el Este y el Oeste competirían por ganar influencia en todas las regiones del planeta, poniendo en riesgo a sus indefensas poblaciones.

El conflicto coreano es herencia de esa época. No es un secreto la influencia de China en Corea del Norte y la de EU en Corea del Sur, en ese macabro equilibrio internacional. El pasado miércoles el secretario de Estado de EU, John Kerry, visitó Pekín para reunirse con el presidente, Xi Jinping, y el ministro de Exteriores, Wang Yi, tras su gira por Asia que lo llevó por Laos y Camboya.

Trascendió que durante el encuentro Kerry solicitó a Jinping que medie con el gobierno norcoreano para que regrese a las negociaciones sobre su programa nuclear suspendidas desde diciembre de 2008. Desde entonces, Pyongyang ha llevado a cabo tres pruebas con armas nucleares.

Cuando el presidente Obama asumió la presidencia, Irán comenzaba su polémico programa nuclear pacífico, mientras Corea del Norte realizaba pruebas con armas nucleares. La atención del presidente se centró entonces en la “amenaza” iraní y no en el “peligro” norcoreano.

¿Por qué ningún candidato a la presidencia en EU se compromete a firmar con Corea del Norte el acuerdo de paz pendiente desde 1953? ¿Será porque perjudica los intereses del complejo militar industrial?

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