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24
Septiembre

El vicepresidente estadounidense Joe Biden se precipitó en reconocer al gobierno de facto de Michel Temer. Lo hizo a la vez que opinaba sobre el referéndum en Venezuela, instando al gobierno de Nicolás Maduro a que el revocatorio pedido por la oposición conservadora se haga durante el curso de 2016, algo que parece improbable, visto y considerando que la MUD comenzó tarde ―en el mes de abril― el extenso proceso de juntada de firmas y verificación.

¿Qué dijo en concreto Biden? "EE.UU. seguirá trabajando estrechamente con el presidente Temer", admitió, para luego caracterizar al 'impeachment' como "uno de los mayores cambios políticos" de la región en los últimos tiempos. Es indudable la satisfacción que puede producir para el Departamento de Estado de EE.UU. que un asiduo informante de la Embajada de EEUU en Brasilia, tal como apareciera catalogado Temer en los cables desclasificados por WikiLeaks, sea ahora el presidente del país más grande de la región. No llama la atención que EE.UU., que reconociera a Micheletti en Honduras y a Franco en Paraguay, tras dos golpes consumados en 2009 y 2012 respectivamente, siga ahora aquella triste "tradición". Como dice el dicho, "no hay dos sin tres".

Pero la doble vara de Biden es inocultable: las encuestas conocidas en Brasil marcan que un porcentaje mayoritario de la población ―6 de 10, según Vox Pópuli― anhela elecciones anticipadas, ya que considera ilegítimo a Temer, quien ya comienza a aplicar el programa político derrotado en las elecciones de 2014. Incluso en las masivas movilizaciones de esta semana la consigna fue 'Direitas ja' (Elecciones directas ya) en una resignificación de la histórica demanda planteada por las organizaciones sociales frente a la dictadura de aquel país. Es decir: la sociedad civil de Brasil está pidiendo, ni más ni menos, que ir a las urnas para dirimir el destino político del país.

Resulta sintomático que Biden, quien le exige a Venezuela celeridad en implementar un revocatorio que no existe en ningún otro país de América Latina y el Caribe, no tenga apuro de ningún tipo en que los 54 millones de brasileños que votaron a Rousseff puedan elegir un gobierno acorde a sus preferencias. La doble vara tiene una explicación concreta: los intereses norteamericanos en la región. EE.UU. necesita al chavismo ―reelecto en 2013 con el 51% de los votos― afuera del poder en Venezuela para derrumbar finalmente el ciclo de gobiernos populares que, bajo la tríada Buenos Aires-Brasilia-Caracas, le dijo 'No al ALCA' en 2005. El desabastecimiento inducido es parte de ese mismo plan, similar al orquestado contra el gobierno de Salvador Allende en el Chile del 70. La salida de Maduro del poder, por la vía que fuere, sería la llave para luego avanzar en Bolivia ―ver el asesinato del viceministro Illanes― y Ecuador ―ver lo que sucede al interior de las FF.AA.―.

¿Podrán los movimientos populares ofrecer resistencias y alternativas ―en las urnas y en las calles― a la restauración conservadora que a todas luces avanza sobre la región? ¿Qué rol cumplirán los liderazgos de aquellos expresidentes que, hoy sin funciones ejecutivas, aún cuentan con una intención de voto importante de cara a las próximas presidenciales? Son preguntas cuyas respuestas pueden modificar la correlación de fuerzas a nivel regional. Si allí hay incertidumbres que alumbrar con el paso del tiempo, las declaraciones de Biden no dejan sino certezas: EE.UU. tiene una doble vara evidente sobre lo que sucede en nuestros países, con el único objetivo de cerrar el ciclo continental de gobiernos progresistas.

 

De secretos reveladores a pronósticos fallidos: La CIA desclasifica 2.500 documentos

 

Los informes de la CIA a los expresidentes Richard Nixon y Gerald Ford arrojan luz sobre el papel de EE.UU. en varios golpes de Estado de diferentes partes del mundo.

Gerald Ford y director designado de la CIA George H. W. BushLa CIA ha desclasificado 2.500 informes que recibieron a diario durante sus mandatos los expresidentes estadounidenses Richard Nixon y Gerald Ford que, entre otras cosas, arrojan luz sobre el papel de Estados Unidos en varios golpes de Estado que tuvieron lugar en diferentes partes del mundo.

El periodista Mijaíl Tíschenko, que ha analizado esos documentos para el portal Slon, subraya que parte de la información ha sido censurada, algo que considera "revelador". Por ejemplo, en el archivo 'Chile' fechado el 11 de septiembre de 1973 —el día en que fue derrocado Salvador Allende, quien fuera presidente chileno— "solo hay un espacio en blanco".

 

Secretos

 

1970: el golpe de Estado en Camboya

 

El 18 de marzo de 1970, el Gobierno monárquico del príncipe Norodom Sihanuk en Camboya fue derrocado por un grupo de conspiradores, encabezados por el general Lon Nol. Se considera que EE.UU. promovió esa asonada, una versión que apoyaba el mandatario depuesto.

El informe de la CIA del día siguiente al cambio de poder describe la nueva situación en Camboya, pero dos de sus fragmentos están censurados. De igual manera, también falta texto al comienzo del documento del día previo, que "enumera los temas más importantes", así como el nombre del país.

 

1970: las elecciones en Chile

 

En las elecciones presidenciales que Chile celebró el 4 de septiembre de 1970, EE.UU. trató de impedir la victoria del candidato de izquierda, Salvador Allende, apoyado por la Unión Soviética.

Mijaíl Tíschenko cita testimonios de antiguos mienbros de esa agencia, que revelaron que pocos meses antes, el 27 de junio, en la Casa Blanca se celebró una reunión secreta en la que los estadounidenses decidieron destinar cerca de 400.000 dólares —alrededor de 2,4 millones, hoy en día— para apoyar a los rivales de Allende.

Un informe del 29 de junio posee una sección titulada 'América Latina', aunque todo su texto está censurado, mientras que en otro escrito del día posterior aparece una sección dedicada a las elecciones en Chile, pero uno de sus fragmentos también está eliminado.

 

1971: el golpe de Estado en Bolivia

 

El 21 de agosto de 1971, el presidente boliviano Juan Torres, que tenía relaciones bastante tensas con EE.UU., fue derrocado por el general Hugo Banzer, que contaba con el apoyo de Washington. Posteriormente, aparecieron varias evidencias, incluidos documentos oficiales desclasificados, que demostraron que los norteamericanos estuvieron implicados en ese golpe.

Un informe de la CIA del 20 de agosto de ese año menciona los disturbios contra el Gobierno en Bolivia, y al día siguiente, explica que los rebeldes estaban a punto de ganar. Sin embargo, dos fragmentos del texto están censurados.

 

1973: el golpe de estado en Chile

 

Salvador Allende fue derrocado el 11 de septiembre de 1973. Aunque EE.UU. negó de manera oficial cualquier implicación en el golpe del general Augusto Pinochet, el director de la CIA, William Colby, reconoció ante el Congreso de su país que Washington había apoyado a algunas organizaciones chilenas.

En el informe del día previo aparece un breve mensaje sobre la "situación tensa" que se vivía en Chile, mientras que el documento de la jornada posterior contiene unos párrafos que han sido eliminados. Cuando aborda la muerte de Allende y el cambio de Gobierno también falta contenido.

Otros archivos publicados posteriormente confirmaron que, en 1970, la inteligencia estadounidense recibió instrucciones de Nixon para que impidiera la llegada de Allende al poder o de derrocarlo, en el caso de que lograra su objetivo.

 

Pronósticos

 

Los documentos desclasificados de la CIA también contienen pronósticos sobre varios acontecimientos relevantes de la década de los 70: algunos se cumplieron y otros resultaron erróneos.

 

1972: el ataque terrorista en los Juegos Olímpicos de Múnich

 

El 5 de septiembre de 1972, un ataque del grupo terrorista Septiembre Negro en los Juegos Olímpicos de Múnich (Baviera, Alemania) acabó con la vida de 11 israelíes. En una reunión al día siguiente, la CIA sugirió que Israel ofrecería una respuesta contundente a ese atentado.

Tíschenko que señala que, en general, el pronóstico se cumplió. En abril de 1973, los servicios de seguridad israelíes llevaron a cabo una operación en Beirut (Líbano) contra los miembros de la dirección de Al Fatah, así como contra militantes del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Como resultado de esa incursión murieron decenas de personas y destruyeron una planta para la producción de armas controlada por palestinos. Además, entre 1972 y 1973 acabaron con la vida de varias personas vinculadas a Septiembre Negro.

 

1973: la guerra de Yom Kipur

 

En octubre de 1973, la coalición de países árabes liderados por Egipto y Siria libraron una guerra contra Israel. El conflicto duró pocas semanas, pero provocó grandes pérdidas en ambos bandos. Posteriormente, Israel criticó a inteligencia de EE.UU. porque había asegurado que no habría ningún conflicto armado.

El 5 de octubre de 1973, un día antes del comienzo de las hostilidades, la CIA indicó durante una sesión informativa de que el Ejército egipcio estaba llevando a cabo ejercicios militares a gran escala, pero consideró muy poco probable que se estuviera preparando para atacar a Israel. Otra vez, unos fragmentos del texto fueron censurados.

 

1975: la Caída de Saigón

 

En 1975, el Ejército de Vietnam del Norte lanzó una gran ofensiva que provocó el fin de la guerra de Vietnam, que duró casi 20 años. En aquella época, el Ejército de Vietnam del Sur superaba en número a las tropas del Norte, pero tenía dificultades con los suministros.

El 28 de marzo de 1975, la CIA informó al presidente Ford de que el Gobierno de Vietnam del Sur tenía pocas probabilidades de ganar y que tardaría poco tiempo en enfrentarse a la derrota. Sin embargo, la inteligencia estadounidense no esperaba un ataque a Saigón y confiaba en que aguantaría, al menos, hasta principios de 1976. La captura de la ciudad se produjo en un mes.

22
Agosto

No es fácil acceder a Attawapiskat. A generaciones de políticos canadienses nunca se les ocurrió visitarlo.

Sin embargo, este destartalado asentamiento aborigen, situado al sur de la Bahía de Hudson, fue noticia en el último año por siniestras razones.

En octubre pasado, una niña de 13 años, Sheridan Hookimaw, se ahorcó en el vertedero de basura de este pueblo de 2.000 habitantes.

Desde entonces, más de 100 residentes de Attawapiskat, la mayoría de ellos adolescentes, han intentado suicidarse.

La tía de Sheridan, Jackie Hookimaw, una profesora nativa del grupo indígena Cree de Attawapiskat, se ofreció a mostrarme su pueblo.

Comenzamos atravesando un sendero de tierra, pasando por cabañas de madera rodeadas de tipis (tiendas cónicas indígenas).

Un muchacho está cargando contenedores en un cuatriciclo afuera de un cobertizo.

"Esa es la planta de tratamiento de agua", me cuenta Jackie.

"Es el único lugar donde podemos conseguir agua potable. La que sale del grifo es tan tóxica que ni siquiera nos duchamos con ella, ni mucho menos la bebemos"

"Acá tenemos de todo, desde erupciones hasta cánceres", asegura.

El camino nos lleva hasta un recinto deportivo. Hay un gimnasio improvisado con mancuernas, un par de máquinas de pesas y un aire cargado de sudor rancio.

Conozco a Skylar Hookimaw, de 19 años, quien frunce el ceño mientras trabaja su bíceps.

Sheridan era su hermana pequeña.

"Todavía parece que fuera mentira (la muerte de Sheridan), que nunca hubiera sucedido. Pero ocurrió", se lamenta.

Se forma un pesado silencio.

"¿Por qué sucede tan a menudo?", pregunto.

"Problemas familiares, acoso escolar, drogas, alcohol", dice Skylar.

"Los niños se sienten abandonados; como si su vida no importara", sostiene el joven.

En abril, 11 muchachos trataron de quitarse la vida en un solo fin de semana.

El día previo a mi llegada, una joven se cortó las muñecas y tuvo que ser trasladada en helicóptero al hospital.

La semana anterior, un chico "en riesgo" trató de ahorcarse.

“No nos van a patear, no nos van a someter. De ninguna manera vamos a seguir guardando silencio”.  Jacky Crazybull.

Jackie me lleva en canoa por el río Attawapiskat.

Su gente ha pescado aquí y cazado gansos y caribúes (renos propios de Canadá y de América del Norte) durante generaciones.

Cuatro niñas juegan en el río, nadando, salpicándose agua y riendo a carcajadas.

"Aunque no lo parezca, esas niñas están sufriendo", dice Jackie, al tiempo que agita su mano para saludarlas.

"Nuestros jóvenes están perdidos. No se sienten valorados. Se sienten desconectados de su cultura y necesitan ayuda", me confiesa.

La ayuda, dice Justin Trudeau, el joven primer ministro de Canadá, está en camino.

Trudeau prometió un nuevo punto de partida en la relación de Canadá con sus 1,4 millones de ciudadanos aborígenes.

Garantizó más dinero para sus comunidades y un nuevo enfoque en educación y salud mental en Naciones Originarias de Canadá, como Attawapiskat.

También puso en marcha una investigación sobre otra situación macabra de los indígenas en la Canadá moderna: los sorprendentes desproporcionados niveles de violencia hacia las mujeres de sus comunidades.

En los últimos 30 años, más de 4.000 mujeres indígenas han desaparecido o han sido asesinadas.

Muchas de ellas pasaron inadvertidas cuando llegaron a las ciudades canadienses.

La policía, los tribunales y los servicios sociales tienen un vergonzoso historial de fracasos a la hora de proteger, investigar, procesar y, en definitiva, preocuparse por el asunto.

En la próspera Calgary, una ciudad occidental enriquecida por el ganado y el aceite, me uní a una vigilia en la lluvia por la muerte del la joven de 25 años Joey English.

Su cuerpo desmembrado fue hallado en un parque de la ciudad el pasado mes de junio.

Un par de docenas de amigos acompañaron a Stephanie y Patsy, la madre y abuela de Joey, en los cantos y música de tambores en su memoria.

"Es como cuando te cortas y no puedes controlar el flujo de la sangre. Así es como me siento", dice Stephanie.

“¡Estoy tan enojada con el sistema de justicia... tan cansada de esto! Nuestras familias, nuestras hermanas, necesitan ayuda”. Patsy, abuela de Joey English.

Cuando habla la abuela de Joey, aflora su rabia.

"¡Estoy tan enojada con el sistema de justicia... tan cansada de esto! Nuestras familias, nuestros hermanas, necesitan ayuda", dice Pasty.

A unos metros de este pequeño grupo de dolientes, las calles de Calgary se llenan de juerguistas para la Estampida anual, un festival impregnado de sombreros y botas vaqueras para celebrar los tiempos del Viejo Oeste de Canadá, cuando los vaqueros se asentaron en una tierra "mayoritariamente vacía".

Solo que esa tierra no estaba vacía.

Era la tierra de los pies negros, los Kainai, los Cree y muchas otras tribus.

"Nos enseñaron a guardar silencio", dice Sandra Manyfeathers, cuya hermana, Jacky Crazybull, fue asesinada durante la Estampida de Calgary hace nueve años.

"Pero estamos diciendo: 'No nos van a patear, no nos van a someter. De ninguna manera vamos a seguir guardando silencio", concluye.

 

Miles de mujeres aborígenes muertas o desaparecidas en Canadá

 

Se cuentan por miles. Son mujeres y niñas aborígenes que han desaparecido o han sido asesinadas en Canadá desde 1980 y cuyo destino quiere ahora esclarecer el gobierno del nuevo primer ministro Justin Trudeau.

Un informe de la Real Policía Montada de Canadá divulgado en 2014 estimaba en 1.200 el número de víctimas, pero -según afirmó la ministra de Asuntos Indígenas, Carolyn Bennett- "la tragedia es mucho más grande".

La cifra de víctimas podría superar las 4.000, según indicó la ministra de la Mujer, Patty Hajdu, sobre la base de un informe de la Asociación Canadiense de Mujeres Aborígenes.

Bennett acusó a la policía de no haber investigado suficientemente miles de casos que de acuerdo con los familiares de las víctimas fueron clasificados erróneamente como suicidios, muertes accidentales o muertes por causas naturales.

La mayor parte de las víctimas son residentes de Winnipeg, la ciudad con la población indígena más grande en Canadá, según reveló la BBC en una investigación que publicó sobre este tema en abril de 2015.

Según ese trabajo, decenas de mujeres aborígenes desaparecen cada año y muchas de ellas aparecen luego muertas en un río de la localidad.

 

La promesa de investigar

 

Durante la campaña electoral del año pasado, el actual primer ministro Justin Trudeau se comprometió a investigar esta situación.

Trudeau prometió a los jefes de las tribus aborígenes de Canadá que esta situación sería tratada con la máxima prioridad por parte de su gobierno.

Como un primer paso, se estableció una comisión en la que participan las ministras Hajdu y Bennet, quienes han estado conversando con sobrevivientes y con familiares de las víctimas en todo el país.

 

Víctimas fáciles

 

Según la investigación publicada por la BBC, en Canadá existe la creencia generalizada de que las indígenas son víctimas principalmente de miembros de su comunidad.

Según datos de la Real Policía Montada, más del 60% de las aborígenes asesinadas murieron a manos de maridos, familiares o amigos cercanos.

Sin embargo, hay aún un 40% de casos de muerte causada por extraños o conocidos casuales, un término que a menudo se usa para describir la relación entre trabajadoras sexuales y clientes.

En esos casos, puede resultar fundamental la vulnerabilidad de las víctimas.

De acuerdo con la investigación de la BBC, las aborígenes tienen una posibilidad cuatro veces mayor a ser asesinadas o desaparecer que otras mujeres canadienses.

El asesino en serie Shawn Lamb, condenado en Winnipeg en 2013 por asesinar a dos mujeres aborígenes, dijo que estas eran "las víctimas perfectas", pues a nadie parecía importarle si desaparecían.

23
Enero

Las elecciones de junio del 2015, que hicieron tambalear la hegemonía política del AKP, forzaron a la dupla de Recep Tayyip Erdogan como presidente y Ahmed Davutoglu como primer ministro, ante la imposibilidad de formar gobierno, llamar a elecciones anticipadas celebradas el 1 de noviembre del 2015.

 

OBJETIVO: DESESTABILIZAR TURQUÍA

 

Eso implicó dar pié al plan destinado a intensificar las acciones represivas contra la disidencia interna, la oposición kurda e involucrarse con mayor intensidad en la guerra de agresión contra Siria e Irak, apoyando a los grupos terroristas takfirí e incluso enviando tropas regulares con el objetivo de favorecer las posiciones del Partido gobernante y favorecerlos electoralmente. Las elecciones anticipadas del 1 de noviembre del 2015 y la recuperación de la mayoría parlamentaria – tras la debacle electoral del AKP de las elecciones de junio del 2015 -  mostraron que la estrategia de Shock de Erdogan-Davutoglu, de generar un estado de alarma y temor en la población turca, que les permitiera recuperar la mayoría parlamentaria necesaria para llevar a cabo la idea del Neo – Otomanismo, funcionó a la perfección.

La intensificación de conflictos se dio en el marco de un gobierno  fuertemente cuestionado, tras sus magros resultados en los comicios del 7 de junio del 2015. Esto porque su estructura política, el Partido Oficialista de Justicia y Desarrollo, sólo obtuvo un 40% de los votos. La aspiración de Erdogan y los suyos era superar la berrera del 52% de los votos y alcanzar así 330 diputados – sólo obtuvo 258 – con el objetivo de reformar la Constitución, que establece un sistema predominantemente parlamentario, impidiéndole convocar un referéndum, que otorgara al ejecutivo poderes más amplios.

La caída en el apoyo al AKP, signado en 9 puntos porcentuales tenían un claro responsable: el voto de protesta de una clase media turca, principalmente urbana, que rechazó la línea autoritaria que tomó el gobierno de Erdogan. Como también el impugnar  la política antikurda y la oposición a la política de injerencia turca en el auge del terrorismo de Daesh tanto en Siria como en Irak, que han llevado hasta las puertas turcas a elementos takfirí que pueden desestabilizar la frágil democracia turca. Los errores de Erdogan y su partido fueron capitalizados por el nacionalismo kurdo, aupado por los éxitos de sus hermanos kurdos-iraquíes en la lucha contra Daesh en el norte iraquí y la propia lucha de los kurdos-sirios.

Agreguemos un escenario regional fuertemente tensionado por la irrupción rusa en defensa del gobierno Sirio contra el extremismo takfirí – que ha significado una serie de protestas de Ankara acusando a Moscú de interferir en la política regional e incluso el derribo de un avión de combate ruso, que ejecutaba acciones de combate en territorio sirio , lo que generó un impasse y el debilitamiento de las relaciones entre Ankara y Moscú. Cada acción de este tipo, iba inflando el espíritu nacionalista turco y abriendo las posibilidades para consolidar a un régimen que supo sobreponerse a la derrota de junio del 2015 y alcanzar cifras de apoyo impensables en los análisis políticos previos.

 

¿ATENTADOS DE BANDERA FALSA?

 

El objetivo político de alcanzar el triunfo en noviembre del 2015 fue planeado hasta el último detalle e implicó la coordinación entre la elite gobernante, las Fuerzas Armadas, gran parte de los medios de comunicación y el aval político y diplomático de los aliados externos de Erdogan. Un propósito, que en cinco meses de puesta en práctica cambió la orientación esperanzadora de un posible cambio en Turquía, para volver al redil de un régimen autoritario. Un triunfo del AKP con enormes costos sociales, entre ellos una serie de atentados, que significó ofrendar la vida de cientos de seres humanos y avanzar en la teoría que en verdad nos encontramos al tipo de operaciones de Bandera Falsa. Ejemplificado con el atentado terrorista del sábado 10 de octubre del año 2015.

Ese día, en la ciudad de Ankara, previo a una manifestación pacífica  denominada “Marcha Por la Paz, la Democracia y el Trabajo” convocada por partidos, sindicatos y colegios profesionales de oposición al gobierno, una doble explosión sacudió los alrededores de la Estación Central de Ferrocarriles de la capital Turca. La cifra de afectados mostró la magnitud del crimen: 128 muertos y tres centenares de heridos. El atentado más sangriento de los últimos años en este país.   El acto había sido organizado por la oposición de izquierda al gobierno turco, con un claro mensaje: detener los combates entre las fuerzas de seguridad turcas y el PKK, así como también exigir el cese de las políticas autoritarias del gobierno dirigido por el Partido de la Justicia y el Desarrollo – AKP – dirigido a crear un ambiente que le fuera propicio frente a las elecciones legislativas que se celebrarían tres semanas más tarde.

Parte de la estrategia política de Erdogan-Davutoglu ha sido menospreciar el papel de la oposición prokurda, mostrando al Partido Democrático del Pueblo – HDK – con representación parlamentaria  y al Partido de los Trabajadores del Kurdistán – PKK – como partes de un todo, dedicados a ejercer el terror contra la sociedad turca. A unos se les somete a través de atentados a sus marchas, el encarcelamiento de sus dirigentes, el cierre de publicaciones opositoras y a los otros se les combate a través de operaciones militares terrestres y aéreas, tanto en territorio turco, como también violando la soberanía de países vecinos como Siria e Irak. El objetivo del AKP en este revuelto mar de combates, es debilitar a los Kurdos en cualquiera de sus posiciones. Desde la ruptura, el pasado mes de julio del año 2015 hasta a la fecha, de un alto el fuego entre la guerrilla kurda del PKK y el ejército turco, 700 milicianos han muerto en las operaciones y bombardeos del Ejército turco.

Se suma al incremento de la lucha contra las Fuerzas del PKK, acciones más temerarias como fue el derribo del avión ruso Sujoi SU 24 en territorio sirio y que significó el enfriamiento de las relaciones entre Moscú y Ankara. Añádase a ello la represión a medios de comunicación,  que han denunciado, no sólo la participación del hijo de Erdogan en el robo, distribución y venta de Petróleo de Siria e Irán en una sociedad con Daesh y el Frente Al-Nusra, sino también la implicancia de los servicios de Inteligencia turco el apoyo logístico a las bandas terroristas takfirí, que han mostrado la verdadera cara de la participación de Ankara en el aparente combate a los movimientos terroristas.

Las operaciones denominadas de Bandera falsa son actividades, maniobras o acciones diseñadas y llevadas a cabo por gobiernos con ayuda de aparatos de inteligencia o elementos instrumentales, con el fin de parecer que fueron llevadas a cabo por enemigos. Dentro de las más conocidas encontramos el hundimiento del acorazado Maine en Cuba que permitió la entrada de Estados Unidos en la Guerra contra España.  La Operación Himmler para atacar Polonia por parte del Nazismo. La Operación Ajax en Irán a cargo de la CIA.

Sostengo, que el análisis fino de los hechos del año 2015 en Suruc y Ankara, como también  el acto terrorista llevado a cabo en el corazón de Estambul el día 12 de enero del 2016 y la explosión, dos días después,  en un cuartel policial en la localidad de Diyarbakir – en el sur este turco con predominio Kurdo -  conlleva la sospecha de encontrarnos ante operaciones de Bandera Falsa, digitada por los servicios secretos turcos, por orientación de la clase gobernante y la casta militar turca, destinada a generar un ambiente represivo que permita, decretar un Estado de Emergencia, intensificar las acciones militares contra las fuerzas Kurdas del PKK, cerrar la frontera turca bajo la supuesta amenaza de la presencia de Daesh y rusa en su frontera sur.

Esto, claramente con la idea de consolidar un escenario político favorable a las posiciones autoritarias del AKP, que les permita desechar el peligro de una oposición y medios de comunicación que paralicen, veten o critiquen los proyectos políticos del oficialismo, tanto en lo interno como en lo externo y consoliden este proyecto de Neo Otomanismo destinado a consolidar la estrategia de la profundidad estratégica turca.

Operaciones de Bandera Falsa  diseñadas por las fuerzas ocultas del Estado turco para hacerlas parecer como si ellas fuesen llevadas a cabo por miembros del PKK,  de tal forma de desacreditar  los movimientos sociales opositores al oficialismo y justificar la política de represión que se va a generar contra ellos. Acusar al PKK ¿en una marcha precisamente de miembros del HDP que es el partido pro kurdo que obtuvo notable éxito en las elecciones parlamentarias de junio del 2015? – o acusar a Daesh cuando desde su aparición dicho grupo no había efectuado acto alguno contra intereses turcos y más aún, se conoce el trabajo de apoyo de los servicios de inteligencia turca a este grupo terrorista.

Turquía no está dispuesta a eliminar el grupo terrorista EIIL (Daesh), pues esta banda se ha convertido en punta de lanza de los intereses políticos y económicos de Ankara en la zona. Seguir apoyando el terror takfirí, tanto en Siria como en Irak, fortalecerán su papel regional.

 

DOBLE IDENTIDAD

 

Turquía, desde su nacimiento como Estado Moderno, tras el fin del Imperio Otomano, ha transitado por una contradicción interna, que se asimila a un personaje con doble personalidad, al estilo del clásico texto de Robert Louis Stevenson “El Extraño caso del Dr. Jekyll and Mr Hyde” donde se presenta, al menos desde el discurso, una Turquía moderna, decidida a enfrentar los retos del futuro e implicarse de lleno en las soluciones de su región. Pero, al mismo tiempo, desarrolla una política de agresión contra sus vecinos, bajo los dictados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte – OTAN - alianza con grupos terroristas y fuerte represión a la oposición política y a pueblos como el kurdo, que representa el 20% de su población.

Una identidad que ansía pertenecer al Club Europeo, aún si ello significa cumplir las tareas más denigrantes en el concierto de ese conglomerado de países, como es cumplir con el acuerdo migratorio que establece la obligación de servir de tapón a los afanes migratorios de millones de personas,  que ansían buscar refugio en la fortaleza europea. Pero, ese objetivo paneuropeista choca con su realidad histórica y geográfica, que lo sitúa en Oriente Medio y que lo hace participar en forma activa de los conflictos que sacuden a esta región.

Desde el año 2002 a la fecha, el Partido de la Justicia y el Desarrollo – AKP por sus siglas en turco -  sobre todo en la última década, mediante el trabajo de la dupla conformada por Erdogan y Ahmed Davutoglu ha consolidado un nuevo paradigma que busca el reemplazo del kemalismo. Ese paradigma, denominado en el análisis político como Neo Otomanismo, tiene como objetivo fundamental, instaurar una zona de estabilidad, de control y dominio que concrete las pretensiones de expansión del régimen turco, cuyas víctimas principales son sirios e iraquíes, en una región convertida en un campo de batalla más amplio que el existente a inicios del gobierno del AKP.

Hoy, todo el escenario del Levante Mediterráneo es área de operaciones turcas: ya sea a través de la Coalición internacional liderada por Estados Unidos, en el combate a las fuerzas del PKK en Siria e Irak y el apoyo de las bandas terroristas takfirí. Escenario que se amplía con la decisión turca de tener presencia en el Cuerno africano, para brindar asistencia militar a Somalia, instalando allí una Base Militar haciendo realidad las palabras de Davutoglu y el Neo otomanismo “Nuestra política exterior ya no sólo se concentra en un único asunto, sino que es de amplio alcance…no permaneceremos obsesivamente pendiente de lo que la UE decida”. Globalidad explicitada por el propio Ahmed Davutoglu y asumida enteramente por Erdogan, convencido de este papel “mesiánico” que habría sido conferido a Turquía como heredero del Imperio Otomano a principios del año 2010, cuando el actual Primer Ministro ocupaba el cargo de Canciller generando la Doctrina Davutoglu para el manejo de las relaciones exteriores turcas.  En lo esencial, dicha escuela geopolítica puede sintetizarse y me ciño en esto a un artículo publicado por este cronista en Hispantv el pasado mes de noviembre, en los siguientes puntos:

La Postguerra fría dictó nuevas pautas para los actores internacionales y Turquía, en ese escenario debe adaptarse sí o sí con énfasis en mantener su alianza con la OTAN pero también dirigiendo su mirada hacia Oriente Medio –

Turquía debe mantenerse equidistante de los distintos ejes de poder que se mueven en Oriente Medio y construir su propio eje y radio de influencia

Las crisis regionales no son una amenaza, sino que potencialidades para mostrar el poderío turco, que debe abarcar lo “político” pero también el “poderío militar”.

Erdogan reconoció en Davutoglu el teórico que le faltaba en su equipo de trabajo, seducido por un concepto que sintetizaba su visión imperial y las necesidades de buscar el lugar de Turquía en el mundo: la concepción política de Davutoglu denominado "profundidad estratégica", que implica ahondar las relaciones internacionales turcas con prioridades establecidas y necesarias de medir: diplomáticas, económicas de cooperación y militares. Profundidad estratégica en el plano inmediato, con sus vecinos de países árabes y musulmanes tanto de Oriente Medio como de Asia Central, como también aquellos países balcánicos y los situados en el Cáucaso Sur.

Más allá de la teoría sobre Kemalismo y Neo Otomanismo, sobre paneuropeísmo o la necesidad de acercarse a Oriente Medio,  el escenario político turco se ha visto sacudido por nuevos atentados, que se suman al de Julio del año 2015 en Suruc con 35 muertos y el de octubre del año 2015 en Ankara, ambos atribuidos a células terroristas de  Daesh. Hablo del atentado   en Estambul del 12 de enero del 2016 donde murieron 15 turistas – entre ellos 10 alemanes - en la Plaza Sultán Ahmet cercano a la emblemática Basílica de Santa Sofía y la Mezquita Azul, afectando una de las fuentes de ingresos más importantes del país. Dos días después terroristas atacaron una Comisaría en la ciudad de Cinar, en la provincia de Diyarbakir - zona de mayoría kurda – donde murieron 6 personas y 40 heridos.

A la hora del análisis frío de estas masacres, cuando las condenas y condolencias del mundo se dejan sentir surge la interrogante  ¿A quién beneficia estos atentados? Esto, porque los sospechosos perfectamente pueden ser culpables, pero también chivos expiatorios del trabajo de organismos de inteligencia como es el caso del MIT turco, en el marco de posibles acciones de Bandera Falsa, destinadas a crear un sentimiento de inseguridad frente a un enemigo real o imaginario, fortaleciendo las posiciones políticas del gobierno.

Planteo esta hipótesis considerando: primero, las elecciones parlamentarias de junio del año 2015, que obligaron al gobierno revertir el fracaso y cambiar el escenario político para las elecciones del 1 de noviembre del 2015. Ello nos mostró un gobierno desesperado por mostrar a la sociedad turca, que Erdogan y Davutoglu son la única dupla que puede garantizar la paz y la estabilidad en una región con fuerte presencia terrorista. Para el núcleo dirigente turco y la decisión es convencer a la sociedad de ello, sólo el AKP y las Fuerzas Armadas Turcas pueden otorgar seguridad interna y externa.

En segundo lugar, para el oficialismo, la seguridad de Turquía sólo es posible concretarla en función de su inserción en el bloque occidental, lo que implica combatir a todo aquello que ese bloque considera sus enemigos: Siria, Irán, la presencia rusa en el Levante, las milicias del PKK. Por tanto, acusar a los kurdos y a Daesh pone en un mismo saco a entidades distintas, pero presentadas como un peligro a la seguridad nacional turca.

Para la oposición turca los atentados en  Turquía son consecuencia de las políticas “fallidas” exteriores del Gobierno de Erdogan en Oriente Medio. Según el Partido Republicano del Pueblo - CHP - “el ataque en Estambul y las nuevas amenazas del terrorismo son el resultado de las políticas erróneas que ha adoptado Ankara en la región. Para Idris Baluken del Partido Democrático de los pueblos – HDP – “la política exterior turca, basada en intereses mezquinos y efímeros han convertido el país en una gran ciénaga en Oriente Medio. Los extremistas takfiríes de EIIL  - Daesh, en árabe - cruzan fácilmente las fronteras turcas hacia Siria, además reciben apoyo logístico y armas del Gobierno turco”.

Para Erkan Arcay del MHP  “a diferencia del viceprimer ministro Numan Kurtulmis, quien dice que no hay fallas de seguridad frente al tema de los atentados, nosotros sí creemos que existen. El gobierno actúa como un niño que no asume sus responsabilidades lo que demuestra que estamos siendo gobernados muy mal”.  Los partidos opositores turcos han señalado, después de los últimos ataques terroristas, que estos actos ponen también de relieve que la Organización Nacional de Inteligencia de Turquía  - MIT, por sus siglas en turco - no ha cumplido a cabalidad con sus deberes. Y se requiere una revisión de su trabajo, como también de sus procedimientos y relaciones.

Las acusaciones o la línea investigativa de la dupla Erdogan-Davutoglu es un volador de luces descabellada y carece de toda lógica en el actual escenario turco y regional.  Si así fuera, si efectivamente los culpables están en las filas del PKK o de Daesh estamos entonces constatando el rotundo fracaso tanto de las fuerzas de inteligencia turcas, como también de todo el conglomerado político, militar de servicios secretos y otros que pululan en esa zona, léase: la CIA estadounidense, el Mossad israelí, el MI6 inglés, generando operaciones de desestabilización de los gobiernos de Siria, Irak y el cerco a Irán.

En esa red de intereses, cruce de labores de espionaje y actos destinados a concretar las políticas hegemónicas de occidente,  resulta claramente imposible pensar que se puedan ejecutar actos terroristas como los del 2015 en Suruc y Ankara o los del 2016 en Estambul y Diyarbakir,  sin que esos organismos hayan tenido noticias. Los culpables no están fuera de Turquía, hay que leer palimpsestos, hundir las narices en el mal olor que sale de las filas del gobierno turco insertos en un laberinto del cual difícilmente saldrán indemnes.

17
Enero

El sábado 16 de enero se cumplieron 24 años de la firma del acuerdo de paz de El Salvador que acabó con una guerra civil de más de 12 años en el país centroamericano.

El 16 de enero de 1992 en El Salvador, la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se reunieron para dialogar y poner fin a la guerra civil que dejó más de 70 mil muertos y 8 mil desaparecidos entre los años 1980 y 1992.

El escenario de la firma del Acuerdo de Paz fue el Castillo de Chapultepec, en México. Desde allí, las partes del conflicto recibieron la colaboración del Gobierno mexicano, junto a los de Colombia, España, Venezuela y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Los acuerdos fueron firmados por figuras como el expresidente Alfredo Cristiani, el excanciller Oscar Santamaría, el escritor David Escobar Galindo, el exsubjefe del Estado Mayor Mauricio Ernesto Vargas, el actual presidente de la República y excombatiente Salvador Sánchez Cerén, el excomandante Roberto Cañas y el fallecido líder del FMLN, Schafick Handal.

 

El origen del conflicto

 

Las injusticias y la represión en El Salvador impulsaron a la militancia del FMLN a iniciar una ofensiva general, una guerra popular generalizada y articulada entre las cinco organizaciones político-militares que la conformaban para 1980. 

La guerra se inició en tres componentes: operaciones militares, insurrección del pueblo y la participación de militares que buscaban un cambio en el país.

Las operaciones iniciaron el 10 de enero de 1981 en ciudades y municipios importantes de El Salvador contra cuarteles de la Guardia Nacional, la Policía Nacional y la Policía de Hacienda. Para entonces, estos cuerpos represivos habían asesinado unas 30 mil personas. Se sumaron nuevas insurrecciones en barrios y colonias, y la ofensiva duró unas dos semanas.

Posteriormente, los insurgentes se refugiaron en las montañas donde fortalecieron su fuerza militar, mientras el gobierno de Estados Unidos, bajo la gestión de Ronald Reagan, intervenía en el conflicto y daba entrenamiento de militares, asesoría, armas, pertrechos, helicópteros, aviones y dinero para disminuir sus alcances.

 

El acuerdo

 

Para poner fin al conflicto de más de 12 años en El Salvador, los negociadores acordaron una serie de condiciones necesarias.

Este pliego permitió la creación de instituciones en el país, entre ellas, la Policía Nacional Civil, la Academia Nacional para la Seguridad Pública, la Procuraduría General para los Derechos Humanos. Ocurrió la modificación de la Fuerza Armada y además una reorganización de la Corte Suprema de Justicia, que tenía una situación de dependencia del presidente de la República; para la regulación de este ente se creó el Consejo de la Magistratura.

Asimismo, el acuerdo de paz contemplaba la distribución de tierras en zonas conflictivas, acceso de los trabajadores a la propiedad de empresas privadas, la garantía de participación política de los insurgentes y la creación de un foro económico y social para en nuevos diálogos resolver los problemas del país en estas áreas.

 

Temas pendientes

 

Algunas de las condiciones acordadas para el fin del conflicto no fueron completadas en su totalidad. 

Pese a la importancia de los diálogos económicos y sociales, el foro acordado dejó de funcionar. Por otro lado, otra deuda que aún se encuentra pendiente es la justicia para las víctimas del conflicto. La amnistía impulsada por el presidente Alfredo Cristiani impidió que los culpables de delitos fueran juzgados y la impunidad de los crímenes se mantiene presente.

De acuerdo con declaraciones del líder del FMLN y actual presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, el país sigue trabajando por mantener la paz, debido a las diferentes problemáticas que afectan a la nación, principalmente la violencia.

 

El dato: Con la firma de este acuerdo se logró la desmovilización de FMLN como insurgencia y en 1994, dos años después del acuerdo, se convirtió en partido.

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, envió un mensaje al pueblo de El Salvador a propósito de conmemorarse los 24 años de la firma del acuerdo de paz y destacó los desafíos que el país enfrenta en materia de seguridad.