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29
Marzo

América Latina y el Caribe, principalmente las naciones de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), y en particular, Venezuela, son el teatro de operaciones de un sordo juego geopolítico entre Estados Unidos y sus socios de la OTAN, contra China y Rusia, dos potencias emergentes que han venido desarrollando vínculos económicos y de cooperación técnico-militar con naciones situadas en lo que tradicionalmente Washington ha considerado su “espacio vital”.

Pocas veces, como hoy −tras la reciente orden presidencial de Barack Obama que ubicó a Venezuela como una “extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”−, cobran dimensión los conceptos esgrimidos por Nicholas J. Spykman en 1942, cuando al definir el “Mediterráneo Americano” (que abarcaba el litoral del golfo de México y el mar Caribe, México, América Central, Colombia, Venezuela y el cinturón de islas que se suceden desde Trinidad a la punta de la Florida, Cuba incluida), dijo que esa región debía quedar bajo la “exclusiva e indisputada tutoría” de Washington.

En su obra Estados Unidos frente al mundo, escrita tres años antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, al exponer la doctrina geopolítica del imperialismo tal y como lo concebía la clase dirigente estadunidense, Spykman dijo con elocuente crudeza: “Eso implica para México, Colombia y Venezuela una situación de absoluta dependencia con respecto a Estados Unidos, de libertad meramente nominal…”

En 1973, el boicot de suministros de hidrocarburos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a Estados Unidos, exhibió las vulnerabilidades del hegemón del capitalismo mundial. Desde entonces, los estrategas del complejo industrial-militar diseñaron y pusieron en práctica una serie de proyectos geopolíticos −o de conquista del espacio en su zona de influencia−, a expensas de naciones débiles o que ofrecen poca resistencia, que incluyeron la colonización, la anexión o la conquista.

Cuatro decenios después, Estados Unidos ha conformado América del Norte como un espacio geopolítico bajo el dominio económico-financiero de las corporaciones con casa matriz en su territorio y el control militar del Comando Norte del Pentágono. Y aunque en 2005 en Mar del Plata fracasó el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la libertad de México y Colombia es hoy meramente nominal, como anunció Spykman en 1942, y sus territorios han sido militarizados por el imperio. Sólo escapan a ese designio Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Además de su importancia geopolítica para la defensa del territorio continental de Estados Unidos de cara a un eventual conflicto bélico con otra potencia, Venezuela es el país con la mayor cantidad de reservas probadas de hidrocarburos. Asimismo, bajo el liderazgo indiscutido de Hugo Chávez, Venezuela fue el impulsor del ALBA y potenció la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), obstaculizando los planes para una integración vertical del subcontinente, implementados por la Casa Blanca y el gobierno-sombra de las grandes corporaciones estadunidenses.

 

Washington y el golpismo continuado

 

Las consideraciones anteriores explican los sucesivos intentos encubiertos de Washington por llevar a cabo un “cambio de régimen” en Venezuela: desde el golpe de Estado cívico-militar-oligárquico de abril de 2002 (el primer golpe mediático del siglo XXI), y la Operación Septiembre Negro de  finales de ese año y comienzos de 2003 –el llamado “golpe petrolero” que siguió los lineamientos del Dossier Confidencial No. 5, estrategia subversiva de los capitanes de industria, grandes latifundistas, ganaderos y la llamada nomenclatura gerencial de petróleos de Venezuela (Pdvsa), bajo la cobertura política e ideológica de las principales corporaciones multimedia de Venezuela y las Américas−, pasando por diversas operaciones clandestinas y diferentes modalidades de la guerra de espectro completo (“golpe suave”, guerra de baja intensidad, guerra asimétrica, de información o cuarta generación, guerra económica y terrorismo mediático), hasta el fracasado golpe del 11 y 12 de febrero de 2015.

Al respecto, cabe recordar que con eje en una estrategia de varios carriles, la escalada política-propagandística había iniciado en diciembre pasado, cuando al tiempo que anunciaba negociaciones para una próxima reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba, el presidente Obama puso en vigor la “Ley para la defensa de los derechos humanos y la sociedad civil en Venezuela”, una medida injerencista violatoria del derecho internacional aprobada por el Congreso. La nueva ley extraterritorial, pieza central en la etapa para un cambio de régimen en Venezuela, es una réplica perfeccionada de lo que el propio Obama había dicho, siendo senador, que durante más de 50 años no había funcionado contra Cuba.

A partir de enero de este año, se incrementaron los planes tendientes a generar un nuevo clima de zozobra económica y violencia caótica desestabilizadora que confluyera con el primer aniversario de “las guarimbas” de febrero de 2014. ¿Objetivo? Derrocar a Nicolás Maduro, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, a quien se le había venido fabricando una imagen de gobernante autoritario y violador de los derechos humanos.

Lubricada la oposición venezolana con millonarios fondos extraídos de los contribuyentes de Estados Unidos a través de agencias oficiales de Washington como la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y fundaciones afines como la National Endowment for Democracy (NED) y Freedom House; posicionada la guerra económica con base en el desabastecimiento de productos de primera necesidad −en particular alimentos básicos, medicamentos y artículos higiénicos− para provocar ira y malestar en la población, la extensa red de medios corporativos privados del hemisferio occidental hicieron su labor como parte de la guerra psicológica y el terrorismo mediático. En lo interno, su misión principal era generar un clima de miedo y horror paralizante a través de herramientas habituales como el acaparamiento, el desabasto, el mercado negro, la inflación, la usura, campañas de rumores y la violencia callejera, y en lo externo, fomentar una correlación de fuerzas internacionales que avalara tácitamente el accionar golpista y, llegado el caso, una eventual intervención militar del Pentágono.

En rigor, se trataba de una segunda fase de la fracasada operación subversiva puesta en práctica a comienzos de 2014 para tirar a Maduro. “La salida” −como denominó entonces la ultraderecha venezolana al plan sedicioso para sacar al presidente legítimo de Venezuela del Palacio de Miraflores−, culminó con un saldo de 43 personas muertas y llevó a la cárcel a uno de los líderes de la asonada, Leopoldo López, dirigente del Partido Voluntad Popular.

Desde entonces, una de sus cómplices en la aventura conspirativa, la ex congresista desaforada María Corina Machado −firmante del Decreto Carmona durante el golpe de Estado de abril de 2002 −, había tomado las riendas de la nueva intentona con apoyo del embajador de Estados Unidos en Colombia, Kevin Witaker. “Contamos con una chequera más fuerte que la del régimen para romper los anillos de seguridad”, dijo Machado, quien desde hace años cultiva los favores de congresistas cubano-estadunidenses de Miami, como Marco Rubio, Iliana Ros Lethinen y Mario Díaz Balart, y los del alcalde de la ciudad Doral del sur de la Florida, Luigi Boria.

 

El factor Brownfield

 

En el caso venezolano, la génesis de la intervención estadunidense actual remite al Comité de los 40 (denominación tomada de la Decisión-Memorándum No. 40 del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos), reunido por el secretario de Estado Henry Kissinger en junio de 1970 para diseñar una estrategia de “bajo perfil” destinada a hacer abortar la “vía pacífica al socialismo” de Salvador Allende en Chile. El plan del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de la época de Richard Nixon, incluía: 1) creación del caos económico; 2) acciones paramilitares; 3) ofensiva de propaganda; 4) financiamiento a sectores derechistas, y 5) infiltración y divisionismo dentro de la izquierda chilena.

Con base en esa estrategia −aplicada después con variantes contra Nicaragua sandinista, Granada y Panamá−, en agosto de 2004 Washington había enviado a Caracas al embajador William Brownfield. Adscrito a la Oficina de Iniciativas para la Transición en Venezuela (OIT), la principal misión de Brownfield era elaborar un plan de largo plazo para derrocar a Hugo Chávez. En un cable diplomático del 9 de noviembre de 2006, difundido en el portal de Wikileaks, el diplomático recordaba a sus jefes en el Departamento de Estado las directrices establecidas dos años antes en el denominado “Plan de cinco puntos contra el Gobierno Bolivariano”: 1) Fortalecer las instituciones democráticas; 2) Infiltrarse en la base política de Chávez; 3) Dividir al chavismo; 4) Proteger negocios vitales de Estados Unidos, y 5) Aislar a Chávez internacionalmente. La OIT para Venezuela fue cerrada en 2010, pero sus funciones fueron transferidas a la oficina para América Latina de la USAID, vieja pantalla de las acciones injerencistas y para la guerra psicológica de la CIA y el Pentágono.

Con base en esos antecedentes, la ambientación o “calentamiento” mediático de la nueva ofensiva desestabilizadora contra Venezuela contó, a mediados de enero pasado, con la presencia en Caracas de los ex presidentes de Colombia, Chile y México −Andrés Pastrana, Sebastián Piñera y Felipe Calderón, respectivamente−, invitados a un foro por María Corina Machado y el partido Voluntad Popular. Otro de los objetivos era visitar en la prisión a Leopoldo López, erigido por Washington como nuevo “combatiente de la libertad”, según la expresión acuñada por Ronald Reagan para los contras nicaragüenses y el saudí Osama bin Laden en los años 80.

La trama desestabilizadora se complementó, a finales de enero, con la deserción de Leamsy Salazar, capitán de corbeta de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. En calidad de “testigo protegido”, el desertor Salazar declaró ante un tribunal de Nueva York que el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, era el jefe de un presunto cartel de Los Soles. La “primicia” la obtuvo el diario neofranquista español ABC, que se basó en “fuentes cercanas a la investigación”, y fue convenientemente amplificada en México por los periódicos Excélsior y La Razón que, curiosamente, no citaron como fuente a ninguna agencia noticiosa internacional, por lo que puede presumirse que en los tres casos se trató de desinformación sembrada con propósitos subversivos-propagandísticos.

Dentro del plan conspirativo en curso, no es un dato baladí que William Brownfield −el “diplomático” que en 2004 elaboró el Plan de los cinco puntos para derrocar a Chávez y quién se desempeñó luego como embajador en Colombia de 2007 a 2010−, validara la “consistencia” del reportaje de ABC, que involucra a Cuba y las FARC en la insólita trama. Tampoco lo es que Brownfield sea en la actualidad secretario de Estado adjunto de Estados Unidos para Narcóticos y Seguridad Internacional.

 

Los fondos para la subversión

 

Otro elemento clave del plan elaborado por Brownfield en 2004, es el financiamiento de ONGs, fundaciones, asociaciones y partidos opositores venezolanos, enmarcado dentro del rubro “defender y fortalecer prácticas democráticas, las instituciones y los valores que promueven los derechos humanos y la participación de la sociedad civil”. El presupuesto actual de Estados Unidos (octubre 2014 a octubre de 2015) incluye cinco millones de dólares, y la asignación prevista para el próximo año fiscal aumenta la cifra en 500 mil dólares más. Asimismo, Washington ha incorporado una nueva modalidad consistente en registrar a las ONGs venezolanas como corporaciones en Estados Unidos, lo que facilita el suministro de fondos y además pueden ser subcontratadas por compañías estadunidenses.

Entre las organizaciones receptoras de fondos de los contribuyentes de Estados Unidos figuran Nueva Conciencia Nacional; Fundación Futuro Presente; Humano y Libre, de Gustavo Tovar Arroyo, quien organizó en 2010  la denominada Fiesta Mexicana para adiestrar en métodos de desestabilización a dirigentes estudiantiles de la extrema derecha venezolana; Espacio Civil; Operación Libertad; Mujer y Ciudadanía; Ventana por la libertad; Súmate y Consorcio Desarrollo y Justicia, ambas ligadas a la golpista María Corina Machado.

La USAID, que en 2011 destinó más de nueve millones de dólares de los 20 millones aprobados ese año para la desestabilización de los países del ALBA, en 2013 canalizó cinco millones 786 mil dólares para programas subversivos en Venezuela, principalmente para la capacitación de nuevos líderes juveniles que sean capaces de resaltar en el enfrentamiento con el gobierno. El presupuesto destinado a 2014 no ha sido publicado, probablemente en un intento por sortear las dificultades que les ocasionaron las revelaciones y cuestionamientos de que fue objeto luego de las revelaciones de la agencia AP sobre el trabajo de la USAID contra Cuba.

Además, los programas de Estados Unidos para la subversión en Venezuela incluye a la National Endowment for Democracy (NED), que en 2014 destinó más de dos millones 300 mil dólares a organizaciones antibolivarinas, y a Freedom House, ampliamente denunciada por sus vínculos con la CIA, que mantiene su política  de asesoramiento y financiamiento de la oposición venezolana, profundizando las estrategias de guerra psicológica y campañas mediáticas como parte de las técnicas de las “revoluciones de colores” y el “golpe suave” de Gene Sharp, Robert Helvey y Peter Ackerman.

En su reporte global anual sobre libertad de expresión, Freedom House ubica a Venezuela como uno de los países donde no existe libertad de prensa ni de expresión y donde se violan los derechos humanos; la agenda de Obama, pues. En contrate, cabe consignar que en ese país existe una hegemonía de los medios de comunicación privados. Según Luis Britto García, en 1998 la empresa privada era propietaria del 80% de las estaciones de televisión y del 97% de las radiodifusoras de FM, y no había medios comunitarios. Esos medios privados se caracterizaban por una alta concentración de la propiedad, tanto horizontal como vertical. En la actualidad operan en Venezuela 2,896 medios; 2,332 son de la empresa privada. El 65.18% sigue siendo privado y el 30.76% son comunitarios; apenas un 3.22% son de servicio público. El principal cambio consiste en la multiplicación de medios comunitarios, los cuales en su mayoría tiene poco alcance y tienden a durar un tiempo limitado.

En radiodifusión funcionan mil 598 emisoras privadas, 654 comunitarias y apenas 80 de servicio público. En televisión de señal abierta 55 canales son privados, 25 son comunitarios y ocho de servicio público.  Casi todos los medios privados son opositores, con lo cual, pretender que el Estado esté ejerciendo una “hegemonía comunicacional” con los escasos medios de que dispone, como señala Freedom House, es un infundio que sólo puede ser interpretado como parte de una operación de guerra psicológica y propaganda negra para exacerbar el pánico, desestabilizar el país, generar ingobernabilidad y detonar violencias destinadas a derrocar por la vía del terror al gobierno bolivariano.

 

La debilidad de Obama y el riesgo intervencionista

 

En ese contexto, los días 11 y 12 de febrero el gobierno venezolano anunció haber desarticulado un “atentado golpista” que contaba con la participación de oficiales activos y retirados de la aviación militar y otros elementos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y cuyo objetivo era bombardear desde un avión Tucano el Palacio de Miraflores y matar al presidente Nicolás Maduro. Otros blancos de la llamada Operación Jericó eran el Ministerio de Defensa y los estudios del canal de televisión Telesur, para sembrar caos y confusión.

Es previsible que ante el nuevo fracaso golpista, y dado el interés geopolítico en la estrategia subversiva de Washington hacia Venezuela, el presidente Obama y sus aliados de la ultraderecha regional intentarán enrarecer el clima de la próxima Cumbre de las Américas, prevista para la segunda semana de abril en Panamá. Con la “declaración de guerra” de Obama, queda claro que a Estados Unidos no le interesa la democracia ni los derechos humanos en Venezuela; lo que le importa es el petróleo y la posición geográfica del país sudamericano. El interés de la Casa Blanca es reafirmar su política de dominación regional, desafiada por China y Rusia; restaurar el tradicional control en su zona de influencia, hoy resistida como nunca antes por los países agrupados en la UNASUR, la CELAC y el ALBA.

En la coyuntura, las palabras de Obama al acusar a Venezuela como una “amenaza” a la seguridad nacional de Estados Unidos, además de ridículas, son una clara expresión de la evolución clásica de las políticas de agresión imperial, que van de la ruptura del orden constitucional, los golpes suaves y las revoluciones de colores a una eventual intervención militar directa del Pentágono. Como denunció el ex vicepresidente venezolano José Vicente Rangel, Washington dispone de mil 600 paramilitares listos en la frontera de Colombia, frente a los estados Zulia y Táchira, 800 en cada zona limítrofe. Ése es el verdadero peligro en la hora.

En ese contexto, la guerra mediática y económica y la imposición de sanciones de Estados Unidos al gobierno venezolano sólo debilitan la imagen de Obama de cara a la VII Cumbre de las Américas organizada por la OEA (Organización de Estados Americanos). Nicolás Maduro llegará a la cita con el apoyo y el respaldo internacional, y queda claro que al defender a Venezuela, los presidentes de los países del área están defendiendo la soberanía y la unidad de Nuestra América martiana y bolivariana.

28
Marzo

La capacidad de crear imágenes satánicas de sus enemigos ha alcanzado niveles extraordinarios en los medios sometidos a la influencia de la propaganda de guerra estadounidense.

¿Quién no recuerda a Saddam Hussein o a Muamar Gadafi, etiquetados por una campaña mediática implacable como parias internacionales, encarnaciones del mal?

Para cualquier observador cuidadoso era evidente lo contradictorio de tal diabólica calificación de estos personajes que fueron cercanos a Occidente y acabaron sumariamente ejecutados, uno cuasi-legalmente y el otro masacrado por los bandidos “amantes de la libertad”, con la imagen que de ellos proyectaban los medios corporativos estadounidenses y sus satélites de todo el mundo cuando cooperaban con los intereses petroleros cercanos a Estados Unidos y Europa.

Con el anterior preámbulo, el comentarista político marxista norteamericano Zoltan Zigedy inicia una enjundiosa evaluación de los mecanismos de que se vale Washington para desprestigiar a la República Popular Democrática de Corea y sus dirigentes políticos, que resisten estoicamente el cerco que les aplica Occidente.

Kim Jong-un, el actual líder de la RDPC, nieto de Kim Il-sung, fundador de esa nación y figura reverenciada como líder de la resistencia contra los invasores japoneses, es la tercera generación de una familia que se ha desempeñado en el cargo de líder del país.

Medios de opinión occidentales invariablemente se burlan de esta afición por la sucesión familiar, mientras aprueban la regla hereditaria de más de 80 años en Arabia Saudita y la de los Husseins en Jordania, gobernantes desde la independencia que nunca son ridiculizados por la prensa Occidental porque han sido compatibles con amigos de los líderes estadounidenses y europeos.

Según explica Zigedy, durante la era soviética, la RPDC mantuvo relaciones formales con la comunidad socialista e Europea, pero insistiendo en su política exterior en su camino independiente y en la aplicación coherente de una filosofía que sus dirigentes llaman Juché.

La Guerra de Corea (1950-1953) comenzó cuando el Consejo de Seguridad de la ONU, manipulado por Estados Unidos, aprobó una resolución para intervenir con sus tropas en un conflicto interno en la península coreana. La guerra terminó con el armisticio (tregua) de Panmunjon, sin tratado de paz, lo que confiere vigencia a la resolución de la ONU que amparó la intervención norteamericana.

La posición de Corea del Norte en el plano internacional se ha basado en las experiencias de esa guerra que dejó como saldo la destrucción casi total en la parte Norte de la península coreana que hoy constituye la RPDC, por efecto de la aplicación por Estados Unidos de una política militar de “poderío aéreo y tierra arrasada”.

Tras el fracaso estadounidense en su empeño de dominar a toda la península y surgir como país independiente Corea Popular y Democrática, los dirigentes comunistas fundadores de la nación proclamaron la determinación de encontrar un elemento disuasivo para evitar la repetición de la catástrofe: la creación de una capacidad defensiva de armas nucleares propia.

A la luz de los propósitos de Estados Unidos y la OTAN de reordenar el mundo a la imagen y conveniencia de Occidente desde la desaparición de la Unión Soviética, esa decisión parece, en retrospectiva, haber sido prudente y eficaz explica Zoltan Zigedy.

A pesar del hecho de que la RPDC ha permanecido en paz durante más de sesenta años, el gobierno estadounidense y los medios de comunicación que le son serviles, han mantenido contra ella una implacable campaña de calumnias y belicosidad.

Como en el caso de Cuba en el hemisferio occidental, la RPDC es invariablemente representada en los medios corporativos de todo el mundo como una tierra de prisiones y privaciones.

La RPDC es una obsesión diplomática para Estados Unidos, pero, aunque la nación asiática no suele tomar ofensas o insultos a la ligera, siempre ha ofrecido repatriar incondicionalmente a ciudadanos estadounidenses acusados o encarcelados por distintos actos ilegales, como aquellos protagonizados por proselitistas evangélicos supuestamente empeñados en llevar el cristianismo a los paganos.

Como los misioneros de imperios anteriores, sirven a la vez a dos maestros -Dios y el imperialismo- para domar a los paganos. Las autoridades norcoreanas sólo piden a Estados Unidos que envíe funcionarios de alto rango para facilitar la repatriación, sutileza diplomática diseñada para que ninguna de las partes aparente someterse a la otra.

Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos inalterablemente actuará declarándose comprometido a derrocar al gobierno de la RDPC, lamenta el periodista estadounidense en su blog “ZZ”.

26
Marzo

A poco más de 48 horas del accidente y cuando todavía se están rescatando los cuerpos, los investigadores franceses tienen ya una idea bastante clara de lo que sucedió en el fatídico vuelo de Germanwings que se estrelló contra los Alpes.

Aunque todavía no han encontrado la segunda caja negra, los investigadores cuentan con la transcripción de lo que pasó en la cabina del avión en los últimos 30 minutos del vuelo.

Brice Robin, fiscal de Marsella encargado del caso, explicó la secuencia de los hechos que desencadenaron el choque del Airbus y la muerte de 150 pasajeros en una conferencia de prensa.

¿Cómo pudo el copiloto "destruir" el avión intencionadamente sin que nadie pudiera impedirlo?

En los primeros 20 minutos que quedaron registrados por la caja negra, la conversación entre el piloto y el copiloto de Germanwings es "amigable".

El piloto, Patrick S., es un hombre experimentado, con más de 6.000 horas de vuelo y lleva diez años en la empresa.

El copiloto, Andreas Lubitz, tiene solo 630 horas de experiencia de vuelo y llevaba poco más de dos años en Germanwings.

Ambos conversan sobre el plan de vuelo y en un momento el piloto le cede los mandos del avión para ir al lavabo.

El fiscal destaca que el comportamiento del copiloto se vuelve "lacónico" en esa última conversación.

 

Seguridad

 

Lubitz se queda entonces solo en la cabina, pone el avión en modo manual y "manipula los mandos del avión para acelerar el descenso", según los investigadores.

A la vuelta del lavabo, el piloto llama al interfono para entrar en la cabina.

Las puertas de los aviones comerciales permanecen siempre cerradas y bloqueadas durante el vuelo.

Cuando uno de los pilotos sale para ir al lavabo, debe llamar a un interfono.

El que está dentro puede ver a través de una mirilla o de una cámara quién está llamando antes de abrir la puerta.

En este caso, el copiloto no le abre la puerta a su compañero.

El piloto, entonces, empieza a golpear la puerta desde fuera, pero su compañero sigue sin abrir y tampoco le responde.

No volverá a hablar en todo el vuelo hasta que el avión se estrella.

Las puertas de los aviones comerciales cuentan con un mecanismo de seguridad para poder desbloquearlas en caso de que la persona que se queda dentro no pueda abrirla porque está hablando o se encuentra indispuesta.

"Si el que está dentro no abre o no contesta, desde fuera se puede introducir un código de seguridad que abre la puerta", le explica a BBC Mundo Borja Díaz, portavoz del Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial de España.

Si la persona que está dentro de la cabina no hace nada en 30 segundos, la puerta se abre.

Pero el sistema de seguridad también permite que la persona que está dentro de la cabina bloquee la puerta e impida la entrada.

Puede hacerlo simplemente presionando el botón "block" (bloquear).

Lea también: Lo último sobre Germanwings: "el copiloto destruyó el avión intencionalmente"

Si el piloto intentó abrir la puerta con este mecanismo, el copiloto pudo bloquearle la entrada cuantas veces quiso.

Es un sistema que se estableció tras los atentados del 11 de septiembre de 2011.

Algunas aerolíneas establecen que si uno de los pilotos sale de la cabina, un miembro de la tripulación debe entrar mientras esa persona se ausenta.

Preguntado por esto, el presidente de Lufthansa, Carsten Spohr, dijo que aunque en Estados Unidos existe una regulación al respecto, "no conoce" ninguna aerolínea europea que lo aplique.

En este caso, nadie entró en la cabina para acompañar al copiloto y este "rechazó" abrir, según los investigadores.

 

Llantos

 

A medida que se acerca el momento del impacto contra las montañas, los golpes contra la puerta se vuelven "violentos". Desde fuera se intenta forzar la puerta a la desesperada, pero esta no se abre.

Las puertas de los aviones comerciales se blindaron y reforzaron también después de los ataques del 11 de septiembre.

Ni el piloto ni la tripulación ni los pasajeros fueron conscientes de lo que pasaba hasta minutos antes del choque, según los investigadores.

Lo saben porque en la grabación de la caja negra se oyen gritos y llantos "solo minutos antes del impacto".

El copiloto se mantuvo con vida hasta el final. Su respiración quedó grabada en la caja negra.

 

Quién era Andreas Lubitz, el copiloto que "estrelló" el avión

 

La espantosa revelación vino de boca del fiscal francés encargado de la investigación sobre la colisión del vuelo de Germanwings que dejó 150 muertos en los Alpes.

"La interpretación más plausible es que el copiloto, mediante un acto intencional, se rehusó a abrir la puerta de la cabina para dejar entrar al capitán", explicó Brice Robin.

"Luego apretó el botón para hacer perder altitud al avión. No sabemos por qué, pero parece que la razón era destruir al avión", dijo.

Y ahora todos se preguntan qué puede haber motivado a Andreas Lubitz, un joven piloto alemán de 28 años, a actuar de esa manera.

Por lo pronto, lo que se sabe de Lubitz no ofrece mayores pistas.

"Era un ciudadano alemán. No conozco su origen étnico", precisó Robin durante la conferencia en la que dio la noticia.

"No estaba en la lista de posibles terroristas, si eso es lo que están insinuando", agregó.

Se sabe, además, que tenía más de dos años trabajando para Germanwings y era originario de Montabaur, un pueblo de menos de 13.000 habitantes de la región del Renania-Palatinado, en el centro-oeste de Alemania.

Según la alcaldesa de la localidad vivía ahí con sus padres, aunque también tenía una casa en Düsseldorf, donde debía aterrizar el avión siniestrado.

Y el club de aviación donde empezó su carrera, el LSC Westerweld de Montabaur, afirmó en un comunicado que volar había sido su sueño desde adolescente.

"Empezó estudiando como volar un planeador y logró convertirse en piloto de unAirbus A320", contó la asociación en una nota publicada al conocerse de la colisión del vuelo de Lubitz en los Alpes, cuando todavía se creía que todo había sido un accidente.

Piloto de Germanwings desde septiembre de 2013, Lubitz había estado antes en la escuela de aviación de Lufthansa, la compañía madre.

Y según la aerolínea ya había completado 630 horas de vuelo, hasta el fatídico 4U9525 de este martes.

"El copiloto empezó su entrenamiento en 2008. Después de su entrenamiento hay un período de espera de 11 meses, que no es inusual en nuestro caso, y desde 2013 estaba trabajando como copiloto del Airbus A320", dijo el director ejecutivo de Lufthansa, Casrten Spohr en una conferencia de prensa.

Spohr destacó que hace seis años hubo una interrupción de seis meses en el entrenamiento de Lubitz.

"Pero después de que su idoneidad fue nuevamente evaluada retomó su entrenamiento. Y después pasó todos los exámenes médicos así como su entrenamiento de aviación. Estaba 100% apto para volar sin ningún tipo de restricciones o condiciones", aseguró el ejecutivo de Lufthansa.

Y de hecho, cuando empezó a volar con Germanwings, el joven alemán también fue incluido en la prestigiosa base de datos de pilotos certificados por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA).

Según la fiscalía francesa, Lubitz se mantuvo consciente hasta el impacto final.

Su respiración se escuchaba "normal".

Pero no pronunció una sola palabra durante los 10 minutos que precedieron al impacto.

 

Germanwings y otros casos donde se sospecha del piloto

 

Este jueves la fiscalía de Francia informó que el copiloto Andreas Lubitz "deliberadamente estrelló" el Airbus A320 de Germanwings en una zona de los Alpes franceses causando la muerte de sus 150 ocupantes.

Aunque en muchos casos no es fácil para los investigadores obtener pruebas concluyentes sobre las causas de algunos accidentes de avión, en casos anteriores se sospecha que fue también la acción intencionada de un piloto lo que provocó la tragedia.

Aviation Safety Network, una iniciativa de Estados Unidos que recopila información sobre aviación, ofrece una lista de al menos ocho casos.

En esa lista no está incluido el vuelo MH370 de Malaysia Airlines, con 239 pasajeros a bordo, que desapareció el 8 de marzo de 2014 cuando hacía la ruta entre Kuala Lumpur y Pekín.

Aunque el gobierno malasio ha declarado oficialmente que fue un accidente, la investigación sigue abierta.

Una de las teorías que manejan los expertos, aunque controvertida, es que se trató de una acción deliberada del piloto, que habría escondido el avión de los radares.

Luego, lo habría hecho volar durante miles de kilómetros fuera de la ruta establecida, antes de caer al océano.

Los restos del avión todavía no han sido encontrados.

 

Estos son los otros casos.

 

29 de noviembre de 2013: Un vuelo entre Mozambique y Angola se estrelló en Namibia. Murieron 33 personas. Las investigaciones iniciales sugirieron que el accidente fue deliberadamente llevado a cabo por el capitán poco después de que el copiloto salió de la cabina.

31 de octubre de 1999: Un Boeing 767 de EgyptAir entró en un descenso rápido 30 minutos después de haber despegado de Nueva York. Murieron 217 personas. Una investigación sugirió que el choque fue causado deliberadamente por el primer oficial (copiloto) después de que el capitán abandonara la cabina, pero la evidencia no fue concluyente y las autoridades egipcias cuestionaron esta conclusión.

11 de octubre de 1999: Un capitán de Air Botswana que había sido apartado por razones médicas hizo despegar un ATR-42. Hizo varias peticiones en la radio y terminó anunciando que iba a estrellar el avión. El avión impactó contra otros dos aparatos aparcados en el aeropuerto de Gaborone. Una persona murió.

19 de diciembre de 1997: 104 personas murieron cuando un Boeing 737 que viajaba de Indonesia a Singapur se estrelló en Indonesia tras un rápido descenso desde la altitud de crucero. Se sospechó que el piloto -que sufría "múltiples dificultades vinculadas al trabajo"- apagó los sistemas de grabación del vuelo e intencionalmente hizo descender a la nave al abandonar la cabina el primer oficial de vuelo. El capitán pasaba por dificultades económicas, aunque los investigadores indonesios cuestionaron este extremo.

21 de agosto de 1994: Un avión ATR-42 de Royal Air Maroc se estrelló en las montañas del Atlas, en Marruecos, poco después de despegar. Se dijo que el capitán había desconectado el piloto automático y dirigió el avión hacia el suelo, pero el sindicato marroquí de pilotos discutió esto. 44 personas murieron.

13 de julio de 1994: Un ingeniero de las fuerzas aéreas robó un avión de transportes Antonov 26 de la base de Kubina, cerca de Moscú. El piloto rodeó el pueblo de Kubinka hasta que se quedó sin combustible.

22 de agosto de 1979: Un mecánico que había sido despedido recientemente robó un avión de transporte HS’748, lo hizo despegar y lo estrelló contra una zona residencial de Bogotá. Murieron cuatro personas.

26 de septiembre 1976: Un piloto estrelló un biplane Antonov 2 y lo estrelló contra el bloque de pisos en Novosibirsk en el que vivía su exmujer, de la que estaba divorciado. Hubo dos muertos.

24
Marzo

Si impulsar una revolución por vía democrática o avanzar un programa de bienestar dentro de los marcos del sistema económico neoliberal constituye un desafío a la ley de gravedad social, encontrar una solución económica para la asimetría existente entre los países que conforman la Unión Europea, UE, sería reconocer la naturaleza “altruista” del gran capital financiero.

Es lo que trata de lograr el primer ministro griego, Alexis Tsipras, con el Fondo Monetario Internacional, FMI, el Banco Central Europeo, BCE, y la Comisión Europea, CE, con la mediación de su colega alemana, Angela Merkel.

Trascendió que Merkel invitó a Tsipras a Berlín con el propósito de “resetear las relaciones bilaterales”, lograr una comunicación más fluida entre los dos gobiernos, superar las incompatibilidades surgidas entre sus dos ministros de Finanzas, y dar una imagen de unidad europea a pesar de las diferencias.

Sin embargo, el gobierno de coalición alemán, dejó claro horas antes de la visita de Tsipras que las diferencias con Grecia no tienen que ver con enfoques políticos sobre la crisis de la deuda, sino simplemente con la convicción de que los compromisos hay que cumplirlos.

Cuando en diciembre de 1993 el Tratado de Lisboa instauró la Unión Europea, UE, como una comunidad política de derecho, constituida en “régimen de organización internacional para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los Estados y los pueblos de Europa”, la comunidad internacional dirigió con admiración su mirada hacia esa forma superior de integración política, económica y social, convertida en ejemplo para el resto del mundo.

Tal fue así que, en 2012, la UE recibió el Premio Nobel “por su contribución durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”.

Dos décadas después de constituida la UE y a sólo tres años del rimbombante premio, la “cooperación multilateral” base del sistema comunitario de integración, estalla ante la crisis económica del continente europeo, cuando se descubre una nueva forma de dominio y colonización por parte de los países ricos del Norte sobre los más pobres del Sur, subrepticiamente tejida por las oligarquías conservadoras.

Ni siquiera un aliado natural del gobierno revolucionario griego, como sería el Partido Socialdemócrata, PSD, miembro de la coalición de gobierno alemán, ha mostrado solidaridad hacia la contundente victoria popular del partido Syriza y al justo mandato recibido por su primer ministro.

El SPD ha requerido a Tsipras “reformas concretas” y ha condicionado un eventual tercer paquete de rescate a Grecia, a “estrictas condiciones y una modernización de su sector público”, que son las mismas exigencias de las instituciones extorsionistas financieras.

Sin tomar en cuenta las diferencias entre los países europeos y el impacto económico y social de la crisis económica, la UE reconoce el derecho de Grecia al control de las reformas por sobre las instituciones financieras europeas, pero a cambio de “una alternativa con el mismo impacto presupuestario”, siempre que suprima una medida del gobierno anterior.

En su solitaria lucha, el primer ministro griego desenmascara la hipocresía de la UE sobre los derechos humanos del pueblo griego y el carácter expoliador de su estructura “integracionista”.