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24
Abril

Cuando el 17 de diciembre de 2014, se produjo el anuncio simultáneo de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro para iniciar un proceso, sin condicionamientos, encaminado al restablecimiento de relaciones diplomáticas, recordé el llamado del Papa Juan Pablo II, en la Plaza de la Revolución en enero de 1998, para que Cuba se abriera al mundo y el mundo se abriera a Cuba.

¿Acaso era un vaticinio? ¿Existirían tanteos preliminares, imperceptibles, que anticipaban futuras conversaciones entre Washington y La Habana? ¡No lo sé!.

Lo cierto es que cuando parecía que las palabras de Juan Pablo II se las había llevado el viento, la elección del Papa Francisco en marzo de 2013, quien ha transformado muchos conceptos anquilosados de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, irrumpiendo como un vendaval en el templo “donde los ángeles temen batir las alas” tomó en sus manos la compleja y valiente misión de apostar por el diálogo entre Cuba y Estados Unidos.

El Estado Vaticano se convirtió en uno de los protagonistas, de este complejo proceso negociador.

De diciembre pasado a esta fecha Cuba se ha convertido en un centro de gravitación a donde acuden casi constantemente importantes personalidades políticas internacionales y grandes empresas en la búsqueda de nichos de inversión y financiamiento en la medida en que se vayan eliminando restricciones del bloqueo económico, comercial y financiero que aún mantiene Estados Unidos contra Cuba.

La recién anunciada visita del Papa Francisco a Cuba, de paso a Estados Unidos, en septiembre de este año, es un hecho que colma de regocijo al pueblo cubano, como las anteriores realizadas por Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Las actuales conversaciones de la Unión Europea y Cuba encaminadas a la firma de un Tratado Bilateral de Cooperación; el fortalecimiento de relaciones con Rusia y China; con la comunidad de países de América Latina y El Caribe; el encuentro entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en la Cumbre de las Américas; la reciente visita a Cuba de Andrew Cuomo, Gobernador de Nueva York al frente de una importante delegación de directivos y empresarios ; y la creación de un lobby bipartidista y empresarial en Estados Unidos contra el bloqueo, ha hecho que la ultraderecha estadounidense haya caído en “terapia intensiva”.

Los emblemáticos representantes del anticastrismo en Florida, con tantos pecados como la curia romana, pero sin espacios de confesión con una intolerancia ideológica medieval se resisten a comprender los cambios que han tenido lugar en la comunidad cubanoamericana.

Por ejemplo, el corrupto y mitomaníaco Marco Rubio declaró que de acceder a la Casa Blanca en las próximas elecciones echará abajo las medidas tomadas por Obama. Lo que significa mantenerse con las orejeras para no ver que 189 países de los 192 miembros de la ONU votaron en su último Período de Sesiones contra el bloqueo.

Un interesante análisis hace énfasis en que las elecciones de 2016 estarán marcadas en Estados Unidos por el poder de una generación que apuesta por la paz, el diálogo y el no intervencionismo.

Mientras en un ambiente de esperanzas, temores y expectativas marchan las conversaciones entre Washington y La Habana. Sin olvidar la sentencia de nuestro Apóstol José Martí: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.

22
Abril

Cincuenta y tres años después, con su relevante participación en la VII Cumbre de las Américas, Cuba puso un pie para el retorno al sistema interamericano, y lo hizo en grande. La pregunta es ¿cuál es el próximo paso?

La OEA no fue fundada por iniciativa de los Estados Unidos, sino de los países latinoamericanos que tramitaron su creación en la Conferencia de Chapultepec en 1945, como parte de una posición común de rechazo o condicionamiento a la inclusión del veto en la Carta de Naciones Unidas. En 1948 la organización fue constituida por 23 países. Catorce de los cuales, en 1962, votaron por la expulsión de Cuba, seis se abstuvieron, y México no rompió relaciones con La Habana. Con posterioridad ingresaron otros 13 países, 12 de ellos del Caribe más Canadá y, en 2009, en San Pedro Sula, 35 estados acordaron invalidar la resolución de 1962, con lo cual los derechos de la isla fueron automáticamente restablecidos.

Por sus propias razones, principalmente por el tradicional sometimiento de la organización a los Estados Unidos, el estado cubano se abstuvo de ejercer el derecho a participar en las actividades de la OEA hasta abril del presente año, cuando al más alto nivel, la Isla intervino en la VII Cumbre de las Américas, cuyos acuerdos suscribió y en la cual el presidente Raúl Castro tuvo un brillante desempeño.

Resulta evidente que la Organización de Estados Americanos de hoy no se parece a la que en 1962 expulsó a Cuba, y que más de la mitad de los países que la integran no suscribieron aquella decisión. Por otra parte, con el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos, la isla tendrá vínculos diplomáticos con todos sus integrantes.

En la coyuntura actual, y de cara al significado de la presencia de Cuba para reforzar el papel de los países progresistas de la región, y habida cuenta de que el país ya participa del principal evento de la entidad, no parece lógico ni ofrece ventaja alguna mantener a una fuerza como la de Cuba al margen de la actividad de la OEA.

La presencia de la isla significaría un extraordinario apoyo a los países que al interior de la OEA libran importantes batallas, favorecería el cambio de la correlación de fuerzas en la organización, y proporcionaría la posibilidad de contar con una representación adicional en Washington.

Seguramente, como siempre ha hecho, sin obviar los principios que guían su política exterior, en función de contribuir a la causa latinoamericana y con pleno ejercicio de la soberanía nacional, la dirección cubana considerará la nueva situación creada y decidirá lo más conveniente.

De todos los procesos históricos la política es el más susceptible a los cambios, y la más obligada a responder a las exigencias de los diferentes momentos. Por mi parte considero que todas las opciones deberían estar abiertas.

20
Abril

Cuentan los que acompañaron a Víctor Jara en sus últimas horas de vida en el estadio Chile, uno de los símbolos más siniestros de la dictadura de Augusto Pinochet, que los torturadores no lograron borrarle del todo la sonrisa al trovador del Gobierno de Salvador Allende ni cuando lo golpearon brutal y repetidamente, antes de acribillarlo a balazos. En su cuerpo se hallaron más de 40 disparos.

Pero el tiro que acabó con su vida fue el que recibió en la nuca, casi a quemarropa, después de que sus torturadores se divirtieran jugando con él a una mortal ruleta rusa. Fue el 16 de septiembre de 1973, cinco días después del golpe de Estado contra Allende y de la posterior detención de Jara junto con cientos de compañeros en la Universidad Técnica del Estado (UTE). El estadio Chile, hoy estadio Víctor Jara, sería todavía testigo mudo de muchos más horrores en los comienzos de la larga dictadura de Pinochet (1973-1990).

Cuatro décadas más tarde, la familia de Víctor Jara, que nunca dejó de buscar justicia, puede empezar a sonreír otra vez. Un juez de Florida ha ordenado esta semana que el hombre identificado como su asesino, Pedro Pablo Barrientos, responda ante la justicia por cargos de tortura y ejecución extrajudicial.

Hace años que Barrientos, un exoficial del Ejército chileno, fue señalado como el torturador de Jara que apretó el gatillo del tiro de gracia. Uno de sus subordinados, el soldado José Adolfo Paredes, lo identificó formalmente en un testimonio entregado a la justicia chilena en 2009. El juez que lleva el caso en Chile, Miguel Vázquez, no tuvo dudas de su culpabilidad y en diciembre de 2012 lo procesó como autor de homicidio calificado. Poco antes, un programa de la televisión había descubierto que Barrientos llevaba una vida tranquila y discreta en Deltona, Florida, donde desde los años noventa se dedicaba a la compraventa de coches.

Ahí entró en marcha el Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA), una organización internacional que busca llevar a los tribunales a responsables de violaciones de derechos humanos en todo el mundo.

Entre sus casos más famosos están, además del de Víctor Jara, el de monseñor Óscar Romero de El Salvador o la matanza de los jesuitas, cinco de ellos españoles, también en ese país centroamericano en 1989.

Junto con el bufete de abogados Chadbourne & Parke LLP, el CJA interpuso en septiembre de 2013 una demanda en nombre de la viuda de Jara, Joan, y de su hija Amanda, acusando a Barrientos de cargos por delitos de tortura, asesinato extrajudicial y crímenes de lesa humanidad. Tras conocer la decisión de este martes del juez de Orlando, Florida, Roy Dalton, la abogada del CJA Almudena Bernabéu celebró que se abra por fin la posibilidad de que uno de los principales responsables de la muerte del cantautor chileno vaya a tener que responder ante la justicia.

Cierto es, admitió, que resulta “decepcionante” que el juez desestimara los cargos por crímenes de lesa humanidad, porque “el asesinato de Víctor Jara, y los miles de crímenes cometidos durante el régimen de Pinochet, deberían ser llamados por lo que son: un crimen contra la humanidad”. No obstante, acotó en conversación con este diario, la decisión judicial es un vuelco en el caso. Y es que aunque la familia de Jara lleva décadas denunciando públicamente el asesinato del artista, recordó, “un ámbito formal, un juicio, una audiencia, una comisión de la verdad jamás ha habido en relación con este crimen. Entonces, después de 42 años, este es un paso gigante, para Chile sobre todo”.

Con las manos destrozadas por las palizas, Víctor Jara todavía logró escribir unos últimos versos a lápiz en una libreta que pudo entregarle a uno de sus compañeros y que hoy conserva la Fundación Jara. “¡Canto, qué mal me sales / cuando tengo que cantar espanto! / Espanto como el que vivo / como el que muero, espanto”. Las heridas de Víctor Jara y de su familia empiezan a curar con cuatro décadas de retraso.

17
Abril

De acuerdo con los últimos acontecimientos, todo indica que ya “los gatos marchan hacia la gatera”. O sea, que los distintos aspirantes se dirigen a la línea de arrancada desde donde finalmente deberán partir quienes sean finalmente señalados como candidatos presidenciales a la codiciada primera magistratura de la nación en los Estados Unidos de América, con vistas al próximo mandato que deberá iniciarse en enero de 2016.

Esta vez, no son pocos los observadores que señalan el inicio del carnaval electoral con suficiente o exagerada anticipación, a la vez que aseguran los costos de la campaña que se elevarán a cifras nunca antes vistas, atreviéndose hasta a más de cien mil millones de dólares, lo que augura ingresos astronómicos para quienes han sido en los últimos tiempos grandes beneficiarios: las mayores cadenas de televisión.

No olvidar que en la nación imperial estadounidense ya entró en vigor la antidemocrática e inmoral disposición -aprobada por la Corte Suprema de Justicia- de que los grandes consorcios financieros, empresas monopólicas, bancos, aseguradoras, farmacéuticas, de telecomunicaciones y. por supuesto, el sonado complejo militar-industrial, pueden contribuir de manera libre e ilimitada al sostenimiento de las campañas. Era una práctica que siempre se llevó a cabo más o menos discretamente pero ahora es bendecida plenamente por la ley.

Y hay aspirantes presidenciales tomando posiciones al respecto y preparando condiciones para las futuras mordidas que darán a los más nutridos centros de poder económico. Por ejemplo, el candidato republicano Jeb Bush ya declaró que “el siguiente presidente debería impulsar una revisión de nuestra estrategia militar para que podamos satisfacer las necesidades del siglo XXI con la capacidad de defensa del siglo XXI”

En un artículo publicado en “The National Interest por parte de Robert Haddick, ex militar y actual contratista independiente de defensa, aparece tal afirmación de Bush bajo el significativo título “Las Fuerzas Armadas de EU son peligrosamente obsoletas”.

Para apoyar el mensaje de aliento del posible candidato Bush al complejo militar-industrial con propósitos evidentemente recaudatorios, el autor Haddick subraya que “al analizar la Revisión Cuatrienal de la Defensa, que enumera la fuerza de combate planeada para 2019 se llega a la conclusión de que es prácticamente idéntica a la estructura de fuerza de 2001”.

Concluye el experto que “en la historia del Ejército de EU, difícilmente se encontrarían otros casos de estructuras de las fuerzas prácticamente casi iguales a lo largo de un período de dos décadas”, para finalizar haciendo claramente un llamado; “Nuevas tecnologías militares, junto con desafíos nacientes y derrotados, alteran el paisaje estratégico creando la necesidad de innovación, adaptación y una redistribución de recursos de defensa”.

Por supuesto, no será este el primero ni el último mensaje dirigido al complejo militar-industrial por parte de los candidatos presidenciales en liza.

Ellos se enfrascarán a partir de ahora en una febril carrera por los elevados recursos requeridos para el carnaval electoral, seguramente compensados posteriormente por los presupuestos de guerra.