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09
Mayo

No pueden olvidar ni los rusos ni el resto de los pueblos que integraron la URSS, sean cuales fuesen sus veleidades políticas de hoy, ni un solo minuto de aquellos 1 418 días y sus noches, desde la madrugada del 22 de junio de 1941 cuando las tropas hitlerianas bombardearon y penetraron sorpresivamente el territorio soviético, hasta la madrugada del 9 de mayo de 1945, cuando los altos mandos alemanes firmaron ante el mariscal de la URSS Gueorgui Zhúkov el acta de capitulación incondicional de la Ale­mania fascista.

La Gran Guerra Patria, como aún se les nombra a aquellos cuatro años de tenaz resistencia y heroísmo sin par, es la etapa más decisiva de la Se­gunda Guerra Mundial (1939-1945). La victoria de mayo del 45 puede medirse en cifras tan convincentes como desgarradoras.

El 75 % de todas las tropas de la Alemania hitleriana fueron enviadas a combatir y resultaron vencidas en el frente soviético. Nadie tiene derecho siquiera a insinuar un papel más decisivo en la victoria. Pero la URSS pagó por ella con 27 millones de se­res humanos, entre los cuales 13,7 millones fueron civiles. De estos últimos los ocupantes nazis aniquilaron 7,4 millones; otros 2,2 millones mu­rieron en trabajos forzosos en Ale­mania; y 4,1 millones perecieron por hambre.

El resto, los otros 13,3 millones de vidas fueron ofrendadas por los hombres y mujeres soviéticos en el campo de batalla.

Del heroísmo de los soldados, sargentos y oficiales del Ejército Rojo cuentan miles de libros, obras de teatro y películas de todo el mun­do. Nombres como Alexander Ma­trósov, Alexei Marésiev o Zoya Kos­modemyánskaya son símbolos que resumen el sacrificio y la entrega de millones de héroes y heroínas del gran país de los soviets.

Ninguna otra nación del mundo en toda la historia, ni durante la Se­gunda Guerra Mundial, sufrió las pérdidas materiales de la URSS. Unos 25 millones de personas quedaron sin techo, a escombros fueron reducidos 31 950 fábricas, y otras instalaciones de producción y servicios, 4 100 estaciones ferroviarias, 36 000 centros de comunicaciones, 6 000 hospitales, 33 000 policlínicos, 82 000 escuelas primarias y secundarias, 1 520 es­cuelas técnicas de nivel me­dio, 334 centros docentes superiores, 605 ins­tituciones científicas, 427 museos, 43 000 bibliotecas pú­blicas y 167 tea­tros, a lo que se sumó el robo de in­contables y valiosísimas obras de arte, que aún hoy no han sido recuperadas.

Curiosamente, dentro de la mundialmente conocida tienda GUM, cuyo edificio de cuatro plantas es nuevamente el frente opuesto a la tribuna en la Plaza Roja, se encuentra desde hace varias semanas una ex­posición sobre el arte en el frente de combate de la Gran Guerra Patria, un testimonio bello y sencillo que contrasta sobremanera con las arrogantes boutiques de las marcas más pres­tigiosas de la moda planetaria.  Es la Moscú de estos tiempos, la que no cree en lágrimas, pero tampoco las olvida.

Porque el otro costo, el del dolor, el de las familias destruidas, el de las mentes y los cuerpos mutilados, nun­ca podrá cuantificarse y mucho me­nos reponerse.

Tengan Rusia y sus amigos verdaderos esta nueva fiesta, la de los tristes recuerdos, la de la merecida alegría y la inquebrantable fe en la victoria. La paloma de la paz vale por lo que es capaz de defenderse.

01
Mayo

Algo gracioso sucedió a aproximadamente tres docenas de republicanos de derecha liderados por Ileana Ros-Lehtinen cuando estaban en vías de aprobar una resolución para revocar la decisión de Obama de sacar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo. Fracasaron.

Esa es una noticia. En Progreso Semanal, Sarah Stephens, una veterana activista a favor de un cambio en la política norteamericana hacia Cuba, escribió recientemente acerca de las razones técnico-legales a las que aludió Ros-Lehtinen para tratar de explicar por qué ella decidió no seguir insistiendo en la resolución. Stephen hace un buen trabajo descubriendo las evidentes contradicciones en la versión de Ileana. En suma, la verdadera historia parece ser que ellos no consiguieron los votos necesarios e inventaron un pretexto para guardar las apariencias y evitar la vergüenza de una derrota en el pleno del Congreso.

El artículo de Stephens agrega una interesante pieza al rompecabezas que rodea la extraordinaria y súbita transformación en la política de Estados Unidos hacia Cuba. Pero hay una historia mayor que señala y simboliza el retroceso de Ros-Lehtinen: el rápido y casi total colapso del una vez invencible lobby derechista anti Castro.

Por qué y cómo se derrumbó más rápidamente que el muro de Berlín es algo que no he logrado descifrar por completo, aunque tengo algunas hipótesis que compartiré más adelante en esta columna. Aquí quiero poner el colapso del lobby y la salida de Cuba de la lista terrorista en el contexto de la política norteamericana general y de larga data hacia Cuba.

Lo más sorprendente acerca de la política norteamericana hacia Cuba es cómo se mantuvo a pesar de la pura irracionalidad de tantos de sus componentes específicos. Estados Unidos crea una emisora de televisión que transmite para Cuba (TV Martí) y resulta que el gobierno cubano puede interferir con facilidad la señal y nadie en Cuba la ve. Sin embargo, independientemente de eso, el gobierno de EE.UU. continúa entregando millones de dólares para mantenerla en el aire años tras año.

¿Dicen ustedes que es irracional? Pero cada vez que alguien en el Congreso intentó eliminarlo, el lobby anti Castro enloquecía y el lobby se salía con la suya.

La historia de Radio Martí se diferencia en los detalles, pero no en su esencia. En este caso, la señal a menudo llegaba, pero no había suficiente gente escuchándola como para justificar el enorme costo. Además, la emisora estaba lastrada por múltiples problemas, como falta de objetividad, amiguismo y luchas burocráticas internas.

La noción misma de que la némesis de Cuba en el Norte pueda financiar y dirigir un medio de comunicación caracterizado por la objetividad es absurda. Sitúen esta emisora en Miami y pongan a una mayoría de exiliados a dirigirla y desaparece la poca credibilidad que pudiera tener. Es una locura. Pero eso no impidió que el lobby de los exiliados se opusiera a cerrarla o, increíblemente, saliéndose siempre con la suya.

Salvador Dalí tituló uno de sus cuadros “La resistencia del carácter”. La historia surrealista de la política norteamericana hacia Cuba pudiera llamarse “La resistencia de la irracionalidad”. El lobby del exilio desempeñó un papel significativo en mantener viva la demencia.

Más allá de su irracionalidad, hay otro aspecto de Estados Unidos abrogándose el derecho de catalogar a Cuba como patrocinadora del terrorismo. No solo es falso, sino también indignante.

Han pasado décadas desde que Cuba apoyó la insurrección armada, fundamentalmente en Latinoamérica. Además, ellos apoyaron a movimientos guerrilleros, no a terroristas. Algunos de esos movimientos y líderes considerados terroristas encabezaron genuinos movimientos de liberación nacional y se convirtieron en iconos mundiales. Solo necesito mencionar un nombre para demostrar mi tesis: Nelson Mandela.

Estados Unidos, por el contrario, patrocinó a gobiernos y militares que asesinaron a un arzobispo, violaron y mataron a varias monjas norteamericanas, y asesinaron a un número de profesores jesuitas. Para no mencionar a los 200 000 indios masacrados por los militares guatemaltecos que contaban con el apoyo de EE.UU.

¿Estado patrocinador del terrorismo? Mírense al espejo. La caridad empieza por casa.

Terminaré con unas pocas observaciones, de ninguna manera conclusivas, acerca del colapso del lobby derechista. Durante mucho tiempo, la mayoría de los miembros de la clase política norteamericana han considerado la política hacia Cuba una locura o, como mínimo, un anacronismo. Pero para cambiarla hubiera sido necesario enredarse con el lobby de Cuba, un hatajo de matones, algunos de cuyos miembros son gente extraordinariamente malvada, como Frank Calzón y los hermanos Díaz-Balart, entre otros. Y además está la Florida y la política de las elecciones presidenciales, sumados a la alianza profana de republicanos y demócratas del estado que se unieron para servir como un grupo de arqueros para tratar de impedir que cualquier disparo contra las sanciones se convirtiera en gol.

Cuando imparto conferencias sobre el tema, califico a todo este campo de poder que mantuvo vigente el statu quo acerca de Cuba de “el Muro de Miami”. Ahora un urbanista de Miami está tratando de construir una monstruosidad de edificio de vallas que se dice que llegará al cielo. Eso puede que vuele o no, o que se construya. Pero el Muro de Miami, ese edificio, ha sido demolido.

A pesar del Muro de Miami, la oposición a una política tan irracional, ineficaz y consolidada como esta crece con el tiempo. Sin embargo, incluso a medida que se acerca a ser una masa crítica, se necesita algo más para desatar la reacción en cadena de que somos testigos ahora. Ese algo es voluntad y habilidad políticas.

Las negociaciones de Cuba en particular se realizaron con extraordinaria discreción y sabiduría, no solo por cada parte, sino también por terceros de clase mundial, fundamentalmente el papa. Que las conversaciones realizadas por los jefes de vastas burocracias –la de Cuba, Estados Unidos y el Vaticano– pudieran llevarse a cabo en secreto durante tanto tiempo es una historia sorprendente que se debe escribir.

Por último, a pesar de mis dudas anteriores, debo decir que al final Barack Obama cumplió. Ha hecho mucho de lo que prometió inicialmente. EE.UU. no solo está hablando con Cuba, sino también con Irán. Imagínense eso.

Obama, casi perdí la fe. Lo siento. Y gracias.

30
Abril

Una investigación realizada por la Universidad de Princeton hace algún tiempo calificó a Estados Unidos como un país no democrático por la subordinación de su gobierno a las élites de poder, obviando los intereses de la inmensa mayoría de sus ciudadanos.

La principal potencia económica y militar del mundo y “apaga fuegos” por excelencia de conflictos internacionales supedita su política exterior a los intereses económicos y financieros de las grandes corporaciones.

La simbiosis entre el Estado y el sistema empresarial dominante en el país funciona como el mecanismo de un reloj suizo, en detrimento de las decenas de millones de personas sumidas en la pobreza.

Sin embargo, numerosos analistas además opinan que decrece progresivamente el dominio hegemónico mundial de Washington; perdido en el laberinto de una controvertida intromisión de sus tropas en conflictos que poco tienen que ver con los intereses fundamentales de la ciudadanía norteamericana; mientras peligra el llamado “sueño americano” carcomido por la desigualdad social.

Por otra parte, un polémico libro del economista francés Thomas Piketty que circula en este momento con éxito por las librerías norteamericanas hace hincapié en que la desigualdad social en Estados Unidos ha retornado a los niveles existentes siglos atrás.

No es casual que la plataforma de campaña electoral del Partido Demócrata esté centrada en la lucha por la equidad social, y no en la retórica de la sostenibilidad del Estado de Bienestar cuando se incrementa el inmenso abismo entre ricos y pobres en el país.

Los republicanos, que no quieren perder el carril por donde transitan las demandas de los electores comienzan a recurrir también a un discurso populista en su pretensión de acceder a la Casa Blanca.

Ni siquiera la alternancia bipartidista en el centro de poder de Estados Unidos cambiará la estructura socioeconómica del país, ni tampoco la doctrina que la sustenta. Lo que no significa que lancemos por la borda la utilidad de relaciones bilaterales de carácter económico, comercial y financiero basado en el respeto y utilidad mutuos, pero no debemos importar el espejismo del “sueño americano”.

Los resultados del estudio de los investigadores de la Universidad de Princeton y la teoría del economista Piketty pueden mostrarnos algo conocido. Aunque lo que sobra, si no perjudica no daña.

27
Abril

Por primera vez en la historia de la diplomacia estadounidense, la superpotencia única mundial se está viendo implicada en la discusión de temas sobre los derechos humanos en su propio país.

Ello ocurre en el marco de las conversaciones entre Estados Unidos y Cuba derivadas del anuncio simultáneo el 14 de diciembre de 2014, en La Habana y Washington, de que ambas naciones habían acordado debatir bilateralmente el camino hacia la normalización de sus relaciones.

La iniciativa de discutir estos temas partió de la parte cubana, que tantas veces se ha visto acosada por gigantescas campañas difamatorias de Estados Unidos sobre esa cuestión pero jamás ha contado con un escenario que le garantice la posibilidad de hacer oír sus verdades en un debate “despolitizado” y limpio, fuera de los marcos de la campaña que libra Washington sobre este tema contra los países del Tercer Mundo desde que concluyó la “guerra fría”.

Aunque estas conversaciones sobre derechos humanos han sido calificadas como “de nivel técnico”, se dijo que la estructura de las pláticas ofrecería espacio para un diálogo preliminar sobre los tópicos que preocupen a Cuba sobre el tema de los derechos humanos en Estados Unidos.

En ese contexto, Cuba expresó preocupación por las pautas discriminatorias y racistas que se manifiestan en la sociedad estadounidense, la intensificación de la brutalidad policial, la tortura y las ejecuciones extrajudiciales que se generan en la lucha contra el terrorismo, así como por la persistencia de violaciones de los derechos laborales y sindicales de los norteamericanos. El limbo legal en que se encuentran los prisioneros encarcelados en la ilegal base militar de Estados Unidos en el territorio cubano de la Bahía de Guantánamo fue igualmente motivo de la preocupación cubana.

La delegación cubana abogó, además, por la indivisibilidad, universalidad e interdependencia de todos los derechos humanos, en alusión a los derechos alimentarios, al trabajo, a la diversidad cultural y, en especial, a decidir sobre cuál sistema económico, político, y social prefieran soberanamente sus pueblos para el ejercicio de sus democracias.

Ha trascendido que Cuba condenó la manipulación del tema de los derechos humanos que ha hecho Estados Unidos para estigmatizar a aquellos países que no coinciden con su estrecha concepción de la democracia, a la que solo admite como tal si es capitalista, siendo que el capitalismo es casi la negación de la democracia o, al menos, un sistema cuyos principios básicos son mucho más discordantes con la democracia que los del socialismo.

En el contexto de la defensa de los derechos humanos a escala mundial, Cuba mostró sus logros en la promoción y protección de todos los derechos humanos, no solo de los cubanos, sino también de los pueblos de numerosas naciones con las que Cuba ha cooperado en materia de salud, educación y otras esferas.

Se hizo patente el contraste entre la generosidad con que la Isla moviliza y envía ejércitos de médicos y personal de la salud a países que lo han necesitado y solicitado de manera directa o a través de organizaciones internacionales de salud, y el uso por parte de Estados Unidos de similares circunstancias para enviar a otros países sus soldados o instalar bases militares que luego tienden a hacerse permanentes.

Cuba valoró el encuentro en curso como profesional, respetuoso, y demostrativo de que “es posible que los dos países se relacionen de manera civilizada” y Estados Unidos lo ha hecho en términos similares.

Los derechos humanos no son ni naturales, ni únicos, ni eternos, ni divinos. No son abstractos, son derechos concretos que cada país reconoce, otorga y regula de conformidad con su historia, sus concepciones, su ideología y su voluntad en virtud del principio de la autodeterminación.

Sin dudas trascenderá en las conversaciones con sus vecinos del Norte que el Estado cubano preserva el derecho a una vida decorosa y digna de las personas no solo con disposiciones legales, sino con todo un conjunto de normas que responden y expresan una realidad social y que se refieren a derechos fundamentales.

La protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos en el proyecto socialista cubano descansa en garantizar su realización mediante el aseguramiento de los derechos sociales a la salud, a la educación, a la seguridad social, a la cultura, a la ciencia, al deporte, a la recreación. Y junto a ellos, los derechos políticos, cuyo ejercicio está explícito en el papel ciudadano en las transformaciones económicas y sociales del socialismo, el proyecto más concreto que haya avanzado hasta hoy la Humanidad en su camino irrenunciable hacia una democracia verdadera.