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16
Marzo

Al referirse a Venezuela, en su histórica carta de despedida a Fausto Teodoro de Aldrey del 27 de julio de 1881, el Apóstol José Martí dejó sembrada para la eternidad la conocida frase: “Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles, ni de su cuna reniegan hijos fieles. Dime Venezuela en qué servirla; ella tiene en mí un hijo”.
Nunca desde entonces hemos enfrentado un momento tan grave como este para recordar y asumir la frase martiana que el Comandante Hugo Chávez reiteraba en más de una ocasión.
La más brutal agresión imperialista yanqui contra la Revolución Bolivariana y contra la independencia y soberanía nacional de Venezuela -en colusión con la oligarquía antinacional y antipopular que también traicionó a Bolívar- parece asomar en las recientes semanas como consecuencia de la desesperación y la frustración de los enemigos repetidamente derrotados por todas las vías.
Ni los intentos de golpes militares, ni los golpes petroleros, ni la guerra económica, ni la guerra mediática, ni los sabotajes ni los asesinatos han podido doblegar a lo largo de casi 20 años la voluntad mayoritaria del pueblo de Venezuela, expresada de manera democrática y constitucional en 19 elecciones sucesivas tanto generales como parciales, referendos revocatorios y constituyentes.
La Revolución Bolivariana conducida por Hugo Chávez constituyó no solo un golpe sorpresivo sino demoledor para los imperialistas en la propia Venezuela -primera reserva petrolera del mundo- sino que su ejemplo, influencia y solidaridad con sus pueblos hermanos de Nuestra América se extendieron vertiginosamente por la región.
La Revolución Bolivariana marcó el punto de inflexión por tanto tiempo esperado y por el que dieron su vida miles de próceres y mártires de la liberación latinoamericana y caribeña y comenzó a hacerse realidad el sueño de los libertadores, avanzando realmente hacia la justicia y la libertad.
La Revolución Bolivariana y el contexto mundial que la acompañó favorecieron el camino exitoso de la unión y la integración de América Latina y el Caribe, donde pueblos, gobiernos, partidos políticos y movimientos sociales tuvieron la posibilidad y la voluntad de crear estructuras solidarias e independientes del poder hegemónico imperial como CELAC, UNASUR, ALBA, CARICOM, MERCOSUR y otras,
La prematura desaparición física del Comandante eterno Hugo Chávez resultó ser -según parece- la última e inesperada oportunidad que los imperialistas y sus socios concibieron como el momento propicio para la derrota de la Revolución Bolivariana.
Prepotentes y subjetivos como siempre, engañándose a sí mismos, no fueron capaces de entender en medio de su ambición y afán de reconquista, que la Revolución y todo lo que ella significa no es solo la obra de un hombre extraordinario sino la obra abrumadoramente mayoritaria de un pueblo entero que rescató su dignidad y sus derechos y está dispuesto a defenderlos.
Tanto amigos como enemigos lo ven hoy como una realidad bien clara: la agresión que se gesta no es solo contra Venezuela, sino contra todo el proceso de unión e integración latinoamericana y caribeña en su conjunto.
Nos regresa otra frase martiana para todos los tiempos. Esta fue dicha en la velada de homenaje a Venezuela, en la Sociedad Literaria Hispano-Americana de Nueva York (1892): “…pero a Venezuela, como a toda nuestra América, a nuestra América desinteresada, la hemos de querer y admirar sin límites porque la sangre que dio por conquistar la libertad ha continuado dándola por conservarla”.

12
Marzo

El pasado lunes, el presidente Barack Obama tomó una sorpresiva decisión en su política exterior hacia Venezuela, al declarar una “emergencia nacional” frente al país sudamericano por la “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos” que supone la situación de “derechos humanos y la corrupción” en esa nación.
El inusual exabrupto contrastó con la prudencia que ha caracterizado la política exterior de la Casa Blanca hacia América Latina y el Caribe, y recordó los errores cometidos por el gobierno de Dwight D. Eisenhower contra Cuba a principios de la década de los 60 del pasado siglo.
La declaración de “emergencia nacional” es un instrumento que permite al presidente en determinadas circunstancias, dictar sanciones contra un país más allá de lo que haya aprobado el Congreso.
En este caso, la medida estuvo acompañada de sanciones contra siete altos funcionarios de seguridad y justicia, señalados como “responsables de la erosión de los derechos humanos”, basado en la Ley de Defensa de los Derechos Humanos y la Sociedad Civil de Venezuela 2014, firmada por Obama el pasado 18 de diciembre en flagrante acto de intervención en los asuntos internos de Venezuela.
El injerencista anuncio tomó a todos por sorpresa, tras de la reciente anuncio del presidente norteamericano de iniciar negociaciones con el gobierno cubano para normalizar las relaciones diplomáticas interrumpidas desde 1960, después de más de medio siglo de sistemáticas intervenciones en los asuntos internos de la nación caribeña; y a menos de un mes de celebrarse la Cumbre de las Américas en Panamá, donde Obama arriesga el lugar ganado por la valiente decisión de corregir la equivocada política exterior aplicada contra Cuba por 10 presidentes norteamericanos.
Durante los últimos meses, la polarización política venezolana se agudizó en medio del sabotaje económico y denuncias por parte del gobierno bolivariano, sobre el respaldo de la Casa Blanca hacia la política golpista del sector extremista de la oposición.
El control del Senado por parte de la ultraderecha republicana, sugería la extensión de su nefasta influencia hacia la política exterior en el sistemático bloqueo legislativo hacia las iniciativas del presidente Obama, demostradas con su ofensiva en el cuestionamiento hacia la normalización de relaciones con Cuba y las negociaciones para un acuerdo nuclear con Irán.
En el caso de Venezuela se sospechaba una puja entre la ultraderecha bipartidista dentro de la Fundación Nacional para la Democracia, (NED por sus siglas en inglés) y el centro liberal representado por la Casa Blanca, en un escenario similar al de Honduras y Paraguay, donde el desenlace final en ambos países favoreció al sector golpista de su clase política.
Obama enfrenta una prueba de fuego. En vez de usar su influencia para mediar de forma constructiva en el conflicto apoyándose en la OEA y UNASUR, el presidente cede a las presiones de la ultraderecha y confirma las denuncias sobre la participación de la Casa Blanca en un plan para derrocar al gobierno bolivariano.
En respuesta a la injerencista medida, el presidente Maduro acudió a la Asamblea Nacional, AN, para solicitar atribuciones especiales “ante la grave amenaza” en que se encuentra el país, tras dar la orden de “desplegar todos los planes defensivos de Venezuela”.

09
Marzo

Barack Obama, una figura decorativa en la Casa Blanca que no pudo impedir que un energúmeno como Benjamin Netanyhau se dirigiera a ambas cámaras del Congreso para sabotear las conversaciones con Irán en relación al programa nuclear de este país, ha recibido una orden terminante del complejo “militar-industrial-financiero”: debe crear las condiciones que justifiquen una agresión militar a la República Bolivariana de Venezuela.

La orden presidencial emitida hace pocas horas y difundida por la oficina de prensa de la Casa Blanca establece que el país de Bolívar y Chávez “constituye una infrecuente y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, razón por la cual “declaro la emergencia nacional para tratar con esa amenaza”.

Este tipo de declaraciones suelen preceder agresiones militares, sea por mano propia, como la cruenta invasión a Panamá para derrocar a Manuel Noriega, en 1989, o la emitida en relación al Sudeste Asiático y que culminó con la Guerra en Indochina, especialmente en Vietnam, a partir de 1964. Pero puede también ser el prólogo a operaciones militares de otro tipo, en donde Estados Unidos actúa de consumo con sus lacayos europeos, nucleados en la OTAN, y las teocracias petroleras de la región. Ejemplos: la Primera Guerra del Golfo, en 1991; o la Guerra de Irak, 2003-2011, con la entusiasta colaboración de la Gran Bretaña de Tony Blair y la España del impresentable José María Aznar; o el caso de Libia, en 2011, montado sobre la farsa escenificada en Benghazi donde supuestos “combatientes de la libertad” – que luego se probó eran mercenarios reclutados por Washington, Londres y París- fueron contratados para derrocar a Gadaffi y transferir el control de las riquezas petroleras de ese país a sus amos.

Casos más recientes son los de Siria y, sobre todo Ucrania, donde el ansiado “cambio de régimen” (eufemismo para evitar hablar de “golpe de estado”) que Washington persigue sin pausa para rediseñar el mundo -y sobre todo América Latina y el Caribe- a su imagen y semejanza se logró gracias a la invalorable cooperación de la Unión Europea y la OTAN, y cuyo resultado ha sido el baño de sangre que continúa en Ucrania hasta el día de hoy. La señora Victoria Nuland, Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Euroasiáticos, fue enviada por el insólito Premio Nobel de la Paz de 2009 a la Plaza Maidan de Kiev para expresar su solidaridad con los manifestantes, incluidos las bandas de neonazis que luego tomarían el poder por asalto a sangre y fuego, y a los cuales la bondadosa funcionaria le entregaba panecillos y botellitas de agua para apagar su sed para demostrar, con ese gesto tan cariñoso, que Washington estaba, como siempre, del lado de la libertad, los derechos humanos y la democracia.

Cuando un “estado canalla” como Estados Unidos, que lo es por su sistemática violación de la legalidad internacional, profiere una amenaza como la que estamos comentando hay que tomarla muy en serio. Especialmente si se recuerda la vigencia de una vieja tradición política norteamericana consistente en realizar autoatentados que sirvan de pretexto para justificar su inmediata respuesta bélica. Lo hizo en 1898, cuando en la Bahía de La Habana hizo estallar el crucero estadounidense Maine, enviando a la tumba a las dos terceras partes de su tripulación y provocando la indignación de la opinión pública norteamericana que impulsó a Washington a declararle la guerra a España. Lo volvió a hacer en Pearl Harbor, en Diciembre de 1941, sacrificando en esa infame maniobra 2,403 marineros norteamericanos e hiriendo a otros 1,178. Reincidió cuando urdió el incidente del Golfo de Tonkin para “vender” su guerra en Indonesia: la supuesta agresión de Vietnam del Norte a dos cruceros norteamericanos –luego desenmascarada como una operación de la CIA- hizo que el presidente Lyndon B. Johnson declarara la emergencia nacional y poco después, la Guerra a Vietnam del Norte. Maurice Bishop, en la pequeña isla de Granada, fue considerado también él como una amenaza a la seguridad nacional norteamericana en 1983, y derrocado y liquidado por una invasión de Marines. ¿Y el sospechoso atentado del 11-S para lanzar la “guerra contra el terrorismo”? La historia podría extenderse indefinidamente.

Conclusión: nadie podría sorprenderse si en las próximas horas o días Obama autoriza una operación secreta de la CIA o de algunos de los servicios de inteligencia o las propias fuerzas armadas en contra de algún objetivo sensible de Estados Unidos en Venezuela. Por ejemplo, la embajada en Caracas. O alguna otra operación truculenta contra civiles inocentes y desconocidos en Venezuela tal como lo hicieran en el caso de los “atentados terroristas” que sacudieron a Italia –el asesinato de Aldo Moro en 1978 o la bomba detonada en la estación de trenes de Bologna en 1980- para crear el pánico y justificar la respuesta del imperio llamada a “restaurar” la vigencia de los derechos humanos, la democracia y las libertades públicas. Años más tarde se descubrió estos crímenes fueron cometidos por la CIA. Recordar que Washington prohijó el golpe de estado del 2002 en Venezuela, tal vez porque quería asegurarse el suministro de petróleo antes de atacar a Irak. Ahora está lanzando una guerra en dos frentes: Siria/Estado Islámico y Rusia, y también quiere tener una retaguardia energética segura. Grave, muy grave. Se impone la solidaridad activa e inmediata de los gobiernos sudamericanos, en forma individual y a través de la UNASUR y la CELAC, y de las organizaciones populares y las fuerzas políticas de Nuestra América para denunciar y detener esta maniobra. 

07
Marzo

Obama: Historia racial de EEUU proyecta larga sombra sobre nosotros

El primer presidente afroamericano de EE.UU., Barack Obama, ha conmemorado este sábado el 50º aniversario de los sucesos del “Domingo Sangriento” de Selma, Alabama, al tiempo que recordó que “la marcha contra el racismo en EE.UU. aún no ha terminado”.

Se trata del 7 de marzo de 1965, cuando unos 600 participantes en la marcha pacífica por el derecho al voto de los afroamericanos fueron brutalmente reprimidos por la policía armada con garrotes y gases lacrimógenos en el histórico puente Edmund Pettus en esta ciudad.

“Sólo tenemos que abrir nuestros ojos y oídos, y el corazón, para saber que la historia racial de esta nación todavía proyecta su larga sombra sobre nosotros”, ha especificado el mandatario estadounidense.

“Selma nos enseña, también, que la acción requiere que nos despojemos de nuestro cinismo. Por lo que se refiere a la búsqueda de la justicia, nos podemos permitir ni complacencia ni la desesperación”, ha proseguido.

A continuación, ha considerado la lucha contra la discriminación racial como un trabajo que les concierne a todos los estadounidenses, blancos y negros.

“Todos necesitamos sentir, la urgencia que tiene el esfuerzo del ahora. Todos necesitamos reconocer, como lo hicieron los que participaron hace 50 años en esta marcha, que el cambio depende de nuestras acciones, nuestras actitudes y las cosas que enseñamos a nuestros hijos. Y si hacemos ese esfuerzo, no importa lo difícil que pueda parecer, las leyes cambiarán, y las conciencias se despertarán, y el consenso se formará”, ha asegurado.

Sin embargo, ha rechazado las dudas que ha provocado el informe del Departamento de Justicia sobre el caso de Ferguson de si las leyes han cambiado con respecto a la raza a lo largo del último medio siglo enfatizando que lo pasado en Ferguson aunque no es un hecho aislado, tampoco es endémico como lo era antes del Movimiento de los Derechos Civiles.

Una investigación realizada por el Departamento de Justicia puso de manifiesto el profundo racismo policial en Ferguson, Misuri, donde un policía blanco mató a tiros a un adolescente negro desarmado el 9 de agosto de 2014, lo que desató disturbios y protestas a nivel nacional.

A pesar de lo que el fiscal general Eric Holder calificó como un “contundente informe” sobre el Departamento de Policía de Ferguson, el gobierno no procesará al policía blanco responsable del asesinato del adolescente Michael Brown. 

 

Domingo sangriento

 

De todas las batallas que libraron los afroestadounidenes en la lucha por sus derechos a mediados del siglo XX, no hay muchas que permanezcan tan vivas en la memoria colectiva del país como la del "Domingo sangriento" de Selma, en el sureño estado de Albama.

Aquel 8 de marzo de 1965 se encontraron frente a frente unos manifestantes valientes y elegantemente vestidos y policías estatales de Alabama, protegidos con cascos y máscaras de gas y armados con porras.

Los primeros sabían que podían terminar la jornada como mártires. Los segundos estaban ansiosos por cumplir con el papel brutal que la historia les asignaría más adelante.

El escenario del enfrentamiento fue el puente Edmund Pettus, una estructura austera que se convertiría en el gran símbolo de la lucha por la libertad y a la que este sábado acudió el presidente Barack Obama para conmemorar el 50 aniversario de los hechos.

Obama habló ante miles de pesonas que conmemoraron los hechos en un ambiente más bien festivo.

Fuerza bruta

Hace medio siglo, el ambiente era bien distinto, entonces la banda sonora la conformaron los cánticos e himnos del movimiento por los derechos civiles.

Pero lo que hizo que aquellas escenas quedaran grabadas en el recuerdo colectivo fue la fuerza bruta empleada aquél día envuelto en las nubes de humo del gas lacrimógeno.

Cincuenta años después, aquellas imágenes siguen resultando sorprendentes y vergonzosas. Los golpes secos de las porras, los caballos de la policía a la carga, los vendajes ensangrentados, los huesos rotos, los cráneos fracturados...

Martin Luther King, quien estaba en Atlanta pero viajó rápidamente a Alabama, dijo que fue "de lejos la mayor confrontación ocurrida en el sur (de EE.UU.)".

Pero de no ser por aquel nivel de violencia, el movimiento por los derechos civiles nunca hubiera dado los grandes pasos que dio.

¿Por qué Selma?

Parte de la razón por la que Selma proporcionó el marco ideal para aquel enfrentamiento histórico es que era fácilmente previsible la feroz reacción de la policía local y estatal.

Y es que el sheriff Jim Clark era el adversario perfecto para los líderes negros.

Durante años, había perseguido y acorralado a los que reclamaban el derecho a votar con la ayuda de una picana y aquel domingo estuvo a la vanguardia cuando sus agentes propinaron a los manifestantes los más violentos golpes.

Pero por muchos golpes y heridas que recibieran aquel día, los militantes del movimiento por los derechos civiles necesitaban que el sheriff estuviera allí: personificaba la intransigencia sureña.

Sin él, la marcha que se dirigía a Montgomery hubiera pasado por la ciudad de Selma forma pacífica y no habría motivos para conmemorar.

Pero tal como ocurrió, el derramamiento de sangre de Selma obligó al presidente Lyndon Baines Johnson a presionar para que se aprobara la Ley del derecho al voto de 1965.

Tensión creativa

Dos años antes, en Birmingham, Alabama, unas protestas pacíficas también provocaron la respuesta violenta de la policía.

Como en Selma, ésta era la intención de los líderes negros: orquestar protestas que lograran una respuesta tan agresiva que pesara en la conciencia del presidente, en aquél caso John F. Kennedy, y que le obligara a actuar.

Ya lo escribió Luther King en una carta en la prisión de Birmingham: "La acción directa no violenta busca crear una crisis y una tensión creativa tal que una comunidad que se haya negado constantemente a negociar se vea forzada a enfrentar el asunto".

En ese sentido, la campaña de Birmingham fue fundamental.

Las imágenes de la brutalidad policial lograron que ciudadanos blancos apoyaran el fin de la segregación en el sur y desataron una oleada de furia negra que inquietó profundamente a los Kennedy en Washington.

Entre mayo y finales de agosto de 1963, tuvieron lugar 1.340 manifestaciones en más de 200 ciudades de 36 estados.

Por el temor de que su presidencia se viera ensombrecida por aquella gran revolución social, Kennedy finalmente acordó enviar el proyecto de ley al Congreso.

Y en junio de 1963 ofreció un largo discurso televisado en apoyo al fin de la segregación.

"Nos enfrentamos principalmente a una cuestión moral", dijo desde el despacho oval. "Es tan antigua como las escrituras y tan clara como la Constitución de Estados Unidos".

De no ser por la brutalidad policial, por lo tanto, Kennedy podría haberse mantenido al margen. Y quizá la Ley de derechos civiles de 1964 no hubiera sido promulgada nunca.

Ajuste de cuentas

Décadas después, la brutalidad policial y los fallos del sistema judicial han seguido siendo los catalizadores de las más significativas conversaciones sobre las relaciones raciales en EE.UU.

La despiadada paliza que agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles propinaron en 1991 a Rodney King y los disturbios que siguieron a la absolución de los responsables un año después impulsaron una de las mayores reformas policiales de la historia del país.

Incluso a día de hoy, Barack Obama, el primer presidente negro del país, tiende a hablar de raza sobre todo en el contexto de los excesos policiales o de la justicia penal.

La muerte de Trayvon Martin, un joven negro de 17 años y desarmado, a manos de un vigilante de barrio en Florida el 26 de febrero de 2012 provocó, por ejemplo, la intervención del presidente.

"Mi mensaje es principalmente para los padres de Trayvon Martin. Ya saben, si tuviera un hijo se parecería a Trayvon", dijo Obama.

"Todos los estadounidenses debemos tomarnos esto con la seriedad que se merece", añadió.

"Selma es ahora"

Las muertes de Michael Brown en Ferguson y Eric Garner en Nueva York, ambos a manos de la policía, han sido los más recientes acicates de la protesta.

Y en el marco de las conmemoraciones de este fin de semana, ambos casos dejan patente que en EE.UU. la cuestión racial sigue sin resolverse.

Es por eso que el cantautor John Legend proclamó "Selma es ahora" al recibir un premio Oscar por la canción Glory de la película Selma.

Y es por esa misma razón por la que su intervención tuvo tanto eco.

Es evidente que las relaciones raciales en EE.UU. han recorrido un largo camino desde aquel Domingo sangriento, cuando aún el apartheid del sur estaba en proceso de ser desmantelado.

Sin embargo, no todos los muros erigidos por los prejuicios han sido demolidos.