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05
Abril

El gran crimen contra la educación que se lleva a cabo en Estados Unidos no es la compra-venta de centros universitarios con fines de lucro por las corporaciones sino algo peor.

Es el deliberado “vaciado” desde adentro de los centros de educación superior resultante de la aplicación de una filosofía que considera a ésta como preparadora esencial de educandos para empleos en el mundo de los negocios tras su graduación,.

La filosofía, el arte, la historia de las culturas humanas, el pensamiento lógico y crítico, la ética en la toma de decisiones, y las Humanidades en general, habitualmente llamadas “académicas” y consideradas tradicionalmente parte de la definición de la educación universitaria, tienen como función profundizar y ampliar horizontes así como ejercitarles en el pensamiento crítico. Resultan, para muchos estudiantes, una experiencia única en sus vidas.

Un trabajo del profesor y doctor en filosofía Robert Abele publicado el 25 de marzo de 2015 en la revista COUNTERPUNCH (CONTRAGOLPE) con el título de “Conductos del Capital: la toma del poder capitalista de la educación superior”, identifica tres formas de efectuar este vaciado de la educación superior: 1) enfatizar en cursos de “habilidades básicas” que limitan la capacitación de los estudiantes a los niveles de lectura y de escritura que necesitan los empleadores; 2) catalogar de “exitosos” a centros de estudios que mayor número de estudiantes aprueben y 3) eliminar o reducir los programas que ensanchen la visión de los estudiantes y les inclinen a la reflexión racional y el análisis de la sociedad y sus tendencias.

Punto focal de este cambio corporativo en la filosofía educativa es –según Abele- el que se refleja en la denominada “iniciativa del community college” (centros universitarios comunitarios) del Presidente Barack Obama que no promueve la formación académica, sino que reduce la educación superior a capacitación laboral. De ahí que la cadena PBS caracterizara esa iniciativa como “un plan para mejor conectar la formación de estudiantes en centros educacionales superiores comunitarios con determinados tipos de puestos de trabajo en el mercado”, incluso subvencionado con 600 millones de dólares la capacitación laboral de los trabajadores en las habilidades que necesitan la industria, las empresas, los sindicatos, los centros de educación superior y las organizaciones de entrenamiento, según un comunicado de la Casa Blanca de 14 de abril de 2014.

Parte del proceso de corporativización de la educación ha sido la reducción deliberada o incluso la clausura de los departamentos de filosofía y humanidades en la educación superior, tanto en los centros comunitarios como en las universidades en toda la nación.

En otras palabras, no se puede ser pensador crítico o participar en la profundización del conocimiento de ideas humanas o el desarrollo cultural, si se quiere ser un empleado de una empresa estadounidense. La filosofía empresarial que está matando a este tipo de programas parte de dos supuestos: 1) que esta educación no tiene una compensación monetaria adecuada para el mundo de los negocios, y 2) que los pensadores críticos y aquellos con conocimientos científicos sociales son peligrosos para la hegemonía corporativa.

“Nadie discute aquí que enseñar habilidades básicas y ofrecer capacitación para el trabajo deba ser parte de la misión de un centro de educación superior- dice Abele. -Pero si ese tipo de entrenamiento se convierte en el principal énfasis de la educación universitaria, el currículo universitario destaca como habilidades necesarias solo aquella que exige el mercado y se hace claro que es esta filosofía educativa la que determina hacia dónde se canaliza el dinero que la nación dedica la educación, la misión y el valor de la enseñanza académica están claramente en riesgo”.

Contrario a eso, el fundador de la nación estadounidense Thomas Jefferson, quien era un firme partidario de lo que ha sido la definición tradicional de la educación universitaria, creyó que: “En una república cuyos ciudadanos deben ser conducidos por la razón y la persuasión, no por la fuerza, el arte del razonamiento resulta de primera importancia. En el proceso democrático existe la necesidad crítica de tener una ciudadanía informada”.

La humanidad se pierde cuando la filosofía de la educación nacional se convierte en una empresa de orientación capitalista extrema y los estudiantes se convierten en mercancías, meros titulares futuros de trabajo; cuando la educación se define por el número de grados aprobados de paso exitoso en los cursos y el número de graduados, restando importancia a la educación basada en el contenido que la mente humana se profundiza y amplía.

La educación está en problemas en Estados Unidos. El peligro no deriva de la incompetencia del profesor como suelen presentarlo los medios y los políticos de derecha, sino a la falta de visión de políticos y administradores de universidades que no ven más que el flujo del dinero y permiten que instituciones venerables mueran por ser usadas como conductos de capital.

03
Abril

Al denunciar las “enfermedades graves” que padece la Curia Romana, el Papa Francisco citó entre ellas, en su mensaje de Navidad del pasado diciembre: la rivalidad, “Alzheimer espiritual” y esquizofrenia existencial.

¿Alguien puede certificar que la izquierda está exenta de los padecimientos de la alta jerarquía eclesiástica? Lamentablemente son pocas las excepciones; aunque algunos lancen piedras a techo ajeno.

“Una Curia que no hace autocrítica y no se actualiza y no intenta mejorar es un cuerpo enfermo”, aseveró Francisco al hacer un llamado a superar las fallas y vicios y lograr una institución “más armoniosa y unida”.

Parafraseando al Santo Pontífice me pregunto: ¿puede una izquierda acrítica, desactualizada en su entorno, sin memoria histórica y además con “esquizofrenia existencial” enfrentar los grandes retos del momento, cuando los pueblos enfrentan los males arrastrados por la riada de siglos de explotación colonial, neocolonial y capitalista?

Algunos movimientos o partidos desvinculados de sus bases, de las necesidades y anhelos populares, mientras se observan el ombligo en un acto de constricción filosófica, se confunden o incluso terminan incorporándose a los mecanismos de poder sin abandonar su retórica discursiva.

En este sentido, la escritora española Belén Copegui, en su libro titulado “El comité de la noche”, hizo énfasis en la necesidad de una unión de la izquierda que sea capaz de enfrentar las contingencias de las coyunturas históricas y las complejidades de lo cotidiano, más allá de una fusión temporal con fines electorales.

Según Copegui, el capitalismo habría rebasado sus límites y la única manera para evitar que destruya el planeta, vivir con dignidad y sin ser explotados, es cambiar el sistema. Por supuesto, el planteo teórico dista de las acciones que implica nada menos que el entierro de un sistema que, en última instancia, se retroalimenta a sí mismo, como un rumiante en las arenas del desierto.

Sobre la vitalidad del capitalismo y su supervivencia realmente hay un amplio campo para el debate. Soy de los que no se obnubila por el influjo de mi formación ideológica y pienso que se trata de un modo de producción, de una formación económica, que ha mostrado a lo largo de centurias su inusitada capacidad de mutación para resistir las crisis cíclicas que lo caracterizan y encontrar nuevas formas de sostenibilidad y desarrollo.

El capitalismo originario, esencialmente productivo, ha devenido en un capitalismo predominantemente financiero (especulativo) que puede mover montañas de dinero de uno a otro confín del mundo sin el respaldo de riquezas materiales, y sólo con oprimir la tecla de un computador.

La fusión del poder gubernamental con los macrointereses del capital internacional, en los que juega un papel fundamental el sistema bancario mundial, junto a los avances tecnológicos de las últimas décadas, dificultan una acción coordinada para enfrentar el andamiaje sistémico; aunque paradójicamente este desarrollo en los procesos de digitalización y la irrupción en la vida diaria de las redes sociales se convierten en una alternativa para la información instantánea de los acontecimientos en tiempo real y facilita la convocatoria para actuar en una u otra dirección.

Es lamentable que a veces el uso de estos medios se pierda en imperdonables banalidades de sectores sociales que quieren esconder la cabeza en la arena ante las realidades de pobreza, desigualdad y miseria que los rodea.

Cada división, cada disensión que implique ruptura, cada puesto que se abandona en las filas de quienes deben ser portadores de un mensaje y una acción de cambio, se convierte en una nueva inyección al sistema que presuntamente combate.

¡O nos unimos, o nos traga la dinámica de un sistema preparado para subsistir por encima de las contingencias!

¡Ya escucharemos las voces de los representantes de la Cumbre de los Pueblos, que sesionará paralela a la VII Cumbre de las Américas!

01
Abril

A escasos 9 días de la VII Cumbre de las Américas a celebrarse en Panamá, el clima continental de optimismo y esperanza que prometía la participación por primera vez de Cuba, se enrarece por la inesperada crisis provocada por la injerencista orden ejecutiva del presidente Barack Obama contra Venezuela.

Aun cuando el presidente venezolano, Nicolás Maduro, declaró estar listo para un “diálogo con EU, con base en el respeto y la igualdad”, hasta el momento no se conoce respuesta de la Casa Blanca, al menos pública.

Si era de esperarse una campaña de la ultraderecha bipartidista desplazada del poder, pero con fuerte presencia en las instituciones norteamericanas, para hacer fracasar la Cumbre restando relevancia al valiente giro de la política del presidente Obama hacia Cuba y su positiva influencia hacia el resto de los países del hemisferio, lo que nadie imaginaba era que el propio mandatario norteamericano tomara una iniciativa en su contra.

¿No habría resultado más prudente haber postergado esa decisión después de recoger las flores de la Cumbre y dado oportunidad a una honorable solución diplomática mediante conversaciones bilaterales con el presidente Maduro, en tan constructivo escenario multilateral?

Para nadie pasa inadvertido que las decisiones ejecutivas tomadas por el presidente Obama hacia Cuba y hacia Venezuela son contradictorias. En el contexto de la polarización política norteamericana, pareciera que la primera responde al “cambio” prometido durante su primera campaña electoral, mientras que la segunda sugiere el resultado de un chantaje político que lo sorprendió desarmado y que no pudo evitar.

Resulta difícil reconocer que el presidente Obama renuncie a su política reformista por voluntad propia y pierda la oportunidad de recuperar el espacio en el hemisferio que como potencia superdesarrollada corresponde a la nación norteamericana, lugar que va perdiendo inexorablemente frente a las alternativas económicas, comerciales y tecnológicas más justas de países como China, Rusia, y bloques económicos como la Unión Europea, UE.

Al quebrar con el exabrupto contra Venezuela, el favorable consenso logrado en el continente en torno a la rectificación de la política de la Casa Blanca hacia Cuba, no sólo se crea confusión entre los Jefes de Estado del hemisferio, sino que se alienta a los desmoralizados sectores de ultraderecha a medir fuerzas con las organizaciones populares.

Trascendió que paralelo a la Cumbre, tendrá lugar un “Foro” auspiciado y financiado por instituciones ultraderechistas norteamericanas, donde notorias figuras subordinadas a los intereses más oscuros de la región, fijarán posición frente a Cuba y Venezuela, incluyendo protestas callejeras que podrían devenir en violencia, sucesos donde los medios estarán focalizados.

Por su parte los sectores revolucionarios y progresistas también estarán presentes en la “Cumbre de los Pueblos”, que tendrá lugar entre el 9 y el 11 de abril en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, donde participarán los movimientos sociales del continente con planteamientos que generalmente son ignorados por los Jefes de Estado que se reúnen en la Cumbre.

Cualquiera que sea el misterio que acompaña esa errática política en un presidente que se ha caracterizado por su serenidad y prudencia en la toma de decisiones, el hecho es que esa contradicción crea un caldo de cultivo para los sectores ultraderechistas que durante la Cumbre trataran de dañar su prestigio y credibilidad frente a sus colegas latinoamericanos y caribeños.

29
Marzo

La locura de Washington no tiene precedentes. Ya amenaza a todo el mundo con sanciones, incluido a sus aliados, como es el caso de Alemania, lo cual es otra demostración de que el imperio de Estados Unidos está en su fase terminal, y cercano a su defunción.

Es como si la famosa estatua de la Libertad de Nueva York, más un símbolo de poder que de emancipación, se estuviera desmoronando por un intenso terremoto, que son hoy los cambios geopolíticos que se escenifican en el planeta tierra en camino seguro, y no lejano, a la multipolaridad definitiva.

Ante esa realidad que los grandes poderes estadounidenses conocen muy bien, presionan al actual inquilino de la Casa Blanca, hoy el débil y vulnerable presidente Barack Obama, a intimidar con sanciones a cualquiera que no cumpla con los dictámenes del moribundo imperio.

En el caso de Alemania, uno de sus principales socios económicos y de andanzas de guerra y agresiones en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Washington le hizo “una advertencia muy clara”: “que tendría que enfrentarse a sanciones estadounidenses si permite la entrada de Edward Snowden a su territorio”.

En concreto, en el mensaje el Pentágono chantajeó a Berlín con suspenderle su cooperación con los servicios secretos germanos en el campo de la lucha contra el terrorismo, si el ejecutivo de Angela Merkel acepta a Snowden, y no lo extradita a Estados Unidos.

Tal coacción se traduce en que la Casa Blanca permitiría que la población alemana fuera vulnerable a un eventual ataque terrorista descubierto con  antelación por los servicios secretos norteamericanos.

Con ese tipo de amigo no hace falta tener enemigos, reza un afamado refrán popular, y queda claro entonces que las naciones consideradas “desobedientes” por Washington están expuestas de manera permanente al verdugo “Sancionador”.

Esos son los casos actuales de Rusia, Irán, Venezuela y Cuba, entre una veintena de gobiernos y pueblos en el mundo, a los cuales la Casa Blanca les aplica diferentes medidas coercitivas para intentar debilitarlos, y demostrar al mismo tiempo su poderío, cada vez más decadente, ante el empuje de las denominadas potencias emergentes.

Más que una conducta de fuerza, ese accionar estadounidense evidencia fragilidad, y temor incluso ante sus fieles “cófrades” como Alemania, que no puede descartarse ya estén acomodando sus políticas a los nuevos tiempos en los que Estados Unidos dejará de ser el gendarme mundial.

Si se repasa la historia, tanto los imperios como los regímenes en el ocaso utilizan todas las formas de violencia y fuerza para conseguir sobrevivir, desde la represión contra sus propios compatriotas, las torturas, las invasiones, los crímenes, el terrorismo, los golpes de Estados y la imposición de dictaduras.

Todo ello lo pone en práctica actualmente, tanto en su propio territorio, como internacionalmente, el Sancionador. A buen entendedor con pocas palabras bastan.