Artículos

11
Abril

El envío de mercenarios a Panamá para provocar a los representantes cubanos es la recreación del acoso a que somete el imperio a Cuba independiente y revolucionaria por otros medios.

El entusiasmo con que aplaude la prensa del régimen monárquico español, semejante a un salto al vacío, manifiesta su vínculo con la ultraderecha estadounidense, la misma que financia vía presupuestos del Estado gringo a los mercenarios.

¿Hay algún gobierno en el mundo que admita esa intervención mercenaria contra su patria?. Y no menciono aquí la ocupación colonial que significa Guantánamo, ni lo que allí hace el invasor, ni el bloqueo al que viene sometiendo a la isla, o su actividad terrorista contra el pueblo cubano y sus representantes dentro y fuera de la isla, todo ello condenado por la Asamblea General de la ONU y el Derecho Internacional. 

La prensa española abraza a los provocadores, se tira también al vacío tratando de hacer olvidar al público general a los criminales y sus crímenes. La prensa mercenaria, y el mercenariado en su conjunto, siempre ha ocultado la entrega solidaria de los cubanos con médicos, maestros y sus centros de estudio a los pueblos del mundo.

Pero ya sabemos.

Desprecian su nivel de protección social, su capacidad cultural, su empeño en ser independientes y socialistas, por todo ello y para todo ello ahora hay, precisamente, elecciones en Cuba. ¿Han leído en alguno de estos periódicos monárquicos que el pueblo cubano elige en estos días a sus representantes?.

Sin embargo dedican páginas y páginas a la provocación que el imperio ha azuzado tildándolo de encontronazo entre las partes. Son periódicos que se resienten de la pérdida de carisma y saltan al vacío desde los brazos del gobierno que no respeta ni las resoluciones de la ONU, ni los Tratados Internacionales, ni los Derechos Humanos.  Parafraseando a Bertolt Brecht: Hacen falta periódicos, pero no estos periódicos, hacen falta otros periódicos.

09
Abril

Detrás de la campaña estadunidense contra la nación sudamericana no hay más que un designio injerencista y neocolonial, inspirado a su vez por el afán de realinear a Venezuela con la política exterior de la superpotencia.

Ben Rhodes, asesor de seguridad nacional de Barack Obama, reconoció ayer que Venezuela no representa amenaza alguna a nuestra seguridad nacional, como afirmó el mes pasado la Casa Blanca, y explicó que la expresión fue usada porque así aparece en el formato utilizado para elaborar las órdenes ejecutivas presidenciales para imponer sanciones a otros gobiernos. “Honestamente –abundó el funcionario– tenemos un formato con el que elaboramos nuestras órdenes ejecutivas”.

La confesión permite aquilatar la frivolidad y la irresponsabilidad con que actuó el ocupante de la Casa Blanca al afirmar que el gobierno de Nicolás Maduro era una amenaza extraordinaria e inusual para Washington y exhibe que detrás de la campaña estadunidense contra la nación sudamericana no hay más que un designio injerencista y neocolonial, inspirado a su vez por el afán de realinear a Venezuela con la política exterior de la superpotencia y, desde luego, recuperar el control sobre los recursos naturales de uno de los principales exportadores de petróleo del mundo.

El rechazo que la ofensiva antivenezolana de Obama ha recibido de los otros gobiernos de América Latina ha llevado a la Casa Blanca a buscar peones alternativos en contra de Maduro. Con este propósito logró alinear una veintena de cartuchos quemados de la política iberoamericana, como el español José María Aznar –quien en la década pasada unció a España a la incursión bélica de George W. Bush en contra de Irak–, los mexicanos Vicente Fox y Felipe Calderón –responsable y beneficiario del fraude electoral de 2006, respectivamente–, el colombiano Álvaro Uribe –señalado por dependencias del propio gobierno estadunidense por sus nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo–, los salvadoreños Alfredo Cristiani y Armando Calderón Sol –patrocinadores, en su momento, de escuadrones de la muerte– y algunos otros cuya indignación por una supuesta alteración democrática en Venezuela no goza de mucha autoridad moral.

En forma paralela a este agrupamiento de personajes de la derecha, Washington ha colocado en su tablero a individuos procedentes de otras corrientes, como el ex presidente del gobierno español Felipe González, quien, en un gesto inequívocamente mediático y publicitario, asumió la defensa de políticos opositores presos en Venezuela.

En suma, de no ser por el atribulado gobierno actual de España, el estadunidense se ha quedado sin aliados importantes en su campaña antivenezolana y, para colmo, se ha visto obligado a reconocer que ésta tampoco tiene un motivo legítimo.

Es importante insistir, por último, en que las sociedades latinoamericanas deben movilizarse para rechazar la ofensiva de Washington en contra de Venezuela, independientemente de la opinión que se tenga sobre el gobierno actual de ese país, porque la amenaza no va dirigida únicamente a la administración de Maduro, sino a algo mucho más trascendente e irrenunciable: la autodeterminación y la soberanía de las naciones del subcontinente.

05
Abril

El gran crimen contra la educación que se lleva a cabo en Estados Unidos no es la compra-venta de centros universitarios con fines de lucro por las corporaciones sino algo peor.

Es el deliberado “vaciado” desde adentro de los centros de educación superior resultante de la aplicación de una filosofía que considera a ésta como preparadora esencial de educandos para empleos en el mundo de los negocios tras su graduación,.

La filosofía, el arte, la historia de las culturas humanas, el pensamiento lógico y crítico, la ética en la toma de decisiones, y las Humanidades en general, habitualmente llamadas “académicas” y consideradas tradicionalmente parte de la definición de la educación universitaria, tienen como función profundizar y ampliar horizontes así como ejercitarles en el pensamiento crítico. Resultan, para muchos estudiantes, una experiencia única en sus vidas.

Un trabajo del profesor y doctor en filosofía Robert Abele publicado el 25 de marzo de 2015 en la revista COUNTERPUNCH (CONTRAGOLPE) con el título de “Conductos del Capital: la toma del poder capitalista de la educación superior”, identifica tres formas de efectuar este vaciado de la educación superior: 1) enfatizar en cursos de “habilidades básicas” que limitan la capacitación de los estudiantes a los niveles de lectura y de escritura que necesitan los empleadores; 2) catalogar de “exitosos” a centros de estudios que mayor número de estudiantes aprueben y 3) eliminar o reducir los programas que ensanchen la visión de los estudiantes y les inclinen a la reflexión racional y el análisis de la sociedad y sus tendencias.

Punto focal de este cambio corporativo en la filosofía educativa es –según Abele- el que se refleja en la denominada “iniciativa del community college” (centros universitarios comunitarios) del Presidente Barack Obama que no promueve la formación académica, sino que reduce la educación superior a capacitación laboral. De ahí que la cadena PBS caracterizara esa iniciativa como “un plan para mejor conectar la formación de estudiantes en centros educacionales superiores comunitarios con determinados tipos de puestos de trabajo en el mercado”, incluso subvencionado con 600 millones de dólares la capacitación laboral de los trabajadores en las habilidades que necesitan la industria, las empresas, los sindicatos, los centros de educación superior y las organizaciones de entrenamiento, según un comunicado de la Casa Blanca de 14 de abril de 2014.

Parte del proceso de corporativización de la educación ha sido la reducción deliberada o incluso la clausura de los departamentos de filosofía y humanidades en la educación superior, tanto en los centros comunitarios como en las universidades en toda la nación.

En otras palabras, no se puede ser pensador crítico o participar en la profundización del conocimiento de ideas humanas o el desarrollo cultural, si se quiere ser un empleado de una empresa estadounidense. La filosofía empresarial que está matando a este tipo de programas parte de dos supuestos: 1) que esta educación no tiene una compensación monetaria adecuada para el mundo de los negocios, y 2) que los pensadores críticos y aquellos con conocimientos científicos sociales son peligrosos para la hegemonía corporativa.

“Nadie discute aquí que enseñar habilidades básicas y ofrecer capacitación para el trabajo deba ser parte de la misión de un centro de educación superior- dice Abele. -Pero si ese tipo de entrenamiento se convierte en el principal énfasis de la educación universitaria, el currículo universitario destaca como habilidades necesarias solo aquella que exige el mercado y se hace claro que es esta filosofía educativa la que determina hacia dónde se canaliza el dinero que la nación dedica la educación, la misión y el valor de la enseñanza académica están claramente en riesgo”.

Contrario a eso, el fundador de la nación estadounidense Thomas Jefferson, quien era un firme partidario de lo que ha sido la definición tradicional de la educación universitaria, creyó que: “En una república cuyos ciudadanos deben ser conducidos por la razón y la persuasión, no por la fuerza, el arte del razonamiento resulta de primera importancia. En el proceso democrático existe la necesidad crítica de tener una ciudadanía informada”.

La humanidad se pierde cuando la filosofía de la educación nacional se convierte en una empresa de orientación capitalista extrema y los estudiantes se convierten en mercancías, meros titulares futuros de trabajo; cuando la educación se define por el número de grados aprobados de paso exitoso en los cursos y el número de graduados, restando importancia a la educación basada en el contenido que la mente humana se profundiza y amplía.

La educación está en problemas en Estados Unidos. El peligro no deriva de la incompetencia del profesor como suelen presentarlo los medios y los políticos de derecha, sino a la falta de visión de políticos y administradores de universidades que no ven más que el flujo del dinero y permiten que instituciones venerables mueran por ser usadas como conductos de capital.

03
Abril

Al denunciar las “enfermedades graves” que padece la Curia Romana, el Papa Francisco citó entre ellas, en su mensaje de Navidad del pasado diciembre: la rivalidad, “Alzheimer espiritual” y esquizofrenia existencial.

¿Alguien puede certificar que la izquierda está exenta de los padecimientos de la alta jerarquía eclesiástica? Lamentablemente son pocas las excepciones; aunque algunos lancen piedras a techo ajeno.

“Una Curia que no hace autocrítica y no se actualiza y no intenta mejorar es un cuerpo enfermo”, aseveró Francisco al hacer un llamado a superar las fallas y vicios y lograr una institución “más armoniosa y unida”.

Parafraseando al Santo Pontífice me pregunto: ¿puede una izquierda acrítica, desactualizada en su entorno, sin memoria histórica y además con “esquizofrenia existencial” enfrentar los grandes retos del momento, cuando los pueblos enfrentan los males arrastrados por la riada de siglos de explotación colonial, neocolonial y capitalista?

Algunos movimientos o partidos desvinculados de sus bases, de las necesidades y anhelos populares, mientras se observan el ombligo en un acto de constricción filosófica, se confunden o incluso terminan incorporándose a los mecanismos de poder sin abandonar su retórica discursiva.

En este sentido, la escritora española Belén Copegui, en su libro titulado “El comité de la noche”, hizo énfasis en la necesidad de una unión de la izquierda que sea capaz de enfrentar las contingencias de las coyunturas históricas y las complejidades de lo cotidiano, más allá de una fusión temporal con fines electorales.

Según Copegui, el capitalismo habría rebasado sus límites y la única manera para evitar que destruya el planeta, vivir con dignidad y sin ser explotados, es cambiar el sistema. Por supuesto, el planteo teórico dista de las acciones que implica nada menos que el entierro de un sistema que, en última instancia, se retroalimenta a sí mismo, como un rumiante en las arenas del desierto.

Sobre la vitalidad del capitalismo y su supervivencia realmente hay un amplio campo para el debate. Soy de los que no se obnubila por el influjo de mi formación ideológica y pienso que se trata de un modo de producción, de una formación económica, que ha mostrado a lo largo de centurias su inusitada capacidad de mutación para resistir las crisis cíclicas que lo caracterizan y encontrar nuevas formas de sostenibilidad y desarrollo.

El capitalismo originario, esencialmente productivo, ha devenido en un capitalismo predominantemente financiero (especulativo) que puede mover montañas de dinero de uno a otro confín del mundo sin el respaldo de riquezas materiales, y sólo con oprimir la tecla de un computador.

La fusión del poder gubernamental con los macrointereses del capital internacional, en los que juega un papel fundamental el sistema bancario mundial, junto a los avances tecnológicos de las últimas décadas, dificultan una acción coordinada para enfrentar el andamiaje sistémico; aunque paradójicamente este desarrollo en los procesos de digitalización y la irrupción en la vida diaria de las redes sociales se convierten en una alternativa para la información instantánea de los acontecimientos en tiempo real y facilita la convocatoria para actuar en una u otra dirección.

Es lamentable que a veces el uso de estos medios se pierda en imperdonables banalidades de sectores sociales que quieren esconder la cabeza en la arena ante las realidades de pobreza, desigualdad y miseria que los rodea.

Cada división, cada disensión que implique ruptura, cada puesto que se abandona en las filas de quienes deben ser portadores de un mensaje y una acción de cambio, se convierte en una nueva inyección al sistema que presuntamente combate.

¡O nos unimos, o nos traga la dinámica de un sistema preparado para subsistir por encima de las contingencias!

¡Ya escucharemos las voces de los representantes de la Cumbre de los Pueblos, que sesionará paralela a la VII Cumbre de las Américas!