Artículos

12
Mayo

En menos de cinco meses se ha producido un inusitado y trascendente cambio en la política de Occidente hacia Cuba, como si las manecillas de un reloj hubieran comenzado a girar a la inversa. ¿Acaso a la izquierda? ¡No precisamente! Pero se encarrilan hacia la cooperación y acercamiento al gobierno de La Habana, rompiendo la inercia impuesta por Estados Unidos a lo largo de más de cincuenta años.

Luego de un intenso y fructífero periplo del presidente cubano Raúl Castro por Argelia, Rusia e Italia (donde compartió este domingo con el Papa Francisco en el Vaticano y más tarde con el primer ministro italiano, Matteu Renzi) debió regresar con premura a su país para encabezar las conversaciones con su par galo, François Hollande, quien acababa de arribar a la isla caribeña.

Desde el anuncio de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro para concluir un ciclo de tensas relaciones entre ambos países; matizado por una política irracional y un férreo bloqueo económico, financiero y comercial de trágicas consecuencias para la vida del pueblo cubano por parte de sucesivos gobiernos de Estados Unidos: Cuba se ha convertido en un destino común para delegaciones oficiales, empresariales, parlamentarias, y culturales de distintos países; mientras se incrementa aceleradamente el turismo internacional.

El pasado día 10, después de un emotivo encuentro estrictamente privado del presidente cubano con el Papa Francisco, caracterizado por un ambiente de respetuosa informalidad, el gobernante de la Mayor de las Antillas al agradecer el apoyo de la Santa Sede en el proceso de acercamiento entre Washington y La Habana; incluso expresó a su Santidad que volverá a rezar y a ir a la iglesia “si el Papa sigue así”. En un gesto que dice mucho de la capacidad de interlocución antidogmática del mandatario cubano.

En su breve estancia en Roma, Raúl Castro además sostuvo una reunión con el Primer Ministro italiano. Realmente, quedé sorprendido con las solidarias declaraciones de Matteu cuando dijo: “Es un gran día para todos los italianos que aman a Cuba y para todos los cubanos que aman a Italia. Pudimos tocar con las manos que muchas cosas están cambiando, que la historia siguió su curso y nosotros queremos ser protagonistas de la nueva historia”.

Para el Premier el reto más importante radica en la creación de un mundo más justo que combata la pobreza, los desequilibrios y las injusticias, que permita a todos los países construir un nuevo camino. Italia y Cuba serán protagonistas de ese nuevo recorrido, agregó.

En sus palabras de agradecimiento a Matteu Renzi por sus atenciones y el anunciado apoyo en acompañar a Cuba en una nueva etapa de su historia, Raúl Castro lo invitó este año a visitar la isla. El General de Ejército estimó que “Italia está jugando en estos momentos un papel muy importante en las negociaciones que estamos llevando con la Unión Europea y que esperamos concluir este año”. Hay diferencias, agregó, pero “tenemos que aprender a vivir con ellas, como estamos haciendo con los Estados Unidos”.

Por su parte, Hollande al pisar tierra cubana declaró a la prensa que llega con mucha emoción para una visita que considera “histórica” por ser la primera que realiza un jefe de Estado de su país a la isla caribeña. “Es también un símbolo ser el primer presidente occidental en participar en la apertura de Cuba hacia el mundo”, añadió. “Francia, con la Unión Europea, va a acompañar a Cuba en este proceso”, y que será “un aliado fiel” en ese proceso.

El mandatario francés vino al frente de una amplia delegación gubernamental y de un virtual contingente de grandes empresas: Pernod Ricard, Accor, Air France, Carrefour, Orange, y representantes de importantes bancos.

El viaje se realiza unos dos meses después de la visita de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, que aceleró las negociaciones con el Gobierno de la isla, iniciadas en abril de 2014, y que persiguen el objetivo de lograr un acuerdo de diálogo político y cooperación antes de fin de año, lo que imprimirá una especial dinámica al proceso de apertura desde y hacia Cuba.

09
Mayo

Pretenden revisar la historia, negar el papel heroico de una nación multiétnica, la Unión Soviética,  que ofrendó, por sí sola, la vida de 27 millones de sus hijos e hijas para detener al peor azote  de la humanidad en el siglo XX, el nazifascismo.

La guerra supuso lo que todas: dolor repartido, muerte, destrucción. El genocidio de judíos y gitanos, el exterminio de socialistas, comunistas y antifascistas en los campos de concentración nazis, la quema de libros junto a ciudades y pueblos en ruinas. Fueron años de barbarie; también de resistencia y lucha de aquellos que consideraron Untermensch o pueblos inferiores…

En los escenarios europeo, asiático y africano de la II Guerra Mundial murieron 55 millones de personas —militares y civiles—, 27 millones eran soviéticos, y de estos, 13,7 millones, civiles. Cómo pretender entonces ignorar o negar esa hazaña.

La propaganda contra la victoria soviética frente al nazi-fascismo —que no desconoce el papel de las fuerzas aliadas—, busca ahora socavar a Rusia, desacreditarla desde el punto de vista político y moral. Pero no puede taparse el sol con un dedo, como tampoco ocultar el heroísmo del pueblo, la gesta por la paz mundial y por su sociedad socialista, que les llevó a nombrar aquella lucha como la Gran Guerra Patria.

Fue a las 2:10 horas del día 9 de mayo de 1945 cuando la firme y fuerte voz del periodista Yuri Levitan sonaba a clarinada en lo que había sido panorama sombrío: «Alemania ha sido totalmente vencida». La Plaza Roja se llenó de gente que cantaba, reía, bailaba, se besaba y abrazaba, y el cielo se iluminó, esta vez con fuegos artificiales. En Berlín, el jefe Mariscal nazi Wilhem Keitel había capitulado oficialmente ante el Mariscal ruso Georgi Zhúkov.

Era el fin del Tercer Reich, del imperio de la ideología fascista que instauró Adolfo Hitler desde 1933 en Alemania y convirtió a todo un continente en una hoguera de odio, iniciada como enfrentamiento bélico en 1936 por el falangismo contra la República Española.

La expansión territorial bajo el pronunciamiento del Lebensraum (espacio vital)  y la superioridad racial, al empuje del militarismo, fue la forma de establecer el autoritarismo nazi y una «cultura» amoral.

De España, a la anexión de Austria, la invasión de Polonia, y la ocupación de Noruega y Dinamarca, siguieron el paso de las hordas por Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Francia y la operación en el Norte de África. Tenían como aliados a la Italia del fascismo y al imperio nipón en el extremo oriente.

Pero el avance hacia el Este no resultó igual de rápido y victorioso para los ejércitos hitlerianos. La resistencia en las repúblicas socialistas y de las guerrillas en Yugoslavia, Grecia y Bulgaria, entre otros, iban dando otro cariz a las acciones de conquista. A las tropas alemanas se les quemaron los pelos de su Operación Barbarroja, con la que invadieron y pensaron aniquilar a la URSS, concebida como Blitzkrieg o guerra relámpago para apenas dos meses de avance arrollador de un ejército de 4,5 millones de hombres, 3 000 tanques y 2 700 aviones…

En la historia se escribieron con sangre generosa los nombres de Kursk, Stalingrado, Leningrado… Definitivamente, en 1945 las tropas soviéticas rodeaban Berlín, y las fuerzas aliadas, especialmente de Estados Unidos que por fin había entrado en la contienda desde 1944, junto con las tropas británicas, ocupaban el occidente de Alemania.

Sobre el Reichstag de Berlín, un soldado ruso izó la bandera roja de la hoz y el martillo.

Han transcurrido 70 años y se celebra el Día de la Victoria. Sin embargo, fuerzas retrógradas intentan propagar ideas de superioridad racial en una Europa que ha utilizado mano de obra de pueblos inmigrantes del sur, y ahora les incomoda porque una crisis económica le pesa demasiado; tampoco se rinden las fuerzas ultraconservadoras allende el Atlántico donde jóvenes negros mueren en las calles baleados por la policía, o en el Israel que hace su propio Holocausto en Gaza, contra el pueblo palestino.

Parece que el mundo olvida el desangramiento de la II Guerra Mundial y se multiplican los focos bélicos, fundamentalmente en el Oriente Medio o en los países musulmanes africanos.

Una locura y una barbarie que no recibe el nombre de nazifascismo, pero se le asemeja en los propósitos de imponer el poder de intereses transnacionales, financieros, de los industriales del armamentismo, de quienes gozan de hartazgo de petróleo.

Esos mismos intereses son los que quieren aislar a Rusia en su celebración y desconocer el enorme papel de un Estado y sus pueblos. Inútil pretensión. La víspera de la gran celebración en Moscú, se estrecharon las manos de los líderes actuales de dos colosos que sufrieron en carne propia los vejámenes de aquella historia: Rusia y China, quienes fortalecen la cooperación y como señaló el compañero Fidel «constituyen un escudo poderoso de la paz y la seguridad mundial, a fin de que la vida de nuestra especie pueda     preservarse».

En solidaridad y reconocimiento, se dan cita los Jefes de Estado de 27 países y líderes de organizaciones mundiales llegados desde todo el orbe: el Presidente cubano Raúl, el bolivariano Nicolás Maduro, Lucashenko, el belarús, y los mandatarios de la India, Mongolia y Zimbabwe, entre otros.

Pero otros han encontrado excusas para no estar en Moscú este 9 de mayo, cuando no se puede olvidar que la bestia solo duerme.

Hace unos pocos días, en sesión solemne de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de ese plenario, Sam Kutera, dijo: «La Segunda Guerra Mundial fue un momento de atrocidades innombrables, de pérdida de la fe y de una humanidad devastada. Hoy, honramos a las innumerables víctimas que perdieron sus vidas en la guerra».

Cuando las fuerzas armadas de Rusia, y los veteranos soviéticos desfilen por la Plaza Roja este sábado, estarán acompañados también del sentimiento de gratitud y admiración de cientos de millones de hombres y mujeres que queremos salvar a esta humanidad y a este planeta para vivir en dignidad y paz para todos.

01
Mayo

A propósito de recientes acontecimientos en Estados Unidos, México y otros escenarios, una autoridad forense comentó: “Para la policía y el sistema penal no existe asunto más difícil e incómodo que un muerto bajo custodia. Con frecuencia –añadió- la corrupción y la falsa solidaridad profesional obstaculizan la indagación, y a veces anulan la acción de la justicia”.

Los fallecidos bajo custodia son personas que perecen privados de libertad y de la capacidad para decidir por ellos mismos. En tales situaciones su seguridad, salud, y en ocasiones su vida, depende de quienes los custodian, los cuales están obligados a protegerlos.

Es exactamente el caso de Freddy Gray, un joven negro de 25 años, arrestado el pasado 19 de abril en Baltimore en condiciones físicas normales, y que en el momento de ser apresado fue llevado a una camioneta, a la que, aunque esposado, subió por sus propios pies, y una semana después, bajo custodia policial, falleció por graves lesiones en la columna vertebral.

En otro caso todavía hay personas que se preguntan por qué los 43 estudiantes mexicanos de Ayotzinapa, hombres jóvenes y valientes, no opusieron resistencia a sus secuestradores. Para algunos puede haber ocurrido que, en presencia de uniformados que podían haber sido militares o policías, los jóvenes confiaran en ellos.

Las muertes en custodia suelen tener lugar en escenarios y circunstancias en los cuales la prensa, la opinión pública, incluso otros representantes del sistema (jueces y fiscales), no están presentes. Un ciudadano con experiencia penal comentó: “Los detenidos y los condenados sufren maltratos y vejaciones, y en ocasiones, mueren a solas con el “enemigo”, que es quien ofrece la versión de los hechos…”

Las legislaciones de la mayoría de los países suelen considerar “bajo custodia” a las personas detenidas en comisarías o internadas en cárceles, hospicios, juzgados o manicomios sometidos a regímenes judiciales. Se incluyen los vehículos en los cuales los detenidos o internos son trasladados, y los lugares donde trabajan.

Cuando alguna persona muere en tales espacios, es obligatorio llevar a cabo una investigación independiente, realizar la autopsia, y preservar el lugar del hecho. Se consideran “muertos en custodia” incluso aquellos que fallecen mientras reciben asistencia médica en penitenciarias u otras instalaciones de las fuerzas públicas.

Por la naturaleza de su labor, la policía y los operadores de los sistemas carcelarios son investidos por el estado y la ley de poderes excepcionales, de los cuales con frecuencia abusan ensañándose con los detenidos y condenados, cuyos testimonios son poco creíbles y a veces completamente desestimados. Cuestionados sobre tales situaciones, los agentes de la autoridad raras veces admiten alguna culpabilidad.

En estos casos la verdad suele aparecer mediatizada por justificaciones como la fuga, el desacato, la resistencia a la autoridad, y otras. Los cuerpos policiales figuran entre las corporaciones más solidarias que existen. Desobedecer, discutir, acusar o agredir a uno de ellos, significa una declaración de guerra a la fuerza en su conjunto.

En Estados Unidos, donde la policía es excepcionalmente violenta, dispara a matar y, en no pocos casos, está motivada por el racismo contra los negros, la larga y reciente sucesión de hechos de esta naturaleza que se repiten y quedan impunes, ha desatado una intensa confrontación entre los cuerpos armados y las comunidades, que en lugar de solucionar los problemas los agravan.

La reiteración de los hechos en los cuales la intervención de la policía provoca lesiones y muertes violentas, y la evidencia de que las personas bajo custodia policial están en situaciones de riesgo, que alcanza niveles de crisis nacional en Estados Unidos, es una alerta para todos los países.

29
Abril

La década de los años 50 del pasado siglo XX, como recordamos, fue la década de los pactos y alianzas militares alentadas por Estados Unidos y secundadas fervorosamente por sus fieles seguidores de la Gran Bretaña, desplegando en diversas regiones del mundo sucesivos bloques bélicos que tendrían la misión combinada de servir de punta de lanza para la agresión militar, la influencia política e ideológica y también la penetración económica.

Una vez cumplida esta tarea, que tuvo entonces como pretexto “la contención del comunismo”, el destino de tales bloques fue diverso: algunos, como la OTAN, se ampliaron y diversificaron mientras que otros como la SEATO (articulado para el Sudeste asiático) cayó víctima de la derrota yanqui en Vietnam.

Años antes había volado en pedazos también el de la CENTO (concebido para Oriente Medio y Asia Central) pues dentro de los países que lo integraban originalmente se produjeron cambios políticos internos que lo hicieron insostenible. Ellos fueron en Irak, Irán y Pakistán, que junto a Gran Bretaña y con el apoyo de Estados Unidos formaban el núcleo central de ese entendimiento, cuyo propósito era también entonces mantener a raya al Egipto de Gamal Andel Nasser, a la siempre problemática Siria y al pequeño Yemen republicano.

Poco más de medio siglo después, y en nuevas circunstancias geopolíticas, va tomando forma en el área una alianza militar que tiene como punto de partida al llamado Consejo de Cooperación del Golfo, integrado por las enriquecidas monarquías petroleras del Golfo Arábigo-Pérsico, que hoy ejercen influencia decisiva dentro de la Liga Arabe, donde sólo pocos países resisten aún a sus dictados.

Obviamente, los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña inspiran, alientan y organizan esta alianza bélica a la cual venden cantidades multimillonarias de armamento y a la vez intentan convertir en un escudo protector para Israel en caso de que la entidad sionista tenga que enfrentar algún peligro futuro.

Tal parece que nos acercamos, por lo que se aprecia paulatinamente, a la creación de otro “Pacto de Bagdad”, que esta vez procuraría la contención de Irán, Rusia, también China si fuera necesario, el movimiento chiíta Hezbollah y todos cuantos en la región se atrevieran a desafiar las órdenes de Washington, las intrigas de Londres o los poderes monárquicos que vienen del Golfo.

Medios de prensa europeos y árabes que siguen de cerca estos acontecimientos no descartan que la actual guerra de agresión aérea librada contra el territorio de Yemen, surgida de la coalición rápidamente formada por el Consejo del Golfo y otros socios incorporados, no sea más que un ensayo general y sangriento del tipo de operaciones que asumirá el eventual pacto.

Recordemos que la recién publicada Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos dice al respecto: “Una estabilidad a largo plazo (en el Medio Oriente y en el Norte de Africa) requiere más que el uso y la presencia de fuerzas militares estadounidenses. Exige socios que sean capaces de defenderse por sí mismos. Es por eso que invertimos en la capacidad de Israel, de Jordania y de nuestros socios del Golfo para desestimular una agresión, manteniendo a la vez nuestro inquebrantable compromiso con la seguridad de Israel, incluso mediante su ventaja militar cualitativa”.