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20
Mayo

"Si no fuera por el apoyo de EE.UU., Arabia Saudí no dispararía ni una sola bala contra Yemen", ha asegurado el líder de Ansarolá en un discurso emitido por cadena televisiva Al-Masirah, en el que también afirma que "si no fuera por el rol de EE.UU., los saudíes habrían cesado sus violaciones contra Yemen".

Cabe señalar que el pasado 28 de marzo, el presidente estadounidense, Barack Obama, reafirmó el apoyo de su Gobierno al monarca saudí, Salman bin Abdelaziz Al Saud, y sus aliados en la ofensiva militar contra Yemen.

Al-Houthi, en otra parte de sus declaraciones, tras acusar al régimen de Riad de utilizar armas prohibidas contra barrios residenciales y centros sanitarios, ha precisado que esta medida ha provocado la muerte de decenas de civiles, entre ellos mujeres y niños.

El líder de Ansarolá afirma que las incursiones sangrientas del régimen de Al Saud nunca podrán debilitar la voluntad del pueblo yemení que, añade, seguirá resistiendo ante las hostilidades."La nación yemení nunca se rinde ante los opresores", asevera.

"Quienes justifican la destrucción de casas, infraestructura y centros sanitarios de los yemeníes por los aviones saudíes, de hecho, son cómplices del régimen de Riad en esta agresión", ha enfatizado. 

Por otra parte, ha elogiado el avance del Ejército y las fuerzas voluntarias yemeníes en su lucha contra los miembros del grupo terrorista Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA).

"Si no fuera por el Ejército, los comités populares y los combatientes de Ansarolá, el grupo Al-Qaeda que goza del apoyo de Arabia Saudí, ya hubiera decapitado a todo el pueblo yemení", ha recalcado Al-Houthi.

De acuerdo con el líder de Ansarolá, Al Saud pretende repetir en Yemen el mismo guion de Siria, lo que abre otro espacio a favor de los terroristas de Al-Qaeda y del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe).

Las potencias mundiales permanecen en silencio ante los crímenes saudíes en Yemen, denuncia Al-Houti para luego apuntar que este mutismo les otorga beneficios a sus propios intereses.

Por último, ha indicado que pese a que el alto el fuego (de cinco días) fue una propuesta de Arabia Saudí, fue este mismo régimen el que no respetó la tregua y la violó en reiteradas veces. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) solicitó la extensión de tregua, una petición que no recibió respuesta alguna.

El 26 de marzo, Arabia Saudí comenzó una ofensiva aérea contra Yemen sin el aval de las Naciones Unidas, pero con la luz verde de EE.UU., en un intento por restaurar en el poder al fugitivo expresidente Abdu Rabu Mansur Hadi, un fiel aliado de Riad.

La ONU estima menos de dos mil muertos por la agresión saudí al pueblo yemení, mientras que la fundación estadounidense Freedom House había informado anteriormente que la intervención del régimen de Al Saud en Yemen se ha cobrado la vida de 3979 yemeníes.

16
Mayo

Según el proclamado objetivo del presidente Barack Obama, el acercamiento a Cuba persigue promover un cambio hacia una sociedad “democrática”, con un sistema político pluripartidista y una abierta economía de mercado: “Convencido de que el cambio vendrá con el tiempo”.

Por eso creo que es necesario distinguir entre lo que significa el restablecimiento de relaciones diplomáticas e incluso la acreditación de embajadores, y el complejo y largo proceso de normalización: que implica por parte de Estados Unidos, la eliminación del bloqueo; la devolución de la Base Naval de Guantánamo; y no convertir su embajada en La Habana en un centro de conspiración contra el modelo de gobierno de la Mayor de las Antillas; y por parte de Cuba, entre otros temas también delicados, abordar las demandas por las expropiaciones hechas por la Revolución.

Esta última exigencia tiene una doble vía; pues Cuba reclama las multimillonarias pérdidas ocasionadas a su economía y fundamentalmente a su pueblo durante más de medio siglo por el férreo bloqueo estadounidense.

Mientras continúan los alternos encuentros (La Habana y Washington) entre las delegaciones de ambos países, ni la Unión Europea (UE), Rusia y China, entre otros países y entidades regionales, pierden tiempo en el desarrollo de sus relaciones multifacéticas con la nación caribeña.

En estos años los países europeos han aprovechado las limitadas oportunidades que permite el bloqueo para convertirse en el segundo socio comercial de Cuba, a pesar de las fuertes sanciones que han sufrido algunas de sus empresas por violar prohibiciones contenidas en la parafernalia del “embargo”. De hecho, 18 estados miembros de la UE han firmado, de manera individual, acuerdos de cooperación con Cuba.

En 2013, el balance comercial fue positivo para el bloque europeo, que importó mercancías a Cuba por un valor ascendente a 837 millones de euros, mientras realizaba exportaciones por un valor 1,834 millones de euros.

Vale destacar algunos antecedentes. En 1996, los entonces 15 estados miembros de la UE adoptaron una Posición Común hacia Cuba, al aprobar un documento pasado bajo cuerda por Estados Unidos con la complicidad del Gobierno español. Lo que representaba acatar las reglas recogidas en la Ley de 1992 para la Democracia en Cuba y la Ley Helms-Burton dictada ese año de 1996.

El Congreso estadounidense transformó el embargo en leyes, y le arrebató a la Casa Blanca lo que había sido hasta entonces una acción del poder ejecutivo. Las dos leyes condicionaban la eliminación del “embargo” a la realización de elecciones libres e imparciales en Cuba y a la “exclusión de los hermanos Castro de la vida política”, entre otras humillantes exigencias, a tenor con el Título I y II de la Ley Helms-Burton.

Sin embargo, con Raúl Castro en el poder y sin aceptar condicionantes de ninguna naturaleza, se desarrollan hoy las negociaciones entre Washington y La Habana, para avanzar sin prisa, como lo asegurara recientemente el Presidente cubano, en un camino espinoso y con grandes obstáculos.

En este contexto, con toda inmediatez, sin abandonar los preceptos ideológicos que sustentan el capitalismo, el primer ministro italiano, Matteu Renzi, y el presidente galo, François Hollande, que no se andan por las ramas, se alejaron públicamente y de manera enfática de los objetivos que persigue Washington con su nueva política hacia Cuba: al declarar el respeto irrestricto al sistema socio-económico existente en Cuba y a su soberanía.

Este año debe recibir la despedida de duelo la Posición Común hacia Cuba, de acuerdo con lo avanzado por las partes en las negociaciones. Europa preocupada por el peligro de perder el ascenso en su comercio con Cuba, por la competitividad y cercanía a la isla del mercado estadounidense; quiere aprovechar los intersticios del bloqueo, nuevas acciones ejecutivas de Obama y la certeza de que por el momento no se vislumbra su levantamiento.

12
Mayo

En menos de cinco meses se ha producido un inusitado y trascendente cambio en la política de Occidente hacia Cuba, como si las manecillas de un reloj hubieran comenzado a girar a la inversa. ¿Acaso a la izquierda? ¡No precisamente! Pero se encarrilan hacia la cooperación y acercamiento al gobierno de La Habana, rompiendo la inercia impuesta por Estados Unidos a lo largo de más de cincuenta años.

Luego de un intenso y fructífero periplo del presidente cubano Raúl Castro por Argelia, Rusia e Italia (donde compartió este domingo con el Papa Francisco en el Vaticano y más tarde con el primer ministro italiano, Matteu Renzi) debió regresar con premura a su país para encabezar las conversaciones con su par galo, François Hollande, quien acababa de arribar a la isla caribeña.

Desde el anuncio de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro para concluir un ciclo de tensas relaciones entre ambos países; matizado por una política irracional y un férreo bloqueo económico, financiero y comercial de trágicas consecuencias para la vida del pueblo cubano por parte de sucesivos gobiernos de Estados Unidos: Cuba se ha convertido en un destino común para delegaciones oficiales, empresariales, parlamentarias, y culturales de distintos países; mientras se incrementa aceleradamente el turismo internacional.

El pasado día 10, después de un emotivo encuentro estrictamente privado del presidente cubano con el Papa Francisco, caracterizado por un ambiente de respetuosa informalidad, el gobernante de la Mayor de las Antillas al agradecer el apoyo de la Santa Sede en el proceso de acercamiento entre Washington y La Habana; incluso expresó a su Santidad que volverá a rezar y a ir a la iglesia “si el Papa sigue así”. En un gesto que dice mucho de la capacidad de interlocución antidogmática del mandatario cubano.

En su breve estancia en Roma, Raúl Castro además sostuvo una reunión con el Primer Ministro italiano. Realmente, quedé sorprendido con las solidarias declaraciones de Matteu cuando dijo: “Es un gran día para todos los italianos que aman a Cuba y para todos los cubanos que aman a Italia. Pudimos tocar con las manos que muchas cosas están cambiando, que la historia siguió su curso y nosotros queremos ser protagonistas de la nueva historia”.

Para el Premier el reto más importante radica en la creación de un mundo más justo que combata la pobreza, los desequilibrios y las injusticias, que permita a todos los países construir un nuevo camino. Italia y Cuba serán protagonistas de ese nuevo recorrido, agregó.

En sus palabras de agradecimiento a Matteu Renzi por sus atenciones y el anunciado apoyo en acompañar a Cuba en una nueva etapa de su historia, Raúl Castro lo invitó este año a visitar la isla. El General de Ejército estimó que “Italia está jugando en estos momentos un papel muy importante en las negociaciones que estamos llevando con la Unión Europea y que esperamos concluir este año”. Hay diferencias, agregó, pero “tenemos que aprender a vivir con ellas, como estamos haciendo con los Estados Unidos”.

Por su parte, Hollande al pisar tierra cubana declaró a la prensa que llega con mucha emoción para una visita que considera “histórica” por ser la primera que realiza un jefe de Estado de su país a la isla caribeña. “Es también un símbolo ser el primer presidente occidental en participar en la apertura de Cuba hacia el mundo”, añadió. “Francia, con la Unión Europea, va a acompañar a Cuba en este proceso”, y que será “un aliado fiel” en ese proceso.

El mandatario francés vino al frente de una amplia delegación gubernamental y de un virtual contingente de grandes empresas: Pernod Ricard, Accor, Air France, Carrefour, Orange, y representantes de importantes bancos.

El viaje se realiza unos dos meses después de la visita de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, que aceleró las negociaciones con el Gobierno de la isla, iniciadas en abril de 2014, y que persiguen el objetivo de lograr un acuerdo de diálogo político y cooperación antes de fin de año, lo que imprimirá una especial dinámica al proceso de apertura desde y hacia Cuba.

09
Mayo

Pretenden revisar la historia, negar el papel heroico de una nación multiétnica, la Unión Soviética,  que ofrendó, por sí sola, la vida de 27 millones de sus hijos e hijas para detener al peor azote  de la humanidad en el siglo XX, el nazifascismo.

La guerra supuso lo que todas: dolor repartido, muerte, destrucción. El genocidio de judíos y gitanos, el exterminio de socialistas, comunistas y antifascistas en los campos de concentración nazis, la quema de libros junto a ciudades y pueblos en ruinas. Fueron años de barbarie; también de resistencia y lucha de aquellos que consideraron Untermensch o pueblos inferiores…

En los escenarios europeo, asiático y africano de la II Guerra Mundial murieron 55 millones de personas —militares y civiles—, 27 millones eran soviéticos, y de estos, 13,7 millones, civiles. Cómo pretender entonces ignorar o negar esa hazaña.

La propaganda contra la victoria soviética frente al nazi-fascismo —que no desconoce el papel de las fuerzas aliadas—, busca ahora socavar a Rusia, desacreditarla desde el punto de vista político y moral. Pero no puede taparse el sol con un dedo, como tampoco ocultar el heroísmo del pueblo, la gesta por la paz mundial y por su sociedad socialista, que les llevó a nombrar aquella lucha como la Gran Guerra Patria.

Fue a las 2:10 horas del día 9 de mayo de 1945 cuando la firme y fuerte voz del periodista Yuri Levitan sonaba a clarinada en lo que había sido panorama sombrío: «Alemania ha sido totalmente vencida». La Plaza Roja se llenó de gente que cantaba, reía, bailaba, se besaba y abrazaba, y el cielo se iluminó, esta vez con fuegos artificiales. En Berlín, el jefe Mariscal nazi Wilhem Keitel había capitulado oficialmente ante el Mariscal ruso Georgi Zhúkov.

Era el fin del Tercer Reich, del imperio de la ideología fascista que instauró Adolfo Hitler desde 1933 en Alemania y convirtió a todo un continente en una hoguera de odio, iniciada como enfrentamiento bélico en 1936 por el falangismo contra la República Española.

La expansión territorial bajo el pronunciamiento del Lebensraum (espacio vital)  y la superioridad racial, al empuje del militarismo, fue la forma de establecer el autoritarismo nazi y una «cultura» amoral.

De España, a la anexión de Austria, la invasión de Polonia, y la ocupación de Noruega y Dinamarca, siguieron el paso de las hordas por Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Francia y la operación en el Norte de África. Tenían como aliados a la Italia del fascismo y al imperio nipón en el extremo oriente.

Pero el avance hacia el Este no resultó igual de rápido y victorioso para los ejércitos hitlerianos. La resistencia en las repúblicas socialistas y de las guerrillas en Yugoslavia, Grecia y Bulgaria, entre otros, iban dando otro cariz a las acciones de conquista. A las tropas alemanas se les quemaron los pelos de su Operación Barbarroja, con la que invadieron y pensaron aniquilar a la URSS, concebida como Blitzkrieg o guerra relámpago para apenas dos meses de avance arrollador de un ejército de 4,5 millones de hombres, 3 000 tanques y 2 700 aviones…

En la historia se escribieron con sangre generosa los nombres de Kursk, Stalingrado, Leningrado… Definitivamente, en 1945 las tropas soviéticas rodeaban Berlín, y las fuerzas aliadas, especialmente de Estados Unidos que por fin había entrado en la contienda desde 1944, junto con las tropas británicas, ocupaban el occidente de Alemania.

Sobre el Reichstag de Berlín, un soldado ruso izó la bandera roja de la hoz y el martillo.

Han transcurrido 70 años y se celebra el Día de la Victoria. Sin embargo, fuerzas retrógradas intentan propagar ideas de superioridad racial en una Europa que ha utilizado mano de obra de pueblos inmigrantes del sur, y ahora les incomoda porque una crisis económica le pesa demasiado; tampoco se rinden las fuerzas ultraconservadoras allende el Atlántico donde jóvenes negros mueren en las calles baleados por la policía, o en el Israel que hace su propio Holocausto en Gaza, contra el pueblo palestino.

Parece que el mundo olvida el desangramiento de la II Guerra Mundial y se multiplican los focos bélicos, fundamentalmente en el Oriente Medio o en los países musulmanes africanos.

Una locura y una barbarie que no recibe el nombre de nazifascismo, pero se le asemeja en los propósitos de imponer el poder de intereses transnacionales, financieros, de los industriales del armamentismo, de quienes gozan de hartazgo de petróleo.

Esos mismos intereses son los que quieren aislar a Rusia en su celebración y desconocer el enorme papel de un Estado y sus pueblos. Inútil pretensión. La víspera de la gran celebración en Moscú, se estrecharon las manos de los líderes actuales de dos colosos que sufrieron en carne propia los vejámenes de aquella historia: Rusia y China, quienes fortalecen la cooperación y como señaló el compañero Fidel «constituyen un escudo poderoso de la paz y la seguridad mundial, a fin de que la vida de nuestra especie pueda     preservarse».

En solidaridad y reconocimiento, se dan cita los Jefes de Estado de 27 países y líderes de organizaciones mundiales llegados desde todo el orbe: el Presidente cubano Raúl, el bolivariano Nicolás Maduro, Lucashenko, el belarús, y los mandatarios de la India, Mongolia y Zimbabwe, entre otros.

Pero otros han encontrado excusas para no estar en Moscú este 9 de mayo, cuando no se puede olvidar que la bestia solo duerme.

Hace unos pocos días, en sesión solemne de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de ese plenario, Sam Kutera, dijo: «La Segunda Guerra Mundial fue un momento de atrocidades innombrables, de pérdida de la fe y de una humanidad devastada. Hoy, honramos a las innumerables víctimas que perdieron sus vidas en la guerra».

Cuando las fuerzas armadas de Rusia, y los veteranos soviéticos desfilen por la Plaza Roja este sábado, estarán acompañados también del sentimiento de gratitud y admiración de cientos de millones de hombres y mujeres que queremos salvar a esta humanidad y a este planeta para vivir en dignidad y paz para todos.