Al día

29
Diciembre

La oligarquía guatemalteca paga su deuda política con Israel. El presidente de Guatemala, Jimmy Morales, anunció el traslado de la embajada en Israel a Jerusalén a pesar de la casi unánime condena en la Asamblea General de Naciones Unidas.
El pasado jueves, bajo la amenaza de Washington de tomar represalias políticas y económicas contra los países que votaran a favor de la resolución, la Asamblea General de la ONU rechazó el reconocimiento de Estados Unidos de Jerusalén como capital de Israel con 128 votos, 9 en contra y 35 abstenciones, al reiterar que todo fallo sobre el estatus de la Ciudad Santa queda sin efecto y debe ser revocado.
Días antes el Consejo de Seguridad de la ONU, había presentado un proyecto de resolución para confirmar el estatus internacional de Jerusalén y dejar sin efecto legal la decisión del presidente, Donald Trump, que contó con los 14 votos a favor de todos sus miembros permanentes y temporales, siendo vetado por EU.
Morales hizo el agradecido anuncio, al informar en sus redes sociales sobre una conversación sostenida con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a quien prometió el traslado de la sede diplomática guatemalteca de Tel Aviv a Jerusalén. El presidente guatemalteco justificó su respaldo a Tel Aviv: “Guatemala es pro Israel históricamente. En los 70 años de relación, Israel ha sido nuestro aliado”, declaró Morales. ¿Qué quiso decir el presidente guatemalteco?
En la década de los 70 del pasado siglo por encargo de EU, Israel se convirtió en uno de los principales proveedores de armas de América Central, monopolizando su comercio con un programa de modernización de los Ejércitos. Durante la década de los 80, el escándalo político provocado por la “guerra sucia” del presidente, Ronald Reagan, contra la revolución sandinista, cedió su injerencista espacio en Guatemala a la Inteligencia israelí. A partir de ese momento, Israel jugó un papel fundamental en la guerra contrainsurgente. Además del suministro de armas, el gobierno israelí creó estructuras de contrainsurgencia usando tecnología de punta, permitiendo a los sangrientos generales, Lucas García y Ríos Montt, sobrevivir la lucha revolucionaria de la URNG.
Según el periódico israelí, Ha’olam Hazeh, en 1982 había unos 300 asesores israelíes en Guatemala, dato confirmado por el periódico, Washington Post: “Asesores israelíes, unos de manera oficial otros de manera privada, ayudan a los agentes de la seguridad interna guatemalteca a cazar a los grupos clandestinos rebeldes”. Según el periodista de investigación, Jeremy Bigwood, “Los israelíes usaron el análisis de llamadas telefónicas y fueron capaces de destruir las guerrillas urbanas guatemaltecas. (También) ayudaron en el campo cartografiando cada cabaña campesina e identificando las ideas políticas de sus habitantes para controlar a la población civil, aplicando programas de desarrollo agrícola que obligaba a sus habitantes a trasladarse a aldeas estratégicas bajo control del Ejército”. Las fosas comunes encontradas en torno a dichas localidades, dejan claro el genocidio cometido contra la población campesina.
En 1983 los israelíes instalaron PROMIS, (acrónimo en inglés para Sistema de Información de Administración de la Fiscalía), programa capaz de analizar información de bancos de datos para crear listas de personas a ejecutar por los escuadrones de la muerte. Según el ex-miembro del Mossad, Ari Ben-Menashes, 20,000 personas fueron ejecutadas por dichas listas elaboradas de manera automatizada. La guerra civil en Guatemala duró casi 4 décadas con un saldo de 200 mil víctimas mortales.
Tres décadas después del Acuerdo de Paz en Centroamérica, Guatemala asume la “histórica” vergüenza, junto a Honduras, Togo, Micronesia, Nauru, Palau, y las Islas Marshall, de respaldar a EU e Israel en su desafío al resto del mundo.

29
Diciembre

Luis Posada Carriles es protagonista confeso de innumerables asesinatos, atentados y torturas en distintos lugares del mundo. Es un terrorista orgulloso de su profesión, formado y protegido por el gobierno de Estados Unidos.
Dedicada a la memoria del español José Acosta, el italiano Fabio di Celmo y las hermanas venezolanas Brenda y Marlene Esquivel, todos víctimas mortales de actos del terrorista cubano al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) del gobierno de Estados Unidos Luis Posada Carriles, ha visto la luz una nueva edición del libro “La historia íntima de Luis Posada Carriles dentro de la CIA” presentada por su autor, el jurista e investigador titular de la Universidad de La Habana José Luis Méndez Méndez, con prólogo de la intelectual argentina Stella Calloni y edición por la Editorial de Ciencias Sociales de Cuba e impresa por SOYGRAF en la provincia norte oriental cubana de Holguín, El libro describe, desde delitos comunes realizados por natos malhechores, hasta asesinatos por contrato, relaciones con las mafias estadounidense y colombiana, empleo de sustancias como el veneno paralizador conocido por “curare” para sus experimentos de torturas y para dominar la voluntad humana, falsificaciones de monedas de Venezuela y de Estados Unidos, y muchas otras fechorías realizadas con impunidad oficialmente garantizada.
El prólogo de la también periodista y escritora Stella Calloni revela que Luis Posada Carriles no solo puso en práctica los más siniestros planes de sus mandantes de la CIA, con quienes aparece registrado desde 1965, sino que, incluso, realizó por su propia cuenta múltiples acciones terroristas tan temibles y desmedidas, que en alguna ocasión lo enfrentaron a sus propios jefes.
En el libro se aprecian documentos publicados por el Archivo Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) que han revelado la asociación personal de Posada con la CIA en las décadas de 1960 y 1970. En ellos se describe a Posada Carriles, por su nombre clave, AMCLEVE/15, desde que era agente a sueldo con salario de 300 dólares al mes, utilizado como instructor en el entrenamiento de otros agentes.
Lo publicado incluye elementos del expediente de Posada en la CIA, entre ellos varios documentos previamente publicados por el NSA.
Aparece, por primera vez en línea, la acusación de la fiscalía de Panamá, por cargos de intentar asesinar al líder de la revolución cubana, Fidel Castro, con 200 kilos de dinamita y explosivos C-4. La acusación describe la capacidad destructiva de los explosivos que se encontraban en posesión de Posada en la ciudad de Panamá, donde el líder cubano asistió a la Cumbre Iberoamericana en noviembre de 2000:
“Este explosivo tiene la capacidad de destruir cualquier vehículo blindado, edificios, puertas de acero, y los efectos pueden extenderse hasta 200 metros… si una persona estuviera en el centro de la explosión, aunque se encontrara en un vehículo blindado, no podría sobrevivir”.
En el libro se muestran documentos oficiales de la CIA y el FBI en los que se identifica inequívocamente a Luis Posada Carriles como autor intelectual del estallido del vuelo 455 de Cubana de Aviación en el que perecieron las 73 personas que iban a bordo.
Tal vez lo más sorprendente de lo revelado es que Posada Carriles también espiaba para la CIA a sus supuestos aliados, como Jorge Mas Canosa, considerado el líder más prominente de la comunidad anticubana y otros líderes del llamado exilio anticastrista de Miami desde mediados de los años 60 del siglo pasado.
El libro demuestra documentalmente que Luis Posada Carriles participó en una operación terrorista contra buques soviéticos en el puerto de Veracruz, en México.
Peter Kornbluh, director del Proyecto Cuba en el Archivo de Seguridad Nacional, organización independiente de investigación y documentación sobre política exterior de Estados Unidos que divulgó los documentos, ha considerado que Posada se esforzaba por congraciarse con la CIA, “tal vez en un intento por comprarse un grado de protección al desarrollar su carrera de terrorista”.
La falsa imagen con que las autoridades estadounidenses presentan a Posada Carriles cual paradigma de la lucha contra el comunismo en Cuba, se desmitifica al mostrarlo con la crudeza de su histórico comportamiento como malandrín de la peor ralea.
Méndez Méndez concluye preguntándose: ¿Cuántas fechorías más habrá cometido que quedaron impunes por la complicidad de sus superiores?
¿Cuántos secretos oficiales del proceder de la CIA conocerá este terrorista que lo han hecho invulnerable a la justicia norteamericana?
Es posible que se los lleve a la tumba o que en el futuro sean conocidos como pruebas de esta larga historia de agresiones del país más poderoso del mundo contra un diminuto y rebelde archipiélago cuyo pueblo está decidido a ser por siempre libre, independiente y soberano”.

22
Diciembre

El director adjunto del Comité de Exteriores del Consejo de la Federación de Rusia, Vladímir Dzhabárov, desmintió la aseveración del Presidente estadounidense Donald Trump acerca del supuesto triunfo de Estados Unidos sobre el Daesh (también llamado Estado Islámico o ISIS) en su guerra contra Occidente y alertó que tal desinformación es un engaño a la opinión pública que puede inducir a confusión acerca del papel que realmente ha estado jugando Estados Unidos en este conflicto.
Trump había asegurado el 12 de diciembre en curso, en la ceremonia de firma en la Casa Blanca de la Ley que autoriza el presupuesto para la defensa nacional para el año fiscal 2018: “Hemos ganado en Siria, hemos ganado en Irak; hemos tenido más éxitos contra el Estado Islámico en los últimos ocho meses que la pasada Administración durante todo su mandato”, aseguró Trump.
Dzhabárov ha advertido que “este tipo de declaraciones del primer mandatario estadounidense se apoyan en la supuesta ignorancia e incompetencia de la gente, sobre todo de los jóvenes” destacó. “Me asombran las declaraciones de nuestros socios, que sobrellevaron la tormenta escondidos en sus bases y cuando la victoria finalmente se alcanzó y fue derrotado el Estado Islámico, han salido de sus escondites y empezado a felicitarse”, añadió el funcionario ruso.
Según Dzhabárov, las afirmaciones de Trump son típicas de Estados Unidos por la manipulación que hacen de los hechos históricos desde su propia perspectiva: “Washington caracteriza la Segunda Guerra Mundial como una victoria estadounidense sobre el fascismo de Hitler y sin mencionar a Rusia”.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, realizó el lunes 10 de diciembre una visita a la base aérea siria de Jmeimim y desde allí ordenó la salida y regreso a su país de una parte considerable de las tropas rusas que han combatido en esa nación árabe al Daesh, junto con las fuerzas armadas de Siria. Putin les felicitó por haber contribuido a la derrota del Estado Islámico y, por su parte, Bashar al Assad, como presidente sirio, agradeció a su homólogo ruso por la eficaz participación de Moscú en la lucha antiterrorista en su país.
Según la agencia de noticias Russia Today, Putin elogió el coraje, el heroísmo y la profesionalidad de los militares de su país, a los que felicitó por su “deslumbrante victoria” sobre los yihadistas.
Recientemente la Administración Trump dio un giro completo en la posición mantenida hasta ahora de exigir la salida del jefe de Estado sirio, Bashar al Assad, como requisito previo indispensable para cualquier acuerdo de paz en ese país y en la región.
Washington había mantenido esa exigencia desde el inicio del conflicto en ese país.
Ahora Trump ha aceptado que la retirada del actual presidente de Siria sea luego de las elecciones presidenciales de 2021, según informó la revista The New Yorker citando a funcionarios europeos y estadounidenses. La publicación afirmaba que el brusco cambio “refleja las opciones limitadas de la Administración de Trump, la realidad militar sobre el terreno y el éxito de los aliados de Siria, incluidos Rusia, Irán y Hezbolá, que apoyan al asediado régimen de Assad”.
De ahí que, teniendo en cuenta la realidad política y militar en Siria, los funcionarios estadounidenses hayan concluido que la transición del poder va a depender del diálogo y las urnas.
Pero a Estados Unidos le preocupa seriamente la posibilidad de que Bashar al Assad gane las elecciones presidenciales de 2021 y continúe al frente del gobierno de Siria como lo hace desde el año 2000 en que sustituyó a su padre.
La intervención de Washington en Siria comenzó en 2014, sin la debida autorización del gobierno de Al Assad. Desde el primer momento, Estados Unidos culpó al régimen de Bashar al Assad del agravamiento de la situación y demandó la salida inmediata del poder del actual presidente. En octubre de ese año, el secretario de Estado norteamericano aseguró en octubre de 2014 que “el reinado de la familia Assad llegará a su fin; sólo queda por resolver el problema de cómo lograrlo”.
Por su parte, el canciller ruso Serguei Lavrov había afirmado en julio en una conferencia en Berlín que no se trata de que Moscú “apoye” al presidente de Siria, Bashar al Assad, sino que está comprometido con las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas” que, en el caso de Siria, establecen claramente que el destino del país “sólo puede ser decidido por el pueblo sirio”.
“Moscú no quiere que se repita lo que ocurrió en Irak”, subrayó en Berlín el ministro de Exteriores ruso, “porque fue la injerencia en los asuntos internos de Bagdad lo que provocó el aumento del terrorismo en la región”. Indicó además Lavrov que “la retirada del jefe del Estado sirio actual pudiera conllevar a la posibilidad de que, dado lo difícil de la situación, “junto al líder se elimine también a la nación”.

22
Diciembre

Una práctica usual de los demagogos es acusar a sus enemigos de sus propios errores. Cuando la Casa Blanca celebraba, como un regalo navideño, la aprobación de la controvertida propuesta de reforma fiscal, se incentivaban los focos de tensión en el planeta. Los vaticinios para el año 2018 no son nada halagüeños.
Washington elabora un plan para atacar a Corea del Norte, con el fin de detener su programa nuclear. Se asegura que el Pentágono analiza opciones “que permitan golpear a los norcoreanos en la nariz y mostrarles que no estamos bromeando”, según el periódico británico The Telegraph, citando a una fuente militar.
Mientras que el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, que dispone de un amplio expediente de relaciones con el gobierno ruso, hace unos días acusó a Moscú de un hipotético plan de “guerra híbrida” contra Occidente. Creo que la magnitud de sus declaraciones habría que vincularlas con el manual del Pentágono que circula en la elite militar y que plantea cómo derrotar la diversidad de acciones que acompañan esta modalidad beligerante; a partir de la presunta injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
Políticos y analistas de medios de prensa occidentales consideran que el ideólogo de lo que denominan la “Doctrina Guerásimov”, sería el jefe del Estado Mayor de Rusia, Valeri Guerásimov, a quien The Wall Street Journal calificó como el general “más influyente” de su generación en la nación euroasiática.
El sustento de tal afirmación se basaría en un artículo del alto militar publicado en febrero de 2013, en el que alude a que los nuevos métodos de guerra se desplazan hacia el uso de acciones políticas, económicas, informáticas, y otras medidas no militares, capaces de potenciar la capacidad de protestas de la población.
En el texto, Guerásimov no se refirió al término “guerra híbrida”, sino al “conflicto asimétrico”. Cuando años después escribió sobre la “guerra híbrida, la relacionó a las acciones de Estados Unidos contra Siria, Libia y la “Primavera Arabe”. Y aunque hace más de un siglo se anticipó que las guerras futuras no se desarrollarían en una “superficie bidimensional”, sino en otras dimensiones de carácter militar, acciones políticas, sociales y económicas capaces de influir en la conducta de los individuos, continúa la manipulación mediática que sataniza a Moscú.
Ni remotamente pretendo eximir a Rusia de las responsabilidades que deba asumir, o no, respecto a la crisis de seguridad mundial. Pero es oportuno recordar que en 2005 el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, escribió un informe sobre el futuro de las guerras híbridas, en el que insistió que los militares debían recurrir a operaciones de “naturaleza mixta”, dando prioridad a las labores de influjo psicológico. El expresidente de ExxonMobil dijo que Vladimir Putin pretende quebrar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Más leña al fuego.
A todo lo anterior, podría adicionar que luego de la promesa, aún pendiente de Trump, de una guerra comercial contra China, se afirma que estallará el año entrante; bajo la advertencia de que es mucho más fácil entrar que salir de un conflicto de esta naturaleza.
No hay nada que celebrar en lo relativo al sistema de las relaciones internacionales, que si bien están pautadas son incumplidas; entre ellas, las garantías para un mundo de paz, ajeno al chantaje militar, económico, financiero o comercial, por parte de cualquier país.