Al día

07
Abril

La guerra es el estado natural de los imperios. Los motivos poco importan para desatar los conflictos; si no existen se provocan; y si no, se inventan. El fin supremo es demostrar el poder que se posee, amedrentar a los otros, mostrarse incontestable.

Poco tiempo le ha tomado a Donald Trump para bajar el pulgar y decretar bombardeos. Lo hizo en Yemen, apenas a unos días de instalado en la Casa Blanca. Después mandó aviones a bombardear en Iraq. Ahora repite la dosis, con andanada de millonarios misiles, en Siria.

Acosado por los grupos mediáticos, derrotado en su primer intento de derogar el Obamacare, con una sostenida baja en la popularidad y rodeado de generales halcones y representantes del complejo militar industrial, Trump ha decidido lanzar su primera operación militar de envergadura en el exterior, para mostrar músculos y desviar ataques contra su gestión.

Para Rusia, lo de desviar miradas también incluye el propósito de Estados Unidos de ocultar las matanzas de civiles en Iraq, como resultado de los bombardeos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, tras la renovada presencia militar del Pentágono en ese país.

La supuesta causa que motivó el instinto imperial de universal juez y verdugo fue un alegado uso de armas químicas por el gobierno sirio. Una razón que mucho recuerda aquel fantasma levantado en Iraq, en el año 2003, de que Saddam Hussein tenía poderosas armas químicas que usaría en cualquier momento; y que, por tanto, había que invadir aquel riquísimo enclave petrolero.

Como recordaba hoy, en una intervención radial, el expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva: “Invadieron Iraq, mataron a Hussein y hasta hoy no encontraron allí armas químicas”

Nada se ha investigado seriamente sobre la tragedia provocada por armas químicas en el poblado sirio de Jan Shijún. Pero eso no hace falta para la Casa Blanca. Bastó que fuentes interesadas echaran a rodar la noticia del hecho y lo catalogaran como un ataque con armas químicas del Ejército de Siria; que imágenes fuertes de niños muertos se pusieran a circular en las redes y los medios, que voceros aquí y allá salieron a mostrar rígidas caras de condena, para que el Presidente Trump hablara de masacre inaceptable y exigiera una respuesta punitiva contra el gobierno de Damasco.

El corresponsal en Siria de la agencia Prensa Latina develó en un enjundioso despacho las verdades y mentiras alrededor del suceso con las armas químicas, y el papel mercenario de los llamados Cascos Blancos.

Otros analistas cuestionan la validez de las acusaciones contra el gobierno sirio. Unos plantean sus dudas de que Damasco conserve capacidad de uso de armas químicas tras el exhaustivo monitoreo a que ha sido sometido en este campo. Otros aducen el irrentable costo-beneficio que una acción de estas le traería al gobierno de Bachar Al Assad. Para Waddah Abded Rabbo, director del diario Al Watan, el gobierno “no tenía ningún interés en provocar un ataque químico, sobre todo después de que Asad hubiera obtenido lo que esperaba desde hacía seis años: el reconocimiento y la legitimidad por parte de Estados unidos” (expresado por el Secretario de Estado Tillerson en Turquía a fines de marzo). “Por qué habría arruinado esta oportunidad lanzando un ataque químico en una localidad que no tiene ninguna importancia estratégia o militar?”, se pregunta el periodista árabe.

La magnitud de lo acontecido está aún por calcular, pero nada bueno aporta a la estabilidad y la paz en el mundo. Estados Unidos apuesta nuevamente a la guerra directa para involucrarse en el conflicto sirio. Donald Trump enseña sus credenciales de nuevo jefe imperial. Rusia recibe un varapalo a su presencia estabilizadora en el país árabe. El poder militar estadounidense reasume su incontenible papel dirimidor de conflictos internacionales por sobre la diplomacia del imperio.

Con el ataque a Siria, Trump le ha dado un portazo a su promesa electoral de buscar alianzas para enfrentar a los terroristas de ISIS, como enemigos principales de Estados Unidos, y le ha insuflado ánimos a las fuerzas terroristas que operan en Siria, las cuales han sufrido contundentes derrotas en las últimas semanas.

También ha dejado explícita su apuesta por el unilateralismo en la política exterior y su desprecio por la concertación y las soluciones negociadas. Así lo plantearon hoy algunas voces en la reunión del Consejo de Seguridad.

La era Trump apenas está comenzando. Veremos qué nos depara.

06
Abril

En los inicios del mes de abril de 2017, días después del triunfo electoral del candidato a la presidencia del Ecuador, por la Alianza PAIS, Lenín Moreno, se pone en evidencia -de nueva cuenta- que hay una ofensiva informativa de la derecha global. En efecto, previo al cierre de las elecciones presidenciales en ese país sudamericano, los medios de información monopólicos, resaltaban que el candidato Guillermo Lasso-representante de los sectores neoconservadores y neoliberales ecuatorianos- era el triunfador. Se quería dar por hecho, forzando a la opinión pública, el triunfo del candidato de las derechas en la segunda vuelta. Así lo resaltaba la encuestadora Cedatos divulgada por diversos medios ecuatorianos anticorreístas. En palabras del lenguaje político mexicano, se pretendía “dar un madruguete”.

Evidentemente, la jugada fue desbaratada por la contundencia de los hechos y el manejo informativo que el Consejo Nacional Electoral (CNE) con toda firmeza realizó. Esto es, que dicho Consejo era la única instancia legalmente facultada para dar los resultados oficiales. Así, alrededor de las ocho treinta de la noche del 2/04/17, el presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, informaba que con un 95.5% de los votos escrutados, el candidato de Alianza PAÍS, Lenín Moreno, resultaba ganador con un 51.11%. En esa jornada electoral, de un total de 12 millones 800 mil electores, acudieron a las urnas 9 millones 440 mil ecuatorianos.  Esto significa que la mayoría legitimaba con su voto la victoria electoral del candidato y el partido de las fuerzas progresistas. De esta manera, la derecha global sufría una nueva derrota en el escenario latinoamericano.

En los días anteriores a este proceso electoral, esas fuerzas políticas, también mostraban su beligerancia al impulsar una fuerte ofensiva diplomática contra el gobierno constitucional de Venezuela. Uno de los actores principales de esa campaña fue Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), también identificada como el Ministerio de las Colonias, de acuerdo a algunos analistas que así la han identificado. Es el caso de Sergio Martín-Carrillo y Crismar Lujano, quienes señalan:

“La OEA está actualmente integrada por 35 países. Decir que está dirigida por los Estados Unidos no resulta un brindis a la retórica anti-imperialista. No hay más que ver su financiamiento para entender de modo claro a quién obedece y para quién trabaja. Estados Unidos financia el 80% del presupuesto del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, que se ha convertido en los últimos años en la principal punta de lanza contra el gobierno democrático de Venezuela. Por otro lado, es la Secretaría General de la OEA la encargada de preparar el programa anual para la asignación de fondos a cada uno de los ejes temáticos de la institución. Es aquí donde se determina el poder de cada Estado sobre la Secretaría General, que se basa en cuotas ligadas a las asignaciones de cada uno de los miembros. En 2015, Estados Unidos financió con 2 mil millones de dólares, lo que representó el 52% del total de su presupuesto. Queda claro, por tanto, a quién debe obedecer el Secretario General Luis Almagro” (http://www.celag.org/la-oea-ministerio-de-las-colonias/).

Pensemos que Almagro tiene el compromiso de lanzar reiteradamente ataques diplomáticos contra el gobierno bolivariano y seguramente, lo hará contra otros gobiernos progresistas latinoamericanos, que obstaculicen los planes intervencionistas de esa derecha global. Tal como aconteció en la reunión de la OEA del pasado viernes 31 de marzo, en donde se solicitó por conducto del Secretario General de esa entidad, la aplicación de la Carta Democrática, cuyo objetivo era suspender a Venezuela como país miembro. Situación muy semejante a la de hace 55 años, cuando se expulsó a Cuba de dicho organismo continental. Asimismo, destaca la nueva política exterior neoconservadora del gobierno mexicano, que hoy pone mayor atención a la región latinoamericana. Luis Alfonso de Alba Góngora, embajador del gobierno mexicano en la OEA, en un tono injerencista y pretendiendo quedar bien con Washington, propuso el pasado jueves 23 de marzo durante su intervención en la Sesión Extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, y liderando a 15 países de la región, una Declaración sobre el caso de Venezuela.  El diplomático, haciéndole el juego a Almagro y a la derecha global, esgrimieron que es necesario la excarcelación de los llamados “presos políticos” y realizar un calendario electoral para la celebración de las elecciones regionales pospuestas, entre otras propuestas. “Medidas que consideramos indispensables para reconstruir la confianza y avanzar hacia una autentica negociación que permita la restitución de los valores democráticos y la plena participación de todos los venezolanos en la definición de su futuro” (http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/mexico-propone-ante-la-oea-analizar-situacion-de-venezuela-mensualmente.html).

Sin duda, esta serie de maniobras, alentadas por las políticas del imperio, seguirán en pie, a pesar de ser reiteradamente derrotadas. Recordemos lo que reflexionaba el apóstol cubano José Martí, en su ensayo capital “Nuestra América”:

“El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima (…) El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.”

05
Abril

El triunfo de partidos y coaliciones de izquierda que tuvo lugar en América Latina en los últimos años, se ha visto rebasado por un giro hacia la derecha luego de costosas derrotas, como la de Argentina, o de gobiernos impuestos por un “golpe suave” como sucedió en Brasil, sin desdeñar el recurso a la violencia de los sectores recalcitrantes para quienes la democracia radica en el ejercicio de no respetar los resultados electorales si no triunfan sus candidatos.

Ebrios de soberbia, se atreven a anticipar que no reconocerán al gobernante electo democráticamente mucho antes de realizarse la contienda definitoria. Para ello crean falsas acusaciones que son repetidas una y otra vez a través de la radio, la televisión, la prensa escrita o digital y de las redes sociales, estas últimas con una increíble capacidad de influir en la formación de criterios y conducta de grandes segmentos poblacionales.

El objetivo es promover la violencia y provocar enfrentamientos de imprevisibles consecuencias en detrimento de la estabilidad, la integración y la seguridad en la región. Pero si además los gobiernos progresistas en el poder cometen errores garrafales en la conducción de las políticas estatales, entonces se facilita combustible a los enemigos para que “calienten las calles”.

Por lo demás nadie, ninguna entidad con independencia de su composición o alcance, puede intervenir en los asuntos internos de otro Estado. De aceptarlo estaríamos firmando la sentencia de irrespeto a la soberanía y la independencia nacional de nuestros países en una región que, como pocas, ha sufrido la injerencia de las grandes potencias, específicamente de Estados Unidos y sus aliados.

En un rosario interminable de ejemplos a través de los siglos, basta con referirnos a los golpes de Estado contra presidentes constitucionales como Manuel Zelaya, en Honduras; Fernando Lugo, en Paraguay; y más recientemente en Brasil para sacar del gobierno a Dilma Rousseff y bloquear la aspiración de Luiz Inacio Lula da Silva en las próximas elecciones de 2018.

La victoria del candidato de Alianza País, Lenín Moreno, en Ecuador, es una campanada de esperanzas para los pueblos latinoamericanos de que se puede luchar y vencer la demoledora maquinaria propagandística de los poderes fácticos. Según analistas, aproximadamente el 80% de los medios privados de prensa se lanzó al ruedo contra el representante de la Revolución Ciudadana para recortar los programas sociales y desmontar las políticas implementadas pensando y en función del pueblo y no en los intereses de las transnacionales.

La batalla hay que darla desde abajo, desde las bases, y remover las “estructuras superiores” de donde emanan directrices que se alejan de las demandas populares y se pierden en un laberinto de consignas y lemas incapaces de transformarse en una fuerza material que cambie el estatus quo.

Esa es la enseñanza de la coalición de partidos y agrupaciones progresistas de Ecuador que, retando los enormes desafíos a los que se enfrentó, puso un alto al eje neoliberal que retorna por sus fueros en Nuestra América.

05
Abril

Si algo hay que reconocer con justicia en la funesta trayectoria de la OEA como, “Ministerio de Colonias”, es su apego a la forma. Sus resoluciones podían ser las más obsecuentes con los dictados del Imperio, pero siempre eran presentadas en un marco de irrelevante dignidad e independencia.

Sin embargo, a juzgar por la última maniobra del secretario general de la OEA, Luis Almagro, la era Trump pone punto final a la hipócrita “hoja de parra” usada por la organización durante décadas para ocultar su degradación moral y política.

En efecto, 20 países convocaron una sesión del Consejo Permanente de la OEA, desconociendo al embajador boliviano, Diego Pary, que desde el pasado sábado ocupa la presidencia de la organización. “Este consejo es ilegal y lo que se ha hecho en la OEA, es un golpe institucional”, denunció el diplomático boliviano tras suspender la sesión por considerar que había sido convocada de manera inconsulta con su cancillería.

Sin embargo, las delegaciones rebeldes que tenían la intención de discutir la aplicación o no de la Carta Democrática en contra de Venezuela, abrieron el debate sin la presencia de las delegaciones de Bolivia y Haití, que ostentan la presidencia y vicepresidencia del Consejo Permanente respectivamente.

En insólita muestra de “golpismo institucional” el representante de Honduras suplantó al embajador de Bolivia, mientras la canciller argentina se arrogó la representatividad de los países del Mercosur no presentes y propuso que la OEA acompañe el proceso de “restauración del orden democrático en Venezuela”.

Pese a la ilegalidad de la sesión, los países que la convocaron decidieron efectuarla para aprobar una resolución contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro, por considerar que las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ), “constituyen una violación del orden constitucional”, ignorando la rápida solución brindada por el Consejo de Defensa de la Nación, según establece la Constitución, después que la propia Fiscal General de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, denunciara valientemente sus inquietudes sobre el fallo del TSJ.

Lo que pudo ser destacado y apoyado por la OEA como una soberana solución a una diferencia entre Poderes Públicos, algo que sólo compete como asunto interno al gobierno venezolano, fue olímpicamente desconocido por el rebaño de países comprometidos con el pastor norteño, aun cuando desaparecido el impasse, el debate y la injerencista resolución aprobada carece de sentido.

Sin embargo, ninguno de estos campeones de la democracia han reparado en el llamamiento realizado por los diputados opositores en la Asamblea Nacional, para que organismos internacionales y otros países intervengan en los asuntos internos venezolanos y apliquen sanciones contra Venezuela, lo que constituye un acto de Traición a la Patria, tipificado en el Código Penal Venezolano.

Con la violación de la tradicional “forma” de proceder la OEA, exabrupto que sugiere la influencia de la ultraderecha norteña, la organización muestra su patética desnudez. “Señores, están destruyendo el principio de relacionamiento de los Estados en este hemisferio, y esto es tan patente en todo el mundo que de aquí en adelante difícilmente alguien podrá creer que ustedes están haciendo con intención de ayudar”, declaró, Samuel Moncada, representante permanente de Venezuela en la OEA, tras acusar a EU de presionar de manera coercitiva a varios países de la región para actuar contra Venezuela.