Al día

12
Octubre

Mientras el mundo enfrenta un peligro de incalculable magnitud por la expansión descontrolada del ébola, empresas como Lakeland Industries, dedicada a fabricar trajes antibacteriológicos que utilizan los médicos y el personal sanitario para tratar a enfermos contaminados por virus altamente contagiosos, disparó sus acciones en Wall Street casi en el 100%.

Una decena de industrias que producen fármacos de carácter experimental para combatir el virus, en términos generales, han incrementado sus valores en un 200% en la mayor Bolsa del mundo desde que estallara con virulencia la enfermedad en África Occidental el pasado mes de agosto, en dramática competencia con el auge del Estado Islámico en Medio Oriente.

Una investigación realizada por la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Médicos Sin Fronteras, publicado en la revista The Lancet Global Health, mostró que sólo 4% de los nuevos fármacos y vacunas aprobados en el período 2000-2011 están destinados a tratar estos padecimientos que afectan a 1,000 millones de personas.

Entre las enfermedades más frecuentes se encuentran la malaria, la tuberculosis y otros 17 padecimientos tropicales desatendidos y que azotan a los países más pobres. Pero lo más trágico es que 11 enfermedades diarreicas matan anualmente a unos 760,000 niños menores de cinco años: un verdadero genocidio que se comete ante la mirada imperturbable de los poderosos.

La investigación denuncia, además, que de los 850 nuevos fármacos y vacunas aprobados para todas las enfermedades, el 1.4% de los 150,000 ensayos clínicos registrados en 2011 se relacionaban con aquellas que dañan la salud del mundo subdesarrollado.

09
Octubre

Un tortuoso camino, cuajado de la más elemental falta de ética y de principios y colmado de violaciones al derecho internacional, ha conducido a las llamadas “potencias occidentales” a verse envueltas en la paradójica y aparentemente absurda situación de tener que atacar militarmente a los grupos terroristas que ellas mismas crearon y lanzaron a la guerra de agresión a favor de sus intereses económicos y geopolíticos.

Tamaña contradicción les ha saltado a la vista y estallado prácticamente en la cara, en los momentos en que con mayor júbilo esas “potencias occidentales” y sus socios de las monarquías autocráticas y petroleras del Golfo, celebraban el supuesto éxito de los pasos iniciales en el vasto plan por apoderarse de los gobiernos y las riquezas del Oriente Medio.

Ahora resulta, sin embargo, que buena parte del proyecto elaborado por el Pentágono y denunciado públicamente por el general retirado Wesley Clark hace varios años, se ha salido de control y acontecimientos imprevisibles para sus autores han convertido esa problemática en un escenario sangriento y lleno de confusión, rivalidades y contradicciones de todo tipo aun entre aliados, sectarismo religioso hasta el fanatismo y crímenes de todo tipo, decapitaciones incluidas.

Lo que para el imperialismo norteamericano y sus socios pudo parecer un camino expedito y habitualmente triunfal -una vez arrancadas las cabezas de Saddam Hussein, Moammar Gaddafi, Osama Bin Laden- se ha convertido en un amasijo de contradicciones donde cada parte agresora busca la manera de imponer sus condiciones y satisfacer sus aspiraciones, mientras el conflicto armado se extiende indetenible y ya exigió el retorno y la participación directa otra vez de Estados Unidos y la OTAN como intrusos gendarmes.

09
Octubre

Una pieza clave en la propaganda que apoya a los planes de Washington y la OTAN encaminados a derrocar al gobierno sirio y a su Presidente democráticamente electo, es etiquetar a la provincia siria de al-Raqqa como base de operaciones de Estado Islámico. 

Un artículo, apoyado con un video, publicado por el Wall Street Journal de Nueva York sobre, “cómo se vive dentro de de la base del EI”, describe a esa organización como un oscuro grupo que apareció de la nada, atacó y tomó la ciudad siria de al-Raqqa y la convirtió en “su base de operaciones.”

Aunque sea cierto que al-Raqqa fue atacada y ocupada por el EI, su base real no está en Siria ni en cualquier lugar de Irak u otro país en el Medio Oriente. 

El propósito de domiciliar al Estado Islámico en Siria no es otro que propiciar a Estados Unidos un pretexto para agredir y ocupar ese país, objetivo que se le ha hecho difícil por diversos factores, entre los cuales han pesado sobremanera las objeciones de Rusia y China. A estos obstáculos, Washington pretende superponerse mediante la estratagema de atacar a un enemigo de todos que es de su propia creación y está bajo su control.

Desde tan temprano como 2007 Estados Unidos ha estado armando, financiando y apoyando la Hermandad Musulmana y a diversas organizaciones terroristas para derrocar al gobierno de Siria, luchar contra Hezbolá en el Líbano y socavar la influencia de Irán en la región.

08
Octubre

Aunque a mi juicio se queda corto, comparto el pronóstico de León Panetta, ex secretario de Defensa y ex director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), acerca de que la guerra contra el Estado islámico (EI) puede durar 30 años. Lo que me parece un “falso positivo” es atribuir la responsabilidad a Obama exonerando a George Bush, soslayando antecedentes y omitiendo causas. 

El peligro real del Estado Islámico es que no se trata de un acontecimiento político circunstancial, sino de un fenómeno secular, de matriz religiosa y cultural, que hunde sus raíces no sólo en Oriente Medio, sino también en Europa, y cuyas consecuencias pueden extenderse a todo el mundo, especialmente a zonas limítrofes como China, Rusia, Turquía, y la propia Europa, donde viven 20 millones de musulmanes. 

En China habitan 40 millones de musulmanes, algunos de los cuales, como los uigures (alrededor de 8 millones), no cesan de manifestar descontento. En Rusia el Islam, predominantemente suní, es la segunda religión practicada por unos 10 millones de personas. En Francia los islamistas son tres millones, y seis en Estados Unidos. En Europa pasan de 20 millones, y en el mundo de 1,200 millones.