Al día

11
Abril

El periódico “The Independent”, al referirse a la cancelación del viaje que haría el canciller británico Boris Johnson a Moscú el lunes 10 de abril publicó, a partir de varias fuentes, que la decisión forma parte de un plan coordinado de Estados Unidos y Reino Unido contra Rusia.

El binomio aspira exigir al Kremlin que abandone su respaldo a Al Assad y establecer “un régimen de transición” en Siria. Según “The Sunday Times”, Londres y Washington podrían presentar la propuesta esta semana, pero no existen precisiones.

Johnson se encargó de explicar que la cancelación se debió a que “el desarrollo de los acontecimientos en Siria ha cambiado la situación de manera fundamental”; mientras el rotativo subrayó que la decisión fue tomada luego de que éste conversara con su homólogo estadounidense, Rex Tillerson.

Creo que en este sentido hay que analizar la sentencia del ex jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas británicas, Richard Dannatt, cuando dijo que “La diplomacia siempre es mejor si va respaldada por la fuerza”, al destacar que el bombardeo en Homs ratifica que Washington pretende mostrar “un poco de liderazgo”.

Al aludir a la suspensión de la visita del diplomático anglosajón a Moscú, la portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova, dijo con ironía: “hace mucho que la coherencia y la estabilidad ya no son la tarjeta de visita de la política exterior occidental”. Aunque se espera en Moscú, los días martes y miércoles de esta semana, la visita del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, quien sostendrá reuniones con su par ruso, Serguéi Lavrov.

El controvertido personaje que dispone de un amplio expediente de estrechas relaciones con Rusia, en particular con el presidente Vladimir Putin, se las verá de angustias. Porque una cosa es ir a recibir la “Medalla de la Amistad” en el Kremlin, y otra es ir a justificar el polémico ataque contra Siria.

En un momento difícil de las relaciones ruso-estadounidenses, se verán las caras los representantes de dos miembros del Consejo de Seguridad, por demás las principales potencias nucleares del planeta; en medio de despliegues militares por mar y por tierra de países que pueden involucrarse en el creciente conflicto.

En un comunicado conjunto, los respectivos mandatarios de Rusia e Irán, Vladimir Putin y Hassan Rouhani, afirmaron que de ahora y en adelante responderán con fuerza “contra cualquier agresor o cualquier violación de líneas rojas de quien sea y Estados Unidos conoce nuestra capacidad de respuesta”.

“¿Cómo puede el presidente de Estados Unidos, permitirse atacar a un país independiente en una región tan sensible como el Medio Oriente... sin el permiso de las Naciones Unidas, sin una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU e inclusive sin el permiso del Congreso de EU?”, preguntó Rouhani.

La respuesta es que lo han hecho desde que surgieron como una potencia mundial. Washington se considera el centro del mundo: el gendarme internacional, juez y fiscal de unos y otros, para fijar sentencias en cualquier momento y en cualquier latitud, aunque la Tierra sea la misma en todas partes.

10
Abril

La humanidad toda acaba de presenciar, entre anonadada, escandalizada y aterrorizada, la ejecución de dos virtuales “golpes de estado” en el seno de organizaciones internacionales donde debían prevalecer los principios y convenciones tutelares del derecho internacional, la igualdad jurídica de los Estados y todas las regulaciones que contemplan la existencia de un estado de derecho a escala planetaria.

Por el contrario, el derecho internacional vive un peligroso momento de profunda crisis: las Cartas fundacionales que rigen la actividad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Organización de Estados Americanos (OEA), - desprestigiada entelequia convertida en Ministerio de Colonias yanqui desde sus inicios, - han quedado hechas trizas desde el seno de esas propias instituciones, donde mejor debía velarse por su aplicación justa y estricto cumplimiento.

Aunque en sus formas estos “golpes de estado” en la ONU y en la OEA no han sido exactamente similares, si lo han sido en cuanto a los resultados o intenciones, revelando ambos su ilegitimidad, inmoralidad, violatorios de cuanto legal y moral establecen las Cartas fundacionales en los dos casos.

En cuanto a las Naciones Unidas, el gobierno imperialista de Estados Unidos repite esta vez el desconocimiento absoluto y prepotente que ya había hecho gala el régimen de Bush hijo, lanzando ahora una sorpresiva agresión coheteril contra Siria -pais al que formalmente nunca ha declarado la guerra- ignorando y despreciando cuantas regulaciones, límites y procedimientos establece la Carta de la ONU para poder llegar a tal acción punitiva.

Al esgrimir la ley de la selva para hallar la solución a complejos problemas internacionales como los que hoy azotan al Medio Oriente, Washington se desenmascara con este tipo de agresión en rechazo a cualquier negociación política hacia la paz, y confirma la sospecha generalizada de que, - en realidad, - es quien apoya y alienta el terrorismo internacionales mueve subrepticiamente los hilos que manejan a esos grupos criminales, en aras de sus intereses geopolíticos imperiales.

Sobre la caricaturesca y ridícula OEA no hay mucho más que decir, pues ha evidenciado ya suficientemente sus debilidades y miserias desde que los yanquis la fabricaron en 1948. En esta ocasión, sin embargo, merecería señalar que esta vieja maquinaria promotora de golpes de estado inspirados por Estados Unidos contra todos los gobiernos latinoamericanos considerados “incómodos”, efectuó ahora un cuartelazo interno en su propio seno, cuando el dúctil secretario Almagro y sus cómplices se atrevieron a arrebatarle a Bolivia y a Haití los cargos pro témpore que les correspondían para presidir el Consejo Permanente. ¡Así es la OEA !

En este caso, solo pudiera añadirse que se sigue adelante por el camino de la sumisión, el injerencismo y la autodestrucción. Todo el proceso de pretendido enjuiciamiento al gobierno constitucional de Venezuela no es más que un claro ejemplo de lo anterior.

09
Abril

Acosado por sucesivas derrotas en el Congreso –el  rechazo a su proyecto de eliminar el Obamacare- y en la Justicia, por el tema de los vetos a la inmigración de países musulmanes,  Donald Trump apeló a un recurso tan viejo como efectivo: iniciar una guerra para construir consenso interno.

Los frutos de su iniciativa no tardaron en aparecer. En el flanco interno, el chauvinismo y el belicismo de la sociedad y la cultura política norteamericanas le granjearon el inmediato apoyo de republicanos y demócratas por igual.

El magnate neoyorquino estaba urgido de ello: su tasa de aprobación ante la opinión pública había caído del 46 al 38 por ciento en pocas semanas; un sector de los republicanos lo asediaba “por izquierda” por sus pleitos con los otros poderes del estado y sus inquietantes extravagancias políticas y personales; otro hacía lo mismo “por derecha”, con los fanáticos del Tea Party a la cabeza que le exigían más dureza en sus políticas anti-inmigratorias y de recorte del gasto público y, en lo internacional, ninguna concesión a Rusia y a China. Por su parte, los demócratas  no cesaban de hostigarlo. En el plano internacional las cosas no pintaban mejor: mal con la Merkel durante su visita a la Casa Blanca, un exasperante subibaja en la relación con Rusia y una inquietante ambigüedad acerca del vínculo entre Estados Unidos y China. Con el ataque a Siria, Trump espera dotar a su administración de la gobernabilidad que le estaba faltando.

Los frutos de su iniciativa no tardaron en aparecer. En el flanco interno, el chauvinismo y el belicismo de la sociedad y la cultura política norteamericanas le granjearon el inmediato apoyo de republicanos y demócratas por igual. Quien antes aparecía como un peligroso neofascista o un incompetente populista emergió de los escombros de la base aérea de Al Shayrat como un sabio estadista que “hizo lo que debía hacer”.

Tanto la impresentable Hillary Clinton como el anodino John Kerry no ahorraron elogios al patriotismo y la determinación con que Trump enfrentó la inverosímil amenaza del régimen sirio, a quien se le acusó, contra toda la evidencia, de haber utilizado el gas sarín que días atrás produjo la muerte de al menos ochenta personas en un ataque perpetrado en la ciudad de Jan Sheijun.

Mentiras. Fuentes independientes señalan que esa macabra operación no pudo ser causada por Damasco sino por los “rebeldes” amparados y protegidos por Occidente, las tiranías petroleras del Golfo y el gobierno fascista de Israel. El área en donde se produjo la masacre estaba bajo el control del Al-Nusra, rama de Al Qaida que Naciones Unidas y EEUU habían calificado como terrorista. En el 2013 el gobierno sirio firmó su adhesión a la Convención para la Prohibición de Armas Químicas (OPAC) y tres años más tarde el país fue declarado territorio libre de armas químicas. Así reza el informe que esa organización elevó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Claro está que una parte de ese arsenal pudo haber sido capturado y escondido por Al-Nusra, facilitada esta maniobra por la debacle en que estaba sumida Siria a causa de la guerra. Pero al  bombardear la base aérea de Al Shayrat Washington destruyó al equipo y el arsenal militar que presuntamente podría haber probado que fue el ejército sirio quien cometió el crimen con el gas sarín. ¿Por qué destruir la evidencia que eventualmente podría culpabilizar (o inocentizar) a Al-Assad, se preguntaba la vocera de la cancillería rusa? Destruir pruebas es un delito, o por lo menos una actitud sospechosa, sobre todo si se atiende a la inevitable pregunta que hace Günter Meyer, director del Centro de Investigaciones del Mundo Árabe, con sede en Maguncia, Alemania, y que reproduce un cable de la Agencia Deutsche Welle.

En cualquier película policial-asegura Meyer- cuando se investiga un crimen los detectives se preguntan quién gana y quien pierde con lo ocurrido. En este caso la pregunta tiene una clara respuesta: "De semejante ataque con gas letal solo pueden beneficiarse los grupos opositores armados” y (agrego por mi parte)  sus aliados en Occidente, a la vez que sólo puede perjudicarse el gobierno sirio. Entonces, ¿por qué cometería semejante crimen? ¿Puede  Al-Assad ser tan estúpido? No parece, porque de haberlo sido ya habría sido derrocado hace años.

Todas estas consideraciones fueron soslayadas por Trump. Y en esto el  outsider demostró no serlo tanto porque siguió al pie de la letra el guión al cual se ajustaron los presidentes que le precedieron, desde Bush padre a Barack Obama, pasando por Bill Clinton y Bush hijo: atacar, invadir, ocupar naciones usando como pretexto un torrente de mentiras y difamaciones –eufemísticamente llamadas “posverdad” por los infames manipuladores de la opinión pública mundial- que persiguen justificar lo injustificable.

Todos conocemos la historia de las “armas de destrucción masiva” que supuestamente tenía en su poder Saddam Hussein y que jamás se hallaron, ni antes de la destrucción del régimen ni después. Pero la tragedia igual fue consumada a partir del 2003 porque la mentira se había arraigado en la sociedad americana. Todo sabían, además, que el único país de la región que las poseía era Israel, pero como es el gendarme regional del imperio eso es una nimiedad que se oculta cuidadosamente ante los ojos de la opinión pública y que intencionadamente marginan de sus análisis  los más sesudos especialistas.

Con el ataque del viernes pasado Washington violó, por enésima vez, la Carta de las Naciones Unidas demostrando más allá de toda duda que el presunto “orden mundial” no es tal sino un brutal e inmoral “desorden mundial “ en donde rige la máxima bárbara del derecho del más fuerte.

Pero no sólo eso: Trump también violó la Carta de la OEA, que en su Capítulo 2, inciso 9, dice textualmente que “los Estados americanos condenan la guerra de agresión: la victoria no da derechos”. Sería bueno que el Secretario General de esa siniestra organización, Luis Almagro, tan preocupado por aplicar la Carta Democrática a la República Bolivariana de Venezuela tomara nota de esto y denunciara a Washington, con el mismo ardor con que enjuicia a Caracas,  por su agresión a Siria.

Ante la gravedad de la situación es obvio que Rusia no permanecerá de brazos cruzados: tiene en Siria una vital base naval en Tartus que le abre las puertas del Mediterráneo (y de ahí al Atlántico Norte) a su flota del Mar Negro anclada en Sebastopol y también una base aérea en Latakia. China e Irán también tienen  intereses en juego en Siria y una Rusia cercada por tierra -con la OTAN estacionada a lo largo de toda su frontera occidental  con lo que algunos observadores consideran como el mayor despliegue de fuerzas y equipos de toda  su historia- y por mar si llegara a producirse la caída de Al-Assad.

En tal caso Moscú no tendría sino dos alternativas: aceptar mansamente su sumisión a los dictados de Estados Unidos, cosa que obviamente no está en el ADN de Vladimir Putin y que por lo tanto jamás hará; o activar su poderoso dispositivo militar y aplicar represalias selectivas intensificando su campaña en contra del ISIS creado y protegido por Washington e, inclusive, adoptando una postura más activa en caso de una nueva agresión norteamericana. Cuesta pensar de otro modo cuando se ataca a un país como Siria que, junto a Rusia, había logrado grandes éxitos en controlar a la horda de fanáticos que sembró el terror en Siria y otras partes de Oriente Medio.

El inesperado giro de Trump (que en su campaña había divulgado nada menos que 45 tuits diciendo que “atacar a Siria era una mala idea porque podría precipitar el estallido de la Tercera Guerra Mundial”) debe poner en guardia a todos los pueblos y gobiernos del planeta porque con el ataque a Siria el mundo camina sobre el filo de una navaja. Esta actitud de vigilancia y preparación para la lucha debe ser impulsada en Nuestra América, especialmente cuando se analizan las muy recientes declaraciones del Jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos.

En esa ocasión textualmente habló de “una creciente crisis humanitaria en Venezuela que eventualmente podría obligarnos a una respuesta regional.” Los latinoamericanos y caribeños sabemos lo que esas palabras significan y estaremos preparados para desbaratar esos planes. Suenan los tambores de guerra en la Casa Blanca y no sería de extrañar que aparte de continuar con sus operaciones bélicas en Siria hubiera en Washington  quienes crean que llegó el momento de ajustar cuentas con Corea del Norte y Venezuela, dos espinas que hace mucho tiempo Tío Sam tiene clavadas en su garganta.

Cuando comienzan su periplo descendente los imperios potencian su barbarie y tratan de retrasar lo inevitable apelando a cualquier recurso, entre ellos, inventando guerras. No sería de extrañar entonces que ante este cuadro de situación, cuando son los propios estrategas imperiales los que se desvelan por tratar de detener su declinación, Trump intentara “normalizar” el mapa sociopolítico latinoamericano y del sudeste asiático recurriendo al lenguaje de los misiles. Si lo hiciera se llevaría una sorpresa enorme.

09
Abril

Este viernes, Siria fue testigo de un acto sorprendente por parte del presidente de EEUU, Donald Trump, quien ordenó atacar la base aérea de Al-Shairat.

El ataque se realizó con 59 misiles tipo Tomahawk, contra una de las bases aéreas más grandes del país árabe que lideraba las ofensivas sirias contra los terroristas en la zona.

En este artículo estudiamos los motivos detrás del ataque que están relacionados con la situación en Siria y lo que está pasando en el territorio estadounidense, además de analizar sus consecuencias para la seguridad mundial ante el terrorismo takfirí.

Situación en Siria

El ataque se llevó a cabo en un momento trascendental, en el que Siria después de tomar el pleno control de la ciudad de Alepo, considerada como el símbolo de los opositores, aceleró su avance en la lucha contra los terroristas y estaba ganando más territorios, algo que tuvo efecto directo en las negociaciones con la oposición. Justo después del avance significativo del ejército sirio en el terreno, la oposición se sentó en la mesa de diálogos en Astaná (capital de Kazajistán), donde por primera vez se vio un avance en las negociaciones y se estableció un alto el fuego relativamente estable por varias semanas en Siria. Todo indicaba que la situación en el país árabe y las conversaciones se encaminan hacia un resultado constructivo.

Sin embargo, lo que estaba pasando en el país árabe era absolutamente inaceptable para el frente saudí-occidental que habían invertido miles de millones de dólares para derrocar al gobierno de Bashar al-Asad. De un lado, ellos veían a una oposición más débil que nunca y por el otro, el presidente Bashar al-Asad que ya tenía la iniciativa de restablecer la situación en el país.

En estas circunstancias y para afectar la voluntad de Siria, Irán y Rusia en la lucha contra el terrorismo y derrocar a Asad, se necesitaba una excusa y la mejor de todo era un ataque químico, para luego convencer a la opinión pública mundial de que la tragedia sigue en Siria y que ya es el momento de poner fin a la violación de derechos humanos en el país árabe, lo mismo que se hizo con el dictador iraquí, Sadam Husein, en 2003. Y de este modo, se llevó a cabo un ataque químico contra Jan Sheijun, en la provincia noroccidental de Idlib, asalto que se saldó con 86 muertos y generó imágenes impactantes.

No obstante, las acusaciones contra el gobierno sirio y echar la responsabilidad del ataque al ejército sirio es algo lejos de realidad por varios motivos. Primero de todo, es que después de que el expresidente estadounidense, Barack Obama, amenazara a Siria con una guerra directa en 2013, Damasco en el marco de un acuerdo entre Rusia y Estados Unidos, firmado el 14 de septiembre de 2013, destruyó sistemáticamente todo su arsenal de armas químicas. Además, el proceso de desarme químico sirio se llevó a cabo con el apoyo logístico y administrativo de Naciones Unidas.

El segundo motivo que nos hace difícil creer que el gobierno sirio llevó a cabo el ataque es la situación en el país árabe. Después de 6 años de guerra, Siria es testigo de una tregua casi estable y las negociaciones entre el gobierno y la oposición han sido constructivas. Teniendo en cuenta los dos factores importantes mencionados, se puede decir que el ataque era vital en la política exterior estadounidense para frenar el proceso positivo en Siria.

 

Situación en EEUU

 

A parte de lo que estaba pasando en Siria, el ataque del viernes de EEUU podría estar relacionado con lo que experimenta Donald Trump en su país.

La agresión estadounidense contra la base siria, se llevó a cabo justo en el momento de alta tensión dentro EEUU y el inicio de una investigación acerca de la relación entre Trump y Rusia. Unas investigaciones que podría incluso terminar en la detención de los allegados del presidente estadounidense. Esto, debido a que Trump tanto desde el punto de vista de su pueblo como a nivel internacional es reconocido como aliado de su homólogo ruso, Vladimir Putin, por lo que necesitaba hacer algo para descartar las acusaciones y así atacó aliado principal de Rusia en Oriente Medio.

El otro motivo, reside en que en los últimos meses casi todos los planes y las reformas propuestas por Trump fueron rechazados en el Congreso, desde la reforma migratoria hasta Trumpcare. Sin embargo, la medida militar contra Damasco, por primera vez se unió a todos los senadores, incluso a los demócratas a su favor.

El otro factor residía en la presión del lobby sionista en EEUU, además de Arabia Suadí contra Trump por adoptar una postura diferente de Obama en la política exterior, especialmente acerca de Siria. Esto después de las declaraciones del secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, en Turquía donde dijo que el propio pueblo sirio debe decidir el futuro de Asad. Así que después del ataque a Siria, los sionistas, saudíes y turcos acogieron con beneplácito la iniciativa de Trump.

 

Consecuencias de atacar Siria

 

Atacar a Siria, un país que lleva más de 6 años luchando contra los terroristas takfiríes que reciben apoyo logístico y financiero por parte de Arabia Saudí, Catar, Turquía y países occidentales, es equivalente a no solo luchar contra el gobierno sirio, sino significa el fortalecimiento de los terroristas que están a punto de fracasar en Siria e Irak, dos principales centros de operación de grupos terroristas.

En este contexto, se debe mencionar que el fortalecimiento de los terroristas significa el aumento de actos terroristas en todo el mundo, cuyo efecto estamos viendo cada día en diferentes países. Cada día se escucha una noticia de secuestro, atropello de la gente corriente, ataques con bombas en aeropuertos y centros comerciales. Así que, los patrocinadores de los terroristas ya deben saber que el terrorismo no se queda en Oriente Medio y fuera de sus territorios, sino tiene efecto bumerán y afectará a ellos mismos. Por lo tanto, hay que apoyar a los países que están luchando contra este flagelo para restablecer la seguridad y estabilidad en el mundo.