Al día

06
Enero

El más reciente exabrupto del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó bien esclarecida la doctrina de política exterior del omnipresente Imperio, que aunque puesto en práctica desde tiempo inmemorial encaja ahora perfectamente bajo el lema “América first”, que el nuevo Emperador esgrime y aplica.
Se trató en esta ocasión de la reprimenda insultante dirigida a Pakistán, donde le recordó que la cuantiosa “ayuda” otorgada por Washington a ese país en los últimos 10 años ascendente a más de 30 mil millones de dólares no había sido debidamente correspondida por los gobiernos pakistaníes sucesivos.
En pocas palabras, que el imperialismo estadounidense exige a sus socios y aliados una sumisión incondicional a cambio de cualquier dádiva o apoyo, aparente o real, en cualquier circunstancia y sin importar los eventuales intereses del receptor, su independencia o su dignidad como país.
Siendo una vieja práctica de los gobiernos imperialistas de Estados Unidos, pocas veces ha sido expuesta de manera tan descarnada y abiertamente, como ya lo había hecho Trump en su campaña electoral, cuando incluso algunos amigos del Imperio se resistían a creer que pudiera llegar a los extremos actuales.
La política de sumisión incondicional ha sido puesta en vigor también con respecto a organizaciones internacionales cuyas resoluciones discrepen o contradigan el dictado imperial, como fue el caso de la UNESCO de la cual se retiraron maltrechos y cabizbajos, rumiando en vano toda su prepotencia.
El más reciente de esos zarpazos fue lanzado contra las Naciones Unidas, a la que la Administración Trump acaba de reducir 285 millones de dólares de su contribución, en venganza del acuerdo de la Asamblea General donde su membresía de manera aplastante condenó el reconocimiento yanqui a Jerusalén como capital del estado sionista de Israel.
La Autoridad Nacional Palestina ha sido también amenazada por los recortes y pocos dudan de que tal medida se hará efectiva, teniendo en cuenta la capacidad de dichas autoridades de resistir a acatar los dictados imperiales y a aceptar los chantajes israelíes.
La sensible disminución del presupuesto para “ayuda exterior” asignada al Departamento de Estado para el actual ejercicio fiscal 2018-2019 fue un mensaje de lo que ocurriría después, acompañado de un aumento de los gastos militares, como señal de cuál será la política de la actual Administración, hoy claramente expresada.
Para los socios, aliados o simplemente receptores ocasionales y de buena fe de algún tipo de esas “ayudas” imperiales, saben ya que esas deudas se pagan con sumisión incondicional, tal como ha proclamado Trump.
El mensaje ha sido claro; quienes no lo entiendan no tendrán luego excusas.

06
Enero

El decursar del año 2017 que recién concluye permite augurar -en la medida de lo posible- que su sucesor en el almanaque será uno en el que la lucha de los pueblos por la justicia, la independencia nacional, la solidaridad y la integración regional no cejarán en las diferentes zonas del planeta para hacer frente, con posibilidades de éxito, a las amenazas que penden sobre sus cabezas y a la solución de las más peligrosas situaciones que hoy los envuelven, incluidos los desastres naturales acelerados por el cambio climático.
Deberán enfrentar sin vacilación el poderío adverso del capitalismo neoliberal y todo lo que esta concepción significa y arrastra -independientemente de la situación económica mundial- siempre en condiciones desfavorables a los que menos o nada tienen y a nivel de países a los más pobres, menos desarrollados, más explotados y con menos posibilidades de defenderse, aun cuando algunos tengan la voluntad de hacerlo.
Una síntesis de esos colosales desafíos quedó expresada en la llamada Estrategia de Seguridad Nacional para 2018 que acaba de ser proclamada por el gobierno imperialista de Estados Unidos encabezado -no sin tropiezos y grandes cuestionamiento internos- por el magnate Donald Trump, quien no contento con manejar a su complicado país como una empresa de su propiedad, al parecer quiere extender esas pretensiones al resto del mundo.
Quien lea detenidamente la mencionada Estrategia no necesita ser un experto para entender sus propósitos amenazantes y llenos de falsas premisas, escondiendo ambiciones de dominación imperial con el pretexto de defender una “seguridad nacional” supuestamente en vilo.
El poderoso complejo militar-industrial será el beneficiario, una vez más, de los 700 mil millones de dólares otorgados a los gastos de defensa en el recién aprobado presupuesto, mientras la reforma fiscal disminuye los impuestos al gran capital y deja a millones de estadounidenses sin seguro médico.
Por su parte, Rusia y China emergen cada vez más como potencias responsables y prudentes, capaces de afrontar las más complejas situaciones con responsabilidad y apego a las leyes internacionales, en particular a la Carta de las Naciones Unidas, organización que ha sido atacada y despreciada reiteradamente por la actual administración de la Casa Blanca.
El año que termina prosiguieron los avances económicos de Beijing, muy en particular los relacionados con la Franja y Ruta de la Seda; Rusia obtuvo una impresionante victoria militar sobre la banda terrorista Estado Islámico en Siria y contribuyó así, de manera efectiva y palpable, a la lucha contra el flagelo del terrorismo a escala mundial.
Del equilibrio que logre establecerse entre las fuerzas negativas que actúan en favor de la agresión, la violencia y el desconocimiento de las leyes y organizaciones internacionales y las que pugnen constructivamente por lo contrario, dependerá en buena medida que pueda detenerse durante el año que comienza la mano de los mercaderes de la guerra y sus terribles consecuencias.

06
Enero

El año 2017 nació bajo el presagio de la incertidumbre con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca, y concluye a la sombra de una dimensión trágica. Si bien se dice que la política es el arte de lo posible; sin embargo, querer ir más allá de sus límites podría implicar que el ave se coma las alas con su propio pico.
En vísperas de este primero de enero, envuelto en el claroscuro de un futuro cada vez más incierto, millones de seres en el mundo, muchos de ellos con grandes sacrificios, se disponen a olvidarse -aunque sea por unos días- de la realidad que los rodea y celebrar el advenimiento de un nuevo calendario. Otros ni siquiera cuentan con esa posibilidad, sumidos en una miseria aberrante.
Pero, para quienes pueden, nunca faltan razones para celebrar y brindar por aquellos que comparten su ideario o lo respetan, los que resisten dignamente los embates de la fuerza sin inclinar la frente, los que hincan banderas con la decisión, de ser necesario, de morir en su custodia. Por quienes han sido y son fieles a la palabra empeñada. Por aquellos que no renuncian, con sus actos, al mundo con el que aún sueñan.
Cuba, en una complicada situación económica, conmemora un aniversario más del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959. Por mi parte, sigo con la divisa de que nunca se debe abandonar el credo ideológico, ni olvidar el hombro que un día acogió tu dolor ni la mano que siempre apoyó la tuya.
¿Qué esperar del año 2018?
Es difícil predecirlo, cuando las aguas están fuera de nivel y crecen las probabilidades de un conflicto nuclear que, aunque de carácter limitado -como una “cirugía atómica”, en Corea del Norte, Irán, o Yemen-, puede convertirse en un incendio global sin contención.
Con este telón de fondo, el presidente Vladimir Putin, envió un mensaje de felicitación a su homólogo Donald Trump, por el nuevo año. El texto destaca la necesidad de establecer “un diálogo constructivo” entre ambos países, esencial para fortalecer la estabilidad estratégica mundial y encontrar” respuestas óptimas a los desafíos y amenazas globales”, en un marco de igualdad y respeto mutuo.
Trump, en el discurso para presentar su primera Estrategia de Seguridad Nacional, afirmó: “No buscamos imponer nuestra forma de vida a nadie, pero vamos a defender sus valores sin pedir disculpas”. Más claro ni la corriente cristalina: una copia fiel de la Doctrina Monroe.
El pasado jueves, el magnate acusó a Beijing de vender en secreto petróleo a Pyongyang en violación de las sanciones de la ONU. El gobierno de Xi Jinping, al rechazar las declaraciones, dijo que así no se comporta un presidente.
¿Cómo debe comportarse un presidente? Existen reglas para aspirar al mandato y normas para limitar sus poderes; pero siempre existe una forma para no restarle filo a la navaja.
Washington-Moscú-Beijing, constituyen un triángulo -no mítico- y sí más peligroso que el de las Bermudas; mientras la Guerra Fría corre a toda marcha por sus carriles. Sobran los heraldos negros en la riesgosa coyuntura en que vive el planeta.
A propósito, recordemos la frase del presidente norteamericano Abraham Lincoln (1861-1865): “Casi todos los hombres pueden soportar la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder”. Trump no pasó el examen.

29
Diciembre

Una de las muchas mentiras sobre Cuba entronizadas en las mentes de muchos estadounidenses y, en alguna medida, en las de los ciudadanos de aquellos países donde la influencia de los medios de prensa y cultura estadounidenses es fuerte, es la de que en la Isla no existe libertad de culto.
Es cierto que el triunfo revolucionario contra la dictadura de Fulgencio Batista, en 1959, abrió paso a un proceso tumultuoso que tocó todos los ámbitos del país y tuvo un efecto secularizador de la sociedad por su carácter renovador de muchas costumbres, tradiciones y la cultura en general.
Tras cuatro siglos de colonialismo con el catolicismo como la religión oficial, surgió en Cuba una seudorepública bajo protección y control de Estados Unidos, en la que la sociedad cubana, de hecho, conservó el mismo signo confesional en la mitad inicial del Siglo XX.
Pese a que en las Constituciones de 1902 y 1940 se estipulaba la separación entre el Estado y la iglesia, se identificaba en sus textos la moral cristiana como normativa ética de la sociedad en detrimento de cualquiera otra moralidad no cristiana. De tal manera, se mantenía el desconocimiento de la diversidad cultural, moral y religiosa que exigía una comunidad tan plural en términos de etnias, cultos y tradiciones como la cubana.
La primera vez que en Cuba se proclamó la separación entre el Estado y la Iglesia como principio constitucional fue en la República en armas, en plena lucha contra el régimen colonial español y católico.
Las transformaciones sociales generadas por la revolución de la segunda mitad del siglo XX - primero contra la tiranía batistiana y después en el desarrollo del proyecto independentista y socialista, - tuvieron un impacto considerable en el proceso de desacralización de la naturaleza.
La campaña que erradicó el analfabetismo que padecía más de un millón de cubanos; la masificación de la enseñanza media, técnica y superior; la expansión de los servicios de salud y la electrificación de las viviendas, y el uso de nuevas técnicas y nuevas formas cooperativas de producción en el campo, entre otros logros populares, influyeron en la desaparición de algunas prácticas religiosas colectivas tradicionales, tales como las procesiones para implorar buenas cosechas o lluvias, en zonas rurales.
La reforma agraria, la construcción de nuevas carreteras y caminos, la llegada de la radio y la televisión a sitios donde antes no accedían, transformaron los sistemas místicos de representación de la naturaleza por enfoques razonados y lógicos.
Así, emulando con las instituciones sociales que históricamente orientaban la conducta y las ideas -entre las cuales predominaban las iglesias cristianas y sobre todo la católica- irrumpió en la escena la revolución, con una capacidad de convocatoria enorme en los sectores sociales mayoritarios, como representante de un cambio muy ansiado.
La revolución, además, respondía a las aspiraciones de los intelectuales impedidos de acceder a espacios monopolizados por la iglesia. En la puja, éstos habían fortalecido su manera secular –sobre todo anticlerical- de encarar su papel en la sociedad.
Hubo, ciertamente, desencuentros y fricciones iniciales entre el gobierno de la revolución y la jerarquía de la iglesia católica cubana, esta última con feligresía amplia y socialmente influyente entre la población de mayores ingresos pero con influencia mucho menor en los sectores humildes.
Las acciones legislativas y prácticas de la revolución, tales como la ley de nacionalización de la enseñanza, limitaron el espacio social de la religión católica en Cuba, y lo ampliaron para otras—como las espiritistas, las asociadas a religiones de origen africano y las
pentecostales- que lograron acceso a espacios públicos a los que antes habían tenido muy pocas posibilidades de llegar a causa del monopolio cristiano y católico, según lo ha sostenido el prestigioso profesor, sociólogo e investigador cubano de estos temas Aurelio Alonso Tejada, subdirector de la revista Casa de las Américas.
Se calcula que en Cuba funcionan más de 900 templos, más de 600 son iglesias católicas, 54 son protestantes y evangélicas, hay iglesias ortodoxas, griegas y rusas; cinco sinagogas y una Liga Islámica que agrupa a musulmanes chiítas y sunníes.
Puede recordarse que, antes de 1959, el Código penal cubano registraba como agravante de delito el practicar “brujería”, término con el que la cultura cristiana predominante identificaba a las religiones originadas en África, muy extendidas en Cuba.
En medio de una situación de aparente contracción del espacio social de la religión, la revolución cubana creó condiciones legales y sociales básicas para un efectivo pluralismo religioso, sin distinción confesional ni institucional, que sirvió para obtener algo que nunca antes había existido en el país y de lo que escasas naciones se pueden vanagloriar: una libertad religiosa total y verdadera.