Al día

19
Febrero

El 9 de noviembre sobre las 8:30am, Michal Kosinski se despertaba en el Hotel Sunnehus en Zurich. El investigador, de 34 años, había venido a dar una charla al Instituto Federal de Tecnología Suizo (ETH) sobre los peligros del Big Data y la revolución digital. Kosinski da estas charlas con frecuencia en todo el mundo. Kosinski es experto en psicometría, una rama de la psicología donde se miden y cuantifican variables psicológicas. Cuando encendió la televisión esa mañana, descubrió que la bomba había explotado: En contra de lo previsto por los mejores estadistas, Donald J. Trump había sido elegido Presidente de los Estados Unidos.

Durante un rato, Kosinski observó las celebraciones de la victoria de Trump y los resultados de cada estado. Tenía el presentimiento de que el resultado de las elecciones tenían algo que ver con sus investigaciones. Respiró profundamente y apagó la televisión.

17
Febrero

La derecha mundial está dispuesta a no darle respiro a la Revolución Bolivariana de Venezuela. Esta semana que termina ha sido un ejemplo claro de que la guerra de cuarta generación lanzada en su momento desde las usinas del Occidente imperial, no escatiman esfuerzos para utilizar todos los métodos a su alcance con tal de desprestigiar, acorralar e intentar (siempre fallidamente) derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro.

El caso de los repetidos y conocidos instrumentos desestabilizadores utilizados por los terroristas mediáticos de la CNN, fueron otra vez puestos sobre la superficie, de la misma manera que la Cadena operada por Time Warner actuó en su momento como buque insignia en la invasión a Iraq y Afganistán, o un poco más atrás en el tiempo, creando el clima desestabilizador para voltear al gobierno socialista de Salvador Allende, en Chile.

CNN es como la Coca Cola, símbolo y logo de la brutal invasión cultural estadounidense, y como tal utiliza sus argumentos injerencistas en el marco de tergiversar la información para buscar el desgaste y el desaliento de la opinión pública. Cuando no puede manipular, directamente inventa situaciones, crea víctimas donde solo hay provocadores o delincuentes, y termina convirtiendo en próceres a quienes deberían estar entre rejas el resto de sus días. Así jugó el canal en estos últimos días al “lanzar la primicia” envenenada sobre “la venta de pasaportes venezolanos” a supuestos terroristas de Medio Oriente.

Desde el punto de vista de la aviesa intencionalidad  de la cadena estadounidense, creo el clima para presentar un cóctel más que explosivo: un  presunto ex funcionario venezolano en la embajada de su país en Iraq, Misael López, se ofreció de testigo para contar lo que persigue la campaña de demolición del Gobierno Boliviariano. Así, como en las malas series gringas, aparecían terroristas del ISIS comprando pasaportes y visas a 15 mil dólares, mientras un “periodista” cenenista preguntaba con voz cadavérica: "¿le sorprendería si un día de estos en cualquier parte del mundo se comete un atentado y el ejecutar es el portador de un pasaporte venezolano”. Por supuesto, que para darle mayor condimento a la ensalada también se volvía a involucrar en esta tramoya al vicepresidente venezolano, Tarek El Aissami, al que en las últimas horas Washington también había sido colocado en las listas de los que tienen vinculaciones con el narcotráfico.

Lo que CNN no decía lo puso blanco sobre negro la canciller bolivariana Delcy Rodríguez, señalando que el tal Misael López es un farsante que intentó sacar ilegalmente dinero de Iraq usurpando la identidad de funcionario venezolano, además tramita nacionalidad española, y si faltara algo tiene fama de acosador sexual, explícitamente denunciado por una empleada de la embajada en Bagdad. O sea, que se trata de un dilecto compinche de su tocayo Leopoldo López puesto que acumula en su Facebook fotos posando con la esposa del golpista, Liliana Tintori y con la abogada del preso de Voluntad Popular, Ana Argotti. No le falta nada para que cualquiera que quisiera tipificarlo, lo muestre como un “agente” al servicio de los de siempre, y por ello ahora se refugia en Miami, dónde si no.  Pero, claro, todos estos datos no entran en los cánones “morales” e “informativos" de la cadena con sede en Atlanta.

Desde otro andarivel parecido pero en este caso europeo, el genocida José María Aznar y el creador de los Escuadrones de la Muerte para asesinar a militantes vascos (el famoso GAL), Felipe González, se sumaron a la campaña exigiendo que la OEA suspenda a Venezuela por “mantener presos políticos”. Estos dos caraduras que deberían ser juzgados por asesinos seriales por el Tribunal de La Haya, se rodearon  de lo peor de cada casa para vociferar tal exigencia,: allí estuvieron arropándolos, el líder del partido derechista “Ciudadanos", Albert Rivera, el presidente del consejo de administración del Grupo PRISA (editor de EL PAÍS español), Juan Luis Cebrián, el ex alcalde derechista de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, el ex jefe de la OTAN Javier Solana (alias “el carnicero de Bagdad") y Leopoldo López padre, quien gimoteó por “la mazmorra” en que tienen a su hijo los “déspotas” de Caracas. El gran problema de estos “demócratas” es que desesperadamente buscan un protagonismo que ya no tienen en sus países, donde Aznar y González, son considerados símbolos explícitos de corrupción, tortura y muerte.

A pesar de todos estos ataques, es indiscutible que en Venezuela manda el pueblo y no los amigos de Obama y de Trump, dos caras de la misma moneda de la agresión imperialista. Por un lado, la CNN ya no está en el aire por decisión gubernamental,  algo que los que realmente defendemos la libertad de expresión lo celebramos alborozados, para que no se siga ensuciando la profesión periodística con franquicias del terrorismo mediático. Así es que se gobierna cuando un plan subversivo de envergadura se abate día tras día contra un país.

Por más que los grandes dueños de medios hegemónicos nucleados en la SIP pongan el grito en el cielo, o que el bocazas de la Casa Blanca amenace con más sanciones si Nicolás Maduro no pone en libertad a Leopoldo López, a "Venezuela se la respeta" como bien sentenciaba Hugo Chávez. En ese camino de actuación contundente, la Patria de Bolívar y Zamora seguirá recogiendo la solidaridad de los que en el continente no se dejan intoxicar por las mentiras ni retroceden ante las amenazas. Contra esa hermandad indestructible no podrán ni la CNN, ni Aznar y González, y mucho menos Trump.

14
Febrero

El director del Departamento de No Proliferación y Control de Armas de la Cancillería rusa, Mijaíl Ulianov, manifestó preocupación por que Irán pueda abandonar el acuerdo nuclear y advirtió que ello constituiría lo que calificó como un gran fracaso para la comunidad internacional y opinó que las sanciones de Estados Unidos contra Irán no favorecían la aplicación del acuerdo nuclear sino que lo ponían en serio peligro.

“Vemos una retórica sumamente dura de la administración estadounidense y otra no menos dura en la respuesta por parte de Teherán. Se han impuesto las sanciones a Irán y naturalmente esto crea un ambiente desfavorable para la puesta en marcha del acuerdo nuclear”, afirmó Ulianov a la agencia rusa RIA Novosti.

El histórico acuerdo de 2015 entre Irán y seis países, impuso límites al programa nuclear de Teherán, tiene como supuesto fin prevenir el desarrollo de las armas atómicas por Irán. Los países acordaron un plan de acción, cuyo cumplimiento levantaría las sanciones económicas y financieras impuestos previamente por el Consejo de Seguridad de la ONU, EU y la Unión Europea.

El nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, ha criticado en numerosas ocasiones este acuerdo, al expresar que su predecesor, Barack Obama, hizo demasiadas concesiones a los iraníes. Trump calificó este acuerdo como “uno de los peores”.

El pasado 29 de enero Irán efectuó el lanzamiento de un misil balístico de alcance medio a unos 225 kilómetros de Teherán. “La prueba misilística estaba en línea con nuestros programas, y no permitiremos que otros países interfieran en nuestros asuntos de defensa”, indicó el ministro iraní de Defensa, Hossein Dehkan.

El 3 de febrero, Washington aprobó sanciones contra Irán por su programa de misiles balísticos y, obedientemente, la Unión Europea exhortó a Teherán a no realizar tales ensayos “para no profundizar la desconfianza en la comunidad internacional” y apuntó que solo el Consejo de Seguridad de la ONU puede decidir si Irán ha violado o no el Tratado de No Proliferación Nuclear.

A nadie en el mundo escapa que es Estados Unidos quien “representa” a Occidente en todas las negociaciones que han tenido lugar en torno a este asunto. Así se hizo evidente cuando durante muchos años la humanidad estuvo sufriendo la angustiosa paralización de las discusiones sobre temas nucleares con Irán hasta que las autoridades norteamericanas aceparon pagar secretamente a Irán 1.700 millones de dólares por una antigua disputa entre ambos países. El desembolso se realizó como consecuencia de un viejo desacuerdo comercial entre ambos países, que databa de los años 70 y 80 del siglo pasado.

Según The Wall Street Journal, un primer avión con 400 millones de dólares llegó a Irán el 17 de enero, coincidiendo con la liberación de cuatro ciudadanos estadounidenses allí encarcelados.

Posteriormente, el 22 de enero y el 5 febrero, dos aviones más volaron con destino a Irán portando euros, francos suizos y otras divisas por un valor de 1.300 millones de dólares. Un portavoz del Departamento del Tesoro de Washington confirmó la operación y aclaró que se acordó esa forma de pago ―en efectivo pero no en dólares estadounidenses― a fin de burlar la eficacia de las sanciones a que aislaron a Teherán del sistema financiero internacional.

El pago derivaba de un negocio no concretado que se remontaba a 1979, cuando el entonces sha Mohammad Reza Pahlaví compró equipos militares estadounidenses que nunca pudo recibir a causa del derrocamiento de su gobierno por la Revolución Islámica.

Según el New York Times, los oficiales de la administración de Obama calculaban que Estados Unidos podía perder el juicio en el Tribunal de La Haya (Holanda) en cuyo caso acabarían pagando 10.000 millones de dólares por intereses. En tales circunstancias, Washington decidió en 2015 pagar la vieja deuda.

La humanidad debía seguir muy de cerca, y en detalle, toda negociación sobre no proliferación nuclear porque, en última instancia, resultan ser variantes de la proyección monopolista y chantajista con que Estados Unidos ha impuesto su hegemonía global, aunque excepcionalmente -y por caminos y motivos muy diferentes-, hayan logrado insertarse en el reducido club monopolista naciones pequeñas como Israel y la República Democrática Popular de Corea.

Las políticas de no proliferación, son apenas variantes de la política de monopolio atómico, atenuantes de sus efectos. Para los pueblos, obviamente, no acaban los peligros con la limitación o la reducción del número de países con capacidad nuclear militar.

¡La amenaza de guerra atómica sólo desaparece con el desarme general y completo, comenzando por el desarme nuclear universal!.

12
Febrero

Luego de peligrosas provocaciones desde su campaña electoral, agravadas por su insensata declaración luego de asumir el cargo como presidente de Estados Unidos de que no veía por qué aceptar la política de “Una Sola China”, insinuando que ésta podía ser negociable, Donald Trump dio un giro total en su cacareada posición y se alineó en el camino de construir puentes de acercamiento con el gigante asiático.

El magnate acusaba al gobierno de Xi Jinping por sus “prácticas comerciales”, desafiando las construcciones militares que lleva a cabo en el Mar de la China Meridional. El jefe del Comando del Pacífico de Estados Unidos, el almirante Harry Harris, llegó a afirmar que Estados Unidos estaba dispuesto a enfrentar a Beijing en la pugna sobre los derechos territoriales y la libertad de navegación en la China Meridional.

Un editorial del China Daily indicó que si Trump no cambiaba su postura, al estar “jugando con fuego”, el país estaría dispuesto a tomar medidas extremas. Otros medios locales, al aludir a las agresivas políticas de Washington y Seúl, dijeron que éstas podrían generar un grave conflicto en la península coreana. No queremos la guerra ni el caos en el área, pero si surge el conflicto “ni China podrá detenerlo”.

Por su parte, la agencia de noticias Xinhua expresó que “las redes sociales no son el escenario ideal para la diplomacia”; y advirtió que el país estaba totalmente preparado para una guerra comercial con Estados Unidos.

Después de tanta alharaca por parte de la Casa Blanca, bastaron una carta de Trump a Xi Jinping y una conversación telefónica este jueves, “extremadamente cordial”, para que se extendieran mutuas invitaciones para visitar sus respectivos países.

Es válido señalar que el volumen comercial entre China y Estados Unidos creció de 2,500 millones de dólares en 1979 a unos 519,600 millones de dólares en 2016, un incremento de 211 veces, convirtiéndose en este campo en uno de sus principales socios.

Sin embargo, el comercio bilateral entre México y Estados Unidos que superó en 2015 los 532 mil millones de dólares, mayor a la suma del comercio de Estados Unidos con Japón, Alemania y Corea del Sur en ese mismo año, al parecer sería “pura baratija” para el Coloso del Norte que es el primer socio comercial de México, concentrando el 64% del comercio total y el 80% de sus exportaciones.

¿Por qué un cambio tan significativo en la política hacia China; mientras se aleja a pasos agigantados de su vecino azteca, del que dependen seis millones de empleos en Estados Unidos? ¿Por qué tanta “dulzura” en el trato con Rusia que no tiene ese volumen de intercambio con Washington? ¿Qué hay tras bambalinas?

Antes de sentarse a negociar, los contendientes suelen desatar previas ofensivas para disponer de mayores espacios a la hora del regateo: es común en la guerra y en la diplomacia.

Por eso creo que además de los negocios, prima la retórica del poder. No es lo mismo arremeter contra China, miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y una potencia nuclear aferrada a sus principios económicos y de política exterior; que hacerlo contra México, un país con una gran dependencia de Washington, sin diversificar sus ejes comerciales y con la necesidad de clavar la bandera y aferrarse al asta hasta las últimas consecuencias.