Al día

23
Noviembre

El presidente ruso, Vladimir Putin, hizo el primer movimiento en el tablero de ajedrez internacional iniciado por los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y Rusia para mejorar sus tensas relaciones durante la pasada cumbre de la OPEC.

Según un comunicado del Kremlin, el pasado lunes el presidente sirio, Bachar al Asad, y el mandatario ruso se reunieron en Sochi, Rusia, para dar “nuevo impulso” a una “solución política” al conflicto sirio. Putin manifestó su intención de hablar con los líderes de EU, Arabia Saudita, Irán y Turquía, para facilitar una “salida política”, tras asegurar que la operación militar “está llegando a su término”.

Al día siguiente, Putin habló por teléfono durante una hora con el presidente Trump para informarle sobre su reunión con Al Asad, donde el presidente sirio “reafirmó su apego al proceso político, a la ejecución de reformas constitucionales y a la celebración de elecciones presidenciales y parlamentarias”. También se discutió sobre otros temas, como el acuerdo nuclear con Irán y el programa militar atómico de Corea del Norte, sin dar a conocer detalles de lo conversado.

Trascendió que esta semana se llevará a cabo una cumbre trilateral entre Putin y sus homólogos turcos e iraní, Recep Tayyip Erdogan y Hasan Rohani, respectivamente, con el propósito de relanzar el proceso de paz en Siria. A principios de diciembre, está prevista la cumbre de Sochi, donde se espera participen unos 1,500 representantes de la oposición y autoridades del gobierno sirio, para negociar una “solución política” que tenga como meta las elecciones presidenciales de 2018.

Sobre el curso de la guerra en Siria, el jefe del Estado Mayor y primer viceministro de Defensa ruso, Valeri Guerasimov, declaró: “Gracias a los esfuerzos comunes de los tres países garantes del alto al fuego que rige en Siria, (Rusia, Turquía e Irán), se ha conseguido mantener la soberanía, la integridad territorial, parar la guerra civil y crear las condiciones para volver a la vida pacífica en el país árabe. Erradicar completamente a los grupos armados, que es solo cuestión de tiempo, nos permitirá avanzar hacia un arreglo post-conflicto. Pero, antes de que eso ocurra, debemos asegurar los logros militares alcanzados para evitar que los terroristas regresen a Siria”.

Moscú y Washington coinciden en una “solución política” para el conflicto sirio, pero con diferentes visiones. Rusia, defiende la legitimidad el presidente Al Asad, como parte de la solución. EU considera al presidente sirio la causa del conflicto e insiste en su renuncia. Mientras el Kremlin presta apoyo militar a las Fuerzas Armadas del gobierno sirio, la Casa Blanca financia, entrena, equipa y asesora militarmente a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), coalición de grupos armados que iniciaron la violencia con apoyo de los servicios de inteligencia de EU, Francia y Reino Unido, a partir de las manifestaciones pacíficas durante la primavera árabe en 2010. Las diferencias se extienden también a los aliados en la región. Mientras Moscú mantiene alianza con Turquía e Irán, el principal aliado de Washington es Arabia Saudita.

Putin y Trump también difieren sobre el acuerdo nuclear con Irán. El presidente ruso ha reiterado a Trump estar “comprometido con la implementación total del mismo”. Trump ha amenazado con salirse por considerar es un “mal acuerdo” que sólo beneficia al gobierno iraní. Sobre una solución pacífica para el programa nuclear norcoreano, es más lo secreto que lo conocido. Ambos líderes coinciden en la necesidad de buscar una solución a través de negociaciones y medios diplomáticos, pero no se atreven a comprometerse públicamente con un proyecto de paz.

 

(Putin sigue haciendo concepciones e informándoles a quienes le piden la cabeza... ya el Gobierno de Washington tiene un pedazo del territorio de Siria que el gobernante ruso se lo facilitó al darle participación directa en la guerra que se lleva a cabo en ese país. Era de esperarse que conociendo la historia los EEUU aseguraran ese territorio por si sus llamadas, Fuerzas Democráticas Sirias, no lograban apoderarse totalmente de Siria.) (Discrepando.com)

22
Noviembre

Cincuenta y cuatro años después, el asesinato del Presidente Kennedy no ha sido esclarecido y nada se ha descubierto sobre sus asesinos directos e indirectos en los informes que periódicamente son desclasificados por las autoridades norteamericanas, sin embargo, de cuando en vez, se orquestan campañas mediáticas que acusan a Cuba de haber participado en el magnicidio sin fundamento alguno, sospechosamente cada vez que la Administración de turno endurece sus políticas agresivas e inhumanas contra Cuba.

Esa es la razón por las cuales hemos considerado necesario, esclarecer los aspectos esenciales de aquella trama, exponer los análisis y consideraciones de las investigaciones cubanas y de estudiosos norteamericanos al respecto, que develan de manera meridiana las causas que originaron el complot homicida y apuntan hacia sus instigadores y eventuales ejecutores.

 

1.- El presidente Kennedy fue asesinado al mediodía del 22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas, mientras en Cuba un emisario por él enviado, el periodista francés Jean Daniel, conversaba con Fidel Castro las dimensiones y causas del conflicto existente entre ambas naciones y sus eventuales soluciones.

 

2.- ¿Cuáles fueron las circunstancias que originaron ambos acontecimientos? Sin lugar a dudas, los cambios que se comenzaban a delinear en la política exterior norteamericana con respecto a Cuba, que fueron resultado directo del conflicto que puso al mundo al borde de una guerra nuclear, causado por el emplazamiento defensivo de misiles soviéticos en la Isla, ante la escalada de actos terroristas y agresiones de Estados Unidos que debían concluir con una invasión militar a finales de 1962.

Kennedy se percató durante la gestión de la Crisis, que los halcones del Pentágono y la CIA estaban dispuestos a desencadenar el holocausto nuclear, con tal de hacer prevalecer su doctrina político militar y ello lo hizo reflexionar y proponerse nuevos caminos para la resolución del denominado “asunto cubano”.

 

Su discurso del 10 de junio de ese año en la Universidad Americana de Washington así lo señaló:

 

“¿A qué tipo de paz me refiero? ¿Qué tipo de paz queremos conseguir? No una Paz Americana impuesta al mundo por el armamento de guerra estadounidense. No la paz de la tumba ni la seguridad del esclavo. Estoy hablando de la paz genuina, del tipo de paz que hace que la vida en la Tierra merezca la pena ser vivida, del tipo que permite que los hombres de todas las naciones crezcan en la esperanza y construyan una vida mejor para sus hijos (no solo la paz para los estadounidenses, sino para todos los hombres y mujeres), no solo paz en nuestro tiempo sino paz para todos los tiempos.”

 

3.- En los comienzos de 1963, un emisario norteamericano, el abogado James Donovan, visitó nuestro país e indago con su contraparte cubana las alternativas para una solución negociada del conflicto. En abril, regresó nuevamente, esta vez conjuntamente con la periodista norteamericana de ABC News Lisa Howard quien le realizo una extensa entrevista a Fidel Castro –expuesta en la TV norteamericana-  donde se abordó este tema, ocasión en la cual el dirigente explicó la disposición cubana para encontrar, dentro de los principios, una solución política al conflicto.

Luego, en septiembre, por orientaciones de ambos gobiernos se reunieron en Washington sus embajadores en ONU, para confeccionar una agenda para una eventual conversación política, todo lo cual fue consultado por el embajador William Atwood a Robert Kennedy. Y finalmente en noviembre, al conocer el presidente Kennedy que el periodista francés Jean Daniel viajaba a Cuba a entrevistar a Fidel, se reunió con él y le solicitó le abordara el tema de la relaciones entre ambos países y cuáles eran las opiniones del dirigente cubano al respecto.

Por tanto, los hechos hablan de por sí. Se estaba creando un nuevo ambiente  entre ambos países, que pudiera haber conducido – si Kennedy no hubiese sido asesinado-  a una solución pacífica y política del conflicto existente.

 

4.- Sin embargo, contradictoriamente la guerra subversiva contra Cuba había escalado. Solo en aquel año la CIA planeo 17 complots homicidas contra Fidel, entre ellos, el que estuvo a punto de ejecutarse, mediante unas pastillas envenenadas. Comandos de origen cubano se entrenaban en Nicaragua y República Dominicana con las pretensiones unos, de atacar los barcos mercantes en camino hacia la Isla y sellar así el bloqueo, y otros, de llevar la guerra de guerrillas a las montañas orientales del país.

Para entonces, la CIA había creado un emporio subversivo en Miami, que hemos denominado “mecanismo cubano americano de la CIA y la Mafia”, que ya para entonces actuaba con plenas libertades con respecto a su mando en Langley. Contaba con 4,000 hombres entrenados, 55 empresas para el aseguramiento y logística, aviación y marina de guerra y transporte, campos de entrenamiento y un presupuesto anual de 100 millones de dólares, sin contar los aportes de la Mafia y empresas como la ITT o la United Fruit con importantes intereses anteriores en Cuba. Desde allí decenas de grupos CR, teams de misiones especiales, aviones, lanchas rápidas lanzaban continuos ataques contra nuestros pescadores y poblados costeros, armaba a sus agentes internos con los explosivos más sofisticados, para sabotear todo lo posible y asesinaban a maestros y campesinos, mientras una brutal campaña mediática de guerra sicológica, utilizando todos los medios a su alcance, intentaba reblandecer la conciencia del pueblo cubano y contraponerlo a su Revolución.

Mientras en Paris, Francia, la CIA ponía a punto su operación Am/Lash que pretendía asesinar a Fidel y provocar  un golpe militar dentro del país, que rápidamente solicitara la intervención norteamericana.

 

5.- Aquel era el escenario político-operativo de entonces y fue en el mismo que la JM/Wave o el “mecanismo cubano americano de la CIA y la Mafia” decidió, o le ordenaron, asesinar al presidente y comenzó a urdirse el complot –al menos desde el mes de mayo- que tenía dos objetivos: asesinar a JFK y culpar a Cuba con el hecho, de manera tal que se posibilitara una respuesta militar de tal envergadura que derrocara la Revolución.

 

6.- Lee Harvey Oswald, el alegado asesino solitario, fue el hilo conductor de nuestras investigaciones, sus antecedentes como agente CIA, su “asilo en la URSS”, su regreso a USA con todos los gastos pagos por su embajada. Luego, su actividad como informante el FBI en Dallas, el repentino arribo a Nueva Orleans, la conducta para simular simpatías por la revolución cubana y devenir en organizador de un comité pro justo trato; el episodio de México, con su intento de viajar a Cuba  y las idas y venidas al consulado soviético con la pretensión de documentar los vínculos con ambos países, para finalmente, ante la imposibilidad de viajar a la Isla, regresar a Dallas donde sus “manejadores” fabricaron la Opción B la cual documentara sus relaciones con Cuba, por medio de la “fabricación” de 5 cartas enviadas desde la Habana a su buzón en Dallas,  contentiva de instrucciones alusivas al asesinato del Presidente.

También tuvimos en cuenta  los resultados investigativos de nuestros archivos, relativos a destacados terroristas de origen cubano que según diversas fuentes se encontraban en Dallas en vísperas del asesinato; así como las declaraciones de Antonio Cuesta Valle, importante agente CIA implicado en los hechos y para entonces sancionado en la Isla, quien denuncio a Herminio Díaz y Eladio del Valle, como dos de los tiradores de Dallas. El análisis detallado de todos los elementos encontrados en las investigaciones oficiales norteamericanas, así como los aportados por otros estudiosos norteamericanos ( Jim Garrison, Gaeton Fonzi, etc.) y finalmente el reconocimiento del terrorista Antonio Veciana quien aceptó en sus memorias haberse reunido en Dallas durante el mes de septiembre de 1963  con Oswald y su oficial David A. Phillips, para coordinar el viaje del primero a México, que era la pieza clave en toda la provocación montada.

Finalmente por medio de la Comisón Warren y la del Congreso, conocimos que en noviembre de 1963 el Servicio Secreto de Estados Unidos tuvo acceso a informaciones sobre dos importantes complots para asesinar a JFK, uno en Chicago y otro en Miami, donde estaban implicados agentes de la CIA de origen cubano y nada investigó al respecto, ni tan solo se reforzaron las medidas de seguridad en Dallas. Algo realmente anonadante.

 

7.- De las informaciones aludidas se concluye que la JM/Wave, el “mecanismo cubano americano de la CIA y la Mafia” fue el cerebro planificador y ejecutor del magnicidio y sus oficiales David A. Phillips, David Morales, Howard Hunt, George Ionides, William Harvey, Cord Meyer y los jefes Richard Helms y Allen Dulles, en unión de elementos de la denominada “operación 40” tales como Joaquín Sanjenis, Félix Rodríguez, Luis Posada, Orlando Bosh, los hermanos Novo Sampol, Herminio Díaz, Eladio del Valle y otros, como los responsables y ejecutores del operativo que asesino a Kennedy.

 

8.- Los elementos expuestos indican que no ha existido intención alguna por parte de las autoridades norteamericanas para esclarecer los hechos. Las recientes desclasificaciones  así lo demuestran, en tanto ellas solo han servido para aportar nuevos elementos de los niveles de agresividad que alcanzó en aquellos años la operación anticubana y aprovechar por medio de desinformaciones elaboradas para sembrar la duda sobre la eventual complicidad de Cuba en el magnicidio.

La CIA y su unidad en Miami, la JM/Wave fue la que organizó y ejecuto el crimen, en tanto tenían los motivos, los medios y la oportunidad para realizarlo. ¡Esa es la verdad!

 

9.- ¿Por qué 54 años sin respuestas?. Porque los que ordenaron el magnicidio en Estados Unidos, el poder real que gobierna aquel país y quienes tienen toda la información relativa al asesinato, no lo ha querido.

¿Entonces por qué las sistemáticas inculpaciones a Cuba? Recuérdese el principio guebeliano de que una mentira repetida mil veces deviene en verdad. No caben dudas que estas periódicas acusaciones están vinculadas con las escaladas agresivas norteamericanas contra Cuba. ¿Acaso el actual gobierno de Trump las pretende utilizar para asfixiar la Revolución incrementar sus agresiones y finalmente derrocar a su gobierno? No han aprendido nada de la historia y de la capacidad del pueblo cubano para vencerlos.

21
Noviembre

Durante la guerra revolucionaria de 1952 a 1959, la tiranía de Batista dispuso de amplio apoyo del gobierno de Estados Unidos que contaba con consejeros militares en cada rama de las fuerzas armadas y la policía de Cuba. La base militar de Guantánamo fue suministrador de combustible y municiones para los aviones del dictador, que bombardeaban indiscriminadamente las áreas rurales y los poblados indefensos.

Poco después del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959, la Administración estadounidense de Dwight Eisenhower comenzó a fomentar acciones de subversión contra Cuba negada a admitir el advenimiento al poder en Cuba de un gobierno sin la venia de Washington. A fines del primer mes del primer año, la CIA empezó a introducir saboteadores en Cuba, una práctica que se repitió durante mucho tiempo.

El 6 de julio de 1960, el gobierno de Estados Unidos suspendió la cuota azucarera asignada a las exportaciones de Cuba y la isla respondió con la nacionalización de los centrales azucareros que eran de propiedad norteamericana. Seguidamente, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos recomendó al Presidente que autorizara una invasión de la isla.

El 15 de abril de 1961, cuando la fuerza invasora estaba en camino hacia Cuba, varios aeropuertos cubanos fueron atacados por bombarderos procedentes de Estados Unidos y al día siguiente Fidel Castro anunció al mundo el carácter socialista de la Revolución cubana.

Horas después, una fuerza interventora de 1,500 mercenarios reclutados, armados y dirigidos por la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos), desembarcó en Cuba por la Bahía de Cochinos, integrada por una tropa de policías torturadores y pistoleros paramilitares de la tiranía batistiana y otros exilados contrarrevolucionarios radicados principalmente en Miami.

La invasión de la Bahía de Cochinos constituyó un humillante fracaso para Estados Unidos porque fue derrotada en tan sólo 72 horas.

Ciertamente, los defensores sufrieron más bajas que los invasores derrotados, éstos últimos mejor equipados y entrenados pero sin los recursos morales necesarios para el enfrentamiento.

Los prisioneros fueron devueltos a Estados Unidos a cambio de alimentos para los niños cubanos. Ni un solo prisionero fue asesinado, torturado o vio menoscabado sus derechos humanos, como confirmación de fidelidad de la Revolución cubana a principios éticos que ya la habían caracterizado durante la etapa de la lucha insurreccional y en la guerrillera.

Doce sucesivos gobiernos estadounidenses, desde entonces, han intentado acabar con a la Revolución cubana por todos los medios a su disposición. Sólo han excluido la agresión militar directa de las fuerzas armadas regulares de Estados Unidos.

Durante los primeros años de la Revolución, varios presidentes norteamericanos comprometieron la seguridad de EEUU reclutando servicios del crimen organizado para acciones contra Cuba.

Con acciones terroristas de Estado, Washington ha provocado la muerte de 3,500 cubanos y dejado imborrables huellas físicas o mentales en al menos otras dos mil 500 personas más.

Los actos terroristas han incluido la explosión de un avión de pasajeros en pleno vuelo en el que perecieron sus 73 pasajeros; el asesinato de diplomáticos cubanos en varios países, incluyendo las Naciones Unidas en Nueva York; la explosión de bombas en fábricas, hoteles y objetivos económicos; el hundimiento en aguas internacionales y jurisdiccionales cubanas de buques con banderas de varias naciones; acciones de guerra bacteriológica, y repetidos atentados (más de 600) contra la vida de Fidel Castro.

El bloqueo económico, que se ha ejecutado contra Cuba durante más de medio siglo, eufemísticamente llamado “embargo” en los medios estadounidenses, ha tenido para Cuba un costo, en casi seis décadas, de 822,280 millones de dólares estadounidenses, tomando en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional. Sólo de abril 2016 a junio de 2017, ha causado a la isla pérdidas por 4 305,4 millones de dólares, según el informe que Cuba presentó a la Asamblea General de las Naciones Unidas el primer día de noviembre en curso.

A fin de justificar una agresión militar directa, los estrategas estadounidenses han recurrido a los más diabólicos esquemas dirigidos a proporcionar pretextos para una invasión que sólo han sido revelados muchos años más tarde, al ser desclasificados documentos de sus servicios secretos.

Comoquiera que quienes manipulan y controlan los medios de prensa a escala global responden a idénticos intereses que los diseñadores de las políticas y estrategias que generan esas engañosas acciones oficiales estadounidenses, la opinión pública mundial debería considerarlas a la luz de estas revelaciones sobre manipulaciones y pretextos como los del reciente supuesto ataque sónico contra funcionarios de la Embajada de EEUU en La Habana.

21
Noviembre

Una mirada al mapa mundial aterroriza. Nunca falta una nueva desgracia para hacer más dramática la vida de miles de millones de seres en el planeta. A las condiciones de inseguridad en que vivimos ante el riesgo de que alguien apriete un botón que dé lugar al “invierno nuclear”; es decir, un proceso inmediato de glaciación que conduciría a la desaparición en pocos días de la flora, la fauna y los seres humanos; se agrega la amenaza de una nueva crisis financiera global.

Bill Blain, un estratega de la consultora Mint Partners, opina que serán los mercados de bonos los que desencadenen el caos. Josse Roussel, profesor de la Escuela de Negocios de París, coincide en que la deuda corporativa -que es el motor del mundo financiero- provocará la crisis. Para Philippe Béchade, un analista galo, el escenario es crítico pues existen varias “burbujas especulativas”; además más dinero en circulación; mientras los bancos continúan fomentando la emisión de préstamos. La idea general es que una crisis en el mercado de acciones tendrá repercusión mundial.

A fines de agosto, Russia Today alertó que la crisis tendrá su epicentro en Wall Street; cuando el mundo no se ha recuperado de los estragos de la anterior. El desenfreno bursátil, según la fuente, estaría determinado fundamentalmente por la falta de control sobre las empresas tecnológicas.

La actual situación descubre la falacia de Donald Trump de que no compartiría la mesa con la bolsa de Nueva York, cuando hoy está disfrutando la euforia especulativa ante el avance de la economía del país, a costa de cualquier perjuicio venidero. En septiembre de 2015, arremetió contra los “amos y señores del capital financiero”; para luego festejar el auge bursátil; estimular lo que tanto criticó; y otorgar facilidades de crédito a los bancos para que continúen con sus apuestas en el casino bursátil. Hay que destacar que las empresas que cotizan en Wall Street son sus poderosas aliadas.

Resulta evidente que la economía global no está protegida para un golpe de esa naturaleza; y al parecer los bancos centrales de los países industrializados no estarían en condiciones de enfrentar una crisis de tal envergadura, debido al enorme endeudamiento de Estados Unidos, que le impediría salir al rescate de sus socios. Pero recordemos las crisis cíclicas del capitalismo y su capacidad para recomponer sus estructuras: por “regeneración espontánea”.

¿Quiénes serán los más perjudicados cuando el 1% de la población acumula las riquezas del 99% restante? De alguna forma los ejecutivos de las grandes compañías encontrarán las vías para escapar de la bancarrota e incluso beneficiarse de la crisis.

Mientras, crecerán los dos tercios de la humanidad que hoy padece hambre; se elevará el 45% de los niños menores de cinco años que mueren anualmente (3.1millones) y el 30% de los que padece de retraso en el crecimiento en los países en desarrollo.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) calcula que se necesitan más de 3 mil millones de dólares por año para aliviar el hambre a los 66 millones de niños en edad escolar.

Sin embargo, sólo con el 1.6% del incremento del gasto militar de Estados Unidos para el 2018 (no el total del presupuesto aprobado) se garantizaría este objetivo. Otro tanto podría hacer China, Rusia, Arabia Saudita o la Unión Europea; pero el tema escapa a otras prioridades.