Al día

30
Noviembre

El presidente Donald Trump aseguró que no permitiría que Pyongyang lograra la culminación de un programa nuclear que amenazara la seguridad del territorio estadounidense. Pero el nuevo lanzamiento de un misil norcoreano que, según el gobierno de Kim Jong-un podría alcanzar la capital de Estados Unidos, tensa la situación en la región y el mundo.

¿Qué es de esperar? ¿Lanzará el Pentágono un ataque punitivo contra la nación asiática? De ser así, creo que Washington no convocaría, junto a otros países, a una reunión de la ONU. Este miércoles el Consejo de Seguridad se reunirá para dictar nuevas sanciones contra Corea del Norte y continuar la escalada; aunque la decisión por parte de Estados Unidos de desatar un infierno atómico tiene sus muros de contención.

El general de la Fuerza Aérea John Hyten, jefe del Comando Estratégico de Estados Unidos (STRATCOM, en sus siglas en inglés), máximo comandante nuclear del país, declaró recientemente que podría resistirse a ejecutar un mandato de Trump si éste le ordenara un lanzamiento “ilegal” de armas nucleares.

En tal caso, dijo, le recomendaría una combinación de opciones. Quizá sean éstas las acciones que esté analizando el Pentágono ante el provocativo reto norcoreano. En estos momentos, el Congreso estaría considerando los poderes nucleares del Presidente, ante la creciente preocupación de que provoque un infierno atómico.

Pero, ¿quién controlaría a Kim Jong-Un?

Beijing manifestó su “profunda preocupación” por el lanzamiento del proyectil; pero poco antes había enviado aviones de combate a una de las islas en disputa en el Mar Meridional de China, como una nueva advertencia de que no quiere el menor “retozo” en lo que considera áreas de su soberanía.

Las maniobras de diferentes bloques militares en regiones ricas en recursos naturales y de una privilegiada ubicación geográfica, enrarecen la posibilidad de avanzar hacia un clima de paz global.

La posibilidad de un holocausto nuclear no es nueva. Por eso, los hechos deben ser analizados a la luz de los tiempos: la aparición de nuevos protagonistas en la correlación de fuerzas; y la formación de alianzas económicas y militares, insospechadas décadas atrás. Se trata de un nuevo reparto del mundo, que requiere también de nuevas interpretaciones.

Por ejemplo, la región Asia-Pacífico, encabezada por China, amenaza con arrebatar, en un futuro no muy lejano, la supremacía de la que disfrutaron durante siglos las potencias tradicionales. Informes del Banco Mundial proyectan que esta región, integrada en su mayoría por naciones en vías de desarrollo y emergentes, crecerá 5% en el 2017 y 5.1% en el 2018.

Si nos sustraemos a esa u otras realidades perderemos la brújula y la ruta en el camino. Debemos ajustar nuestros presupuestos socioeconómicos e ideológicos -a mediano y largo plazos-, en lo posible y aconsejable, a novedosas modalidades de intercambio que favorezcan la transferencia de tecnologías de punta, e inversiones; acelerar las reformas que permitan el desarrollo de las fuerzas productivas; entre otras medidas; sin temer el reto que representan los objetivos globales de los modernos imperios militares o financieros… porque éstos no van a cambiar.

29
Noviembre

El 29 de noviembre de 1947, la ONU aprobó una de las resoluciones más ominosas que se tenga memoria de este ente internacional: la antipalestina Resolución 181.

 

El 29 de noviembre del año 1947, la naciente Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en Nueva York, con 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, aprobó la Resolución N° 181. 

Una resolución cuyos 70 años se conmemoran en el marco de una fuerte ofensiva sionista por impedir la autodeterminación del pueblo palestino. Una conmemoración que nos obliga a recordar, que unos meses antes de esta fecha infausta, el Reino Unido, aliada del sionismo y pronta a terminar su mandato en Palestina sometió a consideración de la Asamblea General de las Naciones Unidas la llamada “cuestión Palestina” - constatando con ello que ese territorio pertenecía a un pueblo que tenía ese nombre – Dicha acción tuvo su inicio en el primer período extraordinario de sesiones de la Asamblea General, celebrada en el mes de abril del año 1947.

 

Victimismo y compensación inclinan la balanza

 

Para tal fin, se constituyó una Comisión Especial para Palestina (UNSCOP) conformada por 11 miembros: Canadá, Checoeslovaquia, Guatemala, Holanda, Perú, Suecia y Uruguay, que  recomendaron la creación de dos Estados separados, uno árabe y uno judío, con Jerusalén bajo administración internacional. Australia se abstuvo y la India, Irán y Yugoeslavia aprobaron la creación de un único Estado que incluyera ambos pueblos. Sin duda, en aquel tiempo, primaba un clima político  internacional occidental donde el sentimiento de culpa ante la pasividad que se tuvo ante el nacionalsocialismo y los crímenes contra los judíos, inclinó la balanza hacia la división en dos Estados con un estatuto internacional especial para la ciudad de Al-Quds (Jerusalén).

La decisión de esta Comisión, mostró el peso del lobby sionista,  que ya había comenzaba a operar en Estados Unidos, El Reino Unido y Francia, principalmente. Como también pudo comprobar la influencia,  que el crónico victimismo sionista tendría a partir de esa fecha, operando con una política de chantaje basado en “su sufrimiento”, particular y excluyente, como si otros pueblos no tuvieran el mismo derecho a exigir un trato especial. Los aliados del sionismo se entregaron por entero  a la tarea de hacer realidad la infausta Declaración Balfour, para dotar así de un hogar a colonos judíos, a costa de los derechos de la población palestina en los territorios, que el mito teológico tenía destinado al autodenominado “pueblo elegido”.

La determinación de la dirigencia sionista – concepto que uso y aconsejo usar ampliamente y que tanto molesta a los defensores de esta ideología criminal – fue el de avanzar en el pisoteo de los derechos del pueblo palestino, que tenía como marco el “compensar” al sionismo por la suerte corrida por millones de judíos a manos del régimen nacionalsocialista en la Segunda Guerra Mundial. Idea que no tiene en cuenta el enorme sufrimiento de otros millones de seres humanos: soviéticos, gitanos, enfermos mentales, prisioneros aliados, como también alemanes opositores a Hitler. Se comenzaba a tejer así lo que los propios judíos más críticos del sionismo denominan el síndrome del “dispara y llora” que tantos réditos económicos, militares y territoriales le ha concedido al régimen israelí desde su instauración el año 1948.

Para el analista Jonathan Cook, este extraño discurso “sólo se puede descifrar si comprendemos los dos temas, aparentemente contradictorios, que han acabado dominando el paisaje emocional de Israel. El primero es la creencia visceral de que Israel existe para realizar el poder judío; y el segundo es el sentimiento igualmente fuerte de que Israel encarna la experiencia colectiva del pueblo judío como víctima eterna de la historia. A los propios israelíes no les pasa completamente desapercibido este paradójico estado mental, y a veces se refieren a él como “el síndrome de dispara y llora”.

En su segundo período ordinario de sesiones, la Asamblea General y tras dos meses de deliberaciones aprobó la resolución 181 (II) con 29 de noviembre de 1947, en ella se aprobó con muy escasas modificaciones el plan de Partición con la Unión Económica propuesto por la mayoría de los miembros de la Comisión Especial para Palestina. En este Plan de Partición, adjunto a la Resolución N° 181 se establecía:

 

1 - El término del mandato británico sobre Palestina.

2 - La retirada gradual de las fuerzas militares británicas en la zona.

3 - El establecimiento de límites fronterizos entre los futuros Estados y con Al-Quds como zona especial.

 

En lo específico la Resolución N° 181 consignaba la creación de un Estado Palestino y un Estado Judío, teniendo como fecha probable de dicha instalación el 1 de octubre del año 1948. La idea era dividir a Palestina en ocho partes: tres para el hipotético Estado Palestino y tres para el judío. La séptima parte establecía la creación de un enclave palestino – la ciudad de Jaffa – en el territorio judío asignado por la ONU. Y, la octava parte - Al-Quds – estaría administrada por un Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas. De los 13 votos en contra de una ONU conformada en ese entonces por 53 naciones, los diez estados árabes, unánimemente, votaron en contra.

Esta oprobiosa solución jurídica internacional  suponía la resolución de un conflicto, que había llegado a un punto de difícil solución vista la presencia y llegada incesante de colonos sionistas a territorio palestino, que contaban con la complicidad y el apoyo político, económico y militar  de Estados Unidos y El Reino Unido. La expiación occidental,  no sólo iba por la dirección de buscar soluciones a las pretensiones sionistas a costa del pueblo palestino, sino que representaba una decisión vergonzosa y criminal de expolio a un pueblo,  para  apoyar la idea de la instalación de un “hogar nacional judío” bajo criterios absurdos  y claramente desequilibrados.

Efectivamente la partición propugnada por la ONU entregaba a manos judías el 54% del territorio más rico de Palestina en recursos naturales y acuíferos, contando  sólo con el 33% de la población  - 600 mil colonos llegados de Europa en las operaciones de  la Aliá implementadas por el sionismo – dejando el 46% restante a 1.300.000 palestinos que constituían el 67% de la población y que poseían, hasta ese momento, el 94,2 % de las tierras. Más de 400 aldeas palestinas quedaban dentro de los límites que se quería otorgar al sionismo, las mejores tierras cultivables y que el día de hoy constituyen la Palestina histórica.

Una asimetría, una injusticia y un proceder que marcaría de allí en adelante la instalación de uno de los regímenes segregacionistas más criminales de la historia. Una entidad, que  a contrapelo de sus propios sufrimientos comenzaría a implementar un sistema de apartheid y una forma de colonialismo brutal, racista, basado en el crimen y en el despojo que lo ha hecho un símil del nacionalsocialismo, cuya víctima principal ha sido el pueblo palestino. Cruel paradoja de la historia el terminar convertido en un clon de sus victimarios un nacionalsionismo.

El mencionado cuerpo legal de la ONU  generó el marco jurídico internacional aprovechado por un régimen reaccionario, colonialista, y racista. Un sionismo que había dado muestras más que suficientes de su conducta criminal con relación al pueblo palestino, mediante su política explicitada públicamente de “judaizar y desarabizar” Palestina. El sionista de origen polaco David ben Gurion señalaba el año 1937 “Debemos expulsar a los palestinos y tomar sus lugares” y el año 1948 previo a la instalación de la entidad sionista sostenía “Debemos utilizar el terror, el asesinato, la intimidación, la confiscación y el corte de todos los servicios sociales para deshacernos de la población palestina”.

Por su parte, para el fundador de la extremista Legión Judía durante la Primera Guerra Mundial, el ruso Zeev Jabotinsky afirmaba “No hay alternativa, los palestinos deben ceder la tierra para los judíos. Ningún autóctono abandona su tierra por voluntad propia, por lo tanto debemos utilizar la fuerza, expulsar a los palestinos”. Para el Alemán Shlomo Lahat, miembro del movimiento terrorista judío Hagan  y quien llegó a ser general de Israel “Nosotros debemos matar a los palestinos, a menos que ellos acepten vivir como esclavos” A confesión de parte relevo de pruebas.

 

Una resolución con bases falsas

 

La Resolución N° 181 pretendía dar, supuestamente,  término al conflicto suscitado por la política de colonización, que bajo el marco protector de la corona británica y la infausta Declaración Balfour de noviembre del año 1917 había comenzado a desarrollarse en Palestina y que a partir del derrumbe del imperio otomano había quedado bajo el denominado mandato británico, concretando los Acuerdos Syket-Picot.

La disposición legal de la ONU, que a todas luces pasaba por alto los derechos del pueblo palestino, otorgaba tierras a colonos judíos europeo y concedía un marco legal espurio a la primera fragmentación de Palestina,  que tras el término del mandato británico en la zona – en mayo del año 1948  -  declararía una independencia artificial. Y menciono este concepto de espurio, de adulteración pues ¿de qué podría independizarse el sionismo si ocupaba una tierra que no le pertenecía? Una tierra habitada por millones de seres humanos, que constataron con asombro la complicidad criminal entre colonos, la ONU y países occidentales, que avalaron este acto criminal con consecuencias que afectan al pueblo palestino y al región de Oriente Medio hasta el día de hoy.

Los palestinos en particular y los pueblos árabes en general, en forma unánime rechazaron la Resolución N° 181, con justa razón, frente al atropello y  robo señalando la necesidad de cambiar dicha decisión, so pena de generar una situación de tensión y posible conflicto en la zona. El argumento era claro y concreto: la resolución N° 181 infringía “las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, en cuya virtud se reconocía el derecho de los pueblos a decidir sobre su propio destino. A este respecto, dijeron que la Asamblea había hecho suyo el Plan en circunstancias indignas de las Naciones Unidas y que los árabes de Palestina se opondrían a cualquier plan de división, segregación o partición de su país o en el que se concediesen derechos y estatutos especiales y preferenciales a una minoría”.

Los sionistas aceptaron la Resolución 181 –con ciertos reparos en función de sostener que “merecían mucho más de lo que se les otorgaba” –. El día 14 de mayo, un día antes del término del Mandato británico en Palestina, Londres retiró sus tropas de Palestina permitiendo que el ente sionista proclamara la creación de un Estado tan artificial como criminal en el territorio concedido en el plan de partición de noviembre del año 1947. Dicha declaración desató, lógicamente, las hostilidades de los Estados árabes que se oponían a la instalación de una entidad Sionista en el seno del mundo árabe.

La Guerra de 1948, sustentada en la superioridad militar israelí, dotada de armas modernas, aviación, artillería y blindados cedidos por las potencias occidentales, con un ejército bien entrenado por el Ejército británico durante el Mandato de Palestina,  en función del trabajo político y militar con sus organizaciones extremistas como la Haganá, Irgún y Lehi;  derrotaron a las mal armadas y aún inexpertas fuerzas árabes. Recordemos que más de 30 mil judíos asentados en Palestina sirvieron en las fuerzas armadas británicas durante la Segunda Guerra Mundial.

Ya el año 1941, mientras cientos de miles de judíos eran masacrados sin resistencia en Europa,  las fuerzas británicas junto a miembros de los grupos extremistas judíos en Palestina fundaron  la denominada Plugot Májatz -. Compañías de ataque, dedicada al entrenamiento intensivo de comandos con formación también en liderazgo político y militar y que serviría de sustento, para la conformación del ejército sionista que enfrentó a los pueblos árabes el año 1948. Ninguno de esos efectivos participó en actividad bélica alguna que permitiera detener la matanza de sus hermanos a manos del nacionalsocialismo y que eran llevados al matadero como corderos al sacrificio. Simplemente, las fuerzas extremistas sionistas en Oriente Medio se entrenaron para masacrar al pueblo palestino. Parte de esta comedia del “Dispara y llora”.

Efectivamente, tras la declaración del nacimiento de la entidad sionista en mayo del año 1948, mediante el expolio y la masacre de la población palestina, el sionismo logró apoderarse del 80% del territorio y expulsar a 800 mil palestinos en lo que se denomina la Nakba –la catástrofe– Los festejos sionistas se trasladaron a los pasillos de Washington, París y Londres, que consolidaban así una punta de lanza para su proyectos imperialistas. Ya contaban con una herramienta política y militar que ha sido su aliado fundamental hasta el día de hoy en los afanes hegemónicos de la Guerra Fría, como del mundo surgido del derrumbe del campo socialista. Y, para esos fines, la Resolución N° 181 de noviembre del año 1947 sirvió como base jurídica para la vergüenza y la infamia. La ONU debe una reparación histórica y reconocer  que la Resolución N° 181 representa un hecho vergonzoso e infame en la historia de esta organización internacional, ya que  la limpieza étnica de Palestina se catalizó tras adoptarse el ominoso plan de partición.

 

Lea Declaración de Cuba ante la ONU (año 1947)

 

 

 

27
Noviembre

Algunos años atrás, luego de los atentados contra las torres del Centro Mundial de Comercio en Nueva York en el año 2001, el gobierno estadounidense lanzó el Acta Patriótica.

El Acta Patriótica fue inicio de lo que en ese momento la administración Bush llamó “guerra total contra el terrorismo”. Así se pusieron en marcha: 1) las llamadas guerras preventivas, y 2) el control –anticonstitucional– de su propia población.

En nombre de la “defensa de la patria” se pisoteó la soberanía de todos los países del mundo, pasando por encima de la Organización de Naciones Unidas, comenzándose una serie de invasiones a países supuestamente “focos de terroristas” (en realidad: grandes reservas de petróleo, gas, agua dulce, biodiversidad o minerales estratégicos). Y en lo interno, con una política de corte fascista, se conculcaron derechos históricos de la población estadounidense, haciendo de cada ciudadano un posible objeto de espionaje sujeto eternamente a control.

En esa lógica, convirtiendo a la humanidad completa en “sospechosa”, se desarrolló la iniciativa TIA: Total Information Awareness (traducida como “Conocimiento Total de la Información”), también conocida como Terrorism Information Awareness (Conocimiento de la Información sobre el Terrorismo). El programa formó parte de la Ley de Seguridad Nacional y, tras su creación en enero de 2003, fue gestionado por la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA). Para ello la DARPA inició la adjudicación de contratos para el diseño y desarrollo de los componentes del sistema TIA en agosto del 2002, por medio de empresas contratistas. Al hacerse público el proyecto, muchas organizaciones de derechos humanos y defensa del ciudadano alzaron la voz, protestando ante esa grosera intromisión del Estado en la privacidad de cada estadounidense. Ello trajo como consecuencia que el Congreso se viera forzado a detener el programa, dejándolo de financiar. Pero poco tiempo más tarde, hacia el 2006, diversas filtraciones a la prensa informaron que el software desarrollado se había desplazado a otras agencias de espionaje, en particular la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). En otros términos, aunque no exista el proyecto TIA, sus elementos fundamentales sí son utilizados a diario por las agencias federales de control.

Años atrás todo esto parecía una idea de ciencia-ficción de un drama orwelliano; hoy día ese panóptico universal es una realidad: sistemas de control absoluto de la población planetaria. Ese control tiene dos vías: por un lado, las empresas disponen de toda la información necesaria para afinar sus estrategias de mercadeo (¿qué le gusta a cada persona?, ¿qué necesita?, ¿cuáles son sus debilidades?, ¿qué compra habitualmente?, ¿qué ofrecerle?). Por otro, las agencias gubernamentales de espionaje pueden examinar todos los datos de la vida de cada ciudadano, estableciendo el grado de “peligrosidad” que representa para el sistema.

El engendro surgido con la administración Bush se concreta con otro nombre, pero con similares objetivos. El mismo complementa –y supera con creces– la Red Echelon (compleja trama de espionaje mantenida igualmente por los Estados Unidos y algunos de sus socios, consistente en un tejido de antenas, estaciones de escucha, radares y satélites, apoyados por submarinos y aviones espía, unidos todos a través de bases terrestres, y cuyo objetivo es controlar todo tipo de comunicaciones mundiales, entre las que se encuentran correos electrónicos, envíos de fax, comunicaciones por cable, por satélite, transmisiones radiales, conversaciones telefónicas).

El dispositivo en cuestión permite a Washington mantener un espionaje total, continuo y avasallador no sólo de las comunicaciones –parte medular de lo que desea controlar, y que de hecho ya está haciendo– sino también de las transacciones financieras, los registros de vuelo, las declaraciones de impuestos, la venta de paquetes accionarios, los movimientos de tarjetas de crédito, los archivos médicos de la población mundial. En definitiva: una forma de control absoluto de cada ser humano sobre la faz del planeta; control que se ejerce no sólo sobre sus comunicaciones sino –esto es lo aterradoramente novedoso que comenzó a desarrollarse con TIA– sobre sus características biométricas (el tramado del iris, las huellas dactilares, la voz), todo lo cual permite un monumental banco de datos universales que posibilita a los agentes de inteligencia buscar y hallar por satélite a una persona en cualquier lugar del mundo y con una velocidad pasmosa.

Rápidamente explicado, estos sistemas del que TIA fue el precursor –desarrollado en ese entonces por el Comando de Inteligencia Naval de los Estados Unidos– consisten en una combinación de tecnologías de punta del campo de la informática (entre las que se cuenta una monumental base de datos que permite almacenar información personal de los 7.500 millones de habitantes actuales del planeta, incluyendo videos, fotos y parámetros biométricos de cada ingresado al programa), con la capacidad de localización por satélite e identificación de seres humanos a distancia por medio de las características biométricas almacenadas.

Apoyan y complementan la iniciativa un traductor universal, que puede convertir instantáneamente en texto una grabación de voz, capaz de intervenir conversaciones telefónicas en cualquier parte del mundo, así como un sistema para “interpretar” las relaciones entre distintos sucesos aislados o que, aparentemente no tienen conexión. Éste detecta patrones comunes en la actividad de diversas personas, grupos, empresas, movimientos financieros, viajes, compras; es decir: cualquier movimiento que se quiera investigar.

Las explosivas declaraciones que hiciera tiempo atrás el ex espía estadounidense Edward Snowden (¿arrepentido?) permiten ver que los programas diseñados hace más de una década en la administración Bush, hoy día son una realidad, no importando qué partido gobierne en la Casa Blanca. Según aseguró el ahora ex agente, el programa de la NSA no se limita a la recolección de datos sobre la inteligencia extranjera, sino que también actúa sobre todas las comunicaciones que transitan dentro de Estados Unidos. En ese sentido, el programa PRISM es la más brillante creación del espionaje de Washington. Todos, absolutamente todos estamos controlados, vigilados, espiados.

El centro de operaciones principal para la vigilancia digital está en el Estado de Utah, cerca de la pequeña ciudad de Bluffdale, en el condado de Salt Lake. En un artículo publicado por James Bradford en el Wired Magazine en marzo de 2012 se reveló que la obra, de 2.000 millones de dólares de costo, funciona como mega-almacén de información digital de la Agencia de Seguridad Nacional. El centro cuenta con la capacidad más grande concebida para almacenar datos de vigilancia electrónica de todas partes del mundo: la unidad de capacidad para guardar esa información se mide en cientos de exabytes (cada uno equivalente a más de mil millones de gigabytes). El centro de espionaje utiliza la energía eléctrica de la pequeña ciudad vecina para tener los servidores en marcha y millones de litros de agua para mantenerlos frescos. Alrededor del perímetro de la construcción una serie de sensores de detección de intrusos brinda la seguridad necesaria para trabajar tranquilos, apoyados por guardias armados. La NSA no lo niega; por el contrario, llamándolo Centro de Datos de la Comunidad de Seguridad Cibernética Iniciativa Nacional Integral, afirma que ayuda a proteger las redes civiles de los ataques cibernéticos. Sin embargo, esto no es competencia de la Agencia de Seguridad Nacional. De hecho, en su investigación Bradford afirma que el centro se utiliza para albergar una increíble cantidad de datos interceptados, tomados dentro y fuera de los Estados Unidos. En ello, las llamadas redes sociales (Facebook, Twitter) son pieza especialmente importante.

Con las revelaciones de Edward Snowden, el tamaño y la monumental capacidad del centro de datos de Utah toman sentido. Los documentos filtrados por el ex agente detallan, entre otras cosas, un programa integral denominado PRISM, que absorbe grandes cantidades de información personal de las empresas de telecomunicaciones y de internet como Google, Apple y Verizon, combinándolos en una base de datos única. Snowden afirmó, en una entrevista con el diario británico The Guardian, que la base de datos PRISM permite vigilar y espiar a quienquiera en cualquier parte del mundo. La privacidad personal desaparece así: todos somos sospechosos potenciales, todos estamos observados. El panóptico ya no es algo de ciencia ficción: está aquí, vigilándonos.

Pareciera, entonces, que no hay nada que hacer. ¡Pero no es así! Por más controles que se pongan, la injusticia lleva a la reacción, a la acción revolucionaria transformadora. ¡Y las injusticias no han terminado! Por tanto, la acción revolucionaria sigue siendo válida.

24
Noviembre

En pleno siglo XXI, cuando las grandes potencias se disputan, acá y allá, espacios geopolíticos para el emplazamiento de nuevas y sofisticadas armas de destrucción masiva, en medio de un arrebato retórico de constantes amenazas que ponen en riesgo cada día la seguridad internacional: un submundo ignominioso se descubre ante nuestros ojos: millones de seres sobreviven en un régimen de esclavitud.

¿Cuántos mueren en ese calvario? ¿Tantos como en las guerras de Siria, Irak, o Yemen? Es doloroso saber que 152 millones de niños son víctimas de trabajo infantil, según datos aportados por el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Ryder. Mientras más de 8,500 murieron diariamente por desnutrición severa en el 2015.

Según un estudio publicado en octubre por la OIT, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la fundación “Walk Free”, el 60% de quienes integran este ejército oneroso provienen de etnias que han sido subyugadas, de segmentos poblacionales empobrecidos y excluidos; atrapados en la trama de matrimonios forzados, la vetusta servidumbre por deudas, la prostitución, y la captación para el mercenarismo terrorista; que, por demás, vienen a sumarse a la explotación centenaria, multifacética y hegemónica del capitalismo.

Se estima que el tráfico de personas constituye la tercera mayor industria criminal del planeta, con ingresos que ascienden a 150 mil millones de dólares al año; el primer lugar lo ocupa el tráfico de drogas y el segundo el de armas, según datos de la ONU.

Pero, la preocupación de las elites financieras está inmersa en estudios que les permita ajustar el sistema capitalista a los retos de nuevas tecnologías y otras formas de acelerado desarrollo: ¿cómo lograr que sea más dúctil, más edulcorado?

En un artículo de Peter S. Goodman publicado el miércoles en el diario The New York Times, el autor aborda los esfuerzos para aplacar el populismo, consciente de que los salarios no financian las necesidades básicas de los trabajadores; ante el temor, pienso, de evitar mayores y peligrosas revueltas antisistema.

La solución, según apunta, podría estar en lo que llaman el ingreso básico universal…que sustituya al salario. Varios experimentos se realizan en diversos países, entre ellos: Canadá, Estados Unidos, España y Holanda; para conocer qué pasa cuando se entregan subsidios en efectivo, sin condiciones, a personas que ya perciben alguna forma de apoyo gubernamental. El Fondo Monetario Internacional (FMI) considera la idea como un bálsamo para la desigualdad económica; debe ser al menos para mitigarla.

Si bien para el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, la gente quiere trabajar y no apoyos financieros; los conservadores creen que regalar dinero “libre de obligaciones” hará que crezca la tentación por el subsidio. De aplicarse la propuesta en Estados Unidos, los gastos ascenderían a tres mil millones de dólares al año, casi ocho veces más de lo que invierte en programas sociales.

Aunque en un mundo de abundancia, pero muy mal repartido, 20 millones de personas pueden morir de hambre este año; el gasto militar se incrementará a niveles insospechados; y el pragmatismo oficiará el réquiem de la polémica iniciativa.