Al día

26
Octubre

En lo oscurito

 

El presidente Donald Trump bloqueó la publicación de cientos de registros sobre el asesinato de John F. Kennedy, cediendo a las peticiones del FBI y la CIA de mantenerlos en secreto, mientras que los Archivos Nacionales publicados el jueves por la noche fueron 2.891 documentos.

El público tendrá acceso a miles de archivos secretos del gobierno relacionados al asesinato del presidente John F. Kennedy, pero cientos de otros documentos seguirán ocultos por ahora.

El gobierno estaba obligado a revelar el jueves el último lote de archivos sobre el asesinato de Kennedy, ocurrido en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Pero el presidente Donald Trump postergó la publicación de algunos de ellos.

 

300 documentos no se daran a conocer

 

El gobierno de EE.UU. publicará 2.891 registros en The National Archives este jueves, en un esfuerzo por cumplir con una ley de 1992 que ordena la publicación de los documentos, pero mantendrá secretos otros 300, por motivos de seguridad nacional, aplicación de la ley y relaciones exteriores, según altos funcionarios del gobierno.

La decisión de Trump de mantener en secreto algunos documentos probablemente mantendrá vivas las teorías de conspiración, alimentando a quienes desde hace mucho tiempo cuestionaron las conclusiones oficiales sobre el asesinato y argumentan que el gobierno ha ayudado a encubrir la verdad.

"No hay razón para que permanezca oculto", dijo el presidente del Comité Judicial del Senado, Chuck Grassley, republicano por Iowa, a principios de este mes. "Tiempo de dejar que el pueblo estadounidense y los historiadores saquen sus propias conclusiones".

El asesor político del presidente, Roger Stone, un ávido teórico de la conspiración sobre el asesinato de JFK, también le pidió en privado a Trump que permita la publicación completa de los documentos.

A pesar de disponer de meses para prepararse para las publicación de los documentos que estaba programada desde hace 25 años, Trump tomó su decisión tras un debate de último momento con las agencias de inteligencia, un forcejeo que el presidente prolongó al pedir aún más revisiones.

Gran parte del jueves pasó sin noticias de la Casa Blanca o de los Archivos Nacionales, lo que ponía en duda la manera en que el gobierno cumpliría con una ley que exige que los registros fuesen publicados antes que termine el día, a menos que Trump hubiera sido persuadido por las agencias de inteligencia para mantener algunos en secreto.

Funcionarios de la Casa Banca dijeron que el FBI y la CIA hicieron la mayoría de las peticiones dentro del gobierno para retener parte de la información.

25
Octubre

Si el gobierno federal cumple este jueves una promesa hecha hace 25 años y libera 30,000 documentos secretos sobre el asesinato de Kennedy, los resultados pudieran parecer un poco como un directorio telefónico de Miami de 1963.

Los archivos, en su mayoría de la CIA y el FBI, tienen miles de documentos sobre personas y organizaciones del sur de la Florida que participaron en esfuerzos por derrocar al gobierno comunista de Fidel Castro en Cuba a principios de los años 1960, cuando esa era prácticamente la principal industria de Miami.

Bajo una ley aprobada en 1992, los documentos –que supuestamente son el último grupo de archivos clasificados del gobierno sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy– deben abrirse al público no más tarde del jueves, a menos de que el presidente Donald Trump intervenga para bloquear el proceso.

Trump tuiteó la semana pasada que aprobaría la desclasificación. Pero el Presidente creó cierto espacio de maniobra al agregar que su promesa estaba “sujeta a recibir más información”.

Eso fue una referencia al fuerte cabildeo de la CIA y el FBI por mantener secretos al menos algunos de los documentos, un esfuerzo que todavía se mantiene. “[El director de la CIA] Mike Pompeo está tratando por todos los medios de que no se publiquen”, dijo Roger Stone, aliado político de Trump desde hace mucho tiempo.

Stone también se ha dedicado a investigar el asesinato de Kennedy –en su libro del 2013 The Man Who Killed Kennedy [El hombre que mató a Kennedy] alegó que el presidente Lyndon Johnson estuvo detrás del crimen– y dijo que habló con el presidente hace una semana para alentarlo a que permitiera la liberación de los documentos.

Stone está convencido de que lo hará. Pero es imposible saber si alguno de los archivos sobre el sur de la Florida están entre los que la CIA y el FBI no quieren dar a conocer. Algunos de los investigadores del asesinato de Kennedy han dicho al Miami Herald que probablemente sí lo están.

“La CIA no está tratando de mantener estas cosas ocultas porque en los archivos hay una confesión escrita sobre el asesinato de Kennedy”, dijo Gerald Posner, de Miami Beach y autor del libro Case Closed [Caso cerrado], que alega con fuerza que el asesinato no fue el resultado de una confabulación. “Tratan de ocultarlo porque hay cosas que son embarazosas. Algo que pudiera ser embarazoso son algunas de las actividades de estos grupos anticastristas cercanos a la CIA”.

Un vistazo al Archivo Nacional, donde se guardan los documentos, revela que muchos de esos grupos, sus miembros y aliados, están vinculados con archivos clasificados. Mediante una herramienta de búsqueda digital que el Archivo tiene para controlar exactamente los documentos que posee, el Herald localizó casi 3,000 archivos vinculados con varios grupos y figuras anticastristas, aunque el contenido de esos documentos todavía es secreto:

▪ Entre el mayor grupo de documentos –más de 1,600 páginas– hay algunos sobre los exiliados cubanos anticastristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, quienes vivieron en la zona de Miami al principio de los años 1960. (Bosch falleció en el 2011 y se cree que Posada Carriles todavía vive aquí).

Los dos participaron en violentos ataques contra objetivos vinculados con el régimen de Castro, incluido, supuestamente, el atentado contra un avión de Cubana de Aviación en que perecieron las 77 personas que iban en el aparato. Bosch y Posada Carriles negaron su participación y nunca han sido declarados culpables. Bosch se especializó en atentados con explosivos contra sedes diplomáticas cubanas y Posada Carriles en intentos de asesinar a Fidel Castro. Su último intento conocido, en Panamá, ocurrió en el 2000. Allí fue declarado culpable y luego lo perdonaron.

▪ Los condenados por los robos en el complejo Watergate, Virgilio González, Bernard Barker, James McCord, Eugenio Martínez y Frank Sturgis, junto con su antiguo jefe en la CIA, Howard Hunt, están mencionados en un grupo de 764 páginas de archivos. Todos esos hombres participaron en ataques de militantes anticastristas y todos vivieron en Miami en diferentes momentos a partir de los años 1960. Hunt, Barker y Sturgis ya fallecieron. Los otros viven en el sur de la Florida.

▪ Más de mil páginas de documentos clasificados mencionan a Manuel Artime, quien ayudó a planear la invasión de Bahía de Cochinos, respaldada por la CIA, en 1961 y fue capturado en Cuba. El gobierno federal pagó su liberación y se le vio junto al presidente Kennedy durante un enorme mitin de recibimiento a los capturados en la invasión y quienes después fueron liberados. Artime, quien vivía en Miami, dedicó los años siguientes a planear ataques armados contra Cuba. Falleció en 1977.

▪ Ricardo Morales, mejor conocido como el Mono Morales, se movía en el entorno conspirativo y de narcotráfico de Miami a principios de los años 1980, está mencionado en 172 páginas de documentos. Morales, un ex oficial de inteligencia cubano que desertó en en 1960, estuvo varios años bajo contrato de la CIA como oficial paramilitar, librando guerras secretas en África, entre otros lugares. Posteriormente se dedicó a combatir a Castro por su cuenta –Morales también fue acusado, aunque nunca lo declararon culpable, de participar en el atentado al avión de Cubana – y después al narcotráfico. Lo mataron a tiros en una pelea en un bar de Key Biscayne en 1982.

▪ Tony Cuesta, quien perdió una mano y un ojo durante una operación militar contra Cuba en 1966 realizada por su grupo anticastrista miamense Comandos L, pero siguió organizando ataques contra la isla hasta que murió en 1992, está mencionado en 48 páginas. Otros dos grupos anticastristas de Miami, Alpha 66 y el Directorio Revolucionario Estudiantil, figuran en 112 páginas.

Tanto Cuba como exiliados anticastristas en Miami siempre han estado cerca del centro de un amplio abanico de teorías sobre quién mató a Kennedy. El motivo de los exiliados, supuestamente, fue su furia por la falta de ayuda militar estadounidense durante la invasión de Bahía de Cochinos, particularmente la decisión a última hora de Kennedy de no autorizar el apoyo aéreo estadounidense.

El supuesto motivo de Castro es más directo: saber que el gobierno de Kennedy estaba tratando de asesinarlo con armas exóticas suministradas por la CIA, como un caracol explosivo y un traje de buceo envenenado. El dictador cubano incluso había hecho una amenaza no muy velada a un reportero estadounidense en La Habana: “Los líderes norteamericanos deben pensar que si están cooperando con los planes terroristas para eliminar a líderes cubanos, ellos mismos no estarán seguros”.

Para agregar intriga al ángulo cubano, Lee Harvey Oswald –el descontento marxista texano que disparó contra Kennedy, según la muy disputada investigación oficial realizada después por la Comisión Warren– visitó las embajadas de Cuba y de la Unión Soviética en la Ciudad de México seis semanas antes del asesinato en busca de visas para visitar los dos países.

El periodista-historiador Jefferson Morley opina que los documentos que deben darse a conocer esta semana pueden arrojar más luz sobre lo que Oswald planeaba, y más importante en su opinión, lo que la CIA sabía sobre él.

El nuevo libro de Morley, The Ghost: The Secret Life of CIA Spymaster James Jesus Angleton, ofrece evidencias de que Angleton –uno de los espías más poderosos pero a la vez más crípticos en la historia de la inteligencia estadounidense– sabía que Oswald estaba en México y seguía de cerca sus actividades.

Morley señala que 151 páginas de testimonio que Angleton hizo en secreto en 1975 a una comisión del Senado federal que investigaba las actividades de la CIA está entre los documentos que deben desclasificarse. Morley piensa que eso puede incluir material sobre la visita de Oswald a México.

“Angleton estuvo interesado en Oswald desde el principio y lo usó para propósitos de inteligencia”, dijo Morley al Herald. “A partir de estos archivos, pudiéramos conocer mucho más sobre esos propósitos”.

 

Caitlin Ostroff, redactora del Miami Herald, contribuyó a este reportaje.

24
Octubre

La respuesta del gobierno de EU a la crisis económica y humanitaria del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, demuestra que ni es libre ni asociado; y que ni la estatidad ni la autonomía son opciones para la isla. Sólo la autodeterminación e independencia, según establece la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU, brindará al pueblo puertorriqueño la oportunidad de construir su futuro como nación caribeña.

En mayo pasado el gobernador colonial de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, declaró la isla en “quiebra”, con el fin de reestructurar la multimillonaria deuda externa de 72 mil millones de dólares, que sumada a los déficits del sistema de salud y los planes de pensión superan los 164 mil millones de dólares.

Un informe publicado por el ReFund America Project, detalla la forma en que Wall Street incentivó, promovió y facilitó, que el gobierno puertorriqueño tomara dinero prestado con ganancias astronómicas para los bancos. La isla caribeña ha estado en recesión económica desde hace una década, con una tasa de desempleo superior al 12%, obligando un desplazamiento de la población hacia EU calculada en 350 mil personas en los últimos 10 años, éxodo ahora incrementado por el azote del huracán María.

En junio de 2016, el presidente, Barack Obama, firmó la Ley para la Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico, PROMESA, (por sus siglas en inglés), con el propósito de reestructurar la extraordinaria deuda bajo supervisión de EU. La ley detuvo las demandas judiciales mientras se estuviera negociando con los acreedores y posibilita un procedimiento de quiebra, con limitaciones, a discreción del juez a cargo del proceso legal. Cuando Juan R. Torruellas, juez federal del Tribunal de Apelaciones para el Primer Circuito en Boston a cargo del territorio de Puerto Rico, conoció la ley PROMESA declaró: “PROMESA representa el acto más denigrante, antidemocrático y colonial que se haya visto, además de ser un golpe de Estado a la democracia en Puerto Rico”.

Durante su campaña electoral, Trump prometió que no “rescataría” a Puerto Rico de su crisis económica. Mick Mulvaney, director de presupuesto, dijo que la Casa Blanca presionó fuertemente para asegurar que ningún dinero federal se destinara a pagar las deudas de la isla en el último acuerdo del Congreso.

En medio de la impagable deuda y la creciente crisis política y social, un huracán con vientos de 250 kms por hora azotó Puerto Rico devastando la isla. El desastre recibió una humillante y discriminatoria respuesta por parte del presidente Trump. El huracán, el más fuerte en casi un siglo, dejó decenas de muertos, 250 mil casas destruidas y daños por unos 85 mil millones de dólares. Un mes después de la catástrofe, más del 80% de red eléctrica sigue sin funcionar, el 28% de la población carece de agua potable, el 40% no accede a una señal de teléfono celular y la mitad de los hospitales están sin electricidad.

El pasado 20 de octubre, el gobernador Rosselló fue recibido en la Casa Blanca por el presidente Trump. En genuflexo acto, Rosselló elogió la “ayuda” de Trump y agradeció la oportunidad de reunirse con él, para trazar “el compromiso de tratar a los orgullosos ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico”. (…) “Que nos traten igual que a los ciudadanos en Texas, en Florida y en otras partes”, imploró Rosselló a Trump.

Con la gigantesca deuda externa, Puerto Rico exhibe su fracaso económico como colonia “democrática”. Con su incontinencia racial, el presidente Trump trae a la superficie la aberrante condición de súbdito del puertorriqueño. Ambas realidades contribuyen a disipar el espejismo del “sueño americano”, que desde hace medio siglo obnubila la conciencia nacional de la mayoría del pueblo puertorriqueño.

24
Octubre

Por la muerte de 4 soldados el ciudadano común estadounidense se entera sobre la presencia de tropas de su país en esa nación africana / Trump obliga al Jefe del Estado Mayor Conjunto a “dar la cara” ante la creciente ola de críticas / ¿Por qué el Presidente de EE.UU. tardó 12 días en hablar de la mortal emboscada que segó la vida de cuatro jóvenes militares?

 

WASHINGTON, EE.UU., 23 de octubre (EFE/AFP/AP/CNN/REUTERS).- El Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Joseph Dunford, defendió hoy la importancia estratégica de la presencia de tropas estadounidenses en Níger, a pesar de los cuatro jóvenes soldados fallecidos a principios de octubre en una emboscada.

”Con una huella relativamente pequeña estamos pudiendo trabajar en colaboración con nuestros aliados locales en la lucha contra grupos terroristas”, señaló Dunford durante una rueda de prensa celebrada en el Pentágono.

Dunford dijo que igualmente cinco soldados nigerinos murieron y otros dos estadounidenses resultaron heridos en la emboscada.

Los 12 estadounidenses y 30 nigerinos en la misión fueron atacados por unos 50 combatientes que Dunford describió como locales asociados al grupo yihadista Estado Islámico (EI). Una investigación está en curso, señaló.

El General recalcó la importancia de la misión de las Fuerzas Especiales en África, cuyo objetivo “en la mayor parte” del continente es la de capacitación y asistencia de las Fuerzas Armadas locales.

”Nuestro objetivo es capacitar a las fuerzas locales para que ellas mismas puedan hacer frente al enemigo”, apuntó Dunford, quien resaltó que, frente a los miles de soldados que luchan contra el yihadismo en países como Afganistán, apenas 800 miembros del Ejército estadounidense son necesarios en Níger.

Dunford informó de que en estos momentos se está llevando a cabo una investigación sobre el terreno para determinar qué sucedió el pasado 3 de octubre cuando, cerca de la frontera con Mali, una docena de boinas verdes que acompañaban a 30 soldados nigerinos fueron emboscadas por un grupo afín a Al Qaeda.

El militar reconoció que, pese a que la misión en Níger no contempla acciones de combate directo, existe esa posibilidad, ya que se trata de una región en la que existe un “peligro inherente” debido a la presencia de grupo terroristas como el Estado Islámico, Al Qaeda o Boko Haram.

El jefe militar agregó que EEUU tiene desplegados unos 6,000 soldados en 53 países de África.

Dunford señaló que las fuerzas estadounidenses han estado en Níger de forma intermitente por más de dos décadas.

Los soldados estadounidenses seguirán asistiendo a las fuerzas locales en Níger a pesar de la muerte de cuatro soldados estadounidenses, afirmó el alto oficial.

“Nuestra intención es continuar con las operaciones”, declaró Dunford, al aportar nuevos detalles sobre el ataque del 4 de octubre presuntamente perpetrado por yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

 

Estadounidenses merecen respuestas

El máximo general de Estados Unidos dijo que los estadounidenses, incluidas las familias de los soldados que fallecieron en Níger, merecen respuestas sobre la emboscada mortal.

Dunford dijo que los cuatro efectivos de las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos murieron el 4 de octubre durante una “situación complicada” y un “tiroteo difícil”.

El general reconoció que aún quedan muchas preguntas por responder sobre lo sucedido cerca de la frontera de Malí con Níger.

Entre los asuntos sin resolver están si los soldados estadounidenses tenían el equipo necesario para su operativo, o si hubo alguna falla en la planeación y por qué tomó tanto tiempo recuperar uno de los cuerpos.

 

Preguntan a Trump

¿Por qué Trump tardó 12 días en hablar de la emboscada en la que murieron cuatro militares en Níger?

El gobierno de Estados Unidos está buscando respuestas a la forma en la que murieron cuatro militares en Níger y la reacción del presidente Donald Trump a los hechos.

Una investigación abierta por el Departamento de Defensa busca explicaciones a cómo 50 miembros de ISIS lograron emboscar a 12 hombres en un campamento liderado por ‘boinas verdes’ (Green Berets) y por qué carecían del apoyo necesario para repeler el ataque.

El secretario general de la Casa Blanca, John Kelly salió el jueves a defender la manera en que el presidente ha manejado lo sucedido.

Kelly, un general retirado de cuatro estrellas de la Marina y que perdió a su hijo en Afganistán en 2010, sorprendió a todos con sus declaraciones en la sala de prensa de la Casa Blanca.

Kelly fue muy claro al respaldar las palabras de Trump cuando dijo que “las esposas de los militares sabían a qué se enfrentaban” cuando sus esposos se alistaron. A pesar de las palabras del Kelly, el largo silencio del presidente después del ataque ha generado muchas dudas.

Trump, que se ha caracterizado por ser muy activo en Twitter, no comentó nada acerca de la emboscada militar más importante desde que inició su presidencia. Por el contrario, dejó que los miembros de su gabinete respondieran a los hechos.

Sin embargo, sí utilizó sus redes sociales para comentar sobre la NFL, sus colegas republicanos y los medios de comunicación. Y justo el día en que el cuerpo del Sargento La David T. Johnson fue repatriado a Estados Unidos, Trump estaba jugando golf.

Desde que se confirmó la muerte de los cuatro soldados estadounidenses en Níger el 4 de octubre, Trump participó en diferentes actividades. Pero no fue hasta el 16 de octubre que habló públicamente del tema, cuando Sara Murray de CNN le preguntó sobre los hechos. “Me sentí muy mal, siempre me siento muy mal por eso. Las llamadas más difíciles que tengo que hacer son cuando mueren los soldados”, respondió Trump.

 

Viuda confirma relato

La viuda de uno de los soldados caídos en Níger confirmó hoy que el presidente Donald Trump le dijo por teléfono que su marido “sabía en lo que se había metido”, con lo que corroboró la versión de esa polémica llamada ofrecida por la congresista demócrata Frederica Wilson.

Wilson, que estaba junto a la familia del sargento caído durante esa llamada, aseguró la semana pasada que el presidente había dicho que el boina verde “sabía en lo que se había metido, aunque aún así duele”.

Esas palabras le han valido al mandatario numerosas críticas por su aparente falta de sensibilidad ante el dolor de la esposa de un militar muerto en combate.

Según Myeshia Johnson, la conversación con Trump la hizo “llorar”, por el “tono” de la voz del presidente y lo que dijo sobre el fallecido.

 

Níger, el nuevo Bengasi de EE.UU.

El valor de los muertos depende de su utilidad política. Mientras los republicanos callan, una parte de la oposición demócrata quiere usar el ataque en Níger para abrir un frente de batalla político. Es la venganza por Bengasi, donde el Congreso no logró culpar a nadie, pero sí crear una teoría conspiratoria muy eficaz para movilizar a su base.

Entre los que están usando el fantasma de Bengasi en Níger destaca la representante demócrata Federica Wilson, que se ha enfrascado en una dura controversia con la Casa Blanca al divulgar el contenido de la llamada de Donald Trump a Myesha Johnson, la esposa de uno de los cuatro muertos, a la que el presidente le dijo que su esposo “sabía lo que había firmado” al alistarse.

Wilson, que estaba ayer en la primera fila del funeral de La David Johnson, el marido de Myesha, en las afueras de Miami, ha dicho que “las circunstancias son similares”. Es decir, tanto en Níger como en Bengasi, con Trump y con Obama, el Gobierno desestimó los riesgos de la operación.

Otros han acusado a la Casa Blanca y al Pentágono de obstruccionismo. El senador republicano y presidente del Comité de Servicios Armados de esa cámara, John McCain, ha amenazado con emplear “todo, todo, todo” lo que la ley le permita para investigar las cuatro muertes. Eso incluye llamar a declarar ante el Senado a altos cargos del Gobierno de Trump, algo que el Ejecutivo quiere evitar a cualquier precio.

El FBI ya está investigando la emboscada del 2 de octubre, en lo que, para unos, no es más que una acción rutinaria cuando estadounidenses mueren de forma violenta en el extranjero y, para otros, una señal de que hubo negligencia, irresponsabilidad u ocultamiento de evidencia por el Gobierno o las Fuerzas Armadas.

Lo que pasó en Níger es objeto de polémica por muchas razones. La primera es la política de comunicación de la Casa Blanca, que tardó en informar del incidente la friolera de 12 días, algo totalmente inusual en EEUU. En segundo término, está el factor puramente militar, que parece apuntar a una posible chapuza cuando doce Boinas Verdes estadounidenses y 30 soldados nigerinos llegaron el día 4 al pueblo de Togo Togo, de unos 1,000 habitantes y situado en una ruta de abastecimiento del Estado Islámico y de Al Qaeda.

Los servicios de espionaje ni se enteraron de que a los estadounidenses y sus aliados les esperaban decenas de integristas con una docena de ‘technicals’ -furgonetas de caja abierta con ametralladoras antiaéreas- y otras tantas motos. Encima, los Boinas Verdes y los soldados de Níger no tenían apoyo aéreo, algo casi irónico, porque EEUU tiene en Níger una base aérea desde la que opera drones (aviones sin piloto) que atacan a grupos integristas en todo el Sahara, y está construyendo otra.

Así que los estadounidenses y nigerinos tuvieron que llamar en su socorro a la Fuerza Aérea francesa, que envió desde la capital de Níger, Niamey, dos cazabombarderos Mirage 2000, que tardaron media hora en llegar.

El desastre militar acaba ahí. Lo siguiente es el desastre psicológico. Las Fuerzas Armadas estadounidenses no retiraron a sus muertos del campo de batalla, sino que dejaron esa tarea a la empresa texana de aviones chárter Berry Aviation. Los empleados de Berry, encima, se dejaron un muerto, La David Johnson, que fue descubierto dos días después por soldados de Níger. Todo esto es importante en EEUU, donde se asume que nunca jamás se puede dejar a un compañero, vivo o muerto, en el campo de batalla.

“Salvar al soldado Ryan” es algo más que una película de Steven Spielberg: es un reflejo de cómo piensan los estadounidenses. Y en Níger. El cadáver de Johnson quedó abandonado.

Y luego está la política. En Níger, los estadounidenses han trabajado en cooperación con las Fuerzas Armadas de Chad. Pero éstas fueron retiradas a principios de este mes cuando el Gobierno de Donald Trump puso a los ciudadanos de ese país dentro de su nuevo veto inmigratorio (que ha sido paralizado, una vez más, por la Justicia). En teoría, la retirada de los chadianos no debería de haber tenido ninguna influencia en la emboscada, porque éstos operaban a cientos de kilómetros de Togo Togo.

Pero el enfriamiento en las relaciones entre los dos países por la política inmigratoria de Trump añade más controversia. Todo esto recuerda a Bengasi, donde el embajador de EEUU en Libia, una diplomática, y dos mercenarios que trabajaban para la CIA murieron en dos ataques en 11 de septiembre de 2012 contra el consulado estadounidense y una base del espionaje de EEUU en esa ciudad.

Entonces, como ahora, el Gobierno de Obama no reaccionó y no envió tropas de apoyo. El equipo del entonces presidente no ocultó el incidente durante 12 días, pero sí mintió sobre su motivación y acerca de los detalles. Los republicanos usaron Bengasi con fines políticos, hasta el punto de torpedear el nombramiento de Susan Rice, una de las colaboradoras más estrechas de Barack Obama, como secretaria de Estado, cuando quedó claro que había mentido sobre el ataque, que se produjo cuando ella ocupaba el cargo de directora de Seguridad Nacional. Ahora, algunos demócratas quieren seguir la misma estrategia. (Tomado de El Mundo)