Al día

31
Diciembre

A la desfavorable situación económica derivada de la disminución de la demanda de materias primas, productos semielaborados, alimentos, principalmente soya, trigo, carnes, piensos y otros, debido a la crisis económica y al desempeño de la economía china, la caída de los precios del petróleo, las devaluaciones monetarias y la reducción de la inversión extranjera, entre otros problemas de esa índole; se sumaron importantes fenómenos políticos negativos.

El año que concluye puede marcar o no el fin de un ciclo, pero lo cierto es que el avance de las fuerzas progresistas y de la izquierda no solo fue frenado, sino en algunos casos revertido. Así ocurrió en Argentina y Brasil, y en los desfavorables resultados electorales de Venezuela y Bolivia.

En Venezuela el éxito electoral permitió a la oposición obtener mayoría en la Asamblea Nacional, y de ese modo apoderarse del poder legislativo, iniciando una etapa de inestabilidad política y conflictividad social que favorece las acciones nacionales y extranjeras contra el gobierno bolivariano. En Bolivia el revés sufrido por el presidente Evo Morales en el referéndum del pasado 21 de febrero, en principio, impide su postulación para una nueva reelección.

En Brasil y Argentina, dos de los países económica y políticamente más influyentes de Sudamérica y pilares del proceso de integración en la región, a la derecha no le ha bastado con desplazar del poder a los gobiernos populares, sino que ha desplegado una intensa persecución política, judicial y mediática contra los líderes de esos movimientos, en particular los expresidentes, Lula, Dilma Rousseff y Cristina Fernández, a quienes amenazan con juzgar y presumiblemente enviar a la cárcel.

En estos y otros países los eventos políticos negativos para la izquierda han traído como consecuencia graves costos sociales para las mayorías, expresados en la cancelación de políticas sociales destinadas a proteger o beneficiar a los sectores más desfavorecidos y vulnerables, el incremento del desempleo y el encarecimiento del costo de la vida.

Las únicas buenas noticias han sido la victoria electoral del sandinismo, que logró frenar la tendencia a la derechización, y también los acuerdos de paz en Colombia.

Para México, segunda economía latinoamericana, las cosas no han marchado bien. Las reformas aplicadas por el presidente Enrique Peña Nieto no han resultado exitosas en prácticamente ninguna esfera, y son particularmente rechazadas en los ámbitos económicos, energético, y educativo y, hasta donde se puede apreciar, la lucha contra la violencia y la delincuencia parece una batalla perdida.

A los desfavorables resultados económicos y políticos y las perspectivas desalentadoras para 2017, se suma la incertidumbre para todo el continente, especialmente para México, Venezuela y Cuba, por la elección de Donald Trump, cuya administración presagia, como mínimo, nuevas tensiones.

No obstante los malos augurios, es preciso conservar la esperanza, luchar y confiar en que la Providencia asistirá a los más necesitados y vulnerables. En cualquier caso, el advenimiento de un nuevo año es un momento propicio para entonar alabanzas.

Mientras redactaba estas notas, Abdón, amigo, hombre de fe, conocedor de las escrituras y la doctrina, y profundamente optimista, me recordó un pasaje del evangelio de San Lucas, que refiere el momento cuando en la remota Belén vino al mundo el niño Jesús, una frágil e indefensa criatura, expuesta a todos los peligros pero saludada por un coro celestial.

Entonces se escuchó un cántico que, por toda la eternidad, acompaña a la humanidad: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres…” Bienvenidos sean los tiempos nuevos para, otra vez, luchar y vivir en ellos.

 

(Solavaya) Expresión de origen gitano que llegó con los españoles a América. Es una palabra a la que se atribuyen poderes intrínsecos para alejar malos espíritus, prevenir desgracias, y contrarrestar “mal de ojos”. En algunos lugares se nombra “Sola vaya” a una especie de fiebres.

31
Diciembre

El presidente electo Donald Trump, aún sin poner un pie en el Despacho Oval, tropieza con un conflicto de alto voltaje: las futuras relaciones con Rusia.

Al que se podrían sumar otros relevantes contenciosos como el relativo a la resolución de la ONU que sanciona como ilegales los asentamientos israelíes en territorios árabes ocupados. Trump, en su ebriedad triunfalista, pidió al primer ministro hebreo, Benjamín Netanyahu, que espere a que él jure la presidencia de Estados Unidos, con la apuesta de que podría cambiar la política de Washington hacia temas vitales en Medio Oriente.

Las recientes sanciones de este jueves dictadas por Barack Obama contra el Kremlin por su presunta intromisión en la contienda electoral estadounidense para beneficiar al magnate inmobiliario trae una cola como la del cometa Halley.

Aunque desde los inicios de la lucha por la Casa Blanca, Obama repitió que Trump no estaba preparado para ocupar la presidencia; sin embargo, en un gesto ético e inteligente, al parecer conciliador, llamó a sus aliados de Europa y a gobiernos de otras regiones, a apoyar al nuevo gobernante en el desempeño de sus alta responsabilidad.

Pero la corriente se encontraba bajo la superficie. Al modificar este jueves una orden ejecutiva emitida en abril de 2015 después del ataque contra la empresa Sony por parte de supuestos hackers de Corea del Norte, Obama amplió la potestad para congelar bienes y emitir prohibiciones de viaje contra ejecutivos e instituciones rusas por la presunta intervención de Moscú en la contienda de noviembre.

Sin adelantar otras medidas que serán tomadas a su tiempo, según afirmó, Obama ordenó la expulsión de 35 funcionarios rusos. El diario The Washington Post calificó la decisión como “la más profunda de Estados Unidos a las actividades rusas desde el final de la Guerra Fría”. Mientras el entorno de Trump afirmó que Obama estaba poniendo en peligro la transferencia pacífica del poder presidencial. Algo así como una sutil amenaza.

Por supuesto ésta, como otras acciones ejecutivas, podría ser echada al cesto por Trump una vez que asuma la presidencia. Pero no será una panacea, toda vez que no pocos legisladores republicanos apoyan la investigación que concluyeron varias agencias de inteligencia estadounidenses, incluso la CIA y el FBI, sobre la intromisión rusa en las elecciones.

Por su parte, Vladimir Putin dijo que Rusia no se rebajaría a la “diplomacia irresponsable” en una escalada de expulsiones. Sin excluir respuestas adecuadas a la magnitud de las sanciones impuestas. ¿Estará Putin esperando que Trump asuma el cargo para decidir, o no, sobre acciones drásticas?

En un país dividido, sin ganar el voto popular, en un proceso cargado de rencores y odios en el que Trump no escatimó adjetivos a la hora de insultar a enemigos y sacar del carril hacia el Despacho Oval a sus colegas de partido, algunos de forma humillante, y luego de una de las campañas más “sucias” que ha tenido lugar en el paraíso de la democracia, la llama podría acercarse a la dinamita. No es un presagio, sólo una apreciación.

A millones de personas en el mundo nos gustaría repetir la frase preferida de Trump y decirle, antes de tiempo: ¡Estás despedido!

27
Diciembre

¿Qué se puede hacer con Israel?

 

La actitud del gobierno sionista israelí supera todos los límites de un comportamiento impune. No sólo no ha respetado ni cumplido ninguna de las resoluciones  de la ONU a lo largo de los años sino que ahora se atreve, con total impudicia, a levantar la apuesta y amenazar y sancionar a cada uno de los países que votaron en su contra de que se sigan construyendo más viviendas para los colonos en tierra palestina ocupada.

 

¿Qué se puede hacer con Israel?

 

Con un Netaniahu Indignado e histérico porque su amanuense Barak Obama le pasó factura por el maltrato recibido en marzo de 2015, cuando el jefe sionista visitó y habló en el Parlamento estadounidense, el escenario de la prepotencia israelí se ha convertido en un compendio de amenazas a diestra y siniestra. A pesar de que el propio Obama fue uno de los grandes aliados de Israel en todos los aspectos, y sobre todo en el militar. Sólo basta recordar su comportamiento de adhesión indisimulada cuando miles de toneladas de bombas israelíes caían sobre Gaza o cuando usó el poder del veto en el Consejo de Seguridad para no condenar asentamientos ilegales en dos ocasiones distintas.

Muchos habrán de preguntarse: ¿qué se puede hacer con un gobierno como el de la ultraderecha israelí que anuncia suspensión de relaciones con varios países europeos porque le votaron en contra a una propuesta de seguir inundando de agresivos colonos el territorio custodiado por su ejércitos de ocupación? ¿Qué se puede hacer con quienes buscan la guerra de expansión, planteando el etnocidio, y lo hace con la desfachatez de considerar enemigos a la casi totalidad del Consejo de Seguridad, que frente a su impostura nunca procede de la misma manera que lo haría si el gobierno amonestado (solo verbalmente) no fuera el sionista.

Haciendo memoria se verá que toda la oleada de dictámenes de la ONU comenzó  con la resolución 194 del 11 de diciembre de 1948 cuando la Asamblea decidió, a consecuencia de la expulsión forzada de centenares de miles de árabes provocada por la invasión israelí "que hay lugar para permitir a los refugiados que lo deseen, regresar a sus hogares lo más pronto posible y vivir en paz con sus vecinos, y que se deben pagar indemnizaciones a título de compensación por los bienes de aquellos que decidan no regresar a sus hogares y por todos los bienes que hayan sido perdidos o dañado, en virtud de los principios del derecho internacional o en equidad, esta pérdida o este daño debe ser reparado por los gobiernos o autoridades responsables”. La entidad sionista no sólo atendió a esta recomendación sino que continuó expulsando, masacrando y tratando de humillar aún más al pueblo palestino. Eran los tiempos de la Nakba o Catástrofe, como se la conoció a nivel mundial y que dejó las marcas en la piel de hombres, mujeres, niños y niñas palestinas que sufrieron el inicio de un gigantesco genocidio.

Luego, el 22 de noviembre de 1967, llegó otra resolución adoptada por unanimidad en el Consejo de Seguridad, seis meses después de la Guerra de los Seis Dias. La medida exigía "la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio”, que pasaba por “la retirada del ejército israelí de territorios ocupados durante el conflicto” y el “respeto y reconocimiento de la soberanía y la integridad territorial y la independencia política de cada Estado de la región, y su derecho a vivir en paz en el interior de fronteras reconocidas y seguras, al abrigo de amenazas y actos de fuerza”. Esta resolución, permanece en todas las negociaciones posteriores, sentando bases para una paz que jamás llegó en el Oriente Medio: la evacuación de Israel de los territorios ocupados y el reconocimiento por los Estados árabes del derecho de Israel a la paz dentro de unas fronteras estables.

Con su habitual recurso de la victimización Israel no cumplió ninguno de estos puntos, y además, optó por generar lazos de cooptación y complicidad con algunos gobiernos árabes cuyos mandatarios, lejos de apoyar las justas demandas del pueblo palestino (como lo exigían sus propios pueblos) se convirtieron en verdugos y colaboraron con el gobierno sionista comercial y hasta militarmente.

Desde ya que a cada recomendación de la ONU le sucedía otra y otra, que en sus textos eran contundentes, pero que en la práctica, al no ser ninguna de ellas vinculante, quedaban convertidas en papel mojado.

Pero en ese camino de por lo menos dejar en claro ante el mundo que Israel se burla de todo y de todos, vale la pena destacar la Resolucion 3379, dictada en 1975, cuando la Asamblea de la ONU adoptó, por impulso de los países árabes, y con el apoyo del bloque soviético y de los No alineados, una contundente declaración que asociaba al sionismo con el racismo y con el apartheid sudafricano en particular (“la paz y la cooperación internacionales exigen el logro de la liberación nacional y la independencia, la eliminación del colonialismo y del neocolonialismo, de la ocupación extranjera, del sionismo, del apartheid y de la discriminación racial en todas sus formas, así como el reconocimiento de la dignidad de los pueblos y su derecho a la libre determinación”), llamándola a su eliminación, entendiéndola como una forma de discriminación racial. (72 votos a favor, 35 en contra y 32 abstenciones).

Como Netaniahu en el presente, el entonces embajador israelí y futuro Presidente de Israel, Jaim Herzog, montó en cólera y con total desparpajo rompió el documento en pedazos delante de la Asamblea. En 1991 Israel puso la anulación de la resolución 3379 como condición para su participación en la Conferencia de Madrid, lo que llevó a que fuera derogada al aprobarse la resolución 4686 (111 a favor, 25 en contra y 11 abstenciones) del 16 de diciembre de 1991, una de las más cortas de la historia de la Asamblea General de las Naciones Unidas. De rodillas, incluso algunos delegados posando con sus colegas israelíes, fue el final de algo que había comenzado con cierta muestra de dignidad.

Luego, para mayor escarnio, vinieron otra tantas resoluciones no cumplidas, como la 3236 de noviembre de 1974 que reafirmaba el “derecho inalienable de los palestinos a regresar a sus hogares y recuperar sus bienes desde donde quiera que se encuentren desplazados y desarraigados y pide su retorno” y el derecho de la autodeterminación del pueblo palestino”. O la 1322, del 7 de octubre de 2000, aprobada por 14 votos a favor y 1 abstención (Estados Unidos), condenando los actos de violencia, particularmente el recurso al uso excesivo de la fuerza contra los palestinos, que han provocado heridos y la pérdida de vidas humanas”.

Así están las cosas en el damero internacional. Al parecer Israel no entiende razones diplomáticas ni tibios regaños de quienes generalmente son sus aliados. Por eso los amenaza e insulta, pero también por eso mismo desea apurar el tiempo para que asuma el gobierno Donald Trump, quien ya ha confesado su lealtad incondicional al guerrerismo sionista. A los palestinos, frente a este panorama, no les quedará otra que seguir apretando los puños y resistir por todas las vías posibles, confiados que lo que no hagan por ellos mismos nadie en ese contorno de gobiernos agresivos, cómplices o eunucos, habrá de hacerlo.

27
Diciembre

La crisis del Consejo de Seguridad de la ONU con el gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sirvió de pretexto al presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, para presentar credenciales políticas.

El pasado miércoles, Egipto introdujo en el Consejo de Seguridad un proyecto de resolución condenando los asentamientos israelíes en los territorios palestinos, como una violación del derecho internacional y un obstáculo para la aplicación de la solución de dos Estados, exigiendo de “inmediato a Israel el cese de la construcción de asentamientos en Cisjordania”.

Netanyahu reaccionó a la iniciativa egipcia solicitando a EU hacer uso de su poder de veto. Ante la desconfianza hacia el presidente Barack Obama, el primer ministro israelí acudió también a Trump para que intercediera ante Washington. Sin embargo, la dignidad de la Casa Blanca frente a un tema que había estado defendiendo desde que el presidente Obama llegó a la presidencia, se sobrepuso al chantaje de la ultraderecha israelí. Durante su mandato, Obama impulsó la solución de los dos Estados, se opuso a la expansión de las colonias en territorios palestinos e instó a las negociaciones de paz sin resultados.

Ignorando el protocolo que impide intervenir en asuntos de Estado sin haber asumido la presidencia, Trump telefoneó al presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, para presionarlo a retirar la resolución. “La llamada telefónica afectó al proyecto de resolución ante el Consejo de Seguridad de la ONU sobre los asentamientos israelíes”, informó la presidencia egipcia. “Los dos líderes (Trump y Sisi) coincidieron en la importancia de darle a la nueva administración (estadounidense) la oportunidad de tratar de manera exhaustiva todos los aspectos de la causa palestina para lograr un arreglo integral”, agregó el comunicado egipcio, salvando cara frente a la humillante presión del presidente electo. EU facilita a Egipto una ayuda militar anual de 1,300 millones de dólares, la segunda más elevada después de Israel.

Sin embargo, Nueva Zelanda, Venezuela, Malasia y Senegal, miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, presentaron la resolución retirada por Egipto que considera los asentamientos de colonos como “una flagrante violación de la ley internacional y un gran obstáculo para conseguir una solución de dos Estados, así como una paz justa, duradera y completa”, que fue aprobada por 14 votos a favor y la abstención de EU. Especialistas coincidieron en calificar la resolución como “equilibrada”, reiterando una posición que respalda la ONU y toda la comunidad internacional.

Un vocero del gobierno israelí calificó el no ejercer el derecho al veto por la Casa Blanca permitiendo la aprobación de la resolución, como un “abandono” del Estado judío por parte de Washington.

Se calcula que un total de 600 mil colonos se han instalado en la parte oriental de Jerusalén anexionada por el Estado judío desde 1967 y en más de dos centenares de colonias en toda Cisjordania. El gobierno colonial de Israel aplica una política de terrorismo de Estado contra los palestinos, ocupa militarmente el 60% del territorio cisjordano y mantiene un bloqueo terrestre y naval sobre la Franja de Gaza.

Con su insólita intervención ultraderechista en los asuntos de Estado, Trump envía un prematuro mensaje de su poco apego a la ética política y la tendencia ideológica que dominará su futura Administración.