Al día

04
Enero

La decisión del presidente ruso Vladimir Putin de no expulsar a ningún diplomático estadounidense como respuesta simétrica a la expulsión de 35 diplomáticos rusos por parte de la Administración Obama puede calificarse no sólo como un paso extraordinariamente valiente, sino también sabio y digno puesto que reivindica el honor nacional, a la vez que evita caer en provocaciones y trampas poniendo en evidencia las verdaderas intenciones de los actuales gobernantes estadounidenses al respecto.

No hay que ser un especialista en el tema para comprender y observar la sostenida y deliberada política anti rusa y el cerco militar contra ese país, desatado desde el pasado gobierno de Bush hijo y sorprendentemente continuado durante los dos mandatos presidenciales próximos a concluir.

El resurgimiento de Rusia como poderoso e influyente factor internacional desde la llegada del presidente Putin y su equipo -tras la debacle de la URSS y el infame período de Boris Yeltsin- se ha convertido en una píldora muy difícil de digerir para quienes aún aspiran al dominio y hegemonía mundial de Estados Unidos.

El complejo militar-industrial y otros grandes intereses económicos del Imperio parecen empujar al país hacia los tiempos de la llamada “guerra fría”, ignorando los cambios que han tenido lugar en el mundo y dentro de los propios Estados Unidos, como en parte se hizo visible durante la reciente campaña electoral.

Tal parece que la “guerra contra el terrorismo”, donde el papel de Estados Unidos queda todavía en entredicho, y la fobia anti musulmana no son suficientes para mantener a la voraz maquinaria de guerra, que alega tener un papel crucial en la economía.

Al dejarse arrastrar y caer víctima de esas terribles presiones, que bien conoció John F. Kennedy, cualquier inquilino que ocupe la Casa Blanca y no se enfrente a ellas resueltamente se convertirá igualmente en promotor de una política de amenazas, chantaje y guerras que el mundo en general rechaza, incluso aliados a Estados Unidos.

De ahí que no pocos analistas vean en la expulsión masiva de diplomáticos rusos, sin precedentes siquiera en la época de confrontación con la Unión Soviética, como una medida encaminada a degradar las relaciones con Rusia lo más posible, tan sólo 20 días antes del traspaso de mando presidencial.

Por lo pronto, agradezcamos a Putin su ecuánime reacción ante una agresión brutal como la que se ha cometido contra su país, fundamentada en acusaciones absurdas que tampoco han sido probadas.

03
Enero

Todo se presentaba muy complicado, a inicios de 2016, para las autoridades de Caracas. Principalmente por tres razones : 1) la oposición neoliberal había ganado las elecciones legislativas de diciembre 2015 y controlaba la Asamblea Nacional ; 2) los precios del petroleo, principal recurso de Venezuela, habían caído a su nivel más bajo en los últimos decenios ; 3) el presidente estadounidense Barack Obama había firmado una orden ejecutiva en la que declaraba que Venezuela representaba una “inusual y extraordinaria amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos” .

O sea, en tres campos decisivos –el político, el económico y el geopolítico-, la revolución bolivariana parecía estar a la defensiva. Mientras que la contrarevolución, tanto interna como externa, pensaba tener, por fin, el poder en Venezuela al alcance de la mano.

Y todo esto en un contexto de guerra mediática de larga duración contra Caracas que comenzó con la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999 y se intensificó a partir de abril de 2013. Alcanzando unos niveles inauditos de violencia después de la elección del presidente Nicolás Maduro.

Esta atmosfera de agresivo y permanente acoso mediático produce una insidiosa desinformación sobre Venezuela que confunde hasta a muchos amigos de la revolución bolivariana. En particular porque, en esta era de la ‘post-verdad’, la práctica de la mentira, del fraude intelectual y del engaño descarado no es sancionado por ninguna consecuencia negativa, ni en términos de credibilidad, ni de imagen. Todo vale, todo sirve en esta ‘era del relativismo post-factual’, y ni siquiera los hechos o los datos más objetivos son tomados en consideración. Tampoco se acepta el argumento –tan obvio en el caso de Venezuela- del complot, de la conjura, de la conspiración. De antemano, el nuevo discurso mediático dominante denuncia y ridiculiza el « pretendido complotismo » como un inaceptable argumento de una « vieja narrativa » que no es de recibo…

Todo pues, a principios de 2016, aparecía muy cuesta arriba para el presidente de Venezuela. Hasta el punto de que el achacoso opositor neoliberal Henry Ramos Allup, pasablemente embriagado por su mayoría parlamentaria, se permitió asegurar, en enero de 2016, en su primer discurso como presidente de la Asamblea Nacional, que « en un lapso no mayor a seis meses » sacaría del poder a Nicolás Maduro. Inspirándose sin duda en el golpe de estado institucional contra la presidenta Dilma Rousseff en Brasil, y apostando por una victoria en un eventual referendo revocatorio.

Así estaban las cosas cuando el presidente Maduro, en una magistral secuencia de jugadas de ajedrez que nadie vio venir –perfectamente legales según la Constitución-, sorprendió a todo el mundo. Renovó, como era su derecho, a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), órgano superior del poder judicial, cuya Sala Constitucional tiene la última palabra en materia de interpretación de la Constitución.

Saturada de soberbia, la oposición cometió entonces dos errores mayúsculos:

 

1) Decidió ignorar las advertencias del TSJ y sesionar con tres diputados del estado Amazonas cuya elección, en diciembre de 2015, estaba bajo suspensión cautelar por irregularidades. Ante esa afrenta, el TSJ dictaminó obviamente que la incorporación de los tres diputados « no electos regularmente » retiraba toda validez a las decisiones de la Asamblea Nacional. De hecho, el TSJ declaró en desacato (desobediencia) a la Asamblea y determinó que « se considerarán nulas todas sus decisiones ». De tal modo que, por sus propios errores, la Asamblea no solo no consiguó legislar, ni controlar al gobierno, sino que, como lo reconocen prestigiosos especialistas en derecho constitucional, se anuló a si misma, dilapidó su poder y se autodisolvió . Esta fue la primera gran victoria de Nicolás Maduro en 2016.

 

2) En su obsesivo afán de derrocar al presidente, la oposición antichavista también decidió ignorar los requisitos legales (art. 72 de la Constitución), en términos de etapas imprescindibles y de pasos exigidos por los reglamentos jurídicos, para lanzar un referendo revocatorio en 2016 . Ahí los opositores fracasaron igualmente de manera estrepitosa. Y ello constituyó otra gran victoria de Nicolás Maduro.

Aún así, llegó un momento, hacia marzo-abril de 2016, en que todo se complicó enormemente. Porque, a las embestidas habituales de las fuerzas hostiles a la revolución bolivariana, vinieron a sumarse una impresionante sequía, la segunda más grande desde 1950, y calores extremos causados por el fenómeno El Niño. En Venezuela, el 70% de la energía se genera por hidroelectricidad y la principal central hidroeléctrica depende del embalse Guri. Al reducirse las lluvias, los niveles de este embalse disminuyeron casi al nivel mínimo.

La contrarevolución trató de aprovechar esta circunstancia para multiplicar los sabotajes eléctricos, buscando a crear caos energético, enojo social y protestas. El peligro era mayúsculo porque al problema eléctrico se sumaba, por efectos de la persistente sequía, la falta de agua potable…

Pero el Presidente Maduro actuó de nuevo con celeridad y adoptó medidas drásticas: decidió la sustitución de millones de bombillos incandescentes por ahorradores ; ordenó el reemplazo de los viejos acondicionadores de aire por otros de nueva tecnología ahorradora ; estableció el medio día laboral en la administración pública ; y decretó un plan especial de ahorro nacional del consumo eléctrico y de agua.

Gracias a estas audaces medidas, el Presidente consiguió evitar el colapso energético . Y obtuvo así una de sus más populares victorias del año 2016.

Otro de los problemas importantes (quizás el más grave) que tuvo que enfrentar el Gobierno –consecuencia en parte de la guerra económica contra la revolución bolivariana- es del abastecimiento alimentario. Hay que recordar que antes de 1999, el 65% de los venezolanos vivían en situación de pobreza y que sólo el 35% podía disfrutar de una alta calidad de vida. O sea, de cada diez venezolanos sólo tres consumían regularmente carne, pollo, café, maíz, leche, azucar… Mientras que, en los últimos diecisiete años, el consumo alimentario (gracias a la inversión social masiva de la revolución) se disparó en un 80%.

En sí, este cambio estructural, explica por qué, de pronto, la producción nacional de alimentos, mucho más importante de lo que se cree , resultó insuficiente.

Como la demanda aumentó masivamente, también se disparó la especulación. Y ante una oferta estructuralmente limitada, los precios se elevaron vertiginosamente. Y se expandió el fenómeno del mercado negro o « bachaqueo ». Muchas personas compraban los productos subvencionados por el Gobierno a precios inferiores al del mercado para venderlos a precios superiores al mercado. O los « exportaban » masivamente a los países vecinos (Colombia, Brasil) donde los revendían por el doble o el triple de su precio subvencionado. De tal modo que Venezuela se ‘desangraba’ de sus dólares – cada vez más escasos por el derrumbe de los precios del petroleo- para alimentar a unos ‘vampiros’ que le arrebataban los productos de primera necesidad a los más humildes, a la vez que se enriquecían de manera excepcional. Semejante inmoralidad no podía continuar.

Una vez más, el Presidente Maduro decidió actuar con mano firme. Primero -muy importante- cambió la filosofía de la ayuda social. Y corrijió un error mayúsculo que se llevaba cometiendo en Venezuela desde hacía lustros. Decidió que el Estado, en vez de subvencionar los productos, debía subvencionar a las personas. Para que sólo los pobres, los que realmente lo necesitan, tuvieran acceso a los productos subvencionados por el Gobierno. Para todos los demàs, el producto se vende a su precio justo establecido por el mercado. Lo cual evita la especulación y el bachaqueo.

Y segunda medida decisiva, el Presidente anunció que, a partir de ahora, el Gobierno pondría todo su empeño en cambiar el carácter económico del país para pasar de un ‘modelo rentista’ a un ‘modelo productivo’. A este respecto, el Presidente definió « quince motores » para reanimar la actividad económica tanto del sector privado, como del sector público y de la economía comunal.

Esas dos decisiones esenciales convergen en una original creación imaginada por el Presidente Maduro : los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) que constituyen una nueva forma de organización popular. Hogar por hogar, los representantes de las comunidades organizadas entregan, a precio regulado, bolsas repletas de alimentos. Muchos de estos alimentos son de nueva producción nacional. Los CLAP deberían abastecer, en los próximos meses de 2017, a unas cuatro millones de familias humildes. Garantizando la alimentación del pueblo. Y rubricando así una nueva gran victoria del Presidente Maduro.

Otra victoria no menor este año 2016 tan dificil, la constituye el record obtenido en materia de inversión social que alcanzó el 71,4% del presupuesto del país. Es un record mundial. Ningún otro Estado en el planeta dedica casi las tres cuartas partes de su presupuesto a la inversión social.

En materia de salud, por ejemplo, el número de establecimientos hospitalarios se multiplicó por 3,5 desde 1999. Y la inversión en un nuevo modelo humano de salud pública se multiplicó por diez.

La Misión Barrio Adentro, cuyo objetivo es atender a los enfermos en las areas urbanas más humildes del país, ha realizado casi 800 millones de consultas y salvado la vida de 1.400.000 personas. Las universidades de medicina han formado a 27.000 nuevos médicos. Y otros treinta mil deben obtener su diploma en 2017. Ocho Estados han alcanzado una cobertura de Barrio Adentro 100% en 2016, cuando la meta era de seis.

Otra victoria social fundamental, no mencionada por los grandes medios dominantes, es la alcanzada en materia de adultos mayores que reciben una pensión de jubilación. Antes de la revolución apenas el 19% de los jubilados recibían una pensión, el resto subsistía a menudo en la miseria o a cargo de sus familiares. Este año 2016, el porcentage de personas jubiladas que reciben una pensión (aunque no hayan podido cotizar a la seguridad social durante su vida activa) alcanzó el 90%. Un record en Suramérica.

Otra victoria espectacular –y que tampoco mencionan los grandes medios dominantes- es la conseguida por la Misión Vivienda encargada de construir viviendas sociales, a precio regulado, para las familias venezolanas humildes.

En 2016, esta Misión entregó nada menos que 359.000 viviendas (a título de comparación, un país desarrollado como Francia apenas construyó, en 2015, 109.000 viviendas sociales). A eso hay que añadir las 335.000 viviendas rehabilitadas en el marco de la bonita Misión Barrio Nuevo, Barrio Tricolor. Una Misión particularmente elogiada por el genio de la arquitectura Frank Gehry, autor del Museo Guggenheim de Bilbao y del Museo Louis Vuitton en París, que ha declarado desear involucrarse en ella. De tal modo que estamos hablando de casi 700 000 viviendas sociales entregadas en 2016. Una cifra sin equivalente en el mundo.

Desde que inició su mandato, en 2013, el Presidente Maduro ya ha entregado cerca de un millón y medio de viviendas a familias modestas. Record mundial pasado bajo silencio por todos los medios hostiles a la revolución bolivariana. Y que hasta muchos amigos omiten a veces de mencionar.

Recordemos, para terminar, algunas de las brillantes victorías conseguidas en el ámbito geopólitico. Por ejemplo, haber impedido que la Organización de Estados Americanos (OEA), dominada por Washington, condenase a Caracas como lo pretendía el secretario General de esta organización, Luis Almagro, quien invocaba la Carta Democrática contra Venezuela.

O el éxito de la XVII Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados (MNOAL) realizada en septiembre de 2016 en el Centro de Convenciones Hugo Chávez de la isla Margarita con la presencia de numerosos jefes de Estado y de Gobierno y de representantes de ciento veinte países que aportaron su solidaridad a Venezuela.

En fin, en esta campo, la principal victoria del Presidente Maduro, que efectuó varias giras internacionales con ese objetivo, fue el logro inaudito de un acuerdo entre países OPEP y no-OPEP para la reducción concertada de las exportaciones de petróleo.

Este acuerdo histórico, firmado en noviembre de 2016, frenó de inmediato el deterioro de los precios de los hidrocarburos que se desplomaban desde mediados de 2014 cuando sobrepasaban los cien dólares por barril.

Gracias a esta victoria capital, los precios del petróleo –que estaban en 24 dólares en enero- sobrepasaban los 45 dólares a final de diciembre 2016.

Así pues, en el año más duro y más largo, en el que tantos apostaron por su tropiezo, el Presidente Nicolás Maduro, sorteando todos los escollos, todas las trampas y todas las dificultades, ha demostrado su talla excepcional de hombre de Estado. Y de líder indestructible de la revolución bolivariana.

03
Enero

La respuesta asertiva de Vladimir Putin a la alocada carrera de sanciones a Rusia realizada por Obama en la agonía de su mandato, ha provocado una reacción importante en Estados Unidos pues encuestas realizadas indican que muchos preferirían al gobernante moscovita en la presidencia de este país.

Y es que la actuación política del mandatario saliente en próximos días ha sido una debacle para dicha nación ya que cada paso dado ha significado una derrota importante para este personaje y lo que representa.

Los hechos corroboran esta afirmación:

En Ucrania intentó establecer un gobierno pro occidental a través de un golpe de estado y el asesinato de su presidente legal, logrando exactamente crear una crisis tal que finalizó con el mandato de un empresario débil, amenazador, indeciso, con un territorio dividido en dos (Kiev-Donbás), y con Crimea como parte de Rusia a través de una decisión mayoritaria de su pueblo.

El apoyo al terrorismo yihadista de Daesh y Al Nusra, creados por su iniciativa junto a Hillary Clinton, propició la masacre de más de medio millón de personas en Siria e Irak, fomentando el degollamiento de civiles y soldados, la quema en hoguera de niños y adultos, la violación a mujeres y niñas, la tortura a militares y ancianos, barbarie total provocada gracias a su auspicio. Es decir, el Premio Nobel de la Paz le fue otorgado como un reconocimiento a ser nombrado “El Señor de la Guerra”.

Militarmente perdió gran parte de su poder en Medio Oriente y la Coalición, grupo superior una veintena de países con potencias incluidas (Francia, Alemania, Gran Bretaña, incluidas), no tuvo ningún papel destacado en la guerra contra los takfiríes aunque su éxito fue dado en la masacre de civiles y soldados iraquíes o sirios.

Electoralmente fracasó en el apoyo dado a Clinton, una de las razones definitivas para su perdida, haciendo que Donald Trump, el supuesto payaso débil, le diera una contundente paliza de tal modo que perdió la continuidad de su política guerrerista avadada por Hillary.

Mediáticamente, el intento de culpar a Rusia de la derrota tampoco sirvió pues no pudo aportar ninguna prueba creíble y la mayoría de Medios finalizaron como herramientas al servicio de la propaganda falsa y con mínima credibilidad. El supuesto hackeo fue respondido con una pregunta muy dura: ¿un país experto en montar golpes, espiar a soberanías, derrocar a través del hackeo mismo, manipular cuentas, destruir datos, intervenir sistemas computarizados, ahora se horroriza de lo que ha sido su emblema?

Uno de los fracasos más grandes fue el intento de debilitar a Irán pese al Acuerdo obtenido gracias a la alta diplomacia iraní, soportado en el G5+1, realizando sanciones comerciales, económicas, culturales, políticas, entre otras, con el fin de provocar una crisis interna de la nación persa lo que no pudo lograr. Por el contrario, impulsó a dicho país como un actor principal en la resolución de la paz en Medio Oriente.

Su financiación y soporte a Arabia Saudí contra la nación yemení ha resultado en un fiasco macabro pues ese pueblo se opuso tenazmente, logrando revertir el resultado esperado por USA, sosteniendo una batalla desigual aunque de dignificación nacional, que ha mostrado la debilidad de regímenes monárquicos.

La abstención para la condena a Israel debido a los asentamientos coloniales en Palestina, es un simple instrumento demagógico con el fin de dejar a Donald Trump en una encrucijada, corroborado por la posición republicana exigiendo retirar dicho proyecto aprobado.

Existen muchos hechos más que demuestran el descalabro propiciado a EE.UU. por Obama, sin contar con la crisis infraestructural, social, racial, política, de la nación norteamericana, todo lo que lo convierte en el gran perdedor mundial el año 2016.

Cabe recordar que los principios de la Excepcionalidad, de la Diplomacia Hipócrita, de la culpabilidad sin comprobación, desprecio al contrario, de la autosuficiencia, son fundamentos que complementan dicho revés. Si se une a una personalidad con dinámica negativa para sí mismo y el mismo planeta, inscrito en un discurso incoherente con la realidad, cabe pensar que el destino de su derrota estaba marcado.

Sin embargo, esta misma personalidad puede llevarlo a postular en cuatro años más a dicho cargo si no existen figuras de alto nivel para dicha magistratura.

El mundo hubiera querido un presidente estadounidense pleno de humanidad, consciente de los derechos de los pueblos, con axiomas éticos basados en valores humanos sólidos, con estrategias dirigidas hacia la pacificación de los espíritus, entre aquellas cualidades que hacen de un hombre un ser con sendero y luz propia. Se espera que Donald Trump no cometa los mismos errores y considere al planeta un conjunto de pueblos con derechos soberanos para actuar en Consecuencia. Es lo que desea toda mujer u hombre de Bien Profundo.  

03
Enero

El año 2017 se inicia con gran incertidumbre. Un impredecible presidente electo en EU amenaza con poner patas arriba el legado progresista en política interna y exterior del presidente Barack Obama.

También influyen el peso internacional alcanzado por Rusia en la lucha contra el terrorismo islámico y la solución del conflicto sirio sin la participación de EU. La insólita rebeldía de Israel hacia el Estado Palestino. Inquietud de China por el futuro trato de la diplomacia norteamericana hacia Taiwán. Crisis de la Unión Europea, UE, por la salida del Reino Unido del bloque continental. Incontrolable desarrollo del programa nuclear militar de Corea del Norte. Y avance de la ultraderecha y el neoliberalismo en casi todas las regiones del planeta.

Sin embargo el fiel de la balanza se inclina hacia los primeros 100 días del próximo presidente de EU, Donald Trump. Para el veterano conservador republicano, Henry Kissinger, la presidencia de Trump es una “extraordinaria oportunidad”. En una reciente entrevista, Kissinger, para quien todo es cuestión de equilibrio de poder entre grandes potencias, declaró que cuando conoció la participación de Trump en las primarias republicanas, pensó que “era un fenómeno transitorio”. Después con admiración añadió: “Le doy un enorme crédito por analizar la situación de EU, desarrollar una estrategia, aplicarla contra el liderazgo de su propio partido y prevalecer. Ahora su reto es aplicar esa misma habilidad a la situación internacional”, advirtió Kissinger.

Para muchos especialistas el actual contexto internacional es un enorme reto para el mantenimiento del equilibrio mundial. Kissinger, notorio por su cinismo político, considera que el mundo es hoy más que nunca “hostil y peligroso”. Subrayando el “pragmatismo” de Trump, el polémico ex secretario de Estado insistió en la “necesidad de estabilidad y avance de los intereses nacionales en detrimento de nociones idealistas como la democracia o los derechos humanos”.

Según, Simon Fraser, ex jefe de la diplomacia del Reino Unido, “La era de la post Guerra Fría de la globalización liderada por Occidente, el predominio de EU y el cómodo avance de los valores liberales internacionales ha terminado”.

La visión del ex general, Stanley McChrystal, ex jefe de la OTAN en Afganistán: “Las presiones que estamos viendo el orden internacional que hemos conocido desde el final de la II Guerra Mundial, reflejan una descentralización o atomización del poder en múltiples niveles”. McChrystal considera que “seguridad, finanzas o tecnología”, son nuevos desestabilizadores que representan una amenaza tan grande para el orden establecido, que “es tentador conjurar una visión post apocalíptica de la supervivencia despiadada de los más fuertes”.

El profesor Patrick Porter, de la Universidad de Exeter, expuso su enfoque académico: “Nuestra concepción reciente del orden internacional se basaba en un nivel atípico de dominio estadounidense que nunca iba a ser eterno. Este orden se está deshaciendo desde fuera, a medida que el peso económico se va moviendo del Oeste al Este, lo que hace más difícil que Occidente pueda imponer su voluntad”.

Tanto las opiniones académicas como las militares, confirman una tendencia hacia el desequilibrio internacional y la consiguiente amenaza a la paz, donde surgirán nuevas teorías sobre el orden mundial. En ese escenario los líderes mundiales se verán en el dilema de optar entre el pragmatismo según los intereses nacionales y los valores morales patrimonio de la humanidad.