Al día

01
Abril

¿Es la escalada de la crisis venezolana la primera manifestación de política exterior en América Latina del presidente, Donald Trump? El sumiso papel del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, sugiere una respuesta afirmativa.

La pugna constitucional entre el Estado Bolivariano y la oposición, tras el fallo de “desacato” dictado por el Tribunal Superior Judicial (TSJ) en agosto de 2016 contra la Asamblea Nacional (AN) por la incorporación de tres diputados del Estado de Amazonas que habían sido impugnados acusados de fraude electoral poco después de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, alcanzo inédito nivel de contradicción entre los poderes del Estado.

La reciente sentencia del TSJ advirtiendo: “Mientras persista la situación de desacato e invalidez de las actuaciones de la AN, esta Sala Constitucional garantizará que las competencias parlamentarias sean ejercidas directamente por esta Sala o por el órgano que ella disponga para velar por el Estado de Derecho”, puso fin a la provocativa política opositora para colapsar el gobierno bolivariano.

La sentencia fue la respuesta judicial a un “recurso de interpretación” de la Corporación Venezolana del Petróleo, filial de Petróleos de Venezuela (PDVSA), interpuesto el pasado 28 de marzo, sobre la norma constitucional que atribuye a la AN la formación de empresas mixtas, estando incapacitado para ejercer sus atribuciones constitucionales de control político de la gestión.

Trascendió que el fallo de la TSJ puso fin a los temores de algunas empresas petroleras extranjeras frente a las amenazas de la oposición, de no aprobar en la AN los acuerdos de inversión con el gobierno bolivariano.

Fue por ello que el TSJ, según el artículo 336.7 de la Constitución, declaró la existencia de “omisión inconstitucional parlamentaria” para dictar normas que garanticen el cumplimiento de la Constitución, atribuyendo al gobierno la competencia para la creación de empresas mixtas y, al mismo tiempo, advertir que mientras dure el “desacato” parlamentario las competencias de la AN serán asumidas por la Sala Constitucional.

El diputado opositor Julio Borges, vocero de la oposición, calificó la decisión del TSJ como “golpe de Estado” e hizo un llamado a sus seguidores para movilizarse en las calles en protesta del fallo judicial. Por su parte, el Departamento de Estado de EU difundió un comunicado donde “condena” la decisión del TSJ y pide al gobierno de Venezuela “que permita a la AN democráticamente elegida desempeñar sus funciones, celebrar elecciones lo antes posible e inmediatamente liberar a todos los presos políticos”, coincidiendo con las exigencias de la oposición que se encuentra en franca rebeldía constitucional desde el pasado año.

Trascendió que el secretario general de la OEA, a petición del líder opositor, Henrique Capriles, convocó urgente a un Consejo Permanente con base al artículo 20 de la Carta Interamericana Democrática, para tratar el tema de Venezuela. Anteriormente, Almagro había emitido un comunicado calificando la sentencia del TSJ, como un “auto golpe de Estado” contra la Asamblea Nacional, en flagrante injerencia en los asuntos internos venezolanos.

Con su embestida en el legítimo pulseo constitucional entre el gobierno y la oposición, la OEA regresa a sus orígenes injerencistas, acompañado por el séquito de turno que aprovecha la oportunidad para acumular méritos en sus futuras relaciones con el poderoso millonario del Norte.

01
Abril

Haití, el país más pobre, y El Salvador, la nación más pequeña de América Latina, pusieron muy alto la dignidad latinoamericana en el hemisferio al desmarcarse de la política exterior imperialista de la superpotencia estadounidense esta semana en la Reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) y así contribuyeron a impedir una muy elaborada maniobra intervencionista contra Venezuela.

Recuerdo que hace años, especialmente cuanto Haití sufría la dictadura de Françoise Duvalier y su hijo Jean-Claude (Baby Doc), invariablemente la cancillería haitiana fingía objetar todos los asuntos promovidos por Washington en la ONU o la OEA pero nadie prestaba atención a ello porque se sabía que al final Haití votaría igual que todos los demás siervos estadounidenses de la región, a cambio de una mayor o menor limosna.

Pero ahora los tiempos han cambiado y la fundamentación del voto haitiano ejercido por el Embajador haitiano Harvel Jean-Baptiste, fue excepcionalmente convincente y enérgica:

“El momento es grave y va mucho más allá del tema de Venezuela. Las acciones del secretario general debilitan nuestra organización. Sus acciones no nos tranquilizan en absoluto con respecto a la paz y la estabilidad en la región. Si dejamos que el Secretario General, como lo hace sin reservas, interfiera en los asuntos internos de un país y en detrimento del principio de respeto a la soberanía, pronto Haití y otros países de la región podrán ser, también, víctimas de la misma desviación de la organización.

“....nuestro apoyo a Venezuela es una cuestión de principios. Si permitimos que cuaje la amenaza de golpe de estado maquillado contra el gobierno electo de Venezuela, no podremos evitar que lo mismo ocurra en el futuro contra otros países de las Américas.

“… lo que está sucediendo a la OEA en este mismo momento augura días oscuros para la organización hemisférica y para nuestra región. La convocatoria de una reunión del Consejo Permanente para tratar la situación de un Estado miembro bajo la amenaza de suspensión de dicho Estado, y tratar de forzar elecciones anticipadas contra un presidente democráticamente elegido, nos hace temer la implementación de una agenda que no se corresponde con el espíritu y letra de la carta de la organización”, argumentó el representante del Gobierno de Haití.

Por su parte, el Gobierno de El Salvador expresó oficialmente en la reunión que, a partir de su experiencia como país que mantuvo un largo conflicto armado, que la vía del diálogo debe privilegiarse para encontrar soluciones, preservar la convivencia pacífica y alcanzar un acuerdo de estabilidad democrática en Venezuela. Todo apoyo que podamos brindarle debe ser sobre la base del respeto a su soberanía y a la no intromisión en sus asuntos internos. Ni la OEA ni sus miembros tienen facultades ni derecho a intervenir en los asuntos internos o externos de otro Estado”. Ni la declaración propuesta ni el informe presentado por el Secretario General Almagro cumplen con los reglamentos, ni tienen el consentimiento del Estado en cuestión.

Gedeón Santos Ramos, Representante dominicano ante la OEA, expresó que para que la organización pueda jugar un papel vital en el futuro, es necesario volver la vista con actitud reflexiva y autocrítica al pasado de la propia OEA. “Debemos afrontar con acritud y sin miedo los errores del pasado, para asegurar que nunca jamás se repitan. En 1965 se intentó imponer desde esta institución una solución para una crisis que vivió mi país, lo que constituyó en un grave error que llevó a la OEA a tener que pedir perdón en la pasada Asamblea General. No tentemos más la capacidad de perdonar de nuestros pueblos.

La canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, agradeció a los países que acompañaron a su país en la votación, sus aportes a unos resultados que consideró un hito histórico en la política exterior de Caracas dentro de la organización.

Rodríguez criticó la posición de quienes mantienen una postura intervencionista que es dirigida desde el Departamento de Estado de Estados Unidos, y solicitó de los gobiernos que apoyaron la injerencia que se retracten.

Anunció que Venezuela tomara en cuenta la resolución aprobada en la República Dominicana para continuar la evaluación del accionar del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y que próximamente Venezuela emitirá una nota de protesta contra los países que pretendan acciones injerencistas contra su país.

La ministra agradeció el valor de las naciones que defendieron la dignidad de sus países y la soberanía de Venezuela frente a las brutales acciones desplegadas por Estados Unidos y agradeció al pueblo venezolano por haber salido a batallar en las calles por la soberanía de su patria, al tiempo que reconoció el papel de los movimientos populares progresistas y de izquierda del mundo que expresaron su solidaridad con Venezuela y repudiaron las declaraciones de Almagro.

01
Abril

Una vez más, como ha venido ocurriendo sucesivamente y en medio de las más diversas circunstancias a lo largo de ya casi veinte años, el proceso bolivariano que tiene lugar en Venezuela ha hecho valer su verdad, su dignidad y su independencia, inspirado en el recuerdo y el agradecimiento a su Comandante eterno Hugo Chávez, fiel discípulo y continuador de Simón Bolívar.

En esta ocasión, la conjura buscó como escenario al desprestigiado y desmoralizado Ministerio de Colonias yanqui -la llamada Organización de Estados Americanos (OEA)-, aprovechando la colocación en su secretaría general de un sujeto dispuesto a impulsarla y consolidarla, basada en mentirosos pretextos suministrados por la fracasada y desesperada oposición golpista y una campaña mediática sin precedentes, todo orquestado bajo la batuta del inservible Departamento de Estado de Washington.

El deprimente espectáculo que desde hacía varios meses venían dando los enemigos de la Revolución Bolivariana culminó bochornosamente en las dos sesiones del Consejo Permanente de la OEA, donde la representación venezolana brilló con luz propia, elevada moral y dignidad sobrada, contando allí con la solidaridad de otras voces que también se alzaron con fuerza para desbaratar la trampa montada en medio de presiones, chantajes, sobornos y amenazas que rodearon a esos intentos contra la indetenible Revolución Bolivariana.

Pienso que pocas veces en el seno de una pretendida organización internacional se pudo presenciar un show tan indigno como falaz, donde se pretendían vulnerar todos los principios del derecho internacional, la autodeterminación y la no intervención, la Carta de las Naciones Unidas y las numerosas convenciones suscritas a ese respecto.

Fue sorprendente y a la vez ridículo cómo el señor Almagro y sus acompañantes intentaron pasar por encima de la Constitución venezolana, cómodamente sentados desde sus poltrones en la capital estadounidense, como si el pueblo de Venezuela fuese un simple rebaño sin principios, sin historia y sin valores que defender.

Paradójicamente, Venezuela y los demás países latinoamericanos y caribeños que la apoyaron lo que hicieron fue precisamente defender la Carta Constitutiva de la OEA que el secretario general y sus acompañantes intentaron violar, en especial su artículo 1, que establece claramente sus funciones y objetivos y, no obstante, ha sido violada reiteradamente siempre bajo la égida de los gobiernos imperialistas de turno en Estados Unidos.

La derrota inequívoca de la más reciente conspiración antivenezolana en el seno de la moribunda OEA reabre, sin embargo, las interrogantes ante los países, gobiernos y pueblos dignos de América Latina y el Caribe acerca de la pertinencia, la necesidad o el sentido que pudiera tener seguir incorporados a una putrefacta institución que, en cualquier momento, puede tratar de ser utilizada contra otro país decidido a tomar un camino independiente en su construcción económica y social y dejar de ser “patio trasero” del imperio estadounidense.

Lo cierto es que la verdad de Venezuela, hoy la verdad de toda Nuestra América, resplandeció y se abrió paso con el multitudinario apoyo de su bravo pueblo en las calles y la valiente, firme y argumentada exposición de sus representantes en las entrañas del monstruo.

Quedó claro, además, que Venezuela no está sola. Fueron muchos los que allí mismo enarbolaron sin vacilación junto a ella las banderas de la dignidad y la soberanía, al lado de la razón, la justicia y la verdad.

24
Febrero

Las sucesivas actuaciones del actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, contra los procesos progresistas en Nuestra América confirman sus estrechos vínculos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos.

Almagro, máximo representante del “ministerio de las colonias de Washington”, dígase la OEA, recibe sumas importantes de dinero de la CIA para desde su cargo agredir a las naciones latinoamericanas y caribeñas donde se escenifican procesos revolucionarios.

El “agente” uruguayo al servicio de la mayor potencia extranjera cumple al píe de la letra las órdenes de su amo en la arremetida que desde territorio estadounidense se orquesta y materializa contra la soberanía y la integración de la Patria Grande.

El nuevo “palanganero” de la Casa Blanca, como igual bautizaron al expresidente español José María Aznar por su servilismo sin límites al exmandatario George W. Bush, se comporta como la principal punta de lanza del imperio para revertir la correlación de fuerzas desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

El secretario general de la OEA, con residencia permanente en Washington, tiene como tareas muy bien remuneradas desestabilizar gobiernos progresistas y subvertir el orden regional, y al mismo tiempo respaldar a la derecha y a regímenes golpistas instaurados recientemente en Nuestra América.

Almagro la ha emprendido abierta o solapadamente contra Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otras naciones, mientras se hace de la vista gorda ante los actuales gobernantes neoliberales de Argentina, Brasil y Paraguay, por citar algunos.

Poco o nada le interesa al “palanganero” uruguayo la implementación de los acuerdos para el fin del conflicto en Colombia, y mucho menos que la Patria Grande sea definitivamente una Zona de Paz, como fue declarada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en su segunda Cumbre celebrada en La Habana, Cuba, en 2014.

Claro que la CELAC, le hace sombra a la OEA y a los intereses de esa arcaica y agonizante organización manejada por EE.UU, y que insisten en resucitarla de cualquier manera.

Por cierto, hablando de Cuba, Almagro parece estar metido en las patas de los caballos, al pretender ser “actor” de una nueva acción subversiva contraria a la mayor de las Antillas, organizada desde el enclave terrorista norteamericano de Miami y por conocidos mercenarios pagados por la CIA.

Según reportes de prensa internacionales, el máximo representante de la OEA fue convidado a recibir un galardón en La Habana que han inventado “opositores” cubanos con el financiamiento miamense.

Por supuesto que las autoridades del decano archipiélago caribeño se arrogan el derecho de impedirle al “premiado” que entre en el país porque su postura constituye un acto contra la soberanía de Cuba.

Conociendo a los cubanos, es recomendable para el “agente” Almagro que deje a un lado su excesivo protagonismo, y servilismo a Washington. La Revolución del 1 de enero de 1959 liderada por el histórico Comandante en Jefe Fidel Castro y por el presidente Raúl Castro es experta en tratar a injerencistas como el ahora secretario general de la OEA.