13
Diciembre

Una raya más para el felino

Escrito por  Pedro Dìaz Arcia
Publicado en Al día

¿Quién es Nimrata Nikki Randhawa Haley, hija de Ajit Singh Randhawa y Raj Kaur Ranhawa, inmigrantes originarios de India?
Pues nada menos que la embajadora de Estados Unidos ante la ONU: Nikki Haley. Aunque de una familia multimillonaria, como todo el equipo que lo ha rodeado desde que asumió la presidencia. Fue la primera persona miembro de una minoría, la asiática, que integró el Gobierno de Donald Trump.
Una de las pocas decisiones que intentaron dar un carácter de diversidad interracial a su equipo.
La ex gobernadora de Carolina del Sur había intercambiado críticas con Trump, relacionadas con la inmigración indocumentada. Haley mantenía una “postura moderada” y rechazaba tratarla como criminal; lo que provocó que en Twitter el actual mandatario la atacara por ser “muy débil en inmigración ilegal” y aseguró que la gente de Carolina del Sur se avergonzaría de ella. Haley le contestó con una frase sureña que denota un condescendiente desprecio.
En una entrevista posterior en la cadena NBC, Nikki dijo que Trump “definitivamente” había diseminado “palabras irresponsables” por toda la nación.
Una vez designada como representante de Estados Unidos ante la ONU, aunque llegó como una nota discordante al seno de un homogéneo conservadurismo contra la migración, Haley se convertiría en una defensora de las políticas internacionales del magnate, incluyendo el rechazo al cambio climático; sin el respaldo de una experiencia diplomática.
En una intervención el viernes en el Consejo de Seguridad, mostró una intolerable insensatez, al decir con propiedad lapidaria “que las embajadas deben residir en las capitales de los países”, lo cual es cierto. Pero ¿quién le habría asegurado que Jerusalén es la capital del Estado sionista?
Trump saltó de gozo ante la participación de su representante ante el Consejo; pero le duró muy poco la alegría. La presencia de Haley el domingo en el programa “Face The Nation” de la cadena CBS News lo enfureció por sus declaraciones.
Al responder a las preguntas sobre las acusaciones de varias mujeres por presunto acoso sexual por parte de Trump, la Embajadora afirmó que “Cualquier mujer que haya sido violada o maltratada de cualquier manera” tiene todo el derecho a denunciarlo.
Asimismo, dijo sentirse orgullosa del coraje de aquellas mujeres que denuncian casos de abuso sexual y que deben ser escuchadas y atendidas. Las afirmaciones de la alta dignataria, que puso el dedo en una llaga por la que no cesa de sangrar el magnate, se produjeron pocas horas antes de que el lunes tres de las dieciséis de las presuntas víctimas de Trump por abuso sexual, participaran en una conferencia de prensa para pedir al Congreso que abra una investigación sobre la actuación del presidente en estos casos.
Se dice que “Cuando el río suena piedras trae”; o tal vez sólo sea el eco de las quejas de tantos y tantos que han sido vejados y siguen sufriendo los rigores y desmanes de un poder imperial: sin visión ni olfato para distinguir dónde están los valores humanos.
Trump rechaza de plano las denuncias. Mientras se suma una raya más al felino.

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