18
Noviembre

La mercantilización de la ideología

Escrito por  Pedro Díaz Arcia
Publicado en Al día

Vivimos en una era en que la distancia entre las naciones no es geográfica, sino geopolítica, no se mide en kilómetros, sino en el tiempo en que un misil puede impactar un territorio más allá de un océano, o que una información puede convertirse en “viral” en las redes sociales. Se trata de la época de la duda, en la que nadie sabe qué tan cerca puede estar un holocausto global.

Si el fin de la Segunda Guerra Mundial generó la aparición de dos sistemas políticos antagónicos, además de los mayores mercados del planeta; y marcó el inicio de la descomposición del imperio colonial, la situación actual mantiene la incertidumbre de antaño.

En tanto, se intensifica la batalla en el terreno ideológico y la maquinaria mediática -de los mecanismos de poder- no se detiene. Por ejemplo, la estructura del sistema capitalista, hoy imperante, tiene en los medios de comunicación uno de sus principales instrumentos para influir en los procesos de formación ideológica: forjar la identidad del individuo; universalizar la versión de un mundo de fantasía digital que facilite un falso sentido de pertenencia a burbujas de ensueños, por demás bloqueados por las propias regulaciones del sistema; y lo más importante: permear el tejido social para sumirlo en un letargo que lo aparte de sus raíces y las tradiciones combativas de sus pueblos.

El objetivo de la clase dominante, más que la del rostro que la represente, es mellar la capacidad de enfrentamiento a sus intereses. Para ello se privilegia la formación de criterios que parten de los sistemas educativos, apoyados por instrumentos de control socia, en particular la publicidad, que determina qué se dice y qué no, en un ejercicio alienante.

Alguien dijo, no sin razón, que “La publicidad se ha hecho dueña de la prensa, del cine, de la radio, del libro, de la calle, del subsuelo, de las nubes. Es la primera que nos saluda al despertar y la que nos sale del bolsillo al sacar el pañuelo. En conjunto con el oxígeno y nitrógeno, es el aire que respiramos”.

Se trata de la mercantilización de la ideología y convertir las ansias consumistas en el centro de las aspiraciones terrenales. Poco importa si el Pentágono difundió por “error” un twit que exigía la renuncia del presidente Donald Trump; o si el gobernante turco Recep Erdogan retiró sus limitadas tropas de una maniobra militar de la OTAN; el verdadero peligro radica en el incremento de las tensiones en regiones de alta volatilidad, junto a la retórica belicista; tanto en la península coreana como en Medio Oriente.

En este escenario, el teniente general estadounidense Jan-Marc Jouas dijo que los norcoreanos superarían por mucho a Estados Unidos de enfrentarse en un conflicto armado, según Newsweek.

Pyongyang movilizaría de inmediato sus fuerzas terrestres a Corea del Sur a sólo 56 kilómetros, afirmó, antes que Washington pudiera movilizar suficientes tropas al área. La respuesta sería tardía en este caso.

Mientras que algunos analistas temen a un grave desenlace entre Arabia Saudita e Irán, las principales metrópolis del Islam, estimulada por las tensiones de los últimos días. La amenaza de una guerra regional podría involucrar, sin duda, a varios países. Para Maha Yahya, director del think tank (“tanque pensante”) del Centro Carnegie de Medio Oriente: “En las últimas décadas, nunca hemos estado tan cerca del precipicio”.

¿Convendría a Washington la contienda? ¡No le vendría mal!

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