04
Noviembre

Once minutos de silencio

Escrito por  Pedro Díaz Arcia
Publicado en Al día

Debido a un “error humano” la cuenta de Twitter de Donald Trump fue desactivada el jueves. Un empleado del servicio de apoyo a clientes de la red social, que por “casualidad” estaba en su último día de trabajo en la empresa, desactivó los contactos del magnate por esa vía por sólo once minutos; sin embargo, el lapso fue suficiente para que causara furor en las autopistas digitales. ¡Qué pena que haya tenido que guardar silencio por tan poco tiempo!

El uso del tuit es una lesiva adicción del magnate. En los primeros seis meses de su mandato mintió o engañó en sus declaraciones un promedio de 4.9 diarias, por lo que recibió varias veces el galardón “Pinocho” que otorga virtualmente The Fact Checker, que mide las falsedades de políticos, en la investigación que sigue con rigor The Washington Post.

La cuenta privada del multimillonario neoyorquino tiene más de 40 millones de seguidores: muchos para estar al tanto del contenido explosivo de sus mensajes, capaces de provocar una conflagración incontrolable; otros para aplaudir sus raptos de intolerancia y supremacía; sin despreciar el número de visitantes al sitio para burlarse de sus constantes desatinos, que parecieran a veces llevar el sesgo de la improvisación.

En medio de un histrionismo cada vez mayor y más confuso por la dinámica de las relaciones internacionales, matizadas por el incremento de tensiones entre potencias nucleares, se avizora la posibilidad de que puedan reunirse los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump en el marco del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que tendrá lugar en Vietnam la próxima semana. Mientras Trump alberga la esperanza de un encuentro con su homólogo ruso durante su gira por Asia; Moscú afirma que estaría acordando los detalles del encuentro y destacó que uno de los temas a debate podría ser el conflicto sirio.

A propósito, la cita se realizaría cuando la escalada militar se ha disparado a lo largo y ancho del planeta ante la inestabilidad global y la preocupación por el respeto a la soberanía y seguridad de las naciones dados los signos de peligrosidad que se repiten como un eco en poderosos círculos guerreristas de Washington.

En este contexto, Rusia adelantó elementos sobre su programa de armamentos para el periodo 2018-2025, que debe ser aprobado antes de que culmine el año y cuya primera prioridad será el desarrollo de las fuerzas de disuasión nuclear, “de modo que nadie ni siquiera tenga la idea de poner a prueba nuestra fuerza”, según señaló a fines de octubre el viceministro de Defensa a cargo de armamento y materiales, Yuri Borisov, durante una entrevista con la prensa local.

La segunda prioridad consistirá en ampliar la gama de armas de alta precisión que desempeñan un papel cada vez mayor, de acuerdo a las experiencias constatadas en el conflicto sirio y en las guerras de estas últimas décadas. Y la tercera radica en el reconocimiento e información de las operaciones militares, lo que significa disponer de agrupaciones espaciales, de navegación y medios no tripulados”, aseveró Borisov.

A lo que se adiciona que China no pretende dejar a un lado la modernización de su arsenal nuclear ni convencional; y la península coreana es un polvorín con llamas en su cercanía.

Así es que dadas las circunstancias Sr. Trump: calladito que, si no se ve más bonito, al menos se le vería más tranquilito.

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