02
Noviembre

La Cumbre Tripartita de Teherán

Escrito por  Pedro Díaz Arcia
Publicado en Al día

Al referirse a la intromisión de Estados Unidos y sus aliados en los complejos contenciosos de Medio Oriente, el viceprimer ministro ruso, Dmitri Rogozin, afirmó en una ocasión que Occidente estaba “jugando con el mundo islámico como un chimpancé con una granada”.

El arribo el miércoles del presidente Vladimir Putin a Teherán para participar en una cumbre trilateral con sus homólogos de Irán, Hassan Rohani, y de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, no tiene un carácter azaroso ni responde a ritos protocolares. La tríada no puede ser obviada a la hora de un análisis geopolítico no sólo regional, sino de carácter global.

Rusia es el país más extenso del planeta, tiene fronteras con 14 naciones; ocupa el primer lugar como exportador mundial de gas natural y el segundo de petróleo. Sin hacer mención a su arsenal nuclear. Azerbaiyán, considerado el país soberano más grande en la región del Cáucaso, dispone de grandes yacimientos de petróleo y gas natural en dos tercios de su territorio. Por su parte, Irán significa un enclave de primer orden al encontrarse ubicado entre el Medio Oriente y Asia Central. Sus reservas de hidrocarburos (cuarta reserva de petróleo y primera de gas a nivel mundial) lo sitúan como una superpotencia energética a largo plazo.

La cumbre de Teherán abordará temas relativos al fortalecimiento de la cooperación, que se concretará en numerosos convenios. Pero estoy seguro que los estadistas analizarán a fondo la afirmación del presidente Donald Trump de que su país no puede certificar formalmente el cumplimiento por parte de Irán del pacto nuclear y pidió renegociar el acuerdo que calificó como una “vergüenza” para Estados Unidos; y exigió inspecciones a sus instalaciones militares, algo inaceptable para el país islámico.

En la víspera, el Gobierno iraní informó que se retirará del Plan de Acción Integral Conjunto, acordado en Austria en julio de 2015 en el formato 5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Rusia, más Alemania), y la Unión Europea, si Washington le impone nuevas sanciones. El documento multilateral logrado entonces, luego de ingentes esfuerzos, fue aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU y establece que Irán acepta las restricciones nucleares impuestas, mientras que la otra parte accede a levantar las sanciones.

¿Cuántos tratados esperan por ser desechos o “renegociados” por Trump? Quizá tantos como los colaboradores que son convocados a comparecer ante los órganos de investigación estadounidenses; las oficinas del fiscal especial, Robert Mueller; ante determinados comités del Congreso; e incluso la posibilidad de comparecer ante los tribunales de Justicia para responder por presuntos actos de perjurio, entre otros de alta gravedad, y que bordean peligrosamente a la figura del mandatario.

Sin dudas, el conflicto sirio debe tener también una atención priorizada ante el riesgo de que Estados Unidos, como se ha anticipado, y que actúa de manera ilegal en la nación árabe sin autorización de su gobierno, pretenda mantener su maquinaria de guerra en caso de que el Estado Islámico fuera derrotado.

En realidad lo que está detrás de esta trama mal tejida no es más que lo que un sociólogo ruso llamara la “globalización agresiva”, una estrategia concebida para la unificación del espacio mundial en beneficio de Washington y sus seguidores.

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