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Octubre

Triste es la situación por la que atraviesan los puertorriqueños; recién arrasada su isla por un mortífero huracán que la atravesó por toda su extensión, se cierne sobre ella con agudizada vehemencia otro fenómeno más criminal, prolongado y cruento, su condición colonial respecto a Estados Unidos.

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, según las siglas en inglés) ha obstaculizado burocráticamente la distribución de la ayuda que ha podido llegar a Puerto Rico. Hay reportajes que afirman que la mayor parte de la ayuda para el desastre aún se encuentra en los muelles de San Juan, la capital.

Cincuenta por ciento de la población carece aún de acceso a agua potable y la red eléctrica está tan dañada que el 85 por ciento de la población aún no tiene electricidad. La falta de combustible y energía obstaculiza el funcionamiento de hospitales y pone en riesgo la vida de los más vulnerables: los niños y ancianos. La tasa de mortandad está aumentando sobre todo en áreas rurales.

En medio de la mayor devastación de que se tenga memoria en la isla a causa del paso del huracán María, los puertorriqueños se sintieron duramente ofendidos cuando el presidente Trump les culpó por la crisis humanitaria a la que estaba abocada la isla.

“Texas y Florida van muy bien, pero Puerto Rico, que ya sufría una infraestructura dañada y una deuda masiva, está en problemas”, escribió Trump en su cuenta de Internet comparando la rápida recuperación de dos de los principales estados de la nación ante huracanes en proceso de degradación que les afectaron, con la tragedia sufrida por su colonia en el Caribe a causa del cruce por su territorio del huracán más violento que haya azotado a Borinquen en toda su historia, con vientos sostenidos de 155 m/h (250 km/h).

La reacción iracunda de Trump ante la atroz crisis humanitaria de Puerto Rico agudizada por el fenómeno meteorológico en las condiciones de un país profundamente herido por décadas de colonialismo y políticas neoliberales, ha creado una situación explosiva.

Actualmente Puerto Rico tiene una deuda de 73 mil millones de dólares a sus acreedores, lo que equivale al total de su PIB. El Estado Libre Asociado oficialmente está en default (incapacidad de pagar la deuda) sin que ni el gobierno norteamericano ni el Fondo Monetario Internacional (FMI) hayan presentado solución alguna.

En realidad la deuda del país empezó a crecer a partir de los años 1970. Su economía desde la mitad del siglo pasado estaba basada principalmente en la industria farmacéutica pero con la aparición de las maquiladoras en México y en Asia, este sector se ha estado trasladando a aquellas regiones en busca de mano de obra más barata y de mayor productividad.

Actualmente el índice oficial de desempleo en 16 municipios es del 20 por ciento y en otros 61 supera al 12 por ciento, aunque en realidad la tasa real de desempleo es mucho más alta que la oficial. Un 45 por ciento del total de 3.5 millones de habitantes de la isla viven en la pobreza y el 83 por ciento de los niños viven en áreas pobres. En acto desesperado, el gobernador Rosselló recortó en mayo pasado el presupuesto en 674 millones de dólares afectando el sistema de salud, la educación, varios programas sociales y la Universidad de Puerto Rico. Como resultado de la crisis económica 144,000 puertorriqueños abandonaron la isla en busca de empleo.

Puerto Rico y Cuba han compartido destinos como colonias de España cuyas luchas emancipadoras fueron interrumpidas por una oportunista intervención estadounidense que pretendió adjudicarse los remanentes de imperio colonial español en desgracia. Cuba logró que la ocupación militar del entonces naciente imperialismo de Estados Unidos se limitara a 4 años y diera paso a la proclamación en 1902 a una seudo república independiente que en enero de 1959 trajo, revolución mediante, una independencia verdadera, aunque al costo de librar una cruenta batalla cotidiana contra los apetitos hegemónicos estadounidenses.

Hace 118 años que Washington se apoderó de Puerto Rico y los demás vestigios del imperio español en el hemisferio occidental. Cuando el neoliberalismo irrumpió en la escena para proporcionar una inyección de vida al capitalismo en crisis, el impulso hacia la privatización de todo lo existente causó perjuicios extraordinarios en Puerto Rico. Se deterioraron las condiciones de vida al desaparecer los fondos gubernamentales para fines sociales y los empleos. La infraestructura de la isla quedó devastada por una campaña para convertirlo todo, desde las carreteras y los servicios públicos hasta el sistema educativo, en empresas privadas con fines de lucro.

El coloniaje impuso a Puerto Rico una deuda impagable y ahora le ha impuesto una junta dictatorial para asegurar que se pague esa deuda, aunque sea al costo de una crisis humanitaria para el pueblo puertorriqueño. Los boricuas reclaman, justamente, que se audite esa deuda y se determine qué parte de la misma es legítima y quiénes son los responsables de haberla asumido.

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