26
Octubre

EEUU: Más de 60.000 murieron el año pasado por sobredosis de opiáceos

Escrito por  Lioman Lima / BBC Mundo
Publicado en Al día

Datos suministrados a BBC Mundo por la Agencia de Investigación y Calidad de la Asistencia Médica de Estados Unidos indican que el pasado año, más de 60.000 personas murieron en el país por sobredosis de opiáceos.

Mientras, en 2014, cerca de 1.300 millones de personas fueron tratados por esta causa en hospitales y salas de emergencia.

Sin embargo, no era el OxyContin el que estaba entonces en su mayor uso: ahora se había dado el paso para heroína y el fentanilo, una droga de producción casera 50 veces más poderosa que la primera.

De acuerdo con el especialista, estos medicamentos sentaron las bases para la adicción y para la epidemia de opioides que ahora vive Estados Unidos.

 

Los Sackler, la reservada familia de multimillonarios a la que señalan de beneficiarse con la crisis de opioides por la que se declaró emergencia de salud en Estados Unidos

Son una de las familias más poderosas de Estados Unidos, más rica que los Rockefeller, y también de las más discretas y filantrópicas, al punto que les llaman "los Medici del siglo XX".

Pero lo que pocos conocen es que la estrepitosa fortuna de los Sackler, con la que ofrecen becas, compran arte, crean fundaciones e instituciones, patrocinan salas en el Louvre y en el Museo Británico, abren escuelas en Israel y fundan decenas de programas científicos, académicos y culturales por todos lados, tiene un pasado oscuro.

Es una historia y una fortuna que comienzan con tres hermanos, pasa por una campaña de marketing y se desarrolla en una adicción sin precedentes.

Una adicción que llevó a Estados Unidos a declarar este jueves una emergencia de salud pública y que ha dejado más muertes que la guerra de Vietnam y de Afganistán juntas.

Pero sin que se dispare una bala.

 

Los inicios de la fortuna

 

Todo comienza a finales del siglo XIX, cuando Arthur, Mortimer y Raymond Sackler, tres hermanos psiquiatras de Brooklyn, fundaron en Greenwich Village una pequeña empresa de medicamentos.

Vieron en ella la posibilidad de un negocio familiar y, para 1950, compraron con esos ingresos Purdue Pharma, una farmacéutica que, en sus inicios, generaba sus ingresos de la venta de removedores de cerumen de oídos, laxantes y iodopovidona, el antiséptico color naranja que se suele usar antes de las operaciones.

Pero la entrada a la producción de analgésicos en la década de 1980 significó un salto adelante.

Poco menos de un siglo después de su fundación, la empresa ya era un gigante farmacéutico mundial y había cambiado su sede a Stamford, Connecticut.

Sin embargo, su gran éxito comercial llegó en 1995, cuando lanzaron al mercado el OxyContin, un medicamento para el dolor, a base de opioides, que era casi tres veces más fuerte que la poderosa morfina.

"El Oxycontin es un analgésico que se sintetiza a partir de la tebaína, una sustancia presente en el opio. O sea, es familia de la heroína", explica BBC Mundo el doctor Brandon Marshall, profesor de epidemiología de la Universidad de Brown, Rhode Island (EE.UU.).

Además de su capacidad para neutralizar el dolor, añade Marshall, se hizo evidente también su potencial adictivo peligrosamente alto.

Sin embargo, el medicamento comenzó a comercializarse por todo Estados Unidos y muy pocas voces se alzaron en su contra.

"Antes de la aparición del Oxycontin, era muy raro que los médicos prescribieran opiáceos para combatir el dolor, pero fue tanta fuerte la campaña de marketing que realizó Pardue Pharma que el Oxycontin se convirtió en un éxito de venta", asegura Marshall.

Las autoridades de Estados Unidos aprobaron el medicamente ese mismo año y ya en 2001, las ventas alcanzaron los US$ 1.600 millones, superior a las del Viagra, y representaban alrededor del 80% de los ingresos de la compañía.

Para 2010, eran US$3.000 millones.

Una investigación realizada por Marshall y publicada en el American Journal of Public Health indica que, desde la aprobación del Oxycontin, varias farmacéuticas se enfrascaron en una empresa de marketing y "sobornos" para convencer a los médicos de prescribir los opioides.

Varios especialistas consultados por The New Yorker y Enquire también sostienen que la campaña llevada a cabo por Pardue Pharma contribuyó a que la prescripción de este tipo de medicamentos fuera menos rigurosa, lo que aumentó el número de adicciones a estos medicamentos entre la población.

Solo en 2012, médicos escribieron más de 282 millones de recetas para analgésicos opiáceos, incluidos OxyContin, Vicodin y Percocet, una cantidad que equivalía casi a un frasco por cada habitante de la nación.

De acuerdo con la investigación de Marshall, entre agosto de 2013 y diciembre de 2015, varias empresas farmacéuticas, entre ellas Pardue Pharma, pagaron más de US$46 millones a más de 68 mil médicos en todo el país través de comidas, viajes y honorarios para incitarlos a recetar opioides.

La fortuna de los Slacker se multiplicó y para 2016 fueron nombrados entre las familias más ricas de Estados Unidos, con una riqueza ascendente, según cálculos de la revista Forbes, a US$13.000 millones de dólares.

Pero a medida que el consumo de estos medicamentos crecía en Estados Unidos -y se disparaba la fortuna de los Slackers- el uso de los opiáceos derivaba a una catastrófica epidemia con una magnitud de muertes sin precedentes.

 

Epidemia

 

Según Marshall, fueron los orígenes de la crisis de opioides que vive actualmente a Estados Unidos, una situación que se ha salido tanto de las manos que el presidente Donald Trump se vio en la obligación de declararla emergencia de salud pública.

Datos suministrados a BBC Mundo por la Agencia de Investigación y Calidad de la Asistencia Médica de Estados Unidos indican que el pasado año, más de 60.000 personas murieron en el país por sobredosis de opiáceos.

Mientras, en 2014, cerca de 1.300 millones de personas fueron tratados por esta causa en hospitales y salas de emergencia.

Sin embargo, no era el OxyContin el que estaba entonces en su mayor uso: ahora se había dado el paso para heroína y el fentanilo, una droga de producción casera 50 veces más poderosa que la primera.

"Pero en el OxyContin estuvo la base de todo", asegura Marshall.

"Ahora sabemos que las agresivas estrategias de marketing empleadas por Purdue Pharma (y otras compañías) para alentar el tratamiento del dolor crónico con opioides recetados y las tácticas que minimizaron el riesgo de adicción, han sido un factor clave de la crisis la actual crisis", asegura.

De acuerdo con el especialista, estos medicamentos sentaron las bases para la adicción y para la epidemia de opioides que ahora vive Estados Unidos.

Organizaciones como "Médicos para la prescripción responsable de opioides" y medios estadounidenses como The New Yorker, The New York Times, Enquire y Forbes han señalado en los últimos tiempos la implicación de la familia en la actual emergencia de salud de Estados Unidos.

Todos aseguran que el cambio en la prescripción de los medicamentos que se realizó a partir de las campañas realizadas por la farmacéutica incidieron en el aumento del consumo de este tipo de productos en Estados Unidos.

Purdue Pharma se declaró culpable de engañar al público sobre el riesgo de adicción del Oxycontin en 2007 y fue obligada a pagar una multa de más de US$600 millones, uno de los acuerdos farmacéuticos más grandes en la historia de Estados Unidos.

Sin embargo, en un comunicado enviado a BBC Mundo, la farmacéutica alegó que solo promociona sus productos en estricto cumplimiento con la marca aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), la agencia de Estados Unidos que controla la venta de medicinas.

"Compartimos inquietudes sobre la crisis de opiáceos y hemos tomado medidas significativas para ayudar a abordarla, que incluyen la limitación significativa de la promoción de nuestros productos aprobados por la FDA, la implementación de rigurosos programas de cumplimiento, y el desarrollo de productos con propiedades para la disuasión del abuso", indica el texto.

En la página web de la farmacéutica, nada se habla de sus fundadores y en su directorio de miembros, no aparecen mencionados los integrantes de la familia que, desde hace más de 60 años, integran su directiva.

 

Los nuevos herederos

 

Así, mientras la farmacéutica está en el ojo de mira de los medios estadounidenses, la familia que está detrás de su funcionamiento vive en la discreción de su fortuna, con apariciones esporádicas para algún que otro acto de filantropía.

De acuerdo con Enquire, a diferencia de otras familias de millonarios, los Sackler han sabido separar su apellido del motivo de su fortuna.

"Los Fords, Hewletts, Packards, Johnsons: todas esas familias pusieron su nombre en su producto porque estaban orgullosas ", comentó a esa publicación Keith Humphreys, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.

La familia está formada actualmente por unos 20 miembros los descendientes de los tres hermanos, que ya murieron: Arthur, el principal fundador del "imperio", en 1987; Mortimer en 2010 y Raymond a principios de este año.

Los más visibles en los últimos tiempos han sido Elizabeth, la hija de Arthur, miembro del directorio del Brooklyn Museum y los hijos de Raymond, Richard y Jonathan, que dirigen un profesorado en el centro de investigaciones del cáncer de la Universidad de Yale.

Otros ocho miembros de la familia forman parte del directorio de Pardue Pharma, según la prensa estadounidense.

Ilene, Kathe, Marissa, Mortimer D.A. (un hijo de Mortimer) y Richard Sackler, integran varios consejos de la familia, la mayoría de naturaleza filantrópica.

De acuerdo con Inside Philanthropy, el clan "mantiene un bajo perfil público, no opera un sitio web y no emplea personal formal".

En 2015, la Fundación Arthur M. Sackler otorgó más de $ 1,1 millones a varias instituciones, la totalidad en donaciones de arte, según informaron en sus declaraciones de impuestos consultadas por BBC Mundo.

Sus proyectos filantrópicos, según Inside Philanthropy, llegan hasta la Universidad de Tel Aviv, la Universidad de Leiden en Holanda, el Museo Británico o la Facultad de Medicina Clínica de la Universidad de Cambridge.

Sin embargo, pese a sus donaciones a iniciativas médicas, una investigación de The Daily Caller asegura que la familia nunca ha apoyado ningún proyecto para financiar la cura de la adicción que ayudó a generar el medicamento que originó su fortuna.

En el discurso de este jueves para declarar la emergencia de salud, el Trump tampoco aludió a la responsabilidad de las farmacéuticas en la actual crisis de opioides.

"A pesar de los riesgos conocidos asociados con la prescripción de opioides, algunas compañías farmacéuticas continúan comercializando ampliamente estos productos. Estas prácticas de comercialización son, como mínimo, un lastre importante para abordar la epidemia actual", asegura Marshall.

 

Trump declara “emergencia de salud pública”

 

La decisión es resultado del aumento en el consumo de opiáceos y de las muertes relacionadas con esa adicción

 

WASHINGTON, EE.UU., 26 de octubre (AFP/EFE/REUTERS).- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró hoy una situación de “emergencia de salud pública” por el abuso de analgésicos opiáceos, culpables de la muerte de una media de 91 estadounidenses al día, indicaron hoy altos funcionarios.

“De manera efectiva a partir de hoy, mi Gobierno declara la epidemia de los opiáceos como una emergencia de salud pública”, anunció Trump en un acto en la Casa Blanca.

En vez de “emergencia nacional”, Trump ha optado por declarar una “emergencia de salud pública”, de manera que no se destinarán nuevos fondos a la lucha contra los opiáceos, pero se ordenará a todas las ramas del Gobierno que dirijan sus actuales partidas presupuestarias a esa crisis, detallaron funcionarios en una llamada con la prensa.

Los críticos de esta medida temen que priorizar la lucha contra los opiáceos descuide las investigaciones, por ejemplo, sobre el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

“Estados Unidos es de lejos el mayor consumidor de estas drogas, usando más pastillas por persona, que cualquier otro país del mundo”, afirmó Trump, quien aseguró que la actual crisis es “la peor de la historia de EE.UU.” y de “la historia de la humanidad”.

La declaración de “emergencia de salud pública” permitirá que accedan a cuidados médicos quienes viven en zonas rurales y, además, facilitará el despliegue de especialistas en áreas especialmente afectadas por el abuso de opiáceos.

Trump ordenó al Departamento de Trabajo que otorgue subvenciones a algunos de los 50 estados del país para facilitar el empleo de personas que han sufrido los efectos de la adicción y el desempleo, detallaron los funcionarios en su llamada con la prensa.

Con la declaración de “emergencia de salud pública”, el Gobierno también podrá dar fondos a los estados para el tratamiento de adicciones mediante sustancias como metadona, buprenorfina y naltrexona, lo que supone un paso importante porque algunos estados no financian esos medicamentos.

Las autoridades consideran que la adicción a los opiáceos abre las puertas al consumo de heroína, mucho más barata que los medicamentos en el mercado negro.

En los últimos seis años, las muertes por sobredosis se han convertido en la causa más común de muerte por lesiones en EE.UU., por encima de los accidentes de tráfico o las armas.

Según el Departamento de Estado, entre el 90% y el 94% de la heroína que se consume en EE.UU. proviene de México. Trump aseguró hoy que el muro que quiere construir en la frontera “tendrá un gran impacto” y hará disminuir el flujo de drogas.

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