24
Octubre

¿Solución?: independencia

Escrito por  Alfredo García
Publicado en Al día

La respuesta del gobierno de EU a la crisis económica y humanitaria del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, demuestra que ni es libre ni asociado; y que ni la estatidad ni la autonomía son opciones para la isla. Sólo la autodeterminación e independencia, según establece la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU, brindará al pueblo puertorriqueño la oportunidad de construir su futuro como nación caribeña.

En mayo pasado el gobernador colonial de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, declaró la isla en “quiebra”, con el fin de reestructurar la multimillonaria deuda externa de 72 mil millones de dólares, que sumada a los déficits del sistema de salud y los planes de pensión superan los 164 mil millones de dólares.

Un informe publicado por el ReFund America Project, detalla la forma en que Wall Street incentivó, promovió y facilitó, que el gobierno puertorriqueño tomara dinero prestado con ganancias astronómicas para los bancos. La isla caribeña ha estado en recesión económica desde hace una década, con una tasa de desempleo superior al 12%, obligando un desplazamiento de la población hacia EU calculada en 350 mil personas en los últimos 10 años, éxodo ahora incrementado por el azote del huracán María.

En junio de 2016, el presidente, Barack Obama, firmó la Ley para la Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico, PROMESA, (por sus siglas en inglés), con el propósito de reestructurar la extraordinaria deuda bajo supervisión de EU. La ley detuvo las demandas judiciales mientras se estuviera negociando con los acreedores y posibilita un procedimiento de quiebra, con limitaciones, a discreción del juez a cargo del proceso legal. Cuando Juan R. Torruellas, juez federal del Tribunal de Apelaciones para el Primer Circuito en Boston a cargo del territorio de Puerto Rico, conoció la ley PROMESA declaró: “PROMESA representa el acto más denigrante, antidemocrático y colonial que se haya visto, además de ser un golpe de Estado a la democracia en Puerto Rico”.

Durante su campaña electoral, Trump prometió que no “rescataría” a Puerto Rico de su crisis económica. Mick Mulvaney, director de presupuesto, dijo que la Casa Blanca presionó fuertemente para asegurar que ningún dinero federal se destinara a pagar las deudas de la isla en el último acuerdo del Congreso.

En medio de la impagable deuda y la creciente crisis política y social, un huracán con vientos de 250 kms por hora azotó Puerto Rico devastando la isla. El desastre recibió una humillante y discriminatoria respuesta por parte del presidente Trump. El huracán, el más fuerte en casi un siglo, dejó decenas de muertos, 250 mil casas destruidas y daños por unos 85 mil millones de dólares. Un mes después de la catástrofe, más del 80% de red eléctrica sigue sin funcionar, el 28% de la población carece de agua potable, el 40% no accede a una señal de teléfono celular y la mitad de los hospitales están sin electricidad.

El pasado 20 de octubre, el gobernador Rosselló fue recibido en la Casa Blanca por el presidente Trump. En genuflexo acto, Rosselló elogió la “ayuda” de Trump y agradeció la oportunidad de reunirse con él, para trazar “el compromiso de tratar a los orgullosos ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico”. (…) “Que nos traten igual que a los ciudadanos en Texas, en Florida y en otras partes”, imploró Rosselló a Trump.

Con la gigantesca deuda externa, Puerto Rico exhibe su fracaso económico como colonia “democrática”. Con su incontinencia racial, el presidente Trump trae a la superficie la aberrante condición de súbdito del puertorriqueño. Ambas realidades contribuyen a disipar el espejismo del “sueño americano”, que desde hace medio siglo obnubila la conciencia nacional de la mayoría del pueblo puertorriqueño.

Valora este artículo
(0 votos)

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.