11
Octubre

Espina en la garganta de Trump

Escrito por  Manuel E. Yepe
Publicado en Al día

El gobierno constitucional y legítimo de Venezuela presidido por Nicolás Maduro ha logrado sobrevivir una descomunal guerra de cuarta generación que incluye, de manera simultánea, guerra sicológica, económica, financiera y cibernética, articuladas con campañas de propaganda encabezadas por las siete grandes corporaciones de la comunicación que controlan más de 70 % de los medios de difusión masiva en el mundo. Todas concertadas en beneficio de una sola ideología global, actuando como verdaderos policías de una dictadura del pensamiento neoliberal único.

Nadie lo duda, Maduro ha sido el mandatario más acosado y ofendido en la historia de Venezuela.

Blanco obsesivo de los ataques de Washington, la ultraderecha internacional y la oposición interna, ha sido el proyecto político bolivariano que considera al pueblo depositario del poder constituyente originario y que ha sido activado como tal en la Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio de 2017.

Aseguran los expertos que la purga del estratega del entorno de Trump, Steve Bannon, por una troika de generales (James “Perro loco” Mattis, secretario de Defensa; Herbert R. McMaster, consejero de Seguridad Nacional, y John Kelly, jefe de gabinete), que se apoderó de la Casa Blanca, es augurio de que la guerra no convencional y asimétrica contra Caracas podría escalar a una nueva fase bélica.

De hecho, en el marco de una guerra irregular o híbrida, está teniendo lugar una brutal ofensiva bélica que utiliza tecnologías de última generación y una elite de expertos en temas de guerra electrónica, realidad virtual y propaganda seudodemocrática.

A ello se suma la guerra política en la OEA con la declarada complicidad de su secretario general Luis Almagro y el apoyo de los 12 países del llamado Grupo de Lima.

Se trata de una guerra en la que, valiéndose de los recursos concertados de veinte trasnacionales de los rubros alimentario y farmacéutico, mediante el acaparamiento y el desabastecimiento, la manipulación del tipo de cambio en la economía y de los mercados ilegales y de riesgo –utilizan plataformas sociales como Facebook, Twitter, WhatsApp, Youtube, Instagram y las de grandes corporaciones como Time Warner, General Electric, News Corporation, Sony Pictures, Walt Disney Co., CBS Corporation y Bertelsmann que controlan el 70% de la superestructura cultural integrada por televisoras, radios, medios impresos y las web noticiosas privadas.

A la posesión de esta enorme armada, obedecería, según el analista uruguayo Carlos Fazio, el discurso descarnadamente imperialista y maniqueísta de Donald Trump en Naciones Unidas en el que, manipulando engañosamente un contradictorio concepto de soberanía, situó a Irán, Corea del Norte, Cuba y Venezuela en un renovado eje del mal, maquillando las aristas más agresivas del enfoque militar de guerras múltiples y políticas de cambio de régimen de las administraciones Clinton, Bush y Obama, ahora bajo la doctrina del “perro loco” Mattis.

Trump dijo, más recientemente aún, que prepara nuevas acciones contra la “dictadura socialista de Maduro”, impuso sanciones financieras contra Venezuela, y en agosto pasado no descartó la opción militar. En una cena con algunos gobernantes de América Latina, Trump adelantó algunos aspectos de la estrategia militar diseñada por quienes coloquialmente llama “mis generales”, consistente en una nueva ofensiva desestabilizadora encubierta que facilite una intervención humanitaria.

Los ataques de la reacción venezolana no prosperaron, escribe Facio, porque con astucia, coraje y decisión, gran habilidad táctica y estratégica, y un acertado manejo de la información de inteligencia y de las nuevas tecnologías de la comunicación, Maduro y su equipo gubernamental han logrado abortar varias intentonas golpistas, guarimbas, maniobras para socavar la lealtad del alto mando militar, guerra económica y planes desestabilizadores urdidos en laboratorios especializados del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Pero la derrota de Estados Unidos y sus aliados en la etapa ha sido posible porque, a diferencia de las instituciones castrenses de los otros países del área (exceptuando a Cuba), concebidas como fuerzas para la dominación sub-imperialista, Venezuela cuenta con un Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Ceofanb), que desde hace doce años tiene una estructura y una doctrina antiimperialista, antioligárquica, humanista e integracionista latinoamericana derivada del genio y la visión geopolítica del comandante Hugo Chávez, que en 2004 definió una nueva estrategia castrense basada en la construcción de una unión cívico-militar que tiene como una de sus premisas fundamentales la participación activa del pueblo en las tareas de la defensa integral de la nación.

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