07
Octubre

La masacre de Tumaco y la democracia colombiana

Escrito por  Tony López R. / Periodista, politólogo y analista internacional
Publicado en Al día

El pasado 5 de octubre la prensa colombiana trae la infortunada noticia de que la Policía Nacional colombiana, cometió un crimen atroz al asesinar a 8 campesinos y la existencia de 15 heridos, cuyo único delito era manifestarse por sus derechos, motivo por el cual la Asociación de las Juntas de Acción Comunal de los ríos Mira, Nulpe y Mataje (ASOMINUMA) en el departamento de Nariño, denuncian ante la comunidad nacional e internacional la masacre cometida por el Estado utilizando a las fuerzas de la Policía y el Ejército contra las manifestaciones de las comunidades de la Zona de Altamira y Frontera del Corregimiento de Llorente del municipio Tumaco, sentando un precedente que no se condice con la supuesta política de paz, que dice el gobierno que desarrolla y que va a contracorriente de los llamados Acuerdo de Paz firmados entre la guerrilla de las FARC-EP y el Gobierno de Colombia.

Desde el pasado 28 de septiembre del 2017 en diferentes veredas del Sur colombiano, los campesinos se han venido manifestando y exigiendo el cumplimiento de lo acordado sobre el tema de la sustitución de cultivos ilícitos, se trata del punto 4 de la Agenda acordada e incluida en los Acuerdos de Paz de La Habana y refrendado por las máximas instancias del Gobierno y las FARC-EP.

En respuesta a estos reclamos, entre los días 4 y 5 de octubre próximo pasados, unidades adscritas al Ejército y Policía Nacional abrieron fuego contra las mencionadas manifestaciones pacíficas de los labriegos de las zonas mencionadas con el luctuoso resultado.

Importantes sectores de la sociedad colombiana habían puesto sus esperanzas en que estas lamentables y criminales acciones de las fuerzas del Estado no se repetirían y mucho menos después de que los integrantes de las FARC-EP entregaran sus armas, se concentraran en zonas y puntos controlados por el Estado y que la paz y tranquilidad ciudadana reinaría en Colombia, lo que permitiría lograr la necesaria reconciliación y trabajar por una paz estable, duradera, que deviniera en justicia social y prosperidad.

Pero los hechos acaecidos no sólo en Tumaco y el Sur del país, sino en otras ricas e importantes zonas geográficas donde los paramilitares actúan con total impunidad, como en Magdalena Medio, Catatumbo, el Chocó y el Norte antioqueño, indican que hay mucha distancia entre los Acuerdos de Paz y la preocupante realidad.

La historia contemporánea colombiana nos indica que el gran dilema de esa sociedad es mucho más complejo y de profundas raíces políticas e ideológicas que no es fácil de quebrar, porque existe una oligarquía que no acepta bajo ningún concepto ni compartir y mucho menos perder su poder.

A la opinión pública colombiana y a la comunidad internacional se le ha hecho creer que en Colombia reina la democracia y es que la singularidad colombiana está dada porque los militares no aparecen gobernando ni dando golpes de Estado, no lo necesitan, porque desde que asesinaron al líder liberal, revolucionario y antiimperialista Jorge Eliecer Gaitán en 1948, la oligarquía colombiana ha compartido con los militares el poder, representados en lo que se denominó el Frente Nacional integrado por los Partidos Liberal y Conservador.

A diferencia de lo sucedido en Suramérica, en las décadas del 50, 60 y 70 donde eran frecuentes los golpes de Estado y los crímenes de guerra contra el movimiento popular, social y de izquierda, bajo el argumento de la “tenebrosa amenaza del comunismo”, en Colombia no se dieron esas dictaduras, pero en la llamada “democracia colombiana” se han cometido muchos más crímenes de Estado que incluso los sumados en las dictaduras del 70 en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, téngase en cuenta que el Centro de Memoria Histórica, en su informe publicado en el 2013 ¡Basta Ya!, determinó que 220,000 personas perdieron sus vidas y de ellos 166,000 eran civiles.

Mientras que la Comisión Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas había declarado la desaparición de cerca de 65,000 mil personas como consecuencia del conflicto social y armado. Sólo entre el 2003 y el 2010 existe la denuncia del asesinato de más de 3,000 jóvenes a manos de los militares, quienes recibían recompensa por resultados en supuestos combates con guerrilleros y eran inocentes, los conocidos “falsos positivos”.

Los Acuerdos de Paz firmados y apoyados por la comunidad internacional y los organismos multilaterales están a un ritmo muy lento, y las denuncias por su incumplimiento llevó al ex comandante de la guerrilla y actual presidente del nuevo Partido Fuerza Alternativa de Colombia del Común, Rodrigo Londoño Echeverri, a reclamar con mucha fuerza al presidente Juan Manuel Santos Calderón el cumplimiento de lo firmado por ambos.

Esperemos que casos como la masacre de Tumaco no se repitan y que las Fuerzas Militares no se manchen las manos con sangre de labriegos y trabajadores del campo, que pacíficamente exigen sus derechos. Esos crímenes son de lesa humanidad y es un grave delito, esperemos que el Estado tome medidas y deje de tener como cómplices al paramilitarismo, expresión armada del narcotráfico y de la ultraderecha oligárquica y fascista colombiana como está siendo denunciado por los organismos de Derechos Humanos en Colombia. 

Valora este artículo
(0 votos)

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.