12
Febrero

¿Por qué el giro de Trump hacia China?

Escrito por  Pedro Díaz Arcia
Publicado en Al día

Luego de peligrosas provocaciones desde su campaña electoral, agravadas por su insensata declaración luego de asumir el cargo como presidente de Estados Unidos de que no veía por qué aceptar la política de “Una Sola China”, insinuando que ésta podía ser negociable, Donald Trump dio un giro total en su cacareada posición y se alineó en el camino de construir puentes de acercamiento con el gigante asiático.

El magnate acusaba al gobierno de Xi Jinping por sus “prácticas comerciales”, desafiando las construcciones militares que lleva a cabo en el Mar de la China Meridional. El jefe del Comando del Pacífico de Estados Unidos, el almirante Harry Harris, llegó a afirmar que Estados Unidos estaba dispuesto a enfrentar a Beijing en la pugna sobre los derechos territoriales y la libertad de navegación en la China Meridional.

Un editorial del China Daily indicó que si Trump no cambiaba su postura, al estar “jugando con fuego”, el país estaría dispuesto a tomar medidas extremas. Otros medios locales, al aludir a las agresivas políticas de Washington y Seúl, dijeron que éstas podrían generar un grave conflicto en la península coreana. No queremos la guerra ni el caos en el área, pero si surge el conflicto “ni China podrá detenerlo”.

Por su parte, la agencia de noticias Xinhua expresó que “las redes sociales no son el escenario ideal para la diplomacia”; y advirtió que el país estaba totalmente preparado para una guerra comercial con Estados Unidos.

Después de tanta alharaca por parte de la Casa Blanca, bastaron una carta de Trump a Xi Jinping y una conversación telefónica este jueves, “extremadamente cordial”, para que se extendieran mutuas invitaciones para visitar sus respectivos países.

Es válido señalar que el volumen comercial entre China y Estados Unidos creció de 2,500 millones de dólares en 1979 a unos 519,600 millones de dólares en 2016, un incremento de 211 veces, convirtiéndose en este campo en uno de sus principales socios.

Sin embargo, el comercio bilateral entre México y Estados Unidos que superó en 2015 los 532 mil millones de dólares, mayor a la suma del comercio de Estados Unidos con Japón, Alemania y Corea del Sur en ese mismo año, al parecer sería “pura baratija” para el Coloso del Norte que es el primer socio comercial de México, concentrando el 64% del comercio total y el 80% de sus exportaciones.

¿Por qué un cambio tan significativo en la política hacia China; mientras se aleja a pasos agigantados de su vecino azteca, del que dependen seis millones de empleos en Estados Unidos? ¿Por qué tanta “dulzura” en el trato con Rusia que no tiene ese volumen de intercambio con Washington? ¿Qué hay tras bambalinas?

Antes de sentarse a negociar, los contendientes suelen desatar previas ofensivas para disponer de mayores espacios a la hora del regateo: es común en la guerra y en la diplomacia.

Por eso creo que además de los negocios, prima la retórica del poder. No es lo mismo arremeter contra China, miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y una potencia nuclear aferrada a sus principios económicos y de política exterior; que hacerlo contra México, un país con una gran dependencia de Washington, sin diversificar sus ejes comerciales y con la necesidad de clavar la bandera y aferrarse al asta hasta las últimas consecuencias.

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