18
Noviembre

Mentiras de la diplomacia estadounidense

Escrito por  Manuel E. Yepe
Publicado en Al día

¿Qué recuerdan los ciudadanos estadounidenses y una buena parte de los de otros países donde la información internacional es dominada por las agencias de noticias de Estados Unidos acerca de Saddam Hussein, de Irak, y Muamar Gadafi, de Libia?

Ellos habían sido los dirigentes principales de sus respectivos países, que eran de los más avanzados económicamente en el Medio Oriente y Africa. Pero luego de un período en que habían sido buenos amigos de Washington, Occidente les sometió a intensas campañas mediáticas de satanización que les marcaron como parias internacionales para luego derrocarlos y ejecutarlos sumariamente; uno tras un proceso cuasi-legal y el otro masacrado por bandidos “amantes de la libertad”.

Lo curioso de la defenestración de estos líderes acusados, por las campañas de Occidente en su contra, de ser odiados por su propia gente, es que tras sus salidas, el sectarismo, la muerte y la desesperación se apoderaron de sus respectivos países. Sus naciones, que antes estaban entre las más avanzadas socialmente de la región, devinieron Estados fallidos, con violencia, servicios de salud y bienestar inadecuados y un enorme deterioro de las condiciones de vida para sus pobladores.

En la actualidad, el nombre en la parte superior de la lista de Washington es Kim Jong-un, líder de la República Popular Democrática de Corea (RDPC), nieto del fundador de la RPDC, Kim Il-sung, figura reverenciada como líder de la resistencia contra los invasores japoneses. Es la tercera generación de su familia en el cargo de líder en Corea del Norte.

Líderes y medios occidentales invariablemente ironizan sobre esta sucesión hereditaria mientras, convenientemente, pasan por alto los más de 80 años de la regla hereditaria en Arabia Saudita, la familia Hussein que gobierna en Jordania desde su independencia y sucesiones familiares semejantes de líderes estadounidenses y europeos que nunca son ridiculizados por la prensa Occidental.

La RPDC durante mucho tiempo ha seguido el camino de la filosofía Juche, o sea el de la autosuficiencia. En sus relaciones con otros países, se basa en sus experiencias de la guerra de Corea de mediados del siglo XX.

La destrucción casi total de la parte Norte de la península coreana por Estados Unidos con su política de “poderío aéreo y tierra arrasada”, dejó a la RPDC sin otra alternativa que encontrar un elemento disuasivo para un eventual intento enemigo de repetir la historia. Ese elemento disuasivo lo encontraron en el desarrollo de armas nucleares. “Teniendo en cuenta que Estados Unidos y la OTAN intentan reordenar el mundo a su imagen y semejanza, a la luz de la desaparición del la Unión Soviética, esa decisión parece ser, en retrospectiva, prudente y eficaz”, reconoce Zoltan Zaguedy, acreditado analista marxista estadounidense.

A pesar del hecho de que la RPDC ha permanecido en paz durante más de sesenta años, el gobierno estadounidense y los medios de comunicación en su esfera de control han mantenido una implacable campaña de calumnias y belicosidad contra el gobierno de esta nación empeñada en ejercer su soberanía.

En Europa y especialmente en América, su propio continente, la política exterior de Estados Unidos carece de credibilidad.

Sólo sorprende, por su credulidad, el pueblo estadounidense, que asimila mentiras tan grandes como la de las armas de destrucción masiva en Irak, la alianza criminal de Saddam Hussein con Osama bin Laden y, peor aún, la posibilidad de que un reducido grupo de invisibles terroristas de escasa calificación técnica y científica pueda llevar a cabo los execrables actos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, de una complejidad que sólo contadísimos expertos militares en el mundo altamente desarrollado podrían ser capaces de armar.

Por eso, no es de extrañar que en las más recientes elecciones presidenciales, tanto el candidato de la derecha “disidente” Donald Trump como Bernie Sanders, quien fue calificado por algunos como representante de la “extrema” izquierda, captaran el favoritismo en los partidos republicano y demócrata, respectivamente, en franca discrepancia con las dirigencias de las dos formaciones políticas que se alternan en el poder estadounidense.

Sanders fue descartado por su propio partido y Trump ha sido electo Presidente de la Nación y ahora tendrá que asumir una agenda doméstica sumamente compleja con tremendos desafíos que seguramente tratará de resolver con creatividad empresarial, saneando una economía en grave estado y problemas sociales crecientes urgidos de soluciones efectivas. No menos compleja será su agenda internacional, que no podrá basarse en las habituales amenazas de bombardeos e intervenciones militares ni en falacias y dobles raseros, que tanto abundan en la diplomacia de Estados Unidos y, en particular, en los discursos de su derrotada oponente.

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